Su
definición de un alegre, agradable día: sentarse confortablemente en un
perfumado jardín inglés, un cálido sol suavizando una fresca brisa de otoño,
las hojas caídas pintando el suelo con su tono favorito de amarillo. Justo
frente a sus ojos, un delicado ángel plateado recostando su espalda contra el
pecho de un alto y apuesto mago con largo cabello negro y ojos azul profundo,
que sostenía tiernamente por la cintura a la figura más pequeña.
Tata
suspiró feliz. Esos dos habían empezado temprano esa mañana. Prometedor.
_Estás
demasiado tenso, Yue –susurró Clow, agitando el suave cabello del Guardián con
su respiración.
_Lo
siento, Clow...
_Sólo
relájate –lo tranquilizó el mago, masajeando los hombros de Yue_ Siente la
sangre corriendo por tus brazos, tus manos, calentando las puntas de tus dedos,
yendo de vuelta a tu corazón... Y no importa lo que haga yo, no olvides
respirar.
Yue
asintió obedientemente, una tímida sonrisa curvando sus labios. Las manos de su
Amo bajaron para acariciar sus brazos desnudos, tomando su codo derecho,
envolviendo su muñeca izquierda. Dejó que Clow lo pusiera en posición a
voluntad, confiadamente.
A
una docena de metros de distancia, Tata se inclinó ligeramente hacia delante,
tratando de obtener una mejor vista de la pareja sin llamar la atención sobre
su presencia.
Clow
inclinó la cabeza hasta que su mejilla descansó contra la de Yue, suspirando
ante la fresca sensación de la pálida piel preternatural.
_Yue...
_Estoy
listo.
_¿Seguro?
La
única réplica del Guardián fue una media sonrisa.
Tata
se mordió el labio y contuvo la respiración, haciendo su mejor esfuerzo por no
parpadear.
Un
golpe de viento más fuerte empujó una guedeja plateada contra los labios de
Clow y el mago se quedó quieto por un segundo más, saboreando su fragancia a
rocío.
...
y lo soltó, retrocediendo.
_Adelante.
Yue
obedeció y abrió los dedos de su mano derecha. El arco tembló ligeramente
cuando la flecha salió disparada, atravesando el aire a una velocidad
estremecedora para clavarse en el blanco de madera a 90 yardas adelante, a un
buen par de pulgadas de la marca roja en el centro.
Yue
se molestó. Clow le dio unas palmaditas en el cabello. Tata sonrió.
_No
sé qué me pasa hoy –el Guardián hizo una mueca_ Mi puntería nunca ha sido tan
mala.
Clow
rió.
_Lo
estás haciendo muy bien. No seas tan perfeccionista.
_Una
casi falla puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.
_Tú
no fallarás cuando acertar al blanco sea un asunto de vida o muerte –Tata dejó
escapar una risita, relajándose en su silla_ Es sólo que tu mente no está en
eso ahora –le sonrió malévolamente a Clow_ Me pregunto dónde podrá estar...
El
mago la ignoró, justo como había estado haciendo durante los dos últimos meses.
_Te
estás esforzando demasiado –le dijo a Yue-. Sabes cómo hacerlo, y tu cuerpo
sabe cómo hacerlo. Estás pensando con demasiado esfuerzo y dejas que tus
pensamientos nublen tu mente. Siente el arco de madera en tus manos tan cerca e
íntimo como el que formas con tus poderes. Hazlo respirar contigo. Hazte volar
con la flecha cuando la liberas –puso sus manos en los hombros del Guardián e
hizo una mueca_ ¡Tómalo con calma, Yue-chan! ¿Cuándo aprenderás a divertirte?
Yue
miró ceñudo la cómica imitación que hacía su Amo del acento de Kerberus y su
molesta actitud.
_Recogeré
las flechas y probaré otra vez –estaba alto en el aire antes de que Clow
pudiera discutir.
Tata
puso los ojos en blanco.
_Un
paso adelante, una calle entera atrás. Me estás volviendo loca, Ojos Azules.
_No
tengo la más mínima idea de lo que estás hablando –dijo Clow a la defensiva.
