Nota de la autora
¡Hola!
=) Gracias por escoger este fanfic. Primero que nada quisiera hacer algunas
aclaraciones respecto a esta historia, si bien los caracteres de Sakura y
Shaoran son los de Card Captor Sakura (desenvueltos en un universo totalmente alterno), hacen un poco de referencia a lo que
sucede en TRC, no mucha, y si realmente no has leído Tsubasa Reservoir
Chronicle no pasa nada, lo único de lo que debes estar consciente es de que la
“Bruja Dimensional”, ósea, Yuuko
Ichihara, la cual se encarga de cumplir cualquier tipo de deseo y existe tanto
en el manga de Tsubasa como en XXX Holic. Los Sakura y Shaoran de esta historia
viven paralelamente a las historias de CCS y TRC, pero no llegan a interactuar,
como si fueran “de otro mundo”
Este
fanfic me gusta mucho, no sé, adoré cómo quedó y me encantaría que también les
gustase; además de que gané un concurso con él (¡lol, no sé cuántas veces ya he
dicho cosas parecidas!)
¡Cierto!
Si ya has leído esta historia y no es tu primer review, es porque en un extraño
ataque de estupidez borré mi historia y tuve que subirla de nuevo, lo siento
u_u
Advertencias
y notas:
-AU, universo alterno, que a la vez es
un crossover con XXXHolic. No necesitas conocer la obra en sí, sólo saber la
existencia de la “Bruja de las
Dimensiones”
***
“Encuéntrame…ven por mí…te espero”
La
entrada era tal y como la habían descrito. Nadie que no tuviera un fuerte deseo
era capaz de verla y se sintió un poco incómoda al percatarse de ello. Tenía
mucho miedo, más del que había tenido en toda su vida pero también estaba llena
de determinación, podía sentirlo en su piel, en su alma, y en su corazón…él la
necesitaba y ya no podía hacerlo esperar más.
Cruzó
el extraño umbral mientras escuchaba el tembloroso eco de sus pisadas; por un
momento sintió el deseo instintivo de correr en dirección opuesta a la de esa
excéntrica construcción pero continuó avanzando a pesar de ello. Era
imprescindible llegar.
Alcanzó
el lugar y en el instante en que puso un pie sobre la extraña entrada la puerta
corrediza se abrió estrepitosamente, mostrando la esbelta silueta de una mujer
de mirada lacónica y profunda que la hizo retroceder.
_Quiero…_
dijo, con un leve temblor en la voz al notar el mudo interés de la dama que
acababa de aparecer_ Quiero…encontrar algo que perdí.
La
hechicera la examinó y enseguida supo de qué se trataba.
_¿Qué
estás dispuesta a darme para que yo te ayude con tu deseo?
_Yo…
_¿No
tienes nada de valor?
Un
estremecimiento la delató. Tenía algo muy valioso y que atesoraba más que su
propia existencia, pero entregarlo sería igual de malo que nunca haberse
atrevido a ir hasta el pie de esa tienda.
_Lo
comprendo, entonces tomaré tu poder.
_
¿Mi poder?
_Sí,
a menos que tengas alguna objeción y sí quieras darme eso que significa más
para ti que tu propia vida.
Dudó
por un segundo; en realidad, ¿estaba dispuesta a dar todo por algo que no sabía
si era cierto? ¿Por seguir algo que tal vez nunca encontraría? Por un sueño,
una ilusión, y una simple sonrisa…
Sí,
lo estaba.
_No.
Tómalo.
_¿Estás
segura?_ preguntó, dedicándole una mirada larga y lánguida, que ella sintió
como un escudriño en su corazón_ ¿Sabes lo que significa eso para ti?
_Sí.
_Está
bien, concederé tu deseo.
***
Algo inocente…algo prohibido.
Lágrimas
de nuevo recorrían sus mejillas. Como cada noche aquel sueño había ido a
visitarla, llenándole el corazón y destrozándoselo por completo.
Se
reincorporó sobre la cama y golpeó su frente maldiciéndose por dentro. Amaba
ese sueño, más que cualquier recuerdo que durante su vida hubiera podido formar,
pero odiaba no saber si era real y odiaba tener miedo.
Llovía.
