martes, 21 de agosto de 2018

Capítulo único


Sakura Kinomoto ostentó despreocupadamente sus catorce años mientras leía un libro recostada en su cama y sacudía las piernas en el aire.
Aire que estaba repleto de pitidos y la irritante musiquita de un videojuego.
_Kero ¿Hasta cuándo piensas jugar a eso? No has hecho otra cosa en toda la tarde.
En efecto, el guardián de las cartas se encontraba inmerso en una partida de “Subterránea IV: El regreso de Gollem”, un juego que le había regalado Sakura esa misma tarde en conmemoración del cuarto aniversario de la rotura del sello, y empezaba a arrepentirse de haberlo hecho. La música del juego en cuestión parecía haber sido compuesta por un músico no muy talentoso que hubiera tratado de reproducir sin mucho éxito el ruido producido por un montón de gatos encerrados en una bolsa a la que alguien le estaba propinando patadas.
_Cualquiera pensaría que el guardián de las cartas emplearía su tiempo en algo más constructivo.
Kerberos, totalmente ajeno a las palabras de Sakura, apretaba botones en el control a la velocidad del rayo, mientras sonreía de oreja a oreja.
_¡¿Kero, estás escuchándome?!
El grito de Sakura fue inmediatamente seguido por el sonido de una explosión y un cartel de “Game Over” en la pantalla.
_¡¡Nooooo!! Mi juego… ¡¡Y me faltaba tan poco para llegar al nivel sieteee!!
_Te lo has merecido por no prestar atención. ¡Te estoy hablando, Kero!
Lo cual no privó al guardián más poderoso de ojos dorados de echarse a patalear en el piso, acompañando la acción de abundante llanto y quejidos.
_¿Siempre tienes que ser tan ruidoso, Kero?
_¡Es que este juego es difícil! ¡Y ya casi conseguía llegar al nivel siete!
_Eso ya lo dijiste_ dicho lo cual, Sakura volvió a la lectura de su libro. La curiosidad pudo más que Kero, y de inmediato se encontró volando y mirando al libro por sobre el hombro de Sakura.
_¿Qué estás leyendo?
_Un libro que saqué de la biblioteca de mi papá. Es sobre mitología griega…me llamó la atención por la tapa. Y resultó ser muy interesante. Es como una gran novela mezclada con fantasía.
Kero sonrió y se cruzó de brazos y piernas en el aire.
_¿Sabes que esa fue la misma impresión que me dio a mí cuando Clow me hizo estudiarla?_ Kero se quedó unos instantes mirando por sobre el hombro de Sakura, con la intención de averiguar qué parte estaba leyendo. Pero de inmediato abandonó la empresa. Demasiados kanji. Sakura volteó la hoja, y dio una exclamación de asombro.
_¡Mira, Kero! ¡Aquí hay alguien que tiene tu mismo nombre! …o mejor dicho, algo. ¡El perro guardián del infierno! ¡Y aparece una imagen! Es imponente… ¡Ya entiendo por qué Clow te puso ese nombre! La bestia que guarda a las cartas es casi tan impresionante como la bestia que guardaba las puertas del infierno…
Pero si Sakura esperaba que Kero preguntara al respecto, o que se asomara y se pusiera a leer con ella, se equivocó. Kero no hizo nada por el estilo, al contrario, hizo algo muy inusual en él: se quedó en silencio, quieto en su lugar.
Sakura elevó la vista del libro, para mirar con preocupación al guardián de las cartas.
_¿Qué ocurre, Kero?
Kero, al verse interrogado, sacudió los brazos en el aire, riendo una risita nerviosa.
_Nada, nada, no pasa nada, recordé algo que ocurrió hace mucho tiempo.
Sakura se quedó mirándolo unos instantes más, pero luego regresó a la lectura de su libro. Quería averiguar más sobre aquella bestia guardiana…
Al mismo tiempo, Kero voló de regreso a los controles del juego, eligió “cargar la partida guardada” y mientras aparecía en la pantalla la imagen de una ciudad subterránea hecha de piedra siendo atacada por un Gollem y el aire volvía a poblarse de los irritados pitidos y de música del juego, su mente comenzó a pasar otras imágenes, muy distintas, imágenes de hacía mucho, mucho tiempo…
Porque había algo que nunca le dijo a Sakura, algo en lo que prefería no pensar, mientras no fuera necesario. Y era que en un principio, de aquella bestia sólo había tenido el nombre…
***
La luz del sol penetraba a raudales por una enorme ventana a una sala de gran tamaño decorada con buen gusto. En el centro de la habitación había una silla de respaldo alto, donde estaba sentado un hombre alto de pesadas ropas con extraños dibujos y lentes sostenidos sobre su nariz por una finísima cadena. Su cabello, un poco más largo de lo normal, estaba atado por una coleta y caía perezosamente desde su hombro.
