No importaba
cuán lentamente había cocinado y comido, y cuántas veces había hecho el nudo de
la corbata azul de Seijyo frente al espejo, aún así Yukito iba demasiado
temprano. Consideró planchar su ropa hasta que fuera tiempo de encontrarse con
To-ya y Sakura-chan, pero... simplemente estaba ansioso por verlos otra vez.
Así que guió su bicicleta hasta su punto de reunión y se quedó ahí, apoyado
contra el tronco de un cerezo desnudo y contó mentalmente los minutos hasta que
ellos llegaron.
Para su alegría
y sorpresa, To-ya aparentemente se había caído de la cama él también esa
mañana.
_¡Hey, Yuki!
–el muchacho de cabello oscuro agitó su mano cuando entró al callejón,
probablemente despertando a parte del vecindario con su fuerte saludo.
_¡Buenos días,
To-ya!
To-ya aparcó su
bicicleta junto a la de Yukito, dedicándole la sonrisa más grande que nadie
jamás hubiera visto en su cara usualmente seria.
_¿Cómo te
sientes?
_Bien. Llegas
temprano.
Si fuera posible,
la sonrisa de To-ya se hizo todavía más amplia.
_También tú.
Yukito se
descubrió a sí mismo sonrojándose sin una razón comprensible. Su amigo sólo le
había mostrado una sonrisa tan abierta como esa en ese extraño sueño... justo
antes de saltar a sus brazos... y...
Se quitó los
anteojos y los limpió nerviosamente con un pañuelo. Ese no era el tipo de cosa
que debería pensar en ese momento. Especialmente con To-ya apoyándose en el
manillar para mirarlo tan de cerca.
_Me acosté
realmente temprano anoche –murmuró Yukito_ Creo _al menos eso era lo que había
asumido, considerando que no tenía ningún recuerdo desde alrededor de las cinco
en punto de la tarde anterior.
_¿Y dormiste
bien?
Había varias
maneras de preguntar eso. Completa amabilidad y buena educación era la más
usual, aunque no para el taciturno To-ya. Otra manera era con preocupación y
consideración, como en esos días en los que Yukito había estado desmayándose a
cada rato y nunca dormía lo suficiente, pero, de nuevo, eso no era del estilo
de To-ya; él no necesitaba preguntar esas cosas, siempre sabía.
Pero era la
forma más inesperada de todas la forma en que To-ya acababa de hacerlo:
susurrando suave, gravemente, con sus labios a pocas pulgadas de la oreja de
Yukito, su cálido aliento lo suficientemente cerca como para hacerle
cosquillas, en un acariciante, cariñoso tono que sonaba ligeramente...
indecente.
Encontrar el
tono apropiado para contestar le costó a Yukito unas cuantas docenas de
neuronas fritas.
_Bien. ¿Y tú?
¿Los ojos de To-ya
habían chispeado siempre en esa forma?
_No pude dormir
nada_siseó.
El muchacho
lucía tan... hambriento esa mañana. Yukito se preguntó vagamente si habría
comido suficiente al desayuno.
_Lamento
escuchar eso...
El muchacho más
alto deslizó un dedo por el flequillo de Yukito, apartándole el cabello de los
ojos.
_No te
preocupes, sólo quería despertarme esta mañana y preguntarme si todo lo que
pasó ayer fue real o sólo un delicioso sueño...
Yukito sonrió y
empujó hacia atrás sus lentes, sintiéndose más calmado finalmente.
_Sé lo que
quieres decir.
La mano de
To-ya bajó para acariciar la mejilla de su amigo.
_Qué bien.
_Tenemos que
darle las gracias a Akizuki-san por eso.
La mano se
congeló. Ojos azules lo miraban de un modo extraño bajo cejas fruncidas.
_¿Agradecerle a
Akizuki? ¿Por qué?
_¡Por las
deliciosas bolas de arroz que nos dio, por supuesto! Apuesto a que las hizo
especialmente para ti –Yukito le guiñó un ojo.