Lentamente
salió de la cama tambaleándose. Caminó por el estrecho pasillo hacia el baño,
esquivó una pequeña mesa con un florero encima y una flor blanca y llegó hasta
el tocador de azulejo. Se miró al espejo y pudo notar cómo las lágrimas se
hacían más abundantes. No comprendía del todo cómo algo que la hiciera muy
feliz podía hacerla llorar y sufrir al mismo tiempo. Pero estaba segura de
algo:
_No
eres la que más sufre_ se dijo mientras estiraba la mano y acariciaba el
reflejo de su boca_ ¿Cuál es tu nombre?
Sintió
el frío de sus propias palabras cortar como la hoja de una espada sobre su
pecho. No lo sabía. Cada noche tenía
el mismo sueño; mientras dormía, podía sentir que estaba en el otro mundo,
donde antiguas memorias se unían, lleno de ilusiones efímeras, un mundo donde
estaba él. Para cada mañana al despertar, aquel mundo se iba y su corazón se
partía en mil pedazos, porque cada vez los recuerdos de su sueño se desvanecían
y se hacían más débiles. Mientras las
mañanas pasaban lo recordaba menos.
Cerró
los ojos y la caricia se volvió un golpe.
_¡Recuerda
su nombre!_ se exigió a sí misma; en su boca podía sentir aquel nombre
atascado, su corazón lo sentía igual, pero su mente no cooperaba_ Recuerda…
Profirió
un ligero gemido angustiado y se desbordaron nuevas lágrimas.
No llores…
Las
palabras hicieron eco en su mente, llenando el vacío.
_No
llores_ se repitió, secándose las lágrimas. Todavía le quedaban pequeños
fragmentos y eso era suficiente por ahora. Al menos aún podía recordar aquella
frase y la sonrisa que la acompañaba.
***
Podía
recordar el día en que lo había conocido, el cielo se había vuelto gris y el
ambiente había pasado de hospitalario y desconocido a irritante y pesado. La odió desde el momento en que la vio, ella lo supo de inmediato.
“Buenos
días, soy Sakura y seré tu vecina” le dijo amablemente y como respuesta sólo
había recibido un bufido, una mirada despectiva y un portazo en la cara. Desde
entonces se habían vuelto una extraña raza de enemigos y sin siquiera saber la
razón, se veían de manera grosera, se lanzaban indirectas y trataban de no
verse, pero como si al destino le gustara jugar con las personas, justo así era
como había nacido su relación.
Aquella
mañana estaba más nerviosa de lo normal. Sacó la cabeza y miró a ambos lados,
antes de salir por completo del pequeño apartamento. Ocultaba algo y era
imprescindible que ese no lo supiera,
pues si por casualidad se llegaba a enterar sería el fin para ella y para “él”
Respiró
profundo y se armó de todo el valor que fue capaz de reunir ocultando al
intruso lo más que su delgada complexión le permitía, pero apenas dio tres
pasos afuera cuando lo oyó.
_¿Qué
te traes entre manos esta vez?_ escuchó decir tras ella y por reflejo cerró los
ojos rogando al cielo que no fuera quien ya sabía qué era.
_N-Nada…
¿Y-yo, p-por qué me traería algo entre
manos?
_Estás
más sospechosa de lo normal.
_Y-yo
n-no creo… no creo estar más sospechosa de lo normal_ dijo tartamudeando, hasta
que analizando sus palabras la indignación se apoderó de ella y se giró
completamente dándole la cara a su “instigador
personal”_ ¡Yo no soy sospechosa!
_Um,
no estoy seguro de ello_ respondió de manera despectiva un joven de cabello
castaño desordenado que permanecía impasible ante el enojo de la muchacha_
Además, tengo motivos para sospechar de ti.
_¡Mo-mo-motivos!
¿Qué clase de motivos te he dado yo para que desconfíes de mí?_ gritó
completamente sonrojada, superando sus escalas de indignación y enojo.
_Déjame
hacer memoria…esta la vez que casi quemas el edificio por tratar de cocinar
quien sabe qué cosa para esa anciana extraña de la tienda de flores, también
que inundaste todo este piso por ayudar a la vecina a lavar su ropa, la vez que
rompiste la ventana de mi cuarto con una piña…_ espetó mirándola de manera
autoritaria y un tanto irascible_ Y la
vez que trajiste a ese hombre y que por poco abu-
Fue
sólo un segundo. El joven no supo con exactitud cómo fue y qué tan rápido había
sido aquel movimiento, pero cuando menos lo esperó había recibido un puntapié
de lleno en el estómago y de apoco el mundo a su alrededor se volvió
asfixiante.
