Nota de la autora
Card
Captor Sakura y sus personajes pertenecen a CLAMP y a Kodansha. Yo sólo estoy
aquí para enredar su historia.
Secuela
de “El corazón de un guardián” (deberías leer este primero para poder entender
este otro), la acción se ubica durante los eventos del episodio 70 del anime y
el volumen 12 de manga.
Toneladas
de spoiler, shonen-ai.
Glosario
Baico:
apócope de “arubaito”, de alemán “arbeit”, trabajo, trabajo de medio tiempo.
Oishii:
agradable, bueno, sabroso (técnicamente sólo se aplica a comida, pero es de
Yukito de quien estamos hablando ^-~)
Tempura:
tempura (du!)
Sontsu howanyun:
pescado frito con legumbres (comida china)
***
La
sólida oscuridad explotó en nubes doradas y rojizas, inflamadas por la furiosa
puesta de sol, y los ojos azul oscuro de To-ya.
-Prometo
–dijo Yukito- que Yukito... -dudó. ¿Por qué debería hablar de sí mismo en
tercera persona? Así que se corrigió-, nosotros...
¿Nosotros?
¿Nosotros,
quiénes?
Su
corazón palpitaba en sus oídos. Inexplicablemente, Yukito deseaba llorar.
-Yo
recordaré.
Y
justo cuando murmuraba eso sin que hubiera nada para recordar, To-ya se dejó
caer en el aire, soltándose de todo lo que pudiera mantenerlo estable y seguro,
para caer confiadamente hacia sus brazos y en sus labios.
To-ya.
Lo
besó.
A
él.
Más
impactante que eso estaba la repentina comprensión de que había estado
esperando, deseando, rogando por que To-ya lo besara así, justo así, por... ¿cuánto tiempo? ¿Toda su vida? ¿Cómo podía haber deseado algo tan
desesperadamente y ni siquiera saberlo?
Yukito
nunca pensó en pedirle nada a su mejor amigo, excepto tal vez que tratara a
Sakura-chan un poco más amablemente. No había forma de enlistar todo lo que
To-ya le había dado (la fuerza para vivir, sólo para mencionar lo más
importante) y Yukito aceptaba todos esos preciosos regalos con una gratitud que
iba más allá de las palabras, y una sensación ligeramente mortificante de no
ser digno. Pero esa no era la razón por la que nunca pedía nada. Simplemente no
quería
nada más que estar cerca de la familia Kinomoto, junto a la cálida,
brillante presencia de To-ya.
O
eso había imaginado hasta el momento en que sus bocas se encontraron. De
repente todo su ser parecía suplicar y sollozar y respirar en una forma que
había pensado imposible, e insoportablemente vergonzosa. Mientras los labios de
To-ya capturaban los suyos y sus grandes y frescas manos tocaban sus ardientes
mejillas, Yukito se hundió en un tifón sin precedentes de necesidad y terror,
las ráfagas de viento punzando sus orejas con una canción desesperada, no me
dejes, no me dejes, no me dejes... levantó sus manos hacia la única ancla que
podía salvarlo de ser arrojado fuera del universo, y envolvió a To-ya con sus
ansiosos brazos y alas.
¿Alas?
Alas.
Enormes alas nevadas brillando tímidamente alrededor del cuerpo esbelto de
To-ya, plumas plateadas estremeciéndose en la brisa, sosteniendo un tesoro que
estaba seguro no merecía. Alas que se sentían perturbadoramente reales, como
miembros musculosos que nacían de su espalda, sensibles a la temperatura y el
tacto. Alas que se sentían familiares, cómodas y muy, muy bien.
Yukito
abrió sus labios al amoroso beso de To-ya, estremeciéndose con el contacto
salado de sus lenguas, comprendiendo lentamente que estaba correspondiendo al
beso. Él, que nunca había besado antes a nadie, estaba jugando con la boca de
To-ya tan fácilmente, con tanto entusiasmo, sin temor de hacerlo mal y que su
amigo se riera de su falta de habilidad. Un suave gemido de deleite y los dedos
de To-ya entrelazados en su cabello, las palmas presionando sus orejas...