Pero el largo de su cabello no se comparaba al de las otras dos personas que estaban en esa habitación. El cabello de ambos estaba suelto hasta el final de la espalda, desde donde caía atado en una coleta que llegaba mucho más debajo de sus pies, arrastrándose por el piso unos cuantos centímetros. Dos personas que hubieran podido pasar por gemelos, pero con la diferencia de que el cabello del primero era de un color blanco que se veía plateado a la luz, y el del segundo, rubio con reflejos anaranjados cuando la luz lo tocaba. Vestían trajes casi idénticos entre sí con adornos que se asemejaban a los de la persona sentada, pero el traje de uno era de colores pálidos en escalas de azules y grises, y el del otro de colores brillantes, en escala de rojos y naranjas.
Lo que parecían ser cartas de alguna clase de baraja, flotaban tranquilamente alrededor de la persona que estaba sentada en el sillón, con las manos unidas por la punta de los dedos y una sonrisa suave en los labios.
De repente, aquella persona habló, como si simplemente continuara con una conversación que por alguna razón fue interrumpida, tan naturalmente como si los conociera de toda la vida, si bien llevaban realmente poco tiempo allí.
_Mi nombre es Clow Reed, y soy su creador.
Las otras dos personas se quedaron varios segundos contemplándolo, como tratando de digerir la información que acababa de serles dada.
La de cabello plateado muy claro se acomodó las ropas distraídamente y, en un tono inexpresivo, preguntó:
_¿Con qué propósito nos creó?
Quien estaba frente a ellos no borró de sus labios la sonrisa que llevaba.
_Ellas…_ dijo, señalando con un movimiento de la mano a las cartas que flotaban a su alrededor_ Son las Cartas Clow. También son mi creación.  Cada una tienen propiedades que las hacen únicas, y una personalidad propia_ hizo una pausa_ No todas ellas son muy dóciles, algunas son bastante rebeldes. Necesitan guardianes. Es por eso que los creé. Tú, el guardián cuyo símbolo es la luna, Yue. Y tú, del símbolo del sol, Kerberos.
La otra figura se rascó pensativamente la cabeza, y luego sonrió, echando a un costado su melena rubia.
_Me gusta ese nombre. ¿Qué significa?
_El Cancerbero era el guardián del infierno en la mitología griega; se encargaba de que nadie que no estuviera permitido ingresara, ni nadie que ya estuviera dentro se pudiera ir. Era una bestia, un perro de tres cabezas, por lo que no era posible burlarlo fácilmente… a menos que se atacara su punto débil.
El guardián llamado Kerberos dio una vuelta sobre sí mismo, inspeccionándose, y luego, sonriendo a su creador, pasó una mano por su cabello, adoptando una pose que en su opinión resaltaba sus cualidades, pero que en realidad se veía bastante poco favorecedora.
_Pues yo no me veo precisamente como una bestia. Ninguna bestia mitológica hubiese podido compararse a mi sobrenatural belleza.
_Ni tampoco a tu ego_ el guardián de la luna cerró los ojos, de color violeta, y se cruzo de brazos.
_¡¿Qué dijiste?! ¡¡Repíteme eso!!_ el guardián del sol no se veía precisamente solemne en ese instante.
El mago Clow no pareció darle mucha importancia a este intercambio de palabras, puesto que siguió hablando, como si no hubiera habido una interrupción en lo absoluto.
_Por otra parte, Yue es el nombre de la luna en chino.
El guardián de la luna no contestó, simplemente se quedó allí, de ojos cerrados, haciendo oídos sordos a Kerberos, quien comenzaba a enumerar unas cuantas cosas por las que le parecía que Yue no podía opinar respecto a su persona.