_¡No,
no te importa!_ gritó, y con el color rojo explotando en sus mejillas escapó a
su pequeña morada cerrando la puerta de golpe. Él la miró alejándose viendo su
estela irritada; algo en su interior le hizo querer detenerla mientras se
enderezaba y seguía su camino, pero no lo hizo.
Ya no lloraba…al menos, ya no en
las noches…
Estaba
molesta y en su estado ni siquiera moverse de su posición contra la puerta,
gruñendo y maldiciendo: ¡siempre era lo mismo con él, con ese! Desde que había llegado a vivir al edificio la había hostigado
sin parar sólo porque, según él, ella le había quitado el departamento. La
verdad era que el encargado no le había querido cambiar el lugar por más que él
insistió, no sabía la razón, pero desde entonces ese había comenzado a molestarla y a ayudarla…
Gimió
de rabia al recordarlo, todo lo que había mencionado y lo que según él la hacía
sospechosa era verdad. Recordaba el accidente de la cocina, la inundación del
piso, la catástrofe de la piña y el incidente con aquel hombre, y en todos
aquellos momentos ese había venido en
su auxilio, apagó el incendio y le mostró cómo cocinar, ayudó a la vecina a
sacar el agua, no se había “enojado del todo” cuando por accidente le arrojó
una piña y la había protegido de aquel
hombre que intentaba lastimarla; siempre estaba ahí cuando ella lo requería,
para reprenderla, molestarla y hacerle compañía, siempre.
Un
cosquilleo entre sus ropas le hizo recordar el inicio de la disputa del día y
rebuscando entre su blusa sacó un pequeño gatito que acogió en su regazo; su
expresión de apoco se fue suavizando hasta pintar una sonrisa en su cara; ese, de una manera o de otra, cuidaba de
ella, sin siquiera proponérselo o pedírselo estaba a su lado.
Tienes
un año y medio…
Un
escalofrío recorrió su cuerpo borrando la sonrisa. Había pasado un año desde
que había llegado a ese lugar y aún no encontraba aquello que había ido a buscar;
se había sentido terriblemente sola y asustada hasta el momento en que ese empezó a molestarla y a notarla.
Ese,
una pequeña punzada le acongojó el pecho, y un nuevo temor se ancló en su
corazón.
_Ese
siempre está ahí…el vecino molesto…Shaoran…
***
El muchacho que no sonríe,
así le conocían todos los vecinos y las personas que alguna vez había entrado
en contacto con Shaoran. Siempre se lo repetían y a ella no le sorprendía en
absoluto.
“Es
un amargado” pensó de inmediato al oírlo la primera vez, pero después de la
doceava, empezó a preguntarse la razón por la cual nunca aquel joven había
mostrado una sonrisa ante los demás.
_Es
algo más bien extraño_ comentó la anciana de la tienda de flores_ Pero me
alegra que estés con él, está muy diferente y a pesar de que sigue sin sonreír
se le ve feliz.
_¡P-pero
yo no estoy con él! Me odia. Siempre me molesta_ espetó sonrojada.
_No
creo que te odie. Antes de que tú llegaras no hablaba con nadie, y nunca jamá
alguien se había atrevido a entablar una conversación con él porque les parecía
intimidante. Pero desde que estás cerca de él ha cambiado: se ha vuelto amable
y su expresión dura y fría se ha modificado por una muy cálida.
No
supo qué decir. Ella sólo conocía al Shaoran grosero, que le decía constantemente
que era torpe y que se la pasaba reprendiéndola o reprochándole algo. No
lograba concebir la idea de un Shaoran amable.
Subía
las escaleras pensando en eso, sin prestar atención y con la mirada perdida en
los blancos pétalos de un jazmín. Estaba ya muy cerca de su departamento pero
subiendo un escalón más en dirección a él se sintió absurdamente ligera; por
distraerse tanto había dado un tropezón y ahora caía. Tuvo miedo, no por la
caída y su futuro dolor, sino por la
sencillez del significado de la misma, estaba cayendo al vacío como tantas
veces lo había hecho.
No llores…estoy contigo.
Cerró
los ojos esperando el impacto pero no cayó.
Un
apretón y un ágil movimiento acompañado de un vértigo la desconcertaron; por
apenas un segundo, unos brazos la habían salvado y en ese instante la sostenían
con fuerza.