_Por
supuesto que no –gruñó ella, y cambió de idioma_ ¿Podemos hablar en inglés, por
favor? El japonés exige demasiado de mi cerebro.
Él
se sentó con ella a la mesa del jardín, accediendo a su petición.
_No
hay nada nuevo en lo que estamos haciendo. Siempre le he hecho practicar con un
arco de madera antes de usar el suyo.
_No
podría preocuparme menos la clase de arco que use.
_Y
él pidió mi ayuda para dominar los tiros largos.
_Eres
su maestro –asintió ella.
_Y
estoy de acuerdo en que está un poco distraído hoy –concedió Clow_ Pero hasta
las criaturas mágicas tienen sus momentos malos.
_Dado
que sólo pueden ser tan perfectas como su creador... –ella se encogió de
hombros_Y tú puedes estar asombrosamente distraído a veces, Ojos Azules.
Tomando
la jarra de cristal, él se sirvió algo de jugo de uvas verdes en su vaso.
_Entonces...
¿por qué estás regañándome?
_Estamos
en mitad del otoño.
Clow
la miró interrogante.
_Eso
difícilmente es mi culpa.
_Y,
mientras que practicó durante todo el verano usando su chaqueta, ahora piensa que hace demasiado
calor para eso.
_Dijo
que la tela le estorba.
Si
Clow hubiera decidido pensar más profundamente en eso, habría encontrado
extraño el que la tela nunca le había estorbado a Yue desde sus primeras
lecciones. Pero con la oportunidad de rozar con sus manos la sedosa piel de los
brazos de su Guardián Lunar, Ojos Azules siempre podía encontrar cosas más
importantes que hacer antes que pensar profundamente acerca de nada.
_¿Mencionó
para qué le estorbaba? –la hechicera guiñó un ojo.
_¡Tata!
¡Quieres llenar mi cabeza de ideas sucias, está bien! A estas alturas, estoy
acostumbrado. Pero Yue es un niño, él ni siquiera sabe...
_Seguro
–lo interrumpió ella_ Y es sólo una coincidencia que su habilidad en arquería
parezca haberse evaporado justo cuando decidiste que la forma más rápida de
enseñarle una mejor manera de sujetar el arco es abrazándolo por detrás...
_No
estaba abrazando…
_Mi
única duda debería ser: ¿él está teniendo problemas para concentrarse porque tú
lo abrazas, o para que tú
le enseñes y lo abraces un rato más?
_¡¿Qué?!
_Sabemos
que puede ser bastante astuto cuando quiere...
_¡Eso
es absurdo!
_¿Oh,
de veras?
_Cállate,
Tata. Él está regresando.
Yue
aterrizó cerca de la mesa, ocho flechas en sus manos y una mirada de sospecha
en su cara. Abrió la boca, pero cambió de opinión y no dijo nada.
Tata
le sonrió con cariño.
_Tienes
razón, dulzura. Ojos Azules y yo estábamos hablando de ti.
El
Guardián enarcó una ceja. No los presionó a decir más, pero los silencios de
Yue podían ser muy demandantes.
Clow
bebió su jugo, esperando que el vaso alto pudiera esconder sus mejillas
sonrojadas.
_Nada
más me estaba preguntando por qué estás tan distraído esta mañana –dijo Tata_
Tal vez más bien un poquito... ¿en órbita?
El
jugo se fue a la nariz de Clow y él tosió, sintiéndose horriblemente torpe.
_Sigues
haciendo eso, Ojos Azules –Tata arrugó la nariz con reproche-. Es bastante
desagradable.
Clow
la habría mirado con enojo si su tos convulsiva se lo hubiera permitido. El que
terminó disculpándose fue el Guardián Lunar.
_En
verdad lo siento. No dejaré de practicar hasta que lo haga bien.
La
sonrisa satisfecha de Tata congeló la sangre de Clow.
_Pienso
que deberías tratar de nuevo tú solo, Yue –replicó apresuradamente.