_¡…y por si fuera poco, no tienes ni una pizca de estilo! ¡Sólo te quedas ahí quieto, sin decir ni media palabra!_ pero en ese entonces, su voz perdió volumen hasta llegar a la nada, y el puño que agitaba furiosamente en el aire en dirección a Yue perdió impulso, quedando moviéndose suavemente, casi por inercia. Su rostro se endulzó considerablemente, mientras el destello de la incertidumbre brillaba en sus ojos dorados.
_...Amo Clow…
_¿Dime, Kerberos?
_¿Qué es este aroma tan delicoooso?_ para esas alturas, el rostro de Kerberos había abandonado por completo los rasgos de furia, y en su lugar una resplandeciente sonrisa hacia acto de presencia.
El mago Clow se rió suavemente antes de contestar.
_Lo que puedes oler es un pastel que dejé horneado. En cualquier momento estará listo. Lo comeremos con el té.
_¡¡¡Yupiii!!! ¡¡Pastel, pastel, pastel, pastel!!
Con estas palabras, el guardián cuyo símbolo era el sol desplegó unas hermosas alas doradas y ensayó un vuelo corto en dirección al lugar de donde provenía el aroma, desapareciendo de la vista a través de unas altas puertas.
El mago Clow se quedó sentando en su sillón, riéndose en voz baja.
Yue abrió los ojos y se encontró con la mirada de Clow.
_Amo Clow.
_Dime, Yue.
_¿Cuál era el punto débil del cancerbero?
_La comida. Se podía pasar a través del guardián del infierno dándole de comer. Le fascinaban los pasteles.
Dichas estas palabras, Clow se puso en pie y siguió a Kerberos, caminando con pasos tranquilos, no sin antes soltar de vez en cuando unas pequeñas carcajadas.
***
Un jardín muy bello lucía sus colores primaverales en todo su esplendor en las primeras horas de la mañana. El sol acariciaba delicadamente los pétalos de las incontables flores, mientras unas pocas nubes se alejaban con lentitud en el horizonte.
Un árbol de cerezo de muchos años desplegaba sus ramas al sol, dejando acariciar sus hojas por la calidez que anticipaba un día de clima excepcionalmente agradable.
Sentados, usando el tronco de aquel árbol como respaldo, se encontraban el maestro de las cartas Clow y uno de sus guardianes, aquel cuyo símbolo era la luna.
_¡¡¡Mago Clooow!!! ¡¡¡Mírame!!! ¡¡¡Ya estoy poniéndome bueno en esto!!! ¡¡Ja!!
El otro guardián, que en esos momentos estaba volando enérgicamente, realizó un par de acrobacias bastante complejas que incluían giros repentinos y maniobras de dificultad variable, y finalizó con una picada a toda velocidad, rotando a apenas unos centímetros del suelo.
_¡¡Yue!! ¿Qué me dices a esto? ¡¡Te reto a una carrera!! ¡¡A ver quién puede dar cincuenta vueltas a la mansión en menos tiempo!!
Pero Yue no movió un músculo. Permaneció sentado, y no respondió siquiera cuando Kerberos se acercó más de la cuenta, para gritarle con todo gusto en la cara:
_¡¡Al menos di que no, amargado!! ¡¡Tú nunca quieres volar conmigo!! ¡¡Las alas son para usarse, no para tenerlas de adorno como las tuyas!!
_No puedes culpar a Yue, Kerberos_ el mago Clow sonrió amablemente y torció la cabeza hacia un lado, en un gesto amigable_ Su carácter es muy distinto al tuyo; él simplemente no disfruta de las mismas cosas que tú.
_¡Pero yo quiero volar con alguien! ¡Me aburro volando yo solo!
Kerberos se cruzó de piernas en el aire y apoyó el mentón en una de sus manos.
_¿Quieres un compañero de juegos, Kerberos?_ el mago Clow se rió en una voz muy baja_ ¿Ya has pensando en pedirle a alguna de las cartas? A algunas de ellas también les gusta jugar_ en el momento en que dijo eso, las cartas salieron de su bolsillo y comenzaron a flotar a su alrededor, como era su costumbre.
_¿Pero cuál querría jugar una carrera de vuelo conmigo?
El rostro de Kerberos nunca adquirió una expresión que se asemejara tanto a un puchero como aquella.
_¿Has pensado en Fly?