Pero To-ya
tenía una expresión tan extraña en la cara... como si un enjambre de zarzamoras
voladoras acabara de cruzarse en su camino.
_Bolas de arroz
–dijo como un eco, fríamente.
Su voz parecía
haber volado lejos, junto con las zarzamoras. Yukito palmoteó su brazo para
llamar su atención.
_Sí. Tal vez
deberíamos invitarla a almorzar hoy. ¿Qué te parece?
To-ya miró su
brazo, donde lo había tocado, su buen humor evaporándose en un ceño fruncido.
Yuki hizo una nota mental para no tocarlo de nuevo.
Pero... pero...
¡A To-ya nunca le había molestado eso antes!
_Yuki...
ayer...
_¿Sí?
El muchacho de
cabello oscuro apretó y soltó el manillar de la bicicleta nerviosamente,
apretando los dientes.
_¿Qué es lo
último que recuerdas?
Yukito se
estremeció un poco.
_Bueno...
trabajar en la florería, creo. Lo siento... ¿Me quedé dormido otra vez?
Ciertamente, lo
había hecho. Y To-ya parecía terriblemente disgustado por eso.
_No lo creo...
_¿To-ya?
Su amigo estaba
más que disgustado. Lo probó al golpear el inocente manillar de la bicicleta
con un furioso puño.
_¡No lo creo!
¡Me lo prometió!
Yukito
retrocedió, sorprendido por el repentino exabrupto. La actitud anterior de
To-ya había sido igual de enigmática, pero al menos había estado sonriente y
contento, y ahora...
_¿To-ya, qué
pasó? ¿Quién te prometió qué?
_Bueno, eso no
importa ya, ¿no es así? –su amigo lo miró directo a los ojos, su barbilla
endurecida con desprecio_ Porque la promesa no se mantuvo, ¿o sí?
De repente,
Yukito sintió un pozo de lava explotando dentro de él, su pulso retumbando
fuerte y rápido en sus oídos. No podía recordar haberse sentido antes tan
indignado o tan ofendido. Le devolvió a To-ya su mirada sarcástica y escuchó su
voz cayendo en un tono más bajo, siniestro.
_Tal vez
deberías verificar eso completamente antes de lanzar acusaciones, To-ya.
Las palabras
congelaron el aire entre los dos amigos con su tono glacial, amargo. La calle
explotó en un silencio intemporal, disturbado sólo por el susurro de las hojas
muertas, color de azafrán, que eran arrastradas por la brisa invernal.
Por un momento
la visión de Yukito se volvió borrosa, como si sus lentes de pronto se hubieran
vuelto demasiado débiles o demasiado fuertes para su miopía. Cuando el mundo
lentamente volvió a enfocarse a su alrededor, notó la alarmante palidez del
muchacho de cabello oscuro boquiabierto ante él.
_¿To-ya…
qué...?
_¡¿Ángel?! _boqueó
el otro.
¿Ángel? ¿To-ya
estaba llamándolo... ángel?
Yuki sacudió la
cabeza, tratando de ordenar sus pensamientos. Eso era ridículo, por supuesto.
To-ya disfrutaba los apodos, pero era ahorrativo con los tratamientos
cariñosos. No los desperdiciaría (y ciertamente no uno tan dulce y afectivo
como “ángel”) con un amigo, ni aunque
se tratara del más cercano de todos. Especialmente cuando este amigo acababa de
contestarle con brusquedad a...
...!!!
¡¿Le había
contestado con brusquedad a To-ya?! ¿Por qué?
Para hacer las
cosas todavía más interesantes, To-ya parecía igual de confundido que como él
se sentía.
_Lo siento,
To-ya –murmuró con sinceridad_ No sé qué...
_Está bien –su
amigo lo tranquilizó instantáneamente.
_Pero yo…
Manos fuertes
cayeron sobre sus hombres, amigables y confortadoras.
_Está bien, en
serio. Soy yo el que tiene que disculparse.
_¿Tú? Pero tú
no...