Yue
miró al mago por un pensativo momento, su cara como una máscara inexpresiva. Al
final asintió, caminando de nuevo a su punto de disparo. Sin señales de alivio
o decepción; sin señales de que le molestara la falta del contacto con su Amo,
de una forma u otra. Por lo tanto, Clow no pudo decidir entre sentirse aliviado
o decepcionado él mismo.
_Buena
idea –fue el murmullo confabulador de Tata.
El
mago frunció el ceño.
_¿Qué
idea?
-Ahora
veremos si el que estés aquí o no tiene alguna influencia en su
concentración... –ella le mostró una gran sonrisa_ ¿Listo para ver probado mi
punto?
Clow
palideció. Todo lo que había pretendido era quitarse de encima a la inteligente
hechicera, pero había terminado dándole la oportunidad de continuar así para
siempre...
Si
Yue daba en el blanco, eso significaría... ¿qué? ¿Que el contacto con Clow lo
perturbaba? ¿Perturbado porque el Guardián se sentía atraído por él... o porque
la cercanía física con él le era desagradable? Y si Yue fallaba otra vez...
¿Entonces era completamente indiferente a la proximidad de su creador?
¿Realmente
quería saber lo que Yue pensaba de él?
Pero...
_Esto
no va a probar ningún punto, Tata –murmuró_ ¿Qué tal si dispara mal la flecha a
propósito?
_¿Para
engañarte y que lo abraces otra vez?
_Sí
–con retraso, se dio cuenta de su imperdonable desliz-. ¡NO!
Sorprendido,
Yue se volvió hacia el mago, buscando por reflejo amenazas en contra de su amo.
_¿Clow?
Tata
agitó una mano hacia él.
_No
es nada, dulzura. Ojos Azules acaba de morderse la lengua. Sobrevivirá.
Una
ceja plateada se curvó con escepticismo y disgusto; ojos felinos se aseguraron
de que su precioso Amo estaba ileso (si bien un poco demasiado sonrojado para
una fría mañana de otoño) y finalmente volvieron a enfocarse en los círculos
concéntricos carmín y blanco en el blanco circular.
Clow
estaba lanzando dagas con la mirada a Tata tanto como podía, mirándola por el rabillo
del ojo.
_Eres
la más horrible, insidiosa, fea bruja...
_¿Me
culpas a mí por tus
contradicciones? Sigues diciendo que es absurdo, que Yue es sólo un inocente
niño, libre de pensamientos obscenos, etc., etc... pero acabas de admitir que
sabes más que eso, ¿no es así?
_No
estaba pensando.
_¡Con
mil diablos, Ojos Azules! ¿Se te caerán los dientes si llegas a reconocer la
posibilidad de que tu Guardián debe
estar tratando de hacer que te fijes en él?
_¿Caerá
el cielo sobre tu cabeza si descubres que él no siente nada por mí más que el
respeto de un sirviente o el amor de un hijo?
_Probablemente
–gruñó Tata_ No puedo estar tan equivocada.
_Bueno,
será mejor que te escondas bajo la cripta de la Catedral, entonces –murmuró
Clow_ Porque estoy absolutamente seguro de que incluso si Yue está actuando, es
la actuación de un niño que desea que su padre pase más tiempo con él. Nada
más.
_Seguro,
seguro... es por eso que tu niño te está mostrando tanta piel de repente...
_¡Él
no está...!
Pero
la hechicera estaba agitando una mano reprobadora hacia él.
_Shh,
Ojos Azules. Él está listo.
Y
Yue lo estaba, ciertamente. Postura perfecta, desde los pies descalzos
cuidadosamente colocados en la hierba, hasta los brazos desnudos sujetando el
arco con gracia que enmascaraba completamente la fuerza brutal que requería esa
acción. Mirándolo, se podría pensar que manejar esa arma era tan fácil como
sujetar una pequeña flor entre los dedos.
No,
no… Al mirarlo, nadie se molestaría en prestar atención a cualquier arma que
pudiera estar sujetando, aún si apuntaba hacia el propio observador. El
Guardián Lunar era una visión, una sirena cantando, un sueño seductor...
...una
ilusión. Un delirio de la mente de Clow, hecho sólido por poderosos hechizos, y
sin embargo eternamente intangible.