_¿Por
qué no puedes prestar un poco más de atención?_ le espetó su salvador, aún con
los brazos alrededor de ella. Sakura enseguida reconoció la voz que tantas
veces la había insultado y, sintiendo la calidez de su cuerpo contra el de
ella, su corazón corrió.
_¡No
te importa!_ gritó, reaccionando tal y como lo hubiera hecho en cualquier otro
momento, tratando de disimular así su exaltación y vergüenza mientras se
apartaba de él.
_¡Me
importa!_ espetó el joven mirándola seriamente pero al darse cuenta de lo que
había dicho su cara se coloreó de un vivo carmín_ Yo… no…
Sakura
se sonrojó de inmediato al escuchar aquella respuesta, y un extraño estado de
sorpresa y alegría se mezclaron en ella al darse cuenta que toda la fiereza que
caracterizaba al muchacho se había esfumado, y en su lugar había aparecido una
peculiar torpeza. Shaoran trató de alejarse lo más que pudo sin saber qué hacer
exactamente y en su floreciente torpeza, echó a correr escaleras abajo.
La
joven lo miró alejarse y, desconcertada, apenas alcanzó a darle la respuesta
más sincera que su corazón pudo ofrecerle:
_¡Gracias!
***
Su
relación cambió a partir de ese momento. Los acostumbrados gritos e indirectas
se desvanecieron, Shaoran seguía siendo Shaoran pero Sakura por fin había
logrado notar lo que la anciana florista le había dicho: él era muy amable.
Descubriéndolo, había dejado de sentirse a la defensiva y daba un “gracias”
cada vez que el muchacho le llamaba la atención por algún descuido. Así, poco a
poco, sus conversaciones dejaron de ser sobre problemas o errores y comenzaron
a hablar sobre otros temas.
_
¿Por qué querías mi departamento en un principio?_ le cuestionó un día que se
habían encontrado de camino al edificio.
_Porque
ahí vivía con mi madre.
_¿Y
dónde está ella?
_Murió.
_Lo
siento_ respondió ella en voz baja y algo apenada.
_No
lo sientas, no es culpa tuya_ contestó de manera natural, pero extrañado por la
repentina introversión de la chica.
_¿Y
tú… demás familia?_ dijo sin estar muy segura de si había hecho bien en seguir preguntando.
_Le
hicieron mucho daño a mi madre, no son personas que me guste recordar, pero
tampoco son personas a las que pueda olvidar…todo el daño que nos hicieron
jamás lo perdonaré…_ Sakura notó cómo la mirada de Shaoran cambiaba y se volvía
sombría y despiadada, y un pequeño temblor se apoderó de sus manos.
_¡Olvídalo!
No hay nada tan importante que no podamos olvidarlo…_ espetó, sintiendo como
sus palabras la herían de nuevo a sí misma, al percatarse de que ella estaba olvidando…
Shaoran
la miró sorprendido pero enseguida su cara cambió a preocupación al notar cómo
la consternación se había apoderado de la muchacha.
_¿Qué
sucede?
_Yo…
lo estoy olvidando_ declaró, sin tener mucho sentido a los oídos de Shaoran_
Primero su nombre…después su rostro, pero ya no lo recuerdo…ya no recuerdo su
sonrisa…ya no la recuerdo_ chillló horrorizada, mientras borbotones de lágrimas
se escurrían de sus orbes verdes.
_¿Qué
has olvidado?
_A…él,
a él…a la persona más importante que tengo.
_¿Dónde
está él?_ Shaoran comprendió de inmediato y su rostro pasó de la estupefacción
a un leve gesto de tristeza.
_No,
no lo sé. Vine aquí a buscarlo, pero ya no sé bien a quién busco. Ya no lo
sé…Tengo miedo, tengo miedo…su sonrisa…_ su voz se cortó y un nudo en la
garganta le impidió seguir hablando. Se sintió indefensa y, de nuevo,
terriblemente sola. Si ya no podía recordarlo ¿podría encontrarle? Su deseo no
se había concedido y su sueño se había perdido.
El
joven se quedó estático recordando cómo la conoció y las noches en que podía
escuchar su llanto. A altas horas de la madrugada lloraba, no sabía si entre
sueños o si estaba despierta, pero el llanto era profundo y triste. Durante
varios meses había sucedido lo mismo y le había costado relativamente poco
descubrir que aquel que lloraba era la chica que había ocupado el departamento
continuo. De algún modo no soportaba oírla, y no porque aquella situación fuera
molesta en algún grado, tan sólo escuchar aquel llanto era una extraña congoja
para él también. No soportaba oírla
llorar… no quería que sufriera.
