viernes, 24 de agosto de 2018

Capítulo 3: Espejo y el hermano del Ama


Estaba retrasado. Por eso seguramente su hermanita le daría la bienvenida con un enojado puchero. O, peor aún, la Kaijuu podría incluso aprovechar la ocasión para hacerle pagar por sus usuales burlas mañaneras, por cada simple “Ohayou!” que él había contestado con un “Osoi!”
Eso debería bastar para convencerlo de pedalear más rápido en su bicicleta.
Pero era difícil hacerlo, considerando que había dejado tras de sí la mitad de su corazón.
¿Y si Yukito no lograba llegar a casa? ¿Si colapsaba en el camino? ¿Qué tal que se quedara dormido mientras cruzaba la calle, justo frente a un auto a toda velocidad? Touya había querido escoltar a su amigo a casa, asegurarse de que llegaría hasta ahí a salvo, pero... Uno, Touya había aceptado reunirse con Sakura después de clases para comprar juntos el regalo de Navidad para su padre. Dos, había sido lo suficientemente estúpido como para mencionárselo a Yukito, y Yuki no querría oírlo hablar de dejar a Sakura esperando... y tampoco el ángel, sospechaba Touya fuertemente. Y tres, Akizuki Nakuru. O lo que fuera el ser que se escondía detrás de ella. Akizuki no dejaría a Touya a solas con Yukito si podía evitarlo.
Era obvio que había un propósito detrás de las constantes interrupciones de Akizuki y el colgarse de él, Touya estaba seguro de eso. Sin embargo, todavía estaba un poco confundido acerca de cuáles podrían ser sus intenciones finales. ¿Ella no quería que Yukito supiera sobre su verdadera naturaleza? Bueno, aparentemente no era la única. Sakura no parecía quererlo tampoco. Ni Sakura ni el juguete de peluche. El gaki no había mostrado ningún interés en revelarle la verdad a Yuki... de hecho, el gaki parecía haber perdido por completo el interés en Yuki, y Touya no estaba seguro de apreciar el súbito cambio.
Y si Touya era honesto consigo mismo, no estaba seguro de sentirse muy ansioso por hacer que Yuki supiera de la existencia del ángel. Porque... si Yuki supiera de su otro yo... ¿todavía habría una razón para que Yuki siguiera viviendo? ¿O el gentil Conejo de Nieve de ojos color almendra era un vaporoso espejismo que se desvanecería para siempre ante el sonido de su verdadero nombre?
¿Y cuál era el verdadero nombre de Yuki, a fin de cuentas?
Touya sacudió la cabeza, tratando de tragarse su amargo y sin sentido egoísmo. No estaba ciego. Podía fingir delante de todos, pero no podía mentirse a sí mismo. Los crecientes apetito y debilidad de Yuki no podían ser naturales. Touya estaba seguro de que señalaban el comienzo de algo mucho más terrible y atemorizante, y el que Yuki no se diera cuenta del proceso era, por decir lo menos, exasperante. Algo tenía que hacerse, o de lo contrario el asunto de dejar o no que Yuki supiera la verdad pronto carecería de importancia.
Algo debía hacerse… ¿pero qué?
La respuesta básica era simple. Si tu amigo tiene hambre, lo alimentas. Si tu amigo necesita dinero, se lo das. Si tu amigo necesita sangre, arreglas una transfusión.
Si la magia de tu amigo está fallando...
La respuesta final debería ser simple también. Yuki era más, mucho más que un amigo. Y Touya tenía lo que Yuki necesitaba para estar bien otra vez.
Entonces, ¿por qué la respuesta no era simple? ¿Por qué no podía Touya empujar a un lado a Aizuki y hacer la oferta que lograría que todo estuviera bien otra vez?
Dio vuelta a la esquina, aliviado y arrepentido al mismo tiempo. Podía ver ya las puertas de la Escuela Elemental Tomoeda, y la pequeña figura de cabello castaño esperando en la entrada. La vivaz Kaijuu ciertamente alejaría sus pensamientos de esas sombrías meditaciones.
Sin embargo, entre más evitaba el asunto, más se debilitaría Yukito.
_¡Sakura!
Con un respingo de sorpresa, la niña levantó la mirada, aparentemente emergiendo de su propia meditación lúgubre. No parecía nada molesta por su retraso. Al contrario, una expresión preocupada estaba robándose el brillo de sus ojos esmeralda.
Touya se preocupó de inmediato.
_¿Has esperado mucho...?
Su casi disculpa murió en sus labios mientras se aproximaba a las puertas, y se convirtió en un impaciente suspiro incluso antes de que accionara los frenos para detener la bicicleta junto a Sakura.
O, mejor dicho, junto a esa entidad que otra vez estaba suplantando a Sakura.
Era un poco difícil no pensar en eso como en un insulto a su inteligencia.  Hacía que Touya recordara un incidente de mucho tiempo atrás, cuando una Sakura de seis años había tratado de ocultar un agujero que había hecho en sus pantuflas reemplazándolas con las de ella, cuidadosamente pintadas como las de él... olvidando ingenuamente que los pies de Touya a los trece años eran mucho más grandes que los de ella.
Esta copia de Sakura era igual de imperfecta. Seguro, duplicaba su apariencia, ropa y voz con asombrosa perfección, pero el aura estaba completamente mal. Faltaba la luz con aroma a cerezo que siempre envolvía la presencia de su hermanita, y sin eso... El resultado era tan efectivo como lo eran las más impecables réplicas en plástico de comidas que se exhibían en las vitrinas de los restaurantes: bellas, admirables, pero sin aroma, sin sabor.