El rostro se Kerberos se iluminó, mientras una de las cartas cambiaba hasta adquirir la apariencia de un ave de tamaño considerable, que dio un grito agudo que sonaba juguetón y se lanzó al vuelo rápidamente.
_¡Hey! ¡Espérame! ¡¡No se vale, tú saliste con ventaja!
Por la velocidad a la que salieron volando carta y guardián, se creó una corriente de aire muy fuerte que provocó que algunas de las flores de allí perdieran sus pétalos. Uno de esos pétalos aterrizó justo en la nariz de Yue, quien no pudo reprimir un estornudo.
Mientras se frotaba la nariz masculló algo que sonaba sospechosamente como “…tan infantil…”
Clow se rió en voz baja por millonésima vez en esa hora.
_Ahora eres tú el que olvida que el carácter de Kerberos es muy diferente al tuyo. Le cuesta mucho esfuerzo quedarse quieto. No…le resulta imposible. Si a ti te cuesta expresarte, a él le cuesta refrenarse.
Pero las últimas palabras no pudo oírlas Yue, porque Kerberos y Fly acababan de pasar volando a toda velocidad, ahogando la voz de Clow.
Yue esta vez terminó con el cabello completamente desordenado, con algunas mechas que se desprendieron de su peinado, tapándole los ojos.
Clow rió nuevamente, y alargó una mano para apartar con suavidad las mechas del cabello del rostro de Yue.
_Creo que tenemos que hacer algo al respecto, antes de que terminemos hechos un desastre por el juego de Kerberos y Fly ¿eh? ¡Shield!
Una luz los rodeó a ambos, y para la próxima vez que pasaron volando el guardián y la carta, no les afectó en lo absoluto.
Poco más tarde se pusieron de pie y caminaron hacia la casa, con Kerberos y la carta Fly pasando a vuelo rasante por encima de sus cabezas, pero con la ayuda de la carta Shield casi ni lo notaban.
Ya de regreso en la sala, Clow Reed se sentó en su silla favorita, pero Yue permaneció de pie. Shield volvió a su forma de carta y flotó hasta el bolsillo del mago, donde se reunió junto a las otras cartas. A través de los ventanales era posible ver al guardián y a la carta que aún seguían inmersos en su carrera. Fly llevaba la delantera.
Yue se acomodó los pliegues de su ropa y se quitó y pétalo que se había quedado enredado en su cabellera.
_¿Es correcto que hagas estas cosas, Mago Clow? ¿No temes que llegaran a escaparse?
_No corren ningún riesgo, Yue. Fly es muy dócil, y Kerberus muy leal como para intentar algo así. No se alejarían demasiado. Y aún si se escaparan, tengo plena confianza en que regresarían pronto.
Clow iba a agregar algo más, pero su conversación fue interrumpida cuando entró a la sala Kerberos, de brazos cruzados, discutiendo acaloradamente con la carta Fly, que se había reducido a un tamaño mucho más discreto y piaba triunfante desde su puesto en el hombro del guardián.
_¡¡No vale!! ¡¡Hiciste trampa!! ¡¡Saliste antes!! ¡¡Exijo la revancha!!
Yue meneó sombríamente la cabeza
***
Una figura estaba de pie en una biblioteca prácticamente tapizada de libros, mientras en el exterior el atardecer se llevaba lentamente los colores del día y los reemplazaba por la palidez de la noche.
En los lomos de los libros podían verse títulos en diversas lenguas, algunas de las cuales habían dejado de ser habladas desde hace miles de años; unos cuanto ni siquiera tenían título.
La figura prestaba realmente poca atención al hecho de que hubiera escasa luz en el ambiente, porque no hacia ningún esfuerzo por prender siquiera una vela. De hecho, parecía no estar interesado en ningún agente externo, dando la impresión de no haberse movido de ese lugar en horas.
Las manos que sostenían el libro temblaban ligeramente. Tenía la vista clavada en una ilustración de las páginas anteriores, y sus labios estaban tan apretados que se habían puesto pálidos.
_¿Estás en la biblioteca, Kerberos? Es inusual encontrarte aquí.
Una segunda persona había ingresado a la habitación, llevaba un candelabro con velas. Una cálida sonrisa bailaba en los ojos detrás de los lentes, mientras pies silenciosos cruzaban la habitación con paso lento  en dirección a la figura del cabello dorado.