¿Si
Clow se repetía eso a sí mismo lo suficiente, tal vez esos insaciables,
inconvenientes pensamientos eventualmente podrían dejarlo en paz?
Otra
vez llegó el viento a congelar al arquero en su sitio, amenazando con arrastrar
la ligera flecha lejos de su destino. Yue esperó pacientemente, manteniendo su
postura como una estatua que respiraba suavemente, sólo su cabello cediendo a
la juguetona brisa...
…y…
Fue
demasiado rápido como para que Clow y Tata lo captaran. Un silbido en el cielo,
una cuerda tensa repentinamente libre, una aguda descarga lanzándose hacia
delante, un borrón dorado-naranja cruzando el jardín desde la izquierda...
Y
de repente un león alado caía pesadamente en el suelo, una flecha asesina
sobresaliendo de su costado, un alarido de angustia atravesando el aire.
_¡¡¡Kerberus!!!
Las
alas explotaron a la vida en la espalda de Yue mientras él volaba ciegamente al
lado del Guardián Solar, su cara distorsionada en una máscara de horror y
pesar. ¿Qué había hecho? ¿Qué había
hecho?
_¡Kerberus!
¡Kerberus, por favor, háblame!
Gentilmente,
apartó las alas doradas del león, buscando la herida. El gran animal jadeó,
gimiendo con cada difícil aspiración, encogiéndose bajo el cauteloso tacto de
Yue.
_No...
no lo hagas... duele... demasiado...
Yue
tragó saliva con una garganta horriblemente seca.
_Lo...
lo siento tanto... no te vi llegar... –podía ver el penacho de su flecha bajo
la corpulenta figura, aplastado contra la hierba_ Déjame... Date vuelta,
Kerberus. La sacaré…
_…no…
_Lentamente,
muy lentamente. Te ayudaré.
_Duele...
_¡Es
por eso que tienes que hacerlo, Kerberus! Vamos, date vuelta, la sacaré y Clow
te vendará, estarás bien, completamente nuevo, como cuando fuiste creado, ya
verás... –Yue estaba haciendo todo lo que podía por evitar que sus miedos le
quebraran la voz. Tenía que estar calmado, tenía que estar confiado, tenía que
ser racional. No importaba si se estaba destrozando por dentro, no podía
derrumbarse, no hasta que Kerberus estuviera curado, no hasta corregir su
imperdonable error.
¿Cómo
había podido disparar
una flecha y no notar la presencia cercana del Guardián Solar? ¿Cómo había
podido ser tan estúpidamente descuidado?
_Kerberus,
escúchame, sólo te estás lastimando más yaciendo sobre ese costado. Sé que
duele moverse, pero al menos entonces...
_…no
importa… Yue…
_¡Por
supuesto que importa, Kerberus! ¿No quieres estar bien de nuevo? –el Guardián
Lunar estaba apenas consciente de Tata arrodillándose junto a él, acariciando
la cabeza del león con un hechizo tranquilizador.
_...demasiado...
tarde...
Yue
sacudió la cabeza, firmemente, desesperadamente.
_No.
_...lo
es, Yue... Tú lo sabes… lo es…
No
estaba escuchando eso. No podía estar escuchando eso. La hechicera se puso en
pie gravemente y él la miró con ojos suplicantes.
_¿Tata?
Ella
estaba mordiéndose con fuerza el labio, su cara completamente inexpresiva.
_Me
temo que no hay nada que yo pueda hacer, dulzura.
En
pánico, Yue miró a su alrededor buscando ayuda.
_¡Clow!
¡Está lastimado! ¡Ven rápido!
El
mago estaba todavía en pie junto a la mesa, a unas buenas 700 yardas de ahí,
totalmente inmóvil, sin responder para nada. Probablemente en shock.
_Yue...
–Kerberus lo llamó tan débilmente que el Guardián Lunar casi tuvo que presionar
su oreja contra la boca del león para escucharlo_ Yue... sé fuerte... vine a
entregar... –tosió.
_¿Entregar?
¿Entregar qué?
