viernes, 24 de agosto de 2018

Capítulo 1: Un recorrido con la adorable bestia salvaje


No importaba cuán lentamente había cocinado y comido, y cuántas veces había hecho el nudo de la corbata azul de Seijyo frente al espejo, aún así Yukito iba demasiado temprano. Consideró planchar su ropa hasta que fuera tiempo de encontrarse con To-ya y Sakura-chan, pero... simplemente estaba ansioso por verlos otra vez. Así que guió su bicicleta hasta su punto de reunión y se quedó ahí, apoyado contra el tronco de un cerezo desnudo y contó mentalmente los minutos hasta que ellos llegaron.
Para su alegría y sorpresa, To-ya aparentemente se había caído de la cama él también esa mañana.
_¡Hey, Yuki! –el muchacho de cabello oscuro agitó su mano cuando entró al callejón, probablemente despertando a parte del vecindario con su fuerte saludo.
_¡Buenos días, To-ya!
To-ya aparcó su bicicleta junto a la de Yukito, dedicándole la sonrisa más grande que nadie jamás hubiera visto en su cara usualmente seria.
_¿Cómo te sientes?
_Bien. Llegas temprano.
Si fuera posible, la sonrisa de To-ya se hizo todavía más amplia.
_También tú.
Yukito se descubrió a sí mismo sonrojándose sin una razón comprensible. Su amigo sólo le había mostrado una sonrisa tan abierta como esa en ese extraño sueño... justo antes de saltar a sus brazos... y...
Se quitó los anteojos y los limpió nerviosamente con un pañuelo. Ese no era el tipo de cosa que debería pensar en ese momento. Especialmente con To-ya apoyándose en el manillar para mirarlo tan de cerca.
_Me acosté realmente temprano anoche –murmuró Yukito_ Creo _al menos eso era lo que había asumido, considerando que no tenía ningún recuerdo desde alrededor de las cinco en punto de la tarde anterior.
_¿Y dormiste bien?
Había varias maneras de preguntar eso. Completa amabilidad y buena educación era la más usual, aunque no para el taciturno To-ya. Otra manera era con preocupación y consideración, como en esos días en los que Yukito había estado desmayándose a cada rato y nunca dormía lo suficiente, pero, de nuevo, eso no era del estilo de To-ya; él no necesitaba preguntar esas cosas, siempre sabía.
Pero era la forma más inesperada de todas la forma en que To-ya acababa de hacerlo: susurrando suave, gravemente, con sus labios a pocas pulgadas de la oreja de Yukito, su cálido aliento lo suficientemente cerca como para hacerle cosquillas, en un acariciante, cariñoso tono que sonaba ligeramente... indecente.
Encontrar el tono apropiado para contestar le costó a Yukito unas cuantas docenas de neuronas fritas.
_Bien. ¿Y tú?
¿Los ojos de To-ya habían chispeado siempre en esa forma?
_No pude dormir nada_siseó.
El muchacho lucía tan... hambriento esa mañana. Yukito se preguntó vagamente si habría comido suficiente al desayuno.
_Lamento escuchar eso...
El muchacho más alto deslizó un dedo por el flequillo de Yukito, apartándole el cabello de los ojos.
_No te preocupes, sólo quería despertarme esta mañana y preguntarme si todo lo que pasó ayer fue real o sólo un delicioso sueño...
Yukito sonrió y empujó hacia atrás sus lentes, sintiéndose más calmado finalmente.
_Sé lo que quieres decir.
La mano de To-ya bajó para acariciar la mejilla de su amigo.
_Qué bien.
_Tenemos que darle las gracias a Akizuki-san por eso.
La mano se congeló. Ojos azules lo miraban de un modo extraño bajo cejas fruncidas.
_¿Agradecerle a Akizuki? ¿Por qué?
_¡Por las deliciosas bolas de arroz que nos dio, por supuesto! Apuesto a que las hizo especialmente para ti –Yukito le guiñó un ojo.
Pero To-ya tenía una expresión tan extraña en la cara... como si un enjambre de zarzamoras voladoras acabara de cruzarse en su camino.
_Bolas de arroz –dijo como un eco, fríamente.
Su voz parecía haber volado lejos, junto con las zarzamoras. Yukito palmoteó su brazo para llamar su atención.
_Sí. Tal vez deberíamos invitarla a almorzar hoy. ¿Qué te parece?