Otra vez. Esos
penetrantes ojos azules mirando directo a los suyos, mirando dentro de él tan
profundamente, develando el centro mismo de su alma. Perturbadores, pero... tan
cálidos. Tan confortantes.
_Lo siento,
estaba sacando conclusiones demasiado rápido.
Yukito sonrió,
calmado y aliviado, su corazón recobrando su ritmo normalmente tranquilo. Todo
bien. Todo estaba completamente bien.
Excepto que no sabía
qué estaba pasando.
_To-ya...
¿hablaste de una promesa?
La mirada se
suavizó un poco.
_Yuki...
_¿Pasó algo
ayer? En serio, no puedo recordar nada después de la florería –se rascó la
cabeza con un pensamiento repentino_ No recuerdo que me hayan pagado.
_No nos
pagaron. Nos despidieron por salir temprano y dejar la tienda abierta y sin
nadie que la vigilara.
Yukito se quedó
boquiabierto.
_¡¿Hicimos
eso?!
_Teníamos que...
ir a otro lugar.
_¿Dónde?
_El Templo
Tsukimine.
_¿El Templo?
¿Por qué? ¿Qué pasó ahí?
To-ya se sentó
otra vez en la bicicleta y resopló.
_En esa parte
fue donde yo me quedé
dormido.
Los ojos de
Yukito se agrandaron con consternación.
¿Ahora su amigo estaba teniendo ataques de sueño él también? ¿Era
contagioso?
Suspirando
profunda, aprehensivamente, To-ya lo miró con ojos sorpresivamente
avergonzados.
_Escucha,
Yuki... ayer... tú... quiero decir... Verás, yo... ahn...
_¡¡¡ONIIIIIIICHAAAN!!!!!!
To-ya se las
arregló heroicamente para no saltar a tres metros de altura ante el furioso
alarido. Yukito agitó una mano saludando a la jovencita que se deslizaba dando
vuelta a la esquina en unos nada precavidamente veloces patines. Incluso a dos
cuadras de distancia podía verse el humo saliendo de sus orejas.
_¿Dejaste atrás
otra vez a Sakura-chan, To-ya?
_Lo intenté
–gruñó el otro_Quería hablarte en privado. Tú sabes.
Yukito estaba
preocupándose realmente. ¿Sabía? ¿Qué era lo que sabía? ¿Había hecho una
promesa a To-ya y simplemente se le había olvidado? ¿Y por qué la privacidad?
¿Había algo mal con To-ya?
Sakura-chan los
alcanzó (con un escalofriante rechinido de las ruedas cuando frenó tan
abruptamente), antes de que pudiera preguntarle a su amigo acerca de eso.
_O... nii...
chan… _siseó ella, casi sin aire_ No me... *puff puff* ... esperas... *puff
puff* ...te...
_No quería
interrumpir la comida de la Kaijuu –murmuró To-ya_ O quedarme a mirarlo. No es
una visión agradable.
Los patines
pueden matar. O por lo menos romper
algunos huesos. Después de años de que sus bromas fueran recompensadas con
fieras patadas, uno podría pensar que alguien tan inteligente como To-ya habría
aprendido esa lección...
Mientras el
muchacho de cabello oscuro se tragaba un grito de dolor, Yukito pretendió no
haber visto nada, como siempre.
_Buenos días,
Sakura.chan. Despertaste hoy llena de energía, ne?
La niña lo miró
y toda la furia se desvaneció de su linda cara... pero no fue reemplazada por
sus usuales sonrisa y sonrojo. Sakura-chan parecía muy nerviosa esa mañana,
preocupada y de alguna manera, avergonzada. Y, ahora que prestaba más atención
a sus irises esmeralda, tampoco parecía tener mucha energía.
_Yukito-san...
ayer... tú... quiero decir... Verás, yo... ahn...
Yukito miró a
To-ya, quien tosió y apartó la mirada, y luego de nuevo a la tartamudeante
niña. Este probablemente se volvería un día muy largo.