Con
un gemido tan doloroso que sonaba vagamente como un sollozo, Kerberus sacó tres
sobres arrugados del bolsillo detrás del pectoral de su armadura.
_...estos...
acaban de llegar... para Clow –de alguna manera, el león se las arregló para
poner los papeles color arena en la mano de Yue_... los tres mensajeros
dijeron... que eran urgentes... extremadamente... urgentes... –un cruel
espasmo, más tos agonizante...
Yue
sólo pudo arrugar todavía más esos sobres sin importancia en su mano cerrada.
Nada podía ser tan urgente. Nada podía ser tan importante.
_¡¡¡¡CLOW!!!!
¡Pero
Clow parecía haber echado raíces en el suelo!
_¡¡¡Clow,
él se está muriendo!!! –chilló el Guardián_ ¡Sólo tú puedes ayudarlo!
Nada.
El hombre alto simplemente permaneció ahí, tapándose la boca con ambas manos en
un patético gesto de pena, terror e incredulidad...
...o...
...¿en
un poderoso esfuerzo por no reír...?
No...
No,
no, no, no, no... Yue cerró los ojos, apretó los dientes, tensó todos sus
músculos...
_Kerberus.
_…
¿Yue?
_Será
mejor que esa flecha esté bien hondo en tus tripas, o voy a clavártela justo
ahí.
Un
momento de embarazoso silencio.
Y
finalmente Kerberus giró para mirar directamente a la cara del Guardián Lunar.
_Tienes
prioridades extrañas, Yue.
La
risa de Clow podía escucharse alto y claro a pesar de la distancia. Tata sólo
sacudió la cabeza con impotencia, caminando de vuelta a la mesa.
_Y
ahora no sabremos nunca si habría fallado o no el blanco –murmuró de mal humor.
Yue
estaba humeando. Hirviendo. A punto de estallar en llamas a la menor
provocación...
Con
una gran sonrisa, Kerberus sacó la flecha que había escondido a medias bajo su
pata delantera y frotó sus pequeñas plumas contra la nariz de Yue.
_¡Tómalo
con calma, Yue-chan! ¿Es que nunca aprenderás a divertirte?
...¡boom!
***
Los
tres sobres apenas sobrevivieron.
_No
me mires a mí –protestó Kerberus y señaló a Yue_ Estaban lisos y limpiecitos
hasta que el Alma de la Fiesta aquí presente se me tiró encima.
El
Guardián Lunar se puso su capa blanca sobre su ropa polvorienta, echando hacia
atrás su melena revuelta.
_Volaste
deliberadamente en el camino de mi flecha, arriesgaste tu vida e hiciste ese
vergonzoso espectáculo de ti mismo, todo con el único propósito de
ridiculizarme –contestó, sin mostrar emoción_ Y de alguna manera planeas
culparme a mí por el daño
en cartas que fueron confiadas a ti.
Al
otro lado de la mesa, Clow miró a su alondra lunar con asombro y diversión. Por
seis minutos enteros esa usualmente estoica criatura había vuelto a la intensa,
infantil, temperamental actitud de sus primeros años, revelando un apasionado
Yue que Clow algunas veces asumía se había marchado para bien. Pero tan rápido
como había aparecido, se había ido. Las prendas sucias y las plumas arrugadas
en sus alas eran las únicas marcas que había dejado tras de sí esa súbita
aparición.
Tata
les sirvió vasos llenos de jugo de uvas; probablemente con algún hechizo
calmante disuelto en el líquido color ámbar.
_Medio
paso adelante, trescientas millas atrás. Ustedes tres me están volviendo loca.
Los
dos Guardianes la miraron como si nunca antes la hubiera visto. Entonces
miraron interrogantes a Clow, quien sólo se encogió de hombros a espaldas de
ella y movió su dedo índice junto a una de sus sienes en un claro gesto de “está loca”.
Kerberus
se encogió de hombros también y volvió al tema.
–Como
sea. Vi que Yue estaba deprimido otra vez. Sólo quería animarlo.
Clow
parpadeó. ¿Deprimido? ¿Otra vez?
