viernes, 24 de agosto de 2018

Capítulo 2: Espejo y los recuerdos del pasado.


Ir de compras con Oniichan… No, no, no, no… El amargo sabor del fracaso estaba deslizándose ya por su garganta.
Lo sabía. Se había encontrado con él dos veces, y las dos veces él había sido capaz de notar la diferencia.
Espejo hizo un puchero. ¿No sabía el Ama que sus trucos de imitación eran infectivos contra humanos con poderes psíquicos? Era la clase de cosa que se suponía que Kerberus-sama debía advertirle. ¿Tal vez debería recordárselo al Guardián...?
Pero entonces...
Se sonrojó. Entonces el Ama no la convocaría más para que estuviera con Oniichan. Y estar con el hermano del Ama se sentía agradable. Realmente agradable.
Le recordaba de alguna manera al Amo Clow. Misma estatura, similar color de cabello, mismos ojos azul oscuro. E igual de gentil.  Sin embargo, la sonrisa del hermano del Ama era más triste. Más solitaria.
Pero había algo además que la hacía recordar a su creador ese día. La dirección que el Ama y el muchacho habían tomado... Espejo podía sentir también el llamado. Una fuerte aura pulsando como la luz de un faro.
Decir que esa aura era familiar para ella sería una enorme subestimación. Había vivido dentro de esa cálida presencia, la había respirado, se había alimentado de ella, durante casi toda su vida. Sus primeros recuerdos eran de un etéreo, estrecho abrazo de parte de esa amorosa energía, de una voz suave llamándola por su nombre, bautizándola, convocándola al exterior, y de la sonrisa abierta de ese hombre amable cuyo espíritu sentía ella dentro de sí. El Amo Clow Read.
Él siempre estuvo con ella. No importaba bajo qué forma estuviera ella, no importaba qué tan lejos pudiera estar él, su presencia era la única realidad permanente en sus existencia. Algunas veces había sido separada de la baraja, o enviada sola en una misión sin la escolta de los Guardianes (¡el Amo confiaba tanto en ella!), pero de todos modos esa aura la seguía, o mejor dicho, la guiaba, o todavía mejor dicho, era ella, siempre, sin duda alguna.
Así era...
...hasta el día en que se desvaneció.
Bueno, no era que hubiera desaparecido, exactamente, pero...
No podía explicar lo que había pasado, en verdad. Un día todo estaba perfectamente bien, y al siguiente el Amo Clow estaba convocándolas a todas, todas las cincuenta y dos de ellas. Permaneció en pie sonriendo en el centro del círculo que formaron a su alrededor... y les dijo que se marchaba.
Se marchaba, había dicho. Y, por supuesto, todas lo que las cartas pudieron preguntarle fue “¿A dónde vamos?”. Porque a donde quiera que él fuese, ellas irían también. O viceversa, era difícil decirlo con seguridad. De cualquier modo, era un hecho.
Sin embargo, ella había sentido la presencia de los dos Guardianes rondando cerca también. Y estaban tristes. Tan, tan tristes. Había tratado de recordar, en vano, una sola ocasión en la que Kerberus-sama hubiera proyectado tanto sufrimiento. Y Yue-sama... Oh, cielos, Yue-sama estaba en total agonía, y todas las Cartas regidas por la Luna (incluyendo a Espejo) estaban encogiéndose en agonía con él, ya que parecía incapaz de guardar para sí mismo sus revueltas emociones...
Yue-sama... siempre tan calmando, tan en control... Era increíble. Inverosímil.
A través del estado de ánimo de sus Guardianes, las Cartas comprendieron la gravedad del momento, a pesar de que el Amo Clow no hizo más que sonreír como si fuera el día más feliz de su vida. Bueno, la mayor parte de las Cartas comprendieron. La estúpida Salto había tratado de lucir inteligente, burlándose de las demás por caer en otra de las bromas del Amo.
A pesar de todo, era imposible culpar a Salto. Porque el Amo había dicho que iría a un lugar donde ninguna de las Cartas y ni siquiera los Guardianes podrían seguirlo, y que no volvería nunca... Espejo pensó que Salto tenía que estar en lo correcto. Eso sólo podía ser una broma.
Sólo que las bromas del Amo siempre eran divertidas y esta no tenía nada de graciosa.
Oscuridad y Luz se adelantaron para preguntarle qué sería de todos ellos. Esas dos eran las más sabias y ya sabían desde antes lo que Espejo y las otras sólo habían llegado a conocer esa noche: que sin el Amo, sólo Kerberus-sama podía sobrevivir. La baraja moriría en el mundo exterior, y eventualmente el mundo interior colapsaría y se las llevaría consigo también. Yue-sama simplemente se disolvería en la nada. ¿Y qué haría entonces el Guardián Solar, sin nada ni nadie a quién cuidar?
Espejo se estremeció al recordar, y tuvo que luchar para mantener el equilibrio sobre los patines. Esa había sido la primera vez que el Otro había sido mencionado.
El Amo Clow había hablado realmente del “nuevo amo”, y había explicado cómo los Guardianes y la baraja recibirían la última energía vital de su creador para que pudieran sobrevivir hasta que un nuevo amo fuera elegido por Kerberus-sama y juzgado por Yue-sama. Pero para la mayoría de las Cartas, seguía siendo el Otro. El que las robaría de su auténtico Amo. Sólo cinco de ellas deseaban darle una oportunidad al Otro: Bosque, Brillo, Libra, Flor y Viento. Todas las demás, aunque en diferentes niveles, estaba determinadas a ayudar a los Guardianes a darle al Otro un rato difícil.