_Espero que te
sientas bien esta mañana –se las arregló para decir Sakura-chan luego de unos
cuantos intentos abortados más.
Él le dedicó su
abierta sonrisa. ¿Entonces, estaba preocupada por su salud?
_Me siento muy
bien. Dormí como un bebé, y mi apetito se ha normalizado. Cuatro raciones de
sontsu howanyun y seis porciones de arroz fueron suficientes para mi desayuno,
y estoy seguro de que mi estómago podrá aguantar ahora hasta el almuerzo.
To-ya tosió
otra vez, ¿o eso había sido una risita? Sakura-chan parecía un poco
desconcertada además...
¿Había dicho
algo incorrecto?
_Me alegro
–dijo suavemente Sakura-chan, su pequeña boca apenas curvándose en una sonrisa
triste_ Porque... yo... –un suspiro de incomodidad_ Tú eres muy... –un nudo en
la garganta_ Muy importante –sonrojo-. Para mí.
El corazón de
Yukito se derritió. Se arrodilló frente a ella, sintiéndose, y no por primera
vez, la persona más afortunada de la Tierra.
_Tú eres muy
importante para mí también, Sakura-chan.
Ella sonrió y
respiró más libremente ahora, pero... Había un “pero” en alguna parte. Casi podía ver una sombra de pena girando
gravemente alrededor de su pequeña figura. El hecho de que To-ya dejara pasar
la oportunidad de burlarse del encantador tartamudeo de su hermanita era una
buena evidencia de eso.
Yukito no quiso
insistir, sin embargo. Así que sólo subió silenciosamente a su bicicleta y los
tres se pusieron en camino.
Hicieron el
recorrido en completo silencio. Yukito nunca antes había visto a Sakura-chan
prestar tanta atención a los hoyos en el asfalto. To-ya estaba nada más
manteniendo esa actitud reservada por la cual era famoso, pero aún así estaba
esa cosa misteriosa que había querido decirle en privado, la cual no había
dicho y que aparentemente no debería ser tan misteriosa, pero sí lo era...
Caray...
Bueno, no tenía
sentido preocuparse por eso. To-ya se lo diría después y todo se aclararía. Si
algo estaba preocupando a Yukito hasta dejarlo silencioso, era algo más.
La hora de
decir adiós a esos placenteros viajes a la escuela estaba a punto de llegar.
¿Por qué debía
pasar el tiempo? ¿Por qué tenía que ir a la universidad? ¿Por qué el campus y
la escuela de Sakura-chan tenían que estar en lados opuestos de la ciudad?
Al menos él y
To-ya podrían ir a la misma universidad. Ni siquiera podía concebir la idea de
separarse de To-ya. Pero no, ya no tendrían más las mismas clases, así que no
tendrían muchas excusas para estudiar juntos. Así que ¿cuándo podría Yukito ver
de nuevo a Sakura-chan ahora? Una escena sombría se formó en su mente: unos
pocos años más adelante, el podría tropezar casualmente con una chica en la
calle, y ella sería tan alta como él, hermosa pero muy cambiada, y el
suspiraría por haberse perdido su crecimiento, y por haber perdido su cercanía.
No era una
posibilidad acerca de la cual quisiera pensar. Pero por alguna razón, la idea
de Sakura-chan creciendo y cambiando lo había angustiado esa mañana, como una
maligna serpiente viniendo directa desde el infierno para maldecirlo.
Oh, cielos...
¿Tal vez estaba desarrollando un complejo fraterno él también?
Sakura-chan
parecía definitivamente incómoda cuando llegaron a la entrada de la escuela
primaria. Como si no quisiera entrar. La niña nunca había sido la más devota de
las estudiantes, pero siempre había estado ansiosa de reunirse con sus
compañeros y divertirse en la clase de gimnasia. Hoy miraba el plantel de la
escuela con tanta anticipación como podría haber sentido para entrar a una
clínica dental.
_¿Estarás bien,
Sakura-chan?