To-ya miró su brazo, donde lo había tocado, su buen humor evaporándose en un ceño fruncido. Yuki hizo una nota mental para no tocarlo de nuevo.
Pero... pero... ¡A To-ya nunca le había molestado eso antes!
_Yuki... ayer...
_¿Sí?
El muchacho de cabello oscuro apretó y soltó el manillar de la bicicleta nerviosamente, apretando los dientes.
_¿Qué es lo último que recuerdas?
Yukito se estremeció un poco.
_Bueno... trabajar en la florería, creo. Lo siento... ¿Me quedé dormido otra vez?
Ciertamente, lo había hecho. Y To-ya parecía terriblemente disgustado por eso.
_No lo creo...
_¿To-ya?
Su amigo estaba más que disgustado. Lo probó al golpear el inocente manillar de la bicicleta con un furioso puño.
_¡No lo creo! ¡Me lo prometió!
Yukito retrocedió, sorprendido por el repentino exabrupto. La actitud anterior de To-ya había sido igual de enigmática, pero al menos había estado sonriente y contento, y ahora...
_¿To-ya, qué pasó? ¿Quién te prometió qué?
_Bueno, eso no importa ya, ¿no es así? –su amigo lo miró directo a los ojos, su barbilla endurecida con desprecio_ Porque la promesa no se mantuvo, ¿o sí?
De repente, Yukito sintió un pozo de lava explotando dentro de él, su pulso retumbando fuerte y rápido en sus oídos. No podía recordar haberse sentido antes tan indignado o tan ofendido. Le devolvió a To-ya su mirada sarcástica y escuchó su voz cayendo en un tono más bajo, siniestro.
_Tal vez deberías verificar eso completamente antes de lanzar acusaciones, To-ya.
Las palabras congelaron el aire entre los dos amigos con su tono glacial, amargo. La calle explotó en un silencio intemporal, disturbado sólo por el susurro de las hojas muertas, color de azafrán, que eran arrastradas por la brisa invernal.
Por un momento la visión de Yukito se volvió borrosa, como si sus lentes de pronto se hubieran vuelto demasiado débiles o demasiado fuertes para su miopía. Cuando el mundo lentamente volvió a enfocarse a su alrededor, notó la alarmante palidez del muchacho de cabello oscuro boquiabierto ante él.
_¿To-ya… qué...?
_¡¿Ángel?! _boqueó el otro.
¿Ángel? ¿To-ya estaba llamándolo... ángel?
Yuki sacudió la cabeza, tratando de ordenar sus pensamientos. Eso era ridículo, por supuesto. To-ya disfrutaba los apodos, pero era ahorrativo con los tratamientos cariñosos. No los desperdiciaría (y ciertamente no uno tan dulce y afectivo como “ángel”) con un amigo, ni aunque se tratara del más cercano de todos. Especialmente cuando este amigo acababa de contestarle con brusquedad a...
...!!!
¡¿Le había contestado con brusquedad a To-ya?! ¿Por qué?
Para hacer las cosas todavía más interesantes, To-ya parecía igual de confundido que como él se sentía.
_Lo siento, To-ya –murmuró con sinceridad_ No sé qué...
_Está bien –su amigo lo tranquilizó instantáneamente.
_Pero yo…
Manos fuertes cayeron sobre sus hombres, amigables y confortadoras.
_Está bien, en serio. Soy yo el que tiene que disculparse.
_¿Tú? Pero tú no...
Otra vez. Esos penetrantes ojos azules mirando directo a los suyos, mirando dentro de él tan profundamente, develando el centro mismo de su alma. Perturbadores, pero... tan cálidos. Tan confortantes.
_Lo siento, estaba sacando conclusiones demasiado rápido.
Yukito sonrió, calmado y aliviado, su corazón recobrando su ritmo normalmente tranquilo. Todo bien. Todo estaba completamente bien.
Excepto que no sabía qué estaba pasando.
_To-ya... ¿hablaste de una promesa?
La mirada se suavizó un poco.
_Yuki...
_¿Pasó algo ayer? En serio, no puedo recordar nada después de la florería –se rascó la cabeza con un pensamiento repentino_ No recuerdo que me hayan pagado.
_No nos pagaron. Nos despidieron por salir temprano y dejar la tienda abierta y sin nadie que la vigilara.
Yukito se quedó boquiabierto.
_¡¿Hicimos eso?!
_Teníamos que... ir a otro lugar.
_¿Dónde?