Espejo a veces se preguntaba si eso debía ser considerado un motín. Si el Amo Clow realmente quería que tuvieran un nuevo amo... Pero Yue-sama era tan adamantino al respecto... de que nadie sería lo suficientemente bueno como para reemplazar al Amo Clow...
Esa noche, mientras su creador las inundaba con su aura como no lo había hecho nunca antes, al punto de perder el equilibrio y caer de rodillas, necesitando la ayuda de los Guardianes para volver a ponerse en pie, Espejo sintió que Yue-sama tenía razón. Quien les había dado la vida estaba entregándose a ellos completamente, aquel a quien se suponía debían proteger estaba sacrificando sus últimas fuerzas por ellos. No tenía sentido.
Y cuando terminó, había sacudido vehemente la cabeza dirigiéndose a los preocupados Guardianes que estaba tratando de llevarlo a su cama. En cambio, había tomado la baraja completa en sus manos, tocando a cada una de ellas separadamente, murmurando palabras calmantes a cada Carta mientras se despedía de ellas.
Para Espejo, había dicho “Siempre serás mucho más hermosa que cualquiera a quien llegues a copiar”.
Amo Clow...
Entonces había puesto la baraja dentro del Libro, cuidadosa, reverentemente... y Espejo sentía más y más que eso no podía ser real. Ella y la mayoría de las Cartas estaban todavía esperando que la próxima vez que fueran convocadas fuera, todo seguiría siendo igual y el Amo Clow estaría ahí para sonreírles de nuevo.
Pero no fueron convocadas otra vez. No por un largo, largo tiempo. Y a pesar de que el mundo interior todavía respiraba y que aún podían hablar entre ellas y también a los Guardianes sellados en la cubierta del Libro, el Amo se había ido. Su energía estaba ahí para alimentarlas, pero vacía de su cálida presencia, de su alegría, de su amor. Y sin él, pronto descubrieron que había muy poco de qué hablar.
La aparición de la Otra cambió todo, por supuesto, especialmente cuando se las arregló para vencer toda la predisposición que había en su contra, incluso la de Yue-sama (discutiblemente, quizá), y se convirtió en la nueva Ama, amada y respetada, como había pretendido el Amo Clow. Repentinamente había mucho de qué hablar, de que alegrarse, de que preocuparse, de que chismorrear. La conmoción dentro del Libro era tan grande que no raramente el tomo caía del escritorio del Ama, aparentemente haciendo mucho ruido en el exterior y ganándoles una reprimenda de un enojado Kerberus-sama.
Pero el día en que Fuego había regresado con la nueva apariencia y jurando por el Sello del Libro que había sentido el aura del Amo Clow en el exterior... ¡no sólo la había sentido, sino que había sido enviada por la nueva Ama para luchar contra su magia!... Fue entonces cuando la verdadera barahúnda estalló.
Espejo no sabía qué pensar de esas historias... después de Fuego, fue Canción la que tuvo que vérselas con un piano lleno con la energía del Amo Clow arrojado hacia ella. Espada había cortado una red de cuerdas invisibles (definitivamente uno de los viejos trucos del Amo) y la oreja de un oso de peluche gigante con el monograma del Amo bordado en ella; bueno, Vuelo había estado ahí también, pero no les dijo nada, como de costumbre... Entonces Borrar apareció balbuceando sobre cómo había salvado al Ama de ahogarse en un pozo de ovejas de trapo... Y el momento más atemorizante, cuando Movimiento se salió de control y huyó en pánico hacia la cálida y familiar presencia de su creador... ¡y terminó fundiéndose con la bicicleta del hermano del Ama!
Al principio Espejo se preguntó si las Cartas regidas por el Sol estarían jugando alguna elaborada broma a sus hermanas. Sin embargo, no se detuvo ahí. Salto, Infinito, Grande, Pequeño, Dormir, Flotar, Escudo, Sombra, Hielo... Seis de las cuales eran regidas por la Luna y habían narrado aventuras similares. No podía ser que TODAS estuvieran inventando esas historias.
Y la noche anterior había sido finalmente el turno de Espejo. Obedeciendo la llamada del Ama Sakura, había cruzado al mundo exterior, la magia con aroma de cereza reemplazando en ella los restos moribundos de la energía desvanecida del Amo... mientras la presencia de él flotaba en alguna parte en la distancia, tan real y cálida para el corazón como en sus preciosos recuerdos. Él estaba ahí, tenía que ser, ella no podía confundirse al respecto.
Pero ahora el aura que respiraba, de la que se alimentaba, en la que vivía... era la de la Otra.
Tan confuso.
_¡Sakura!
Espejo casi cayó sentada, tan sorprendida estaba por el repentino saludo. Perdida en sus pensamientos, prácticamente se había olvidado que...
Oh, cielos. Oniichan estaba ahí. 
  (Revisado por última vez el 24/08/2018)

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