Ella asintió
categóricamente, en esa adorable manera suya, tratando de lucir alegre y no
preocuparlo.
_¡Seguro! Que
tengas un buen día, Yukito-san –se volvió hacia su hermano mayor_Adiós,
Oniichan.
_¿Tienes clase
de cocina hoy? –preguntó To-ya.
_Sí.
-Entonces
presta atención. Por el bien de mi estómago. Te toca preparar hoy la cena.
Sakura
refunfuñó. Por un breve momento, los hermanos Kinomoto lograron volver a su
divertida rutina y Yukito se sintió aliviado. Ella se deslizó hacia la entrada
mientras los dos muchachos pedaleaban hacia la Secundaria Seijyo, y Yukito
encontró más fácil sonreír ahora.
_¡Yukito-san!
Giró la cabeza
apenas a tiempo para ver a la niña arrojando un pequeño objeto en su dirección,
y aplicó el freno para asegurarse de atraparlo. To-ya resopló.
Un dulce
relleno de turrón.
_Arigato
gozaimasu! –gritó él y agitó la mano. Ella agitó su mano en respuesta y
desapareció en la entrada.
Puso el dulce
en el bolsillo de su chaqueta y pedaleó más rápido para alcanzar a To-ya,
sonriendo de oreja a oreja.
_Tu hermana es
una niña realmente dulce –comentó.
_La consientes
demasiado –objetó el otro.
_¿To-ya?
_¿Hmm?
_¿Está
preocupada ella por mi salud? ¿Por qué fue todo eso?
_Quería
asegurarse de que no estás enojado con ella...
Yukito casi se
cayó de la bicicleta.
_¡¿QUÉ?! ¿Por
qué podría estar enojado con ella?
_... y
asegurarse de que tú supieras que ella no está enojada contigo tampoco –terminó
To-ya, encogiéndose de hombros.
_Pero... ¿hice
algo que la enojara? ¿Dije algo que hiriera sus sentimientos? –Yukito estaba
frenético. La había visto en la mañana anterior, también en su camino hacia la
escuela. Ella estaba cansada luego de una noche de insomnio y él hizo lo mejor
que pudo por alegrarla. ¿Tal vez uno de sus esfuerzos había sido demasiado
torpe y él no lo había notado...?
_No exactamente
tú, Yuki –dijo Touya simplemente.
¿No
exactamente…?
Yukito deseó
patearse a sí mismo. ¡Por supuesto! ¡No había sido él mismo el día anterior!
Eso era lo que significaban los ataques de sueño.
Bueno, para él
al menos. Pero To-ya había dicho antes que él también había caído dormido en
algún momento... ¿También To-ya tenía otro yo?
_¿Mi otro yo y
Sakura tuvieron una pelea? –el corazón de Yukito estaba dolorosamente oprimido.
No sabía nada acerca de cómo se volvía cuando se quedaba dormido. ¿Era un
desagradable matón, suficientemente atroz como para herir los sentimientos de
Sakura-chan?
_Él estaba
molesto por... cosas –dijo su amigo, diplomáticamente_ Y no pudo aclararle a
Sakura que no estaba molesto con ella.
¿Entonces había
sido una honesta confusión? Eso esperaba Yukito.
_¿Piensas que
debería pedirle perdón a Sakura-chan?
Eso trajo una
divertida media sonrisa a la cara de To-ya.
_Nah. Ese
peluche amarillo tuvo suficiente diversión anoche...
_¡¿Huh?!
Habían llegado
a la entrada de Seijyo y detuvieron sus bicicletas.
_Olvídalo. No
te preocupes por eso, Yuki.
_Pero ella
parece algo afligida esta mañana...
_No es por ti.
_¿No?
_No.
Yukito estudió
el sombrío comportamiento del muchacho más alto y sumó dos más dos.
_Es por el
chico de Hong Kong, entonces.
Fue entonces
cuando comprendió que tener un complejo fraterno no significaba el temor de no
ver a Sakura-chan otra vez. Un complejo fraterno significa volverse un rugiente
animal salvaje siempre que cierto chico fuera mencionado cerca de él.