_El Templo Tsukimine.
_¿El Templo? ¿Por qué? ¿Qué pasó ahí?
To-ya se sentó otra vez en la bicicleta y resopló.
_En esa parte fue donde yo me quedé dormido.
Los ojos de Yukito se agrandaron con consternación.  ¿Ahora su amigo estaba teniendo ataques de sueño él también? ¿Era contagioso?
Suspirando profunda, aprehensivamente, To-ya lo miró con ojos sorpresivamente avergonzados.
_Escucha, Yuki... ayer... tú... quiero decir... Verás, yo... ahn...
_¡¡¡ONIIIIIIICHAAAN!!!!!!
To-ya se las arregló heroicamente para no saltar a tres metros de altura ante el furioso alarido. Yukito agitó una mano saludando a la jovencita que se deslizaba dando vuelta a la esquina en unos nada precavidamente veloces patines. Incluso a dos cuadras de distancia podía verse el humo saliendo de sus orejas.
_¿Dejaste atrás otra vez a Sakura-chan, To-ya?
_Lo intenté –gruñó el otro_Quería hablarte en privado. Tú sabes.
Yukito estaba preocupándose realmente. ¿Sabía? ¿Qué era lo que sabía? ¿Había hecho una promesa a To-ya y simplemente se le había olvidado? ¿Y por qué la privacidad? ¿Había algo mal con To-ya?
Sakura-chan los alcanzó (con un escalofriante rechinido de las ruedas cuando frenó tan abruptamente), antes de que pudiera preguntarle a su amigo acerca de eso.
_O... nii... chan… _siseó ella, casi sin aire_ No me... *puff puff* ... esperas... *puff puff* ...te...
_No quería interrumpir la comida de la Kaijuu –murmuró To-ya_ O quedarme a mirarlo. No es una visión agradable.
Los patines pueden matar. O por lo  menos romper algunos huesos. Después de años de que sus bromas fueran recompensadas con fieras patadas, uno podría pensar que alguien tan inteligente como To-ya habría aprendido esa lección...
Mientras el muchacho de cabello oscuro se tragaba un grito de dolor, Yukito pretendió no haber visto nada, como siempre.
_Buenos días, Sakura.chan. Despertaste hoy llena de energía, ne?
La niña lo miró y toda la furia se desvaneció de su linda cara... pero no fue reemplazada por sus usuales sonrisa y sonrojo. Sakura-chan parecía muy nerviosa esa mañana, preocupada y de alguna manera, avergonzada. Y, ahora que prestaba más atención a sus irises esmeralda, tampoco parecía tener mucha energía.
_Yukito-san... ayer... tú... quiero decir... Verás, yo... ahn...
Yukito miró a To-ya, quien tosió y apartó la mirada, y luego de nuevo a la tartamudeante niña. Este probablemente se volvería un día muy largo.
_Espero que te sientas bien esta mañana –se las arregló para decir Sakura-chan luego de unos cuantos intentos abortados más.
Él le dedicó su abierta sonrisa. ¿Entonces, estaba preocupada por su salud?
_Me siento muy bien. Dormí como un bebé, y mi apetito se ha normalizado. Cuatro raciones de sontsu howanyun y seis porciones de arroz fueron suficientes para mi desayuno, y estoy seguro de que mi estómago podrá aguantar ahora hasta el almuerzo.
To-ya tosió otra vez, ¿o eso había sido una risita? Sakura-chan parecía un poco desconcertada además...
¿Había dicho algo incorrecto?
_Me alegro –dijo suavemente Sakura-chan, su pequeña boca apenas curvándose en una sonrisa triste_ Porque... yo... –un suspiro de incomodidad_ Tú eres muy... –un nudo en la garganta_ Muy importante –sonrojo-. Para mí.
El corazón de Yukito se derritió. Se arrodilló frente a ella, sintiéndose, y no por primera vez, la persona más afortunada de la Tierra.
_Tú eres muy importante para mí también, Sakura-chan.
Ella sonrió y respiró más libremente ahora, pero... Había un “pero” en alguna parte. Casi podía ver una sombra de pena girando gravemente alrededor de su pequeña figura. El hecho de que To-ya dejara pasar la oportunidad de burlarse del encantador tartamudeo de su hermanita era una buena evidencia de eso.
Yukito no quiso insistir, sin embargo. Así que sólo subió silenciosamente a su bicicleta y los tres se pusieron en camino.