_La cena estará lista en cualquier momento. Puedes llevarte el libro si quieres, y lo terminarás de leer luego de cenar.
Pero el guardián solar no dio signos de haberlo escuchado. Sólo siguió mirando el libro, y habló, con una voz inusualmente amarga.
_¿Este es el Cancerbero? ¿Este monstruo?
_No necesariamente, pero así era como se lo imaginaba el dibujante de turno, Kerberos. El guardián del inframundo bien podría haber sido completamente diferente.
_¿Así es como me ves? ¿Es por eso que me diste este nombre? ¿Soy un monstruo a tus ojos?
_¿Crees que haría tal cosa, Kerberos? Por supuesto que no lo eres.
_¡No te hagas  el inocente!
Los ojos abandonaron la ilustración del libro para lanzar una mirada llena de furia y resentimiento que parecía lanzar llamaradas hacia el mago Clow.
Pero éste no contestó, ni tampoco abandonó la sonrisa de su rostro.
_Me pusiste el nombre de un monstruo. Una bestia horrible. Pero a él…a él le diste un nombre hermoso, poético. ¿Sabes por qué?
_Kerberos…
_Él es el preferido ¿verdad? Él nunca hace los trabajos pesados. A él no le exiges nada. ¡Puede estarse todo el día sin hacer nada, pero si algo surge, soy yo quien debe remediarlo! Y si necesitas conversar con alguien… ¡él es el elegido, por supuesto!
_Kerberos, escúchate a ti mismo, podrías arrepentirte de lo que dices. No te dejes cegar por la furia.
La sonrisa no había abandonado completamente los labios del mago, pero pareció apagarse momentáneamente, y sus ojos mantenían una mirada amable, aunque preocupada.
_¿Cegarme? ¡¿Cegarme?! ¡Nunca tuve los ojos más abiertos! ¿Crees que no me doy cuenta de la manera en que lo miras? ¿La manera en que te diriges a él? Yo no soy más que un estorbo ¿verdad? A mí me creaste primero… ¿pero resultó muy infantil tu primera creación, Clow? ¡Por supuesto que no quedaste satisfecho con tu primer intento! ¡Y luego lo creaste a él! ¿Corregiste en él los errores que habías cometido la primera vez, Clow? ¿Cómo pudiste? ¿Cómo pudiste burlarte de mí de esta forma? Siempre te gustó reírte de los demás. Pero esta broma fue demasiado lejos.
_No es una broma, Kerberos. No esto.
_¿Cómo lo justificas, entonces? No tienes justificativo.
Clow no respondió, sólo mantuvo la mirada de Kerberos en silencio, y cuando el guardián volvió a hablar, lo hizo en un tono mucho más bajo, pero aún así perfectamente audible.
_Lo sabías ¿verdad? ¿Lo que ocurriría? Todo este tiempo… ¿Sabías lo que sentía por ti?
Clow asintió en silencio; su mirada triste pero aún cálida.
_¿Entonces por qué callaste? ¿Por qué me dejaste sufrir todo este tiempo, sin decirme nada? ¡¿Por qué?!
Al decir estas últimas dos palabras, arrojó con fuerza el libro hacia el piso alfombrado de aquella biblioteca, y sus ojos centelleantes condensaban al mismo tiempo la furia y el dolor de un corazón herido al mirar a los ojos a su creador y dueño.
_¿Por qué me diste un corazón…si ibas a romperlo?_ desvió la mirada bruscamente, fijándose en el libro tirado en el suelo, ahora medio deshojado. Su mirada quedó oculta por su cabellera dorada, pero aún así era posible ver el dolor que se reflejaba en su rostro_ Hubiera preferido no tener la capacidad de amar, o al menos saber que jamás podría tener esperanzas, que pensar que alguna vez podría…sólo tal vez… ganar el corazón de aquella persona que es especial para mí. Pero si el corazón de aquella persona ya está tomado… ¿Qué sentido tiene amarla? Si es por eso, prefiero perder toda posibilidad de amar, por completo.
_Kerberos, saber que no puedes hacer eso.
_Oh, sí puedes_ volvió a mirar al mago Clow, con resentimiento_ Tú nos creas, tú puedes destruirnos. ¡Tú nos diste sentimientos, tú puedes quitárnoslos! Te pido que lo hagas conmigo. Que me quites el corazón que me diste sin consultarlo primero.