_¡Ese...
miserable...GAKI! ¡¡¡¡Tomó ventaja mientras yo estaba dormido… se atrevió a...
Aaaaarrrgggh!!!!!
To-ya se veía
realmente adorable así. Peligroso, pero adorable.
_¿Le dio a ella
un osito de peluche?
El animal
salvaje dejó de rugir por un aturdido segundo.
_¿Un osito?
_Como el que
ella me dio a mí... pero negro. ¿No? –el otro sacudió la cabeza_ Oh, bueno.
Esperaba que lo hubiera hecho.
_¿Qué quisiste
decir con esperaba?
Yukito haría
bien en recordar el lado peligroso de la adorable bestia frente a él, o podría
perder un brazo entre sus afilados dientes...
_No lo sé,
To-ya. Sólo creo... que tal vez estás sobre reaccionando un poco.
_No estoy sobre
reaccionando. ¡Ese gaki es problemas! ¡Serios problemas!
Traducción...
_Quieres decir
que le gusta a Sakura-chan.
_Le dije a ella
quién está permitido que le guste y quién no –replicó To-ya tercamente_ Y él no
me gusta, así que a ella tampoco.
Yukito estaba
riéndose.
_Me alegra que
yo te guste, entonces.
La bestia
desapareció de repente, reemplazada por un triste, preocupado muchacho.
–Yuki... ¿tú
realmente no recuerdas? ¿Nada de nada? ¿Ni siquiera cuando nosotros...?
-¡¡¡TOUYA-KUUUUUUN!!!
_¡Aaaa-ckk!
Yukito no
estaba seguro de si To-ya había tratado de decir el nombre de Akizuki-san a
modo de saludo, o sólo quería gritar. Resultó imposible decirlo cuando ella
aterrizó en su espalda y le dio otro de sus muy entusiasmados y amables
abrazos.
_¡Touya-kun,
estoy tan feliz de verte
de nuevo! –canturreó ella alegremente_ Quiero decir, te vi ayer... ¡¿pero cómo pudiste?! ¡Dormiste durante todo
el rato! Y yo había esperado tanto para mostrarte mi traje de combate... Te
gustan las mariposas, ¿no es así, Touya-kun?
Dormido
durante… ¿Akizuki-san los había encontrado a él y a To-ya cuando los dos
estaban dormidos? ¿Se había dormido ella
también? Tal vez había una gran fiesta de sonambulismo la tarde
anterior...
_Buenos días,
Akizuki-san –Yukito la saludó cordialmente, ignorando la mirada desesperada de
su amigo_ Quería darte las gracias otra vez por esas bolas de arroz, ayer.
Estaban positivamente deliciosas.
_Agradécele a
Eriol –dijo ella con una risita tonta_No podría cocinar ni aunque mi vida
dependiera de ello. ¿Cómo has estado, Tsukishiro-kun?
_Muy bien,
gracias –Eriol... ¿ese amigo de Sakura-chan? ¿Él y Akizuki-san se conocían? ¿Y
no había presumido ella el día anterior sobre ser la mejor de todas las
cocineras?
_¿Te cortaste
el cabello? Luce un poco más corto.
Yukito se pasó
una mano por el cabello, perplejo. Estaba más largo que nunca, pero había sentido que era más
corto cuando despertó. Y... la forma en que la chica estaba mirándolo... como
si hubiera lanzado una burla hacia él y estuviera esperando que él lo notara...
No, eso era
absurdo. Akizuki-san era tan agradable y amistosa...
...ne?
_Bueno, no
importa –ella se encogió de hombros_ Deberías trabajar en una remodelación
completa, ¿sabes? La única forma en que los viejos modelos puedan competir con
los nuevos es mejorando el diseño, usando los colores de la década,
consiguiendo nuevo maquillaje, un nuevo corte de pelo... ¿has considerado un tinte?