Hicieron el recorrido en completo silencio. Yukito nunca antes había visto a Sakura-chan prestar tanta atención a los hoyos en el asfalto. To-ya estaba nada más manteniendo esa actitud reservada por la cual era famoso, pero aún así estaba esa cosa misteriosa que había querido decirle en privado, la cual no había dicho y que aparentemente no debería ser tan misteriosa, pero sí lo era...
Caray...
Bueno, no tenía sentido preocuparse por eso. To-ya se lo diría después y todo se aclararía. Si algo estaba preocupando a Yukito hasta dejarlo silencioso, era algo más.
La hora de decir adiós a esos placenteros viajes a la escuela estaba a punto de llegar.
¿Por qué debía pasar el tiempo? ¿Por qué tenía que ir a la universidad? ¿Por qué el campus y la escuela de Sakura-chan tenían que estar en lados opuestos de la ciudad?
Al menos él y To-ya podrían ir a la misma universidad. Ni siquiera podía concebir la idea de separarse de To-ya. Pero no, ya no tendrían más las mismas clases, así que no tendrían muchas excusas para estudiar juntos. Así que ¿cuándo podría Yukito ver de nuevo a Sakura-chan ahora? Una escena sombría se formó en su mente: unos pocos años más adelante, el podría tropezar casualmente con una chica en la calle, y ella sería tan alta como él, hermosa pero muy cambiada, y el suspiraría por haberse perdido su crecimiento, y por haber perdido su cercanía.
No era una posibilidad acerca de la cual quisiera pensar. Pero por alguna razón, la idea de Sakura-chan creciendo y cambiando lo había angustiado esa mañana, como una maligna serpiente viniendo directa desde el infierno para maldecirlo.
Oh, cielos... ¿Tal vez estaba desarrollando un complejo fraterno él también?
Sakura-chan parecía definitivamente incómoda cuando llegaron a la entrada de la escuela primaria. Como si no quisiera entrar. La niña nunca había sido la más devota de las estudiantes, pero siempre había estado ansiosa de reunirse con sus compañeros y divertirse en la clase de gimnasia. Hoy miraba el plantel de la escuela con tanta anticipación como podría haber sentido para entrar a una clínica dental.
_¿Estarás bien, Sakura-chan?
Ella asintió categóricamente, en esa adorable manera suya, tratando de lucir alegre y no preocuparlo.
_¡Seguro! Que tengas un buen día, Yukito-san –se volvió hacia su hermano mayor_Adiós, Oniichan.
_¿Tienes clase de cocina hoy? –preguntó To-ya.
_Sí.
-Entonces presta atención. Por el bien de mi estómago. Te toca preparar hoy la cena.
Sakura refunfuñó. Por un breve momento, los hermanos Kinomoto lograron volver a su divertida rutina y Yukito se sintió aliviado. Ella se deslizó hacia la entrada mientras los dos muchachos pedaleaban hacia la Secundaria Seijyo, y Yukito encontró más fácil sonreír ahora.
_¡Yukito-san!
Giró la cabeza apenas a tiempo para ver a la niña arrojando un pequeño objeto en su dirección, y aplicó el freno para asegurarse de atraparlo. To-ya resopló.
Un dulce relleno de turrón.
_Arigato gozaimasu! –gritó él y agitó la mano. Ella agitó su mano en respuesta y desapareció en la entrada.
Puso el dulce en el bolsillo de su chaqueta y pedaleó más rápido para alcanzar a To-ya, sonriendo de oreja a oreja.
_Tu hermana es una niña realmente dulce –comentó.
_La consientes demasiado –objetó el otro.
_¿To-ya?
_¿Hmm?
_¿Está preocupada ella por mi salud? ¿Por qué fue todo eso?
_Quería asegurarse de que no estás enojado con ella...
Yukito casi se cayó de la bicicleta.
_¡¿QUÉ?! ¿Por qué podría estar enojado con ella?
_... y asegurarse de que tú supieras que ella no está enojada contigo tampoco –terminó To-ya, encogiéndose de hombros.
_Pero... ¿hice algo que la enojara? ¿Dije algo que hiriera sus sentimientos? –Yukito estaba frenético. La había visto en la mañana anterior, también en su camino hacia la escuela. Ella estaba cansada luego de una noche de insomnio y él hizo lo mejor que pudo por alegrarla. ¿Tal vez uno de sus esfuerzos había sido demasiado torpe y él no lo había notado...?