_Tienes razón, podría hacerlo. Pero no lo haré. Los sentimientos que albergan sus corazones son demasiado hermosos…No quiero quitárselos, y no lo haré, aunque me lo pidas.
_Mientras Yue y yo seamos tan parecidos, siempre tendré esta absurda esperanza… la duda…de que podría haber sido yo el elegido. Ya es demasiado cruel tener que presenciar cuando se cruzan sus miradas, y saber lo que significan, y saber que en el lugar de Yue podría haber estado yo _su mirada se endureció entonces, su voz volviéndose fría_ Mago Clow, me nombraste como una bestia, ¡entonces termina lo que empezaste y conviérteme en una!
***
_¡Kero! ¡Kero! ¡Despierta, Kero!
Kerberos, el poderoso guardián de las anteriormente llamadas cartas Clow, ahora pertenecientes a Sakura Kinomoto, se despertó bruscamente, actualmente en su forma de pequeño muñeco amarillo… en su forma falsa.
_¿Qué ocurre, por qué me despiertas tan temprano?
_¿Temprano? ¡Ya es muy tarde! ¡Kero, me sorprendes! ¡Normalmente eres tú el que se despierta primero!_ Sakura puso los brazos en jarras unos instantes, pero luego sonrió_ Hoy hay una feria, e iré con Tomoyo, mi hermano y Yukito. Por eso me levanté temprano en sábado. Pensé que sabías_ se sentó frente a su espejo, arreglándose el cabello mientras tarareaba una dulce melodía.
_Me quedé dormido_ el guardián cuyo símbolo es el sol se frotó los ojos con rostro somnoliento, y luego se sentó, observando a Sakura mientras se peinaba. Sin poder evitarlo, el sueño que había tenido volvió a su mente. Sueño que no era otra cosa que recuerdos que se mantenían ocultos en un rincón alejado de su mente, donde los había encerrado, es la espera de poder olvidarlos. Recuerdos de su anterior dueño y creador. A quien llamaba padre, pero que para él significaba mucho más.
Clow había cumplido. Había mostrado un rostro inusualmente serio y triste, pero había accedido a su petición, y lo había convertido a la forma que ahora llamaba real, pero que no lo era. Sin embargo, no funcionó como él quería… Clow no lo convirtió a la forma repulsiva que él esperaba, como se suponía que era el Cancerbero por el cual había sido nombrado. No era ya humanoide, pero seguía siendo una criatura bella, sólo que mucho más imponente, en la forma de un hermoso león alado.
Pero aunque eso le garantizaba el no tener ya esperanzas de que el amor que alguna vez pudiera sentir fuera correspondido, no le impedía seguir amando. Su corazón seguía siendo el mismo.
En un par de oportunidades, tiempo más tarde, Clow le había preguntado si quería volver a su forma inicial, pero había rechazado sus ofertas obstinadamente. Le tomó un buen tiempo adaptarse a su nueva forma y aceptar que fue su orgullo lo que lo llevó a eso, pero no se echó atrás jamás. Y al pasar el tiempo, pudo permitirse el volver a disfrutar de la vida, e incluso volver a sentirse feliz, seguro…resignado.  Pero claro, en cuanto comenzaba a pensar en su vida perfecta, Clow saldría con algo como la carta Bubbles…Pero eso lo mantenía a salvo, lo mantenía distraído y le impedía volver a prestarle atención a lo que decía su corazón.
Corazón que pensó que nunca podría volver a ser roto, pero fue así cuando Clow les informó de que su vida había llegado a su fin, y que deberían permanecer en el libro hasta que apareciera alguien digno de poseer a las cartas y a los guardianes.
No estaba muy seguro de si Clow lo había planeado así o no, pero cuando murió, lo único que lo salvó de una terrible depresión fue su obligación como guardián de las cartas Clow.
Cuando se quedó dormido, finalmente exhausto luego de cientos de años, y las cartas de dispersaron, pensó que su vida solamente podía ir de mal en peor. Pero se había equivocado, porque gracias a ese evento fue que conoció a Sakura.
¿O debería decir que había conocido a Sakura gracias al mago Clow? De haber sido así, tenía algo para agradecerle. Contempló a Sakura en el espejo, y no pudo evitar sonreír.