¡Plateado es tan de hace dos siglos! Ya nadie está por el plan de austeridad. Y
nada es más aburrido que blanco y azul. Eso no brilla, no grita, no dice nada.
Blanco es para muros muertos, mi amigo. Énfasis en “muertos”. Si quieres lucir vivo, tienes que correr por ello,
ponerle dedicación. Por supuesto, nada puede impedir que los viejos motores se
oxiden, lerdeen y debiliten, pero a veces si luces suficientemente
impresionante no se te pide que pruebes tus habilidades. A veces.
Yukito sólo
pudo quedarse mirándola asombrado, incapaz de deducir de qué estaba hablando.
¿Blanco y azul? Rara vez se vestía así, si lo hacía. Los uniformes de Seijyo,
por supuesto, pero él no tenía elección, y Akizuki tenía usar lo mismo... aún
si no llevaba ahora ningún uniforme, por alguna razón... pero...
... ¿y qué
había querido decir con eso de motores viejos? ¡Él acababa de cumplir 18 años!
Akizuki-san era
una chica peculiar, y con frecuencia le decía cosas que él no entendía. Tal vez
había que esperar eso ya que ella era extranjera. Pero eso no importaba.
Siempre estaba por ahí, preguntándole por su salud y disposición, chequeándolo
en una forma o en otra... También era siempre lo suficientemente amable como
para reemplazarlo cuando sus ataques de sueño le impedían mantener sus promesas
de ayudar al equipo de soccer o al de básquetbol, excepto en juegos oficiales,
cuando los equipos debían ser necesariamente masculinos o femeninos. Oh, y ella
había gritado mucho por eso, diciendo que el género no era una cuestión importante
con ella. Bueno, desafortunadamente sí lo era para los jueces...
Y él podía
simpatizar también con su ansiedad por estar cerca de To-ya. ¿No le había dicho
To-ya mismo que Yukito y Akizuki-san tenían mucho en común? Yukito estaba
seguro de eso, lo sentía en los huesos, y disfrutaba la alegre compañía de la
chica. Por otro lado...
Por otro lado,
se sentía ligeramente molesto por su charla esta mañana. Por qué, no podría
decirlo.
Trató de pensar
en una forma amable pero vaga para cortarla, pero algo mucho más urgente llamó
su atención.
_Ahn...
¿Akizuki-san? Me temo que To-ya se está poniendo azul...
La chica
parpadeó, miró la cara que estaba al final del cuello del que ella estaba
colgando. Estaba más que azul, estaba completamente púrpura, con los ojos a
punto de saltar de sus órbitas.
_Eeps...
Se soltó de él,
con las manos jugueteando con su trenza, mirando sumisamente al muchacho que
tosía y trastabillaba hacia adelante, sujetando los brazos de Yukito para
apoyarse.
_Aki... *cough cough*...
zuki.. *cough* ...¿Estás... tratando... *cough cough
cough* ... de matarme?
_¡¡¡Touya-kun!!!
–chilló ella_¿Cómo puedes decir algo así? Después de todo lo que hemos pasado
juntos...
To-ya la miró
como si ella se hubiera transformado también en una zarzamora voladora.
_No te
preocupes, Akizuki-san –la tranquilizó Yukito_To-ya sólo está bromeando, ne?
A juzgar por la
mirada pasmada que le lanzó el muchacho más alto, To-ya estaba viendo enjambres
de zarzamoras voladoras por todas partes.
La chica sonrió
dulcemente y se apoyó contra el pecho de To-ya.
_Lo sé...
Touya-kun es un adorable bromista...
Un bromista...
Bueno, esa no era la
forma en que Yukito describiría a su mejor amigo... bueno, tal vez cerca de
Sakura-chan era un poco bromista, pero... era algo tan privado, tan íntimo, una
faceta que reservaba sólo para su familia y...
Se sonrojó.