_No exactamente tú, Yuki –dijo Touya simplemente.
¿No exactamente…?
Yukito deseó patearse a sí mismo. ¡Por supuesto! ¡No había sido él mismo el día anterior! Eso era lo que significaban los ataques de sueño.
Bueno, para él al menos. Pero To-ya había dicho antes que él también había caído dormido en algún momento... ¿También To-ya tenía otro yo?
_¿Mi otro yo y Sakura tuvieron una pelea? –el corazón de Yukito estaba dolorosamente oprimido. No sabía nada acerca de cómo se volvía cuando se quedaba dormido. ¿Era un desagradable matón, suficientemente atroz como para herir los sentimientos de Sakura-chan?
_Él estaba molesto por... cosas –dijo su amigo, diplomáticamente_ Y no pudo aclararle a Sakura que no estaba molesto con ella.
¿Entonces había sido una honesta confusión? Eso esperaba Yukito.
_¿Piensas que debería pedirle perdón a Sakura-chan?
Eso trajo una divertida media sonrisa a la cara de To-ya.
_Nah. Ese peluche amarillo tuvo suficiente diversión anoche...
_¡¿Huh?!
Habían llegado a la entrada de Seijyo y detuvieron sus bicicletas.
_Olvídalo. No te preocupes por eso, Yuki.
_Pero ella parece algo afligida esta mañana...
_No es por ti.
_¿No?
_No.
Yukito estudió el sombrío comportamiento del muchacho más alto y sumó dos más dos.
_Es por el chico de Hong Kong, entonces.
Fue entonces cuando comprendió que tener un complejo fraterno no significaba el temor de no ver a Sakura-chan otra vez. Un complejo fraterno significa volverse un rugiente animal salvaje siempre que cierto chico fuera mencionado cerca de él.
_¡Ese... miserable...GAKI! ¡¡¡¡Tomó ventaja mientras yo estaba dormido… se atrevió a... Aaaaarrrgggh!!!!!
To-ya se veía realmente adorable así. Peligroso, pero adorable.
_¿Le dio a ella un osito de peluche?
El animal salvaje dejó de rugir por un aturdido segundo.
_¿Un osito?
_Como el que ella me dio a mí... pero negro. ¿No? –el otro sacudió la cabeza_ Oh, bueno. Esperaba que lo hubiera hecho.
_¿Qué quisiste decir con esperaba?
Yukito haría bien en recordar el lado peligroso de la adorable bestia frente a él, o podría perder un brazo entre sus afilados dientes...
_No lo sé, To-ya. Sólo creo... que tal vez estás sobre reaccionando un poco.
_No estoy sobre reaccionando. ¡Ese gaki es problemas! ¡Serios problemas!
Traducción...
_Quieres decir que le gusta a Sakura-chan.
_Le dije a ella quién está permitido que le guste y quién no –replicó To-ya tercamente_ Y él no me gusta, así que a ella tampoco.
Yukito estaba riéndose.
_Me alegra que yo te guste, entonces.
La bestia desapareció de repente, reemplazada por un triste, preocupado muchacho.
–Yuki... ¿tú realmente no recuerdas? ¿Nada de nada? ¿Ni siquiera cuando nosotros...?
-¡¡¡TOUYA-KUUUUUUN!!!
_¡Aaaa-ckk!
Yukito no estaba seguro de si To-ya había tratado de decir el nombre de Akizuki-san a modo de saludo, o sólo quería gritar. Resultó imposible decirlo cuando ella aterrizó en su espalda y le dio otro de sus muy entusiasmados y amables abrazos.
_¡Touya-kun, estoy tan feliz de verte de nuevo! –canturreó ella alegremente_ Quiero decir, te vi ayer... ¡¿pero cómo pudiste?! ¡Dormiste durante todo el rato! Y yo había esperado tanto para mostrarte mi traje de combate... Te gustan las mariposas, ¿no es así, Touya-kun?
Dormido durante… ¿Akizuki-san los había encontrado a él y a To-ya cuando los dos estaban dormidos? ¿Se había dormido ella  también? Tal vez había una gran fiesta de sonambulismo la tarde anterior...
_Buenos días, Akizuki-san –Yukito la saludó cordialmente, ignorando la mirada desesperada de su amigo_ Quería darte las gracias otra vez por esas bolas de arroz, ayer. Estaban positivamente deliciosas.