Y
algo se rompió dentro de él.
Había
hecho algo malo, algo espantoso, horrible, imperdonable. No a To-ya, sino a
alguien más... alguien más... Yukito no podía ver ninguna cara, no podía
recordar ningún nombre. Una silueta alta, oscura, flotaba en su mente,
envolviéndolo en un aura poderosa y vibrante, levantando una mano gentil para
tocar su oreja izquierda, regalándole una pulsante gema celeste que exhalaba
los inconfundibles aromas del amor y el orgullo.
“Hacia una mascota” alguien más susurró
en la oreja de Yukito “El amor y el
orgullo hacia una simple mascota”
Enfocándose
en la sensación de esa aura, en la exquisita forma de la gema, Yukito parpadeó.
Entonces dejó escapar una risita. ¿Quién era esa tonta persona que le susurraba
cosas sin sentido? Esa fuerte, cariñosa presencia no hablaba de mascotas, sino
de indestructible orgullo por su hijo, y amor incondicional hacia su número
uno.
Inmediatamente
una oleada de pena y culpa se tragó su risa. Yukito se sintió mal por reírse y
se sintió aún peor por haber traicionado a quien le había dado esa gema, a
pesar de que no podía siquiera recordar qué había hecho para traicionarlo. Había... ¿tirado la gema? ¿Por qué?
Pero
no, no, n,o no, To-ya estaba interrumpiendo el beso, apartándose, soltándolo,
¡no me dejes! Yukito cerró sus alas alrededor del muchacho más alto, besándolo
como si su vida dependiera de ello. Podría recuperar la gema después, sabía que
podría, y tal vez esa fuerte aura no estaría tan decepcionada de él. Pero
después, ¿por favor? Porque pronto To-ya recobraría la cordura y se iría, y
Yukito temía que nunca tendría el coraje para verlo a la cara después de esto.
¿O
no tan pronto, tal vez? To-ya no parecía muy deseoso de recobrar la cordura
justo ahora, mientras se zambullía en su abrazo con aún más resolución que
antes, sin prestar atención a cosas menores, como la gravedad y otras leyes de
la física. Yukito pensó débilmente en usar esas inesperadas alas para sostener
mejor las piernas de su amigo, y se sorprendió cuando los gigantescos apéndices
en verdad obedecieron su impulso.
Las
plumas más largas rozaron algo. Un objeto esférico y afelpado... To-ya estaba
medio sentado en eso. La imagen de un balón rosado con rayas, pequeñas alas y
un espíritu juguetón se formó en el fondo de su mente, evocándole al mismo
tiempo alivio y vergüenza. Alivio porque era una garantía de que To-ya no
caería y se lastimaría. Vergüenza porque ese balón juguetón podría contarle a
las demás que estaba besando a To-ya, y entonces estaba seguro de que nunca
JAMÁS tendría el valor de enfrentar a ninguna de ellas otra vez...
¿Uh?
¿Ellas, quiénes?
De
acuerdo, así que Yukito estaba volviéndose loco también. ¿Por qué la sorpresa?
Era de esperarse, con To-ya besándolo como... como...
Su
lengua. To-ya había capturado su lengua. Y ahora estaba... tirando...
succionando... bebiendo... sediento... posesivo... Yukito sintió que su propia
alma podría ser tragada con sólo un poco más de esfuerzo, y el prospecto no
podía parecer más placentero... Vivir dentro de To-ya por toda la eternidad...
Yukito
sintió los brazos de su amigo apretarlo con más fuerza, cerrando los pocos
centímetros que habían quedado entre los pechos de ambos. Sus dedos se cerraron
instintivamente en el suéter azul y blanco de To-ya, y se encogió al notar lo
mucho que había dejado crecer sus uñas... qué descuidado... ¡Pero podía jurar
que se las había cortado dos días antes!
Pero
eso no era nada comparado con el largo de su cabello. Mientras las manos de
To-ya jugaban suavemente con él, Yukito comprendió gradualmente que era mucho,
MUCHO más largo que... ¡que lo que hubiera soñado alguna vez! La melena se
deslizaba pesadamente por su espalda, daba una vuelta alrededor de su tobillo
¡y no se detenía ahí! ¿Cómo se suponía que iba a manejar su bicicleta así? ¿O
jugar soccer? Los defensas simplemente tendrían que pisar su trenza para
tumbarlo...