To-ya era un tanto bromista con él también. Sólo un poco, usualmente cuando no
había nadie más a la vista. ¿Akizuki-san finalmente se las había arreglado para
acercarse a él lo suficiente como para...? Estaba abrazando a To-ya tan
tiernamente... y él no estaba luchando realmente contra su abrazo, sólo se
quedaba ahí, mirando las nubes y murmurando algo ininteligible. Tal vez...
¿Qué tal si
ella conocía a To-ya mejor que él?
_¿Cómo te
sientes esta mañana, Touya-kun? –preguntó la chica encantadoramente_ Fue tan
injusto que te perdieras toda la diversión ayer... deberías habernos visto a mí
y al Sr. Aburrición Plateada cara a cara... Apuesto a que habrías cambiado de
opinión acerca de...
_No lo haré.
Jamás.
Duro, directo,
definitivo. Lo que fuera que estuvieran discutiendo, To-ya no admitía
pensamientos posteriores al respecto.
Akizuki-san
todavía parecía algo escéptica, sin embargo.
_Eriol una vez
se sintió como tú ahora, ¿sabes? E incluso él recuperó la cordura
eventualmente.
_Bien por él. Pero
yo no soy él.
_Sí, pero...
Mientras
Akizuki-san proseguía con su oscura discusión, Yukito empezó a sentirse
realmente fuera de lugar. Había pasado mucho tiempo en compañía de los
Kinomoto, y siempre sabía de qué estaban hablando. Bueno, excepto por ese
incidente con Daidouji Sonomi y Fujitaka-san, pero incluso entonces Touya se
apresuró a explicarle todo la historia tan pronto como fue posible, aún
tratándose de un tópico delicado en la familia. Y ahora, sin embargo...
_Ahn... creo
que debería entrar –anunció_ Las clases empezarán en un minuto... y...
... y no podía
ir a ninguna parte. No con To-ya sujetando su muñeca como si su vida dependiera
de ello.
_Espera.
Yukito tragó
saliva.
_No quiero
entrometerme...
El muchacho de
cabello oscuro apretó los labios.
_No eres un
intruso. Y no voy a soportar más esto. Tú y yo vamos a entrar juntos –se volvió hacia la chica
con una sonrisa sin humor, agitando un dedo hacia el elegante traje escarlata
con corbata amarilla que llevaba puesto_ Y supongo que tú te quedarás afuera, dado
que no llevas tu uniforme. Así pues... que tengas un buen día, Akizuki –con
eso, tiró de su amigo más bajo hacia la entrada.
Pero Yukito no
se movió.
_¿No vas a
entrar? ¡Eso es malo! To-ya y yo íbamos a invitarte a almorzar hoy...
¿Se había
convertido él también en una zarzamora voladora? To-ya ciertamente le estaba
mirando de un modo raro... que se volvió una mueca atragantada cuando
Akizuki-san se le lanzó a los brazos otra vez.
_¿Lo ibas a
hacer? ¡Touya-kun, eres tan dulce!
Dulce, sí, esa era una palabra que
Yukito podría usar fácilmente para describir a To-ya...
Bueno, tal vez
no ahora.
_¡¡¡¡Yo NO voy
a llevarte a almorzar!!!! ¡¡¡¡Nunca dije que lo haría!!!! ¡¡¡Y tú acabas de
admitir que no hiciste las bolas de arroz!!! ¡¡¡Así que Yuki y yo no te debemos
nada!!! ¡¡¡Ahora, suéltame!!!
Ella lo hizo.
Eventualmente.
_Realmente quisiera
poder ir –suspiró ella_ ¡Pero tengo mucho que empacar!
_¿Empacar? –los
dos muchachos parpadearon.
_Sí. Sólo vine
a despedirme, ¿saben? Regreso a casa mañana.
_¿A casa?
–To-ya se quedó con la boca abierta-. ¿De regreso a Inglaterra?
_Sip.
Yukito de
repente se sintió insensible y vacío. Apático. Pero muy dentro de él, aún pudo
sentir algo cálido y esperanzado resquebrajarse silenciosamente en un millón de
pedazos.
(Revisado por última vez el 24/08/2018)
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