_No
estaba deprimido –contestó Yue_ Estaba entrenando. ¿Y qué te hace pensar que
fingir estar mortalmente herido puede animar a alguien?
El
Guardián Solar prácticamente ronroneó, frotando su cabeza contra el muslo de
Yue.
–Ah,
las cosas que tengo que hacer para que admitas tus verdaderos sentimientos por
mí –bromeó.
Tenso
como un bloque de hielo, Yue se puso en pie, apartando al león en el proceso.
_¿Tengo
que arrancarte la piel para que comprendas lo que pienso de ti?
Kerberus
gruñó.
_Estoy
hablando de ese frenético sollozar porque pensabas que iba a morir... Estaba
realmente conmovido, ¿sabes?
_Bueno,
no lo estés –replicó el otro_ Estaba preocupado solamente porque no quería ser
culpado por dañar una de las creaciones del Amo Clow. Ni siquiera a uno con el
que él estaría mejor si no existiera.
La
última palabra casi no había terminado de salir de los labios de Yue, cuando
cayó en la cuenta de que Clow estaba ahí junto a él, con una invitada. En
cierto modo, criticar a Kerberus era criticar a Clow, quien había hecho al
moslesto Guardián Solar en la forma en que era, y además amaba al león por lo
que era, pensó Yue amargamente. E incluso si el trabajo de los Guardianes
incluía advertir a su Amo sobre posibles malas decisiones, desafiarlo frente a
sus invitados era inexcusable. Aún si su invitada era la vieja Tata, a quien
Clow siempre había considerado parte de su familia.
El
mago suspiró, mirando la mirada que pedía perdón en los ojos del Guardián
Lunar. La mirada del sirviente. Avergonzado, desconcertado, temeroso de un
amargo reproche...
…enojado, incrédulo, acusante, indignado…
temeroso de traición… de abandono… de extirpación... nulificación...
aniquilación... “...seguir las huellas del Delfín...” deber...
desprendimiento... arrogancia... “...ver todos los ángulos en un conflicto...”
frustración... “...alas destrozadas... sangre por doquier...” estupefacción
capaz de destrozar el alma... “...la idea de ella... mi decisión...” oh no oh
no oh no... Kerberus no aceptará... Yue
no entenderá... el invierno que congela el corazón, el corazón sin luz...
“...no hay nadie más, Clow...” nada más... nadie más... “...mejor si no
existiera”...
"...mejor si no existiera..."
_¡¡¡Clow!!!
Los
sentimientos extraños y las perturbadoras voces desaparecieron gradualmente,
mientras sonidos reales, aromas y rostros lentamente reaparecían alrededor del
mago, obligando a su aturdida mente a despertar. Sus rodillas se tensaron bajo
el peso de grandes garras, y vio a Kerberus inclinándose hacia él, gritando su
nombre con alarma.
_Calma,
querido –Tata estaba calmando a la bestia_Ya está volviendo.
Sólo
Yue no se había movido. Su alondra lunar sólo estaba ahí, mirándolo con un
silencio ensordecedor, durante todo el tiempo (¿segundos? ¿minutos? ¿horas?)
que esa oscura visión había durado.
_¿Ojos
Azules? ¿Estás con nosotros?
Clow
respiró profundamente, forzando su atención hacia Tata. Ella acarició su
cabello tierna, protectoramente, con los ojos de una madre que atendiera a un
hijo enfermo.
_Estuviste
luchando, ¿no es así? –lo reprendió suavemente_ ¿No te decía siempre tu padre
que nunca lucharas contra las visiones?
_..mejor
si no existiera...
Ahora,
el Guardián Lunar se estremeció, obviamente reconociendo las palabras que había
dicho refiriéndose a Kerberus.
_¿Clow?
La
voz de Yue... y el silencio. Clow sintió palpitar sus tímpanos, martilleando su
cerebro, todo su espíritu suplicando por calidez y confort. Sus ojos
encontraron los de la criatura plateada a través de capas y capas de niebla
intemporal.
_Esas
palabras –siseó el mago_ Muy pronto
estarás arrepintiéndote de esas palabras.
(Revisado por última vez el 25/08/2018)
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