_Está
bien tener miedo._ inquirió mientras la abrazaba intentando reconfortarla_ No
llores, todo estará bien. Hasta que recuerdes, y hasta que lo encuentres, yo estaré
a tu lado…las cosas verdaderamente importantes no pueden olvidarse_ Sakura
abrió los ojos de sorpresa y el llanto
aumentó, pero en vez de sentirse triste pudo sentir como si un peso, aunque
fuera pequeño, se liberaba de su corazón. Se aferró con fuerza a los brazos del
joven y siguió así, hasta que sintió de nuevo fuerza para poder hablar.
_Jazmines…_
dijo de manera dubitativa_ Son sus flores favoritas. Siempre he creído que si
mantengo estas flores cerca de mí él podría escucharme… ¿Crees que pueda? ¿Que
en verdad él sepa que lo busco?
Aquellas
palabras fueron pequeñas espinas que se clavaron en el corazón del joven pero,
aún así, respondió sin dudarlo:
_Lo
sabe_ dijo sonriendo de la manera más cálida de la que alguien es capaz.
Sakura
le vio y su corazón se detuvo. Al estar siempre
sola y en aquella profunda desesperación, alguien la había ayudado a salir,
a ver las cosas buenas y a pensar en continuar, alguien que la necesitaba,
alguien que la había estado esperando…
Era su sonrisa…era él.
***
La oscuridad lo arrastra todo…la
calidez pronto desaparecerá.
De
nuevo llovía y la luna albina era opacada por los nubarrones grises en el
cielo. Estaba parada bajo la lluvia sin saber muy bien qué hacer, comprendía
que aquella noche sería la última en ese lugar y que no podía hacer nada para
cambiarlo.
Había
recordado todo tan rápido y sorpresivamente que le había costado bastante
asimilarlo, pero ahora sabía que estaba olvidando sus memorias, sus sueños, y
era simplemente porque todo aquello no existía, todo era un error.
Cuando
pequeña había vivido encerrada, en un cuarto completamente oscuro por donde la
luz de la luna o el sol se colaba de vez en cuando. Siempre había tenido lo
suficiente para su subsistencia, una cama y tres comidas al día, pero había estado
completamente sola, hasta ese día…el día en que lo conoció.
Ella
no sabía que tenía alguna clase de habilidad, un poder que le permitía moverse
de sitio a voluntad, viajar a donde quisiera y cuando quisiera, conocer cosas
que las personas nunca han soñado jamás.
Experimentando
con esa habilidad había viajado a los alrededores de su prisión, pero por error
e invadida por el pánico que le causaba la idea de que su captor la descubriese, había ido a parar a un lugar que no
conocía: su mundo. Encontrarlo había sido
una casualidad y en un principio le había tenido miedo, pero aquel niño, al
verla asustada y llorando, intentó consolarla y cuidarla, le enseñó todo lo que
un niño puede enseñarle a otro y se volvieron amigos. Ella escondida de los
familiares de aquel pequeño, viviendo a hurtadillas de todos, creciendo juntos
sin que nadie se percatara, escapando juntos de la soledad que les invadía,
felices, hasta que el captor por fin les encontró.
Había
amenazado con lastimar a su único amigo, a su persona más importante si ella no
volvía con él, así que accedió, dejándolo sin previo aviso. No sabía cómo
reaccionaría ante su desaparición y tenía miedo de lo que pudiese sucederle; su
madre había muerto algún tiempo antes de que ambos se conocieran, y estaba solo…muy solo.
Pero
pronto comenzó a olvidarlo: primero dejó de distinguir si lo que había ocurrido
había sido un sueño o algo real, pronto
ya no recordaba su nombre, luego su rostro, hasta que sólo quedó su sonrisa y
su amabilidad. Después, antes de perderlo todo por completo, se embarcó en
aquella aventura sin rumbo, perdida, hasta que lo encontrara.
Poco a poco el Universo repara
los errores…y él también lo olvidó.
_¿Qué
haces parada aquí? Estás empapada_ Sakura alzó la vista y se encontró frente al
muchacho de ojos castaños que la miraba contrariado bajo una sombrilla de un
extraño color verde. Se quedó helada al verlo, y sin darse cuenta tibias
lágrimas comenzaron a desbordarse por sus mejillas_ ¿Qué sucede?