A
To-ya le gustaba su cabello así, sin embargo. Era fácil decirlo por la forma en
que sostenía cada hebra tan tiernamente, tan reverentemente. Oh, bueno, si a
To-ya le gustaba, estaba bien. Tal vez podría sujetárselo para la clase de
gimnasia... con unos pocos cientos de horquillas.
Cualquier
cosa por To-ya.
Se
relajó en ese amoroso abrazo, olvidándose de todo lo que no fuera la boca de
To-ya en la suya, los dedos de To-ya en su cabello, el corazón de To-ya
palpitando contra el suyo, y el león dorado y con alas mirándolo...
¿Ahn?
Por
supuesto que no era suficientemente surreal. El león alado, que tenía una
impresionante armadura labrada con gemas escarlata, aclaró su garganta.
_Ejem.
Y
Yukito de alguna manera había visto al animal antes de realmente abrir los ojos
y mirar en su dirección. Interesante.
To-ya,
por otro lado, se sorprendió tanto que casi cayó. Si no hubiera sido por
aquellas realmente convenientes alas y la confortante y avergonzante presencia
del balón travieso para mantenerlo a salvo...
_¡No
me sorprendas de esa manera! ¡Sabes bien que ya no puedo sentir tu presencia!
Y
abruptamente, toda aquella dicha se convirtió en pena y culpa. Yukito no
deseaba más que desaparecer en un agujero negro y morir.
Había
robado la luz de To-ya. En su egoísta ansia de sobrevivir, había arrebatado la
visión de su mejor amigo, su habilidad de sentir leones que se acercaban
sigilosamente y de hablar con amorosas madres. Qué clase de parásito despreciable
era él, mutilando el más grande talento de To-ya, cegándolo, atándola a las
confinantes limitaciones de una existencia ordinaria.
¿Y
para qué? ¿Importaba mucho si vivía o no? ¿Quién podía preocuparse por una
pieza inútil de mueblería como él, tan fácil de reemplazar con la presumida
mariposa de rubí? Él, que había hecho llorar a Sakura-chan...
Alguien
le dio un beso de buenas noches y el león dorado, el balón travieso, los ojos
azul oscuro de To-ya, y las nubes del atardecer se desvanecieron en sólida oscuridad.
Bien.
De esa manera no dolía tanto.
***
Sorpresivamente,
Yukito despertó en su cama. Bueno, tal vez eso no sería una sorpresa para la
mayor parte de la gente, pero últimamente él encontraba terriblemente raro el
despertar en su cama, y aún más el despertar en el mismo lugar donde se había
dormido. Probablemente unos de los efectos secundarios de no ser humano, o algo
así, reflexionó.
A
decir verdad, no había
despertado en el mismo lugar donde se había quedado dormido esta vez tampoco.
Lo último que recordaba era estar con To-ya en su baito en la florería. Su
amigo estaba de mal humor porque Akizuki-san se les había unido para almorzar
en Seijyo High más temprano (y había llevado deliciosas bolas de arroz para
convidarles, ¡yummy yummy!) y pasó todo el almuerzo abrazando a To-ya... ¿Pero
quién podía culparla por eso? A ÉL le encantaría pasar horas abrazando a
To-ya...
...
y entonces pensó en Sakura-chan y...
...
despertó en su cama, cálida, acogedora y...
...
feliz.
Oishii!
En
cualquier caso, era una mejora innegable considerando las últimas semanas,
cuando el despertar, sin importar dónde fuera, se convertía en una batalla
perdida contra la náusea, el hambre y una inconmensurable fatiga. Gracias a
To-ya esos días se habían ido...
...
y se había ido la luz de To-ya también...
Abrió
los ojos y se incorporó apoyándose en los codos, poniendo algo de segura
distancia entre su cabeza y su almohada. Acababa de tener una pesadilla sobre
la transferencia de poder, y realmente no quería regresar a ello.
