Yue,
por supuesto, lo entendió mal. Clow no podía creer que ninguno de sus
Guardianes pensara en serio que él podría jamás decirles “te arrepentirás de
esto” en ese sentido. No seriamente, en todo caso. No era su
estilo, y más que eso, ese jamás era el tratamiento que había ofrecido a nadie
tan querido y cercano a su corazón como sus adorables creaciones.
Así
que era difícil no sentirse traicionado de alguna manera por la mirada
aprensiva en el rostro de su alondra lunar. El mago trató de ser racional y
recordar que Yue probablemente todavía se sentía culpable por disparar esa
flecha sin prestar atención a lo que lo rodeaba. Aún si Kerberus había saltado
en el camino y había atrapado diestramente la flecha a medio vuelo a propósito,
él podría haber simplemente estado volando por ahí sin enterarse
de nada. Podría haber sido un verdadero accidente, uno muy peligroso. Yue
usualmente era muy cuidadoso cuando practicaba, y terriblemente estricto acerca
de sus propios errores. Podía pensar que su descuido debía merecer el más
fuerte castigo, ¿y quién más para dictar
ese castigo si no su Amo? Eso era lo que podía asumir naturalmente un siervo.
Un
siervo.
Clow
suspiró amargamente. No le gustaban nada los castigos duros, y había imaginado
que Yue ya habría notado eso. Quizá el tener a Gareth por ahí durante tanto
tiempo no había sido una idea tan brillante después de todo. El muchacho le
recordaba a Yue demasiado frecuentemente que muchos hechiceros tenían poco
apego por sus “mascotas” mágicas; debía haber metido inadvertidamente algunas
nociones raras en la cabeza del Guardián Lunar.
Lady
Wilcox era conocida por tirar de las colas de sus grifos cantores siempre que
desafinaban, y por citar a su caballerizo cuando hablaba de las mejores formas
de enseñar a criaturas mágicas. Clow había esperado que Gareth creciera para
ser más sabio que eso, pero... por Dios...
Educar
por medio del miedo no era algo que Clow pudiera verse haciendo él mismo.
Además, no podía pensar en un castigo peor para Yue que la impactante
compresión de que podía haber matado a alguien por accidente, o la brutal
vergüenza de que todos se hubieran reído de él por caer en otra de las bromas
prácticas de Kerberus. Agregar cualquier regaño a eso en ese punto sería
solamente empujar al Guardián Lunar todavía más adentro de su rincón de reserva
y cautelosa desconfianza hacia el mundo. Empujarlo más allá en su perenne orbitar
alrededor de su Amo...
No
podía. Tenía que hablar con Yue, explicarle sobre la visión...
...explicarle...
¿cómo? ¿Qué era esa
visión?
_Dulzura,
creo que Ojos Azules querrá responder esas cartas –le dijo Tata a Yue con su
tono más amoroso_ ¿Por qué no le traes su pluma y cosas de escritorio?
Yue
todavía miraba a Clow con ojos asustados, como si no la hubiera escuchado. Pero
al fin asintió distraídamente y voló a la casa.
_Hey,
Clow –dijo Kerberus cuando el ángel plateado estaba fuera de alcance-. Vamos,
no es tan malo... sé que
no lo decía en serio –se encogió de hombro_ Bueno, no completamente.
Lágrimas
patéticas fluyeron de los ojos del mago, y las secó rápidamente antes de que
corrieran por su cara. Podía sentir el latido de su corazón golpeando en sus
oídos, los huevos que había desayunado estaban revolviéndose en su estómago, el
aire helado estaba quemando su garganta reseca... ¿y Kerberus había tenido que
elegir ese preciso momento para ser tan absolutamente enternecedor?
_No
tienes necesidad de defenderlo –murmuró, estremeciéndose ante la repentina
ronquera de su voz_No estoy enojado.
_¡No
lo estoy defendiendo!
–gruñó el león_ Es sólo que...
Clow
esperó pacientemente hasta que su Guardián Solar encontró una excusa. Tenía que
ser una buena, para justificar ese lapso de actitud protectora hacia su
“archi-rival”.
_...es
sólo que se pondrá todo hosco y desolado porque lo regañaste y no querrá
hablarme durante todo un mes... –Kerberus torció el hocico_ ...eso no es algo
malo, es probablemente la mejor parte de todo... Pero entonces tampoco tendrá
el valor para hablarte a ti por un mes... –sus alas se agitaron-
...aunque eso será grandioso, porque tú pasarás más tiempo jugando backgammon conmigo en lugar de mimarlo a
él... ¡Pero resulta que se negará a hablarle a las Cartas también! –sonrió
triunfante_ Y eso será un desastre porque yo seré el único poniéndolas a
trabajar en la casa, y las Lunares serán lo suficientemente amables como para
obedecerme, pero nunca en la forma en que se supone que lo hagan... Lluvia inundará el jardín, Candado
bloqueará todas las puertas equivocadas, Canción tarareará mi canción de cuna
en otro tono, Eternidad me hará caminar por los mismos corredores una y otra
vez... ¡Un completo cataclismo!
Los
ojos de Clow todavía punzaban amenazadoramente. Sus labios no aceptaban ninguna
orden de no sonreír en ese momento.
_Creo
que soy perfectamente capaz de controlar mis Cartas, Kerberus. Todas ellas.
El
Guardián Solar dudó por sólo medio segundo.
_Sí,
pero estarás demasiado ocupado tratando de hacer que Yue no esté tan miserable
y eso lleva tiempo...
Tata
acarició sus orejas.