Sakura tenía grandes poderes mágicos, pero no había sido eso lo que le había llamado tanto la atención. Era su alegría de vivir, esa energía que la impulsaba hacia delante, a pesar de todos los obstáculos. Siendo apenas una niña, había sido capaz de atrapar todas las cartas Clow, demostrarle al juez Yue –ese engreído niño mimado_ que era digna de poseerlas, crear su propio báculo y emblema, y cambiar todas las cartas Clow en cartas nuevas, pero que al mismo tiempo seguían siendo las mismas.
Convirtiéndose en la Maestra de las Cartas Sakura.
Y se preocupaba realmente por el bienestar de ellas, y de sus guardianes.
El mago Clow lo llamaba hijo. Sakura lo llamaba amigo.
_¿Sakurita?
_¿Qué ocurre, Kero?
_No cambies.
_¿Qué no cambie? ¿Por qué dices eso, Kero?
_... por nada. Sólo no cambies.
_Kero, estás muy extraño hoy. ¿No te habrá hecho mal haberte quedado jugando a tu juego nuevo hasta tan tarde?
_Tal vez, ¡pero ya me faltaba poco para pasar al nivel catorce! Y ya que vas a bajar… ¿podrías decirle a tu padre si esta noche puede cocinar ookonomiyaki al estilo moderno? Los que hizo la otra vez estaban deliciosos…
_¡Kero, eres irremediable!
_Lo sé, pero recuerda traerme algunos postres de la feria ¿sí?_ el poderoso guardián de las cartas, cuyo símbolo es el sol, puso entonces carita de cachorro huérfano, con lo cual ni siquiera la Maestra de las Cartas Sakura pudo resistirse, y lo abrazó.
_¡Eres un tramposo, Kero! ¡Ahora si no le pido a papá que cocine y no te traigo esos postres me sentiré culpable!
Kero comenzó a preguntarse si la carita de cachorro huérfano habría sido demasiado cuando el aire empezó a faltarle.
_¡¡Mppfhh!!
_¡Hoe! ¡Disculpa, Kero!
Sakura soltó entonces a Kero, quien consiguió, no sin mucho esfuerzo, regresar a un puesto seguro en el escritorio, respirando agitadamente.
_¡Sakura! ¡Apresúrate, se te hace tarde!
_¡Enseguida bajo, papá!_ Sakura se volvió hace Kero, con una brillante sonrisa_ Te traeré algo rico ¡pero tienes que prometerme que te portarás bien!
_Me portaré bien, pero que sea un pastel ¿sí?
_Los pasteles te fascinan ¿verdad, Kero?
En ese preciso instante se abrió la puerta y el rostro de Touya se asomó.
_¡Apresúrate, monstruo! ¡Llegaremos tarde!
_¡Ya te he dicho que no soy un monstruo!
_Sí lo eres. ¡La casa tiembla por tus pisadas, y sólo los monstruos tienen las patas tan pesadas como para hacerlo!
Una vena se formó en el puño de Sakura, mientras que sus dulces facciones se distorsionaron de furia.
_¡¡Yo no soy un monstruo!!
El sonriente rostro de Touya se retiró de la puerta, justo a tiempo para evitar una patada voladora que precedía a Sakura en su impulso de cobrarse venganza.
_¡Fallaste! Era de esperarse, los monstruos no coordinan muy bien sus patas.
_¡¡Que no soy un monstruo!!
Kero sonrió desde su puesto en el escritorio. Si bien la vida con su nueva dueña no era exactamente apacible, jamás se había sentido tan feliz como en aquel lugar. Tal vez ya no podría disfrutar de la compañía de Clow…pero en su lugar tenía la amistad de Sakura.
Y eso era mucho más de lo que hubiera podido pedir, desde que abandonó su anterior forma para convertirse en bestia.
Por primera vez en cien años, Kero se alegró de haber cambiado su anterior forma por la actual. Si bien un corazón puede ser roto por un amor no correspondido…puede ser sanado con las buenas intenciones de un amigo.
Bostezó y voló hacia el televisor para poner nuevamente su juego. Y mientras el aire se llenaba nuevamente de irritantes pitidos y música del juego, murmuró una última vez:
_Nunca cambies, Sakurita…nunca cambies.

 (Revisado por última vez el 21/08/2018)

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