Por supuesto, la copia tenía un brillo propio, un vigoroso halo de poder y dulzura, de misterio y confort, de Oscuridad y magia Lunar. De hecho, Touya se sentía mal pensando en eso como un “eso”. Después de todo, a pesar de que el género era algo difícil de determinar con esos seres (ciertamente lo era con el ángel), había algo marcadamente femenino en este.
El ceño de preocupación desapareció de la cara de la copia, al tiempo que recordaba actuar según su papel.
_Hmm... ¿Nos vamos? –preguntó, con una adorable sonrisa.
_Ella tuvo otra emergencia, ¿no es así? –le preguntó Touya, yendo directamente al punto.
La pobre entidad palideció, comprendiendo que, una vez más, no había sido capaz de engañarlo.
_Uh... bueno, yo...
Touya sintió una oleada de poder elevándose desde algún lugar a su izquierda, bastante más allá del edificio de la escuela, posiblemente cerca del bosque donde la copia de Sakura lo había llevado el año anterior. La misma aura que había sentido en su bicicleta unos pocos días antes, y en esa interminable lluvia que había azotado Tomoeda al principio del año escolar, y en todos esos extraños eventos que...
...que coincidían con el momento en que Yukito empezó a estar más hambriento y más débil.
No hay coincidencias en este mundo. Sólo lo inevitable.
_Ella fue en esa dirección –murmuró para sí mismo_ Pero si voy tras ella, sólo se meterá en más problemas –no se suponía que Touya interfiriera. Había aprendido rápidamente esa lección, al tener que aceptar todas las así llamadas coincidencias que habían puesto a Yukito en su camino siempre que trataba de ayudar a su hermanita.
Además, si iba tras la Kaijuu, el ángel podría tratar de enviar a Yuki a distraerlo de nuevo. Y forzar a Yuki a desperdiciar más energía era la última cosa que Touya quería en ese momento.
Volvió su atención hacia la copia de Sakura, que tenía la mirada baja con desaliento. Touya no pudo evitar sentir algo de simpatía por su situación. No era su culpa que la estúpida Kaijuu creyera que su hermano mayor podía ser engañado tan fácilmente. Es más, si Sakura volvía para descubrir que no habían comprado el regalo para su padre, la charada se acabaría. Y todavía no era el momento para eso.
_Escucha, ¿quieres ir de compras conmigo?
_¿Oh? –ella se animó instantáneamente_ ¡Por supuesto!
_¿Puedes usar esos? –preguntó él, señalando sus patines. Ella se estaba manteniendo estable en ellos en forma nada natural, considerando que estaba quieta. Sin embargo, era muy propio de Sakura dejar que la copia la reemplazara sin recordar preguntarle si sabía o no patinar.
El ser con apariencia de niña contempló los objetos en sus pies con desconfianza por un momento, entonces hizo un círculo alrededor de la bicicleta de Touya, probando su balance.
_Sí.
_Bien. Entonces, vamos.
Touya pedaleó lentamente, dándole tiempo a su acompañante para acostumbrarse a ese método de transporte. Pero ella no parecía tener muchos problemas, si bien carecía de la práctica y habilidad de Sakura.
_¿Cómo debo llamarte?
-¿A mí?
-Sí, a ti –Touya sonrió gentilmente_ Sería raro para mí llamarte Sakura. ¿Cuál es tu nombre?
Ella murmuró algo entre dientes, con mucha timidez. Él tuvo que inclinarse hacia ella para oírla por encima del sonido que hacían las ruedas de la bicicleta y las de los patines al girar.
_¿Miraa? –repitió él_ Oh, ¿quieres decir “Mirror”? ¿Como “kagami” en inglés?
_Sí –asintió ella_ Ese es mi nombre.
_Entonces, es un placer conocerte, Espejo –dijo él, inclinando la cabeza cortésmente. Se preguntó si debería agregar un sufijo honorífico a su nombre, pero cerró instintivamente su boca antes de que cualquier “-san” o “-chan” tuviera oportunidad de salir.
A Espejo no pareció molestarle, y logró una graciosa inclinación de cabeza incluso mientras se deslizaba junto a él y se sonrojaba como un tomate maduro.
_Es un honor conocer al hermano del Ama.
Touya enarcó una ceja ante el título, pero no lo comentó.
_Lamento lo de anoche.
_¿Uh? –Espejo parpadeó, confundida.
_Mi padre. Eras tú quien estaba en la habitación de mi hermana anoche, ¿no es así?
Ella mordió su labio inferior, anonadada.
_Ah, sí –suspiró_ Te diste cuenta.
_Traté de evitar que mi padre subiera a verte. Pero no podía ser demasiado obvio al respecto, o él pensaría que Sakura estaba enferma o algo así. Él no tiene la habilidad de ver a través del disfraz, hasta donde yo sé, pero es muy probable que un padre note pequeñas diferencias que el resto de las personas pasarían por alto.
Espejo asintió.
_Me miró de un modo extraño cuando le dije que estaba haciendo la tarea –admitió.
_¿Luciste alegre al decir eso?
_Hmm. Puede que sí –ella miró apenada sus manos_ El Ama siempre está tan alegre...
_No cuando se trata de la tarea –sonrió Touya_ Particularmente con los ejercicios de matemática. La próxima vez que los menciones, haz un puchero afligido como este... –él imitó el cómico puchero de la Kaijuu lo mejor que pudo_... y funcionará, no te preocupes.
Espejo se tapó la boca para ahogar una risita.
La risa de Sakura rara vez era contenida en esa forma, y Espejo ciertamente lo sabía. Touya le guiñó un ojo, contento por la preciosa oportunidad de ver su verdadera alma detrás de la máscara.
Si tan solo Touya pudiera convencer al ángel detrás de Yukito para darle una oportunidad similar...
 (Revisado por última vez el 24/08/2018)

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