_¿Puedo
abrazarte?_ preguntó en tono tímido, mirándolo a los ojos. Shaoran se quedó
mudo pero logró asentir con la cabeza_ Los jazmines ¿son tus flores favoritas,
verdad?
El
muchacho dudó un segundo al sentir un escalofrío al escuchar la pregunta, pero
respondió de igual manera:
_Sí.
_¿Lo
recuerdas? ¿Cuándo me enseñaste a usar los cubiertos y a lavarme los dientes?_
dijo con voz temblorosa.
_¿Recordar?
Una
luz brilló y el cielo pareció despejarse, a pesar de que la lluvia se convirtió
en una tormenta. Shaoran cerró los ojos ante el impacto de la luz y al
reabrirlos notó que Sakura despedía un fulgor fantasmal, apartada de él,
sonriendo y aún llorando…
_No
importa que no lo recuerdes. No importa, en verdad_ dijo tratando de secar
algunas de las gotas de su cara empapada_ Tengo que irme, Shaoran. Algunos errores
no son permitidos por el Universo y siempre intentará repararlos. El que te
conociera y el haberte encontrado de nuevo son equivocaciones, por fin lo
comprendo. De donde yo vengo todo es diferente y aquí, en donde estoy ahora, no
existo… no debo existir, no quiero hacerte sufrir, aún así…Él…Había intentado murmurar su nombre, dentro de mi corazón;
siempre pensé que lo sabía, tan sólo no podía recordarlo con claridad. Siempre….
_Espera
¿de qué hablas?_ preguntó alarmado, no comprendía nada pero la frase “no existo” lo había asustado.
_Cuando
éramos pequeños te lo dije, yo vivo con mi
captor, no sé qué quiere de mí, pero el tiempo de protección que me dio la
Bruja Dimensional para ocultarme de él ha expirado, pronto vendrá por mí.
La
luz que la envolvía brilló con más intensidad, y en un segundo se apagó. Shaoran
la miraba paralizado tratando de entender lo que sucedía, pero antes de poder
analizar algo un nuevo fulgor apareció. Una
luz plateada brilló en la superficie del piso y un abismo oscuro pudo vislumbrarse.
_No
quería dejarlo solo, y jamás pensé que al hacerlo resultaría tan lastimado…Ya
no puedo viajar por los mundos, y mi existencia será borrada aquí, ya no podré
verlo… a él, a mi persona más importante. Siempre pensé que podía oírme, y yo
quería…tan sólo quería cuidarlo. Quería que le llegara el mensaje a través de
las flores que tanto le gustaban: “No
estás solo. Siempre estaré contigo, aunque no esté cerca” Lo siento_ dijo
acercándose lentamente a él.
_
Sakura…_ musitó Shaoran sin poder moverse.
_Te
encontré_ susurró, antes de ser absorbida por la oscuridad.
***
El
viento soplaba de una manera inconsistente y misteriosa, y un único árbol rosado
en la lejanía desprendió sus frágiles pétalos al sentir su soplo. Se detuvo a
mirarlo un segundo y pensó en la soledad que desprendía.
Era un error, no era él quien
más sufría…
Continuó,
abriéndose paso entre la multitud de personas que esa mañana se aglomeraban en
las calles y llegó por fin al lugar que buscaba. Lo miró de manera suspicaz
pero igual entró. Era una residencia extraña y bastante fuera de tono con los
alrededores pero pensó que un lugar así era justo lo que necesitaba.
Al
llegar al pie de la construcción una hermosa mujer de sonrisa perezosa le
saludó.
_¿En
qué puedo ayudarte?
Siempre te esperé…
_Quiero
encontrar a la persona más importante para mí_ dijo ferozmente mientras
sostenía con firmeza una delicada flor blanca en su mano.
Aunque, siempre estuviste
conmigo…
_¿Lo
has recordado?
El
muchacho la miró con extrañeza, pero algo en la mirada de aquella mujer le hizo
comprender a qué se refería:
_Sí.
Te encontraré.
La
mujer lo examinó un instante y asintió, pensando que sin importar el mundo en
el que fuera, y el tiempo en el que estuvieran, para ninguna Sakura y para
ningún Shaoran la vida sería sencilla.
_Está
bien, concederé tu deseo.
(Revisado por última vez el 1/08/2018)
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