_Agradécele a Eriol –dijo ella con una risita tonta_No podría cocinar ni aunque mi vida dependiera de ello. ¿Cómo has estado, Tsukishiro-kun?
_Muy bien, gracias –Eriol... ¿ese amigo de Sakura-chan? ¿Él y Akizuki-san se conocían? ¿Y no había presumido ella el día anterior sobre ser la mejor de todas las cocineras?
_¿Te cortaste el cabello? Luce un poco más corto.
Yukito se pasó una mano por el cabello, perplejo. Estaba más largo que nunca, pero había sentido que era más corto cuando despertó. Y... la forma en que la chica estaba mirándolo... como si hubiera lanzado una burla hacia él y estuviera esperando que él lo notara...
No, eso era absurdo. Akizuki-san era tan agradable y amistosa...
...ne?
_Bueno, no importa –ella se encogió de hombros_ Deberías trabajar en una remodelación completa, ¿sabes? La única forma en que los viejos modelos puedan competir con los nuevos es mejorando el diseño, usando los colores de la década, consiguiendo nuevo maquillaje, un nuevo corte de pelo... ¿has considerado un tinte? ¡Plateado es tan de hace dos siglos! Ya nadie está por el plan de austeridad. Y nada es más aburrido que blanco y azul. Eso no brilla, no grita, no dice nada. Blanco es para muros muertos, mi amigo. Énfasis en “muertos”. Si quieres lucir vivo, tienes que correr por ello, ponerle dedicación. Por supuesto, nada puede impedir que los viejos motores se oxiden, lerdeen y debiliten, pero a veces si luces suficientemente impresionante no se te pide que pruebes tus habilidades. A veces.
Yukito sólo pudo quedarse mirándola asombrado, incapaz de deducir de qué estaba hablando. ¿Blanco y azul? Rara vez se vestía así, si lo hacía. Los uniformes de Seijyo, por supuesto, pero él no tenía elección, y Akizuki tenía usar lo mismo... aún si no llevaba ahora ningún uniforme, por alguna razón... pero...
... ¿y qué había querido decir con eso de motores viejos? ¡Él acababa de cumplir 18 años!
Akizuki-san era una chica peculiar, y con frecuencia le decía cosas que él no entendía. Tal vez había que esperar eso ya que ella era extranjera. Pero eso no importaba. Siempre estaba por ahí, preguntándole por su salud y disposición, chequeándolo en una forma o en otra... También era siempre lo suficientemente amable como para reemplazarlo cuando sus ataques de sueño le impedían mantener sus promesas de ayudar al equipo de soccer o al de básquetbol, excepto en juegos oficiales, cuando los equipos debían ser necesariamente masculinos o femeninos. Oh, y ella había gritado mucho por eso, diciendo que el género no era una cuestión importante con ella. Bueno, desafortunadamente sí lo era para los jueces...
Y él podía simpatizar también con su ansiedad por estar cerca de To-ya. ¿No le había dicho To-ya mismo que Yukito y Akizuki-san tenían mucho en común? Yukito estaba seguro de eso, lo sentía en los huesos, y disfrutaba la alegre compañía de la chica. Por otro lado...
Por otro lado, se sentía ligeramente molesto por su charla esta mañana. Por qué, no podría decirlo.
Trató de pensar en una forma amable pero vaga para cortarla, pero algo mucho más urgente llamó su atención.
_Ahn... ¿Akizuki-san? Me temo que To-ya se está poniendo azul...
La chica parpadeó, miró la cara que estaba al final del cuello del que ella estaba colgando. Estaba más que azul, estaba completamente púrpura, con los ojos a punto de saltar de sus órbitas.
_Eeps...
Se soltó de él, con las manos jugueteando con su trenza, mirando sumisamente al muchacho que tosía y trastabillaba hacia adelante, sujetando los brazos de Yukito para apoyarse.
_Aki... *cough cough*... zuki.. *cough* ...¿Estás... tratando... *cough cough cough* ... de matarme?
_¡¡¡Touya-kun!!! –chilló ella_¿Cómo puedes decir algo así? Después de todo lo que hemos pasado juntos...
To-ya la miró como si ella se hubiera transformado también en una zarzamora voladora.
_No te preocupes, Akizuki-san –la tranquilizó Yukito_To-ya sólo está bromeando, ne?
A juzgar por la mirada pasmada que le lanzó el muchacho más alto, To-ya estaba viendo enjambres de zarzamoras voladoras por todas partes.