¿Una
pesadilla...?
Yukito
sintió que sus mejillas ardían. ¿Había soñado... se había atrevido a soñar
con...?
To-ya.
Besándolo.
A
él.
Eso
había sido más que oishii. Había sido mejor que encontrar fresas en su ensalada
de frutas, mejor que camarones en el tenpura, mejor que malvaviscos en el
chocolate caliente, mejor que volar en la brisa de otoño...
...
¿volar?
¿No
era extraño? Tenía alas en ese sueño. Grandes, pesadas alas, y se movían tan
fácilmente, tan naturalmente, como si hubiera nacido con ellas. Ahora que eso
sería agradable... Se imaginó a sí mismo volando a través de las nubes de la
ardiente puesta de sol, deslizándose por un arco iris hasta descender al regazo
de To-ya, besándolo en una noche de luna llena... Qué malo que esto sólo pudiera
suceder en sueños.
Qué
bueno también que To-ya no pudiera leer su mente. Oh, cielos, si tuviera la
menor idea de qué vergonzosas fantasías podían salir del subconsciente de su
mejor amigo en el que tanto confiaba, no querría volver a verlo otra vez, ni
aún cubierto de oro. O de caramelo.
Porque
aunque Sakura-chan tuviera razón... aún si era el número uno para To-ya... ese
beso fue...
Él
nunca podría besar así. Tan apasionado, tan deliberado, tan profundo y con
tanta intención. Tan seguro de sí mismo. O al menos tan seguro de que podía
besar sin hacer un completo ridículo. Yukito sólo estaba seguro de que lo haría
todo mal en su primer beso: apretar los dientes, morder la lengua del otro,
babear, olvidarse de respirar y atragantarse... Y el segundo beso no sería
mucho mejor, tampoco lo sería el tercero, ¿y cuánto tiempo estaría alguien
dispuesto a esperar hasta que dominara la técnica? ¿Sería más fácil o más
difícil que dominar el arco y la flecha? ¿Cuánto tiempo le tomaría?
¿Cuánto
tiempo, en realidad? No podía recordar siquiera haber tomado clases. La primera
vez que había tenido un arco en sus manos fue... ahn...
Se
sentó en el futón, rascándose la cabeza. Era tan irrespetuoso. Había olvidado
completamente el nombre y la cara de su sensei de arquería. Se sintió culpable
y desagradecido.
Eso
le hizo acordarse de la alta, oscura silueta de aura poderosa, sin nombre y sin
recuerdo, que le había dado una joya que había tirado. ¡Tal vez ese era el simbolismo del sueño!
¿Tal vez esa misteriosa figura escondía el semblante de su sensei? ¿Pero qué
tenía que ver eso con besar a To-ya?
O
quizá los sueños eran justo así, caprichosos e ininteligibles. Yukito no podía
decirlo, ya que rara vez soñaba. Y cuando lo hacía, soñaba principalmente
acerca de comida.
Hmmm...
hablando de lo cual...
Una
rápida mirada al reloj mejoró su humor. Era temprano, sólo las seis y quince.
Así que tenía tiempo para cocinar un agradable, nutritivo, vasto, oishii
desayuno para sí mismo. Podía tomar algunos cebollinos y hongos del jardín de
la abuela y preparar sontsu howanyun. Por alguna razón estaba justamente con el
humor perfecto para comida china esta mañana.
Pero
primero debería ordenar su futon y barrer el suelo de su habitación. Su viejo
edredón estaba desparramando montones de plumas últimamente; las largas plumas
del color de la nieve estaban por toda la casa... si no estuviera bien seguro
de que no, empezaría a preocuparse sobre si tendría un par de cisnes
escondiéndose en alguna parte de la casa.
Bostezando
perezosamente, Yukito se puso los anteojos y arrastró los pies hasta el baño.
En el espejo su cabello parecía un tono más oscuro, ¡y tan corto! No, eso era
ridículo, habían pasado casi dos meses desde que se lo había cortado, estaba
empezando a formar una espesa cortina sobre sus ojos. Debería hacer algo al
respecto. Pronto sus abuelos regresarían a casa, y desde que era pequeño el
abuelo le había reprendido siempre que dejaba crecer su cabello lo suficiente
como para cubrir sus lentes. Incluso lo había apodado Lhasa Apso, diciendo que
Yukito le recordaba un perro peludo de color ceniciento que había tenido en su
infancia...
...
infancia...
Pero...
...
no.
Nunca
había habido una infancia. No para él. No para su abuelo, quien simplemente
nunca había vivido. Nadie lo había llamado a él Lhasa Apso. Nadie había
revuelto su cabello y le había sonreído con orgullo cuando obtenía buenas
notas. Nadie lo había arropado en la cama y había cantado canciones de cuna
para él. Él cuidaba solo del jardín, y de la casa, y de todo en su vida.
Y
seguía olvidándose de eso, una y otra vez. La habitación junto a la suya estaba
llena de ropa que nadie había vestido, una gran cama en la que nadie había
dormido, y recuerdos de viajes que nadie había hecho. Dos veces por semana
Yukito limpiaba fastidiosamente esa habitación y la preparaba para el regreso
de sus inexistentes habitantes. Tres semanas después de saber la verdad sobre
su auténtica naturaleza, aún lo hacía.
¿Por
qué tenía que ser tan duro?
Lavó
su cara rudamente, enojado consigo mismo por su memoria débil. Qué
vergonzoso... Le había contado a To-ya cientos de historias sobre sus abuelos,
y su amigo siempre había sabido que eran puras mentiras. Afortunadamente, To-ya
era demasiado bueno y gentil como para reírse de su ignorancia.
Algunas
veces temía despertar y descubrir que To-uya y Sakura-chan eran parte de las
mentiras y memorias fraudulentas, y que su amistad y cariño era tan irreal como
el amor de sus abuelos. Era algo sobre lo que en verdad no quería especular,
pero la oscura fantasía lo perseguía como una pesadilla cruel.
Yukito
tomó una toalla, pero se tardó un momento antes de secarse. Sus húmedas,
pesadas pestañas traían de vuelta las imágenes de su sueño. No había llorado
entonces. No podía recordar haber llorado, ni siquiera una vez, ni siquiera en
su pasado falso. Sin embargo... las gotas corriendo por sus mejillas, los
párpados temblando, el débil ardor en sus ojos... eran distantemente
familiares... como el beso... y la culpa.
Sacudió
la cabeza, frotando su cara enérgicamente con la toalla. ¡Era mucho mejor
cuando soñaba con comida! De esos siempre despertaba satisfecho. De acuerdo, no
satisfecho; despertaba con hambre suficiente como para comerse un hipopótamo
(¿serían comestibles?), pero también contento y con la disposición para cazar
un hipopótamo. Este desagradable sueño le había hecho sentirse tan contrito y
solitario... Aceptar los poderes de To-ya no había sido su decisión, sino la de
su otro yo. Él, Yukito, haría cualquier cosa por no lastimar a To-ya...
...
pero también podría cazar mil hipopótamos y dos mil rinocerontes por un beso de
To-ya.
Yukito
mordió la toalla con consternación. ¡¿De dónde venían esos pensamientos?!
Pero
era cierto, ¿o no? Ni siquiera tenía que ser un beso tan profundo y perfecto
como el del sueño. Sólo un rápido, desmañado besito, lo suficiente como para
saborear su sonrisa. Eso sería total, absoluta, completamente oishii.
Riéndose
de sus sonrojadas mejillas en el espejo, Yukito decidió dejar los rinocerontes
e hipopótamos tranquilos, preparar un desayuno más razonable, y esperar en su
sitio habitual a Sakura-chan y To-ya, para poder ir juntos a la escuela. La
realidad era buena en su propio estilo, y pasar tiempo con esos dos y verlos
felices era más que suficiente para él. Suficiente como para aliviar la pérdida
por su familia que jamás había existido, suficiente como para hacerlo sentirse
como el número uno para To-ya.
Sueños
como ese eran apasionantes, pero demasiado depresivos, y él podía vivir
perfectamente bien sin ellos.
(Revisado por última vez el 24/08/2018)
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