La chica sonrió dulcemente y se apoyó contra el pecho de To-ya.
_Lo sé... Touya-kun es un adorable bromista...
Un bromista... Bueno, esa no era la forma en que Yukito describiría a su mejor amigo... bueno, tal vez cerca de Sakura-chan era un poco bromista, pero... era algo tan privado, tan íntimo, una faceta que reservaba sólo para su familia y...
Se sonrojó. To-ya era un tanto bromista con él también. Sólo un poco, usualmente cuando no había nadie más a la vista. ¿Akizuki-san finalmente se las había arreglado para acercarse a él lo suficiente como para...? Estaba abrazando a To-ya tan tiernamente... y él no estaba luchando realmente contra su abrazo, sólo se quedaba ahí, mirando las nubes y murmurando algo ininteligible. Tal vez...
¿Qué tal si ella conocía a To-ya mejor que él?
_¿Cómo te sientes esta mañana, Touya-kun? –preguntó la chica encantadoramente_ Fue tan injusto que te perdieras toda la diversión ayer... deberías habernos visto a mí y al Sr. Aburrición Plateada cara a cara... Apuesto a que habrías cambiado de opinión acerca de...
_No lo haré. Jamás.
Duro, directo, definitivo. Lo que fuera que estuvieran discutiendo, To-ya no admitía pensamientos posteriores al respecto.
Akizuki-san todavía parecía algo escéptica, sin embargo.
_Eriol una vez se sintió como tú ahora, ¿sabes? E incluso él recuperó la cordura eventualmente.
_Bien por él. Pero yo no soy él.
_Sí, pero...
Mientras Akizuki-san proseguía con su oscura discusión, Yukito empezó a sentirse realmente fuera de lugar. Había pasado mucho tiempo en compañía de los Kinomoto, y siempre sabía de qué estaban hablando. Bueno, excepto por ese incidente con Daidouji Sonomi y Fujitaka-san, pero incluso entonces Touya se apresuró a explicarle todo la historia tan pronto como fue posible, aún tratándose de un tópico delicado en la familia. Y ahora, sin embargo...
_Ahn... creo que debería entrar –anunció_ Las clases empezarán en un minuto... y...
... y no podía ir a ninguna parte. No con To-ya sujetando su muñeca como si su vida dependiera de ello.
_Espera.
Yukito tragó saliva.
_No quiero entrometerme...
El muchacho de cabello oscuro apretó los labios.
_No eres un intruso. Y no voy a soportar más esto. Tú y yo vamos a entrar juntos –se volvió hacia la chica con una sonrisa sin humor, agitando un dedo hacia el elegante traje escarlata con corbata amarilla que llevaba puesto_ Y supongo que te quedarás afuera, dado que no llevas tu uniforme. Así pues... que tengas un buen día, Akizuki –con eso, tiró de su amigo más bajo hacia la entrada.
Pero Yukito no se movió.
_¿No vas a entrar? ¡Eso es malo! To-ya y yo íbamos a invitarte a almorzar hoy...
¿Se había convertido él también en una zarzamora voladora? To-ya ciertamente le estaba mirando de un modo raro... que se volvió una mueca atragantada cuando Akizuki-san se le lanzó a los brazos otra vez.
_¿Lo ibas a hacer? ¡Touya-kun, eres tan dulce!
Dulce, sí, esa era una palabra que Yukito podría usar fácilmente para describir a To-ya...
Bueno, tal vez no ahora.
_¡¡¡¡Yo NO voy a llevarte a almorzar!!!! ¡¡¡¡Nunca dije que lo haría!!!! ¡¡¡Y tú acabas de admitir que no hiciste las bolas de arroz!!! ¡¡¡Así que Yuki y yo no te debemos nada!!! ¡¡¡Ahora, suéltame!!!
Ella lo hizo. Eventualmente.
_Realmente quisiera poder ir –suspiró ella_ ¡Pero tengo mucho que empacar!
_¿Empacar? –los dos muchachos parpadearon.
_Sí. Sólo vine a despedirme, ¿saben? Regreso a casa mañana.
_¿A casa? –To-ya se quedó con la boca abierta-. ¿De regreso a Inglaterra?
_Sip.
Yukito de repente se sintió insensible y vacío. Apático. Pero muy dentro de él, aún pudo sentir algo cálido y esperanzado resquebrajarse silenciosamente en un millón de pedazos.

 (Revisado por última vez el 24/08/2018) 

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