_Tu
pelaje se enredó por la pelea, gatito... Tráeme un cepillo y lo cepillaré por
ti.
El
león frunció el ceño.
_Lo
que quieres es que te deje a solas con Clow para poder hablar a mis espaldas.
_Exactamente
–concordó ella con una gran sonrisa.
_Bruja
lunar –gruñó Kerberus_ Por eso tendrás que rascarme la barriga también –con
eso, el Guardián Solar se elevó gloriosamente en el aire, dirigiéndose a la
casa por una ruta completamente diferente a la que había tomado Yue.
La
hechicera rió bajito.
_Tengo
que admitirlo, Ojos Azules. Es todo un personaje.
Kerberus...
¿Qué significaba esa visión para Kerberus? Mejor si no existiera... alas
destrozadas... sangre por doquier... Palabras errantes de voces diferentes,
todas susurrando en atormentada pena por una realidad que era demasiado
terrible para ser soportada con cordura...
Tata
puso en la mano de Clow el vaso que había servido para Yue.
_Ten,
bebe esto. En este momento no sé quién lo necesita más.
Aceptó
el brebaje, notando distantemente el ligero cambio en el sabor debido al
hechizo calmante.
_¿Por
qué los alejaste? No quiero que Yue piense que yo...
_Lo
sé. Pero entonces tendrías que explicarle qué quisiste decir con “muy pronto
estarás arrepintiéndote de esas palabras”. ¿Ya te sientes lo
suficientemente bien para eso?
Clow
suspiró y sacudió la cabeza. Seguro, podría simplemente decir que esas eran las
palabras de una profecía, que algún día debería ver a Yue demostrando un
profundo arrepentimiento por haber dicho lo que acababa de decir... Ja, qué
simple... Como si Yue y Kerberus no fueran a asaltarlo con toda clase de
preguntas al segundo que el término “profecía” fuera mencionado. Preguntas muy
comprensibles, para las cuales Clow no tenía respuestas que pudieran
desentrañar la verdad.
Los
Guardianes no estaban dotados con el poder de la clarividencia. La entendían en
un sentido teórico, pero nunca la habían experimentado. Por lo tanto, sólo Tata
comprendía lo nebulosa que era, y la entumecedora sensación de soledad que
siempre seguía a una visión. Incluso visiones que sólo predecían felicidad y
buena fortuna traían consigo la vacía, entristecedora sensación de haber estado
solo en un mundo neblinoso que nadie más podía tocar, y haber regresado sin
palabras que describieran propiamente lo que había sido visto, escuchado y
sentido.
Necesitaba
tiempo para reorganizar sus pensamientos, recobrar su compostura. Y descubrir
qué podía y qué no podía decirle a sus Guardianes.
Los
minutos pasaron en un silencio pensativo. El sol se escondió detrás de una
pequeña nube traicionera, la única que manchaba el perfecto azul del cielo
mañanero. Clow se encontró a sí mismo deseando que fuera verano otra vez.
_Debe
haber sido realmente malo si estabas resistiéndote –sugirió Tata suavemente, no
queriendo presionarlo.
_No
lo sé. Ni siquiera era consciente de estar resistiéndome.
_¿Imágenes
vívidas?
_No…
sí –se recostó en la silla, masajeándose las sienes_ No estoy seguro de si
realmente vi algo. Estaba
mirando la cara de Yue... y eso fue todo lo que pude ver, sus ojos mirándome
con tanta emoción...
Tata
levantó la mirada.
_¿Emoción?
_No
esa clase de emoción –gruñó
Clow_ Miedo. Vergüenza. Ansiedad.
_Vi
eso también, Ojos Azules –señaló ella_ Esas eran reales.
_Pero
entonces cambió. Horror. Cólera. Indignación. Y siguió cambiando una y otra
vez. Tristeza. Soledad. Y miedo otra vez, más que antes. Y compasión.
_¿Compasión?
_No
estoy seguro de si compasión es la palabra correcta. Fue la única emoción
cálida que pude sentir de él. Era el único sentimiento cálido que tuve a través
de toda la experiencia.
_¿Y
eso fue todo lo que viste?
Clow
tomó otro sorbo de jugo.
_Sí.
Pero había voces. Voces que conozco, principalmente.
_¿De
quiénes?
Dejó
escapar una risa sarcástica.
_No
podría decirlo. ¿No es eso lo que hace interesante la clarividencia?
Tata
puso los ojos en blanco.
_Sólo
he escuchado de un hechicero que haya tenido visiones tan precisas como las
tuyas, Ojos Azules, y fue una vieja bruja de Nepal, de cuatro veces tu edad,
que sólo fue tan buena como tú en la última década de su vida. ¡Cuenta tus
bendiciones, muchacho!
Clow
estaba a punto de responder cuando vio a sus dos Guardianes regresando, llevando
los objetos que habían sido enviados a buscar. Yue además se había cambiado de
ropa, dejando atrás las prendas blancas sucias y volando de regreso con su Amo
vistiendo una túnica larga azul marino, sencilla y sin adornos, a excepción de
la inseparable gema azul en el pecho. Estaba tratando de mostrar su respeto sin
palabras, Clow lo sabía. Sin embargo, los intentos de Yue por vestirse
humildemente nunca eran tan exitosos. Siempre estaba con él esa cualidad
etérea, augusta, como si tuviera la cualidad innata de verse digno aún cuando
estuviera cubierto de barro.
Él
y Kerberus aterrizaron ante los dos hechiceros al mismo tiempo, pero no juntos,
ya que se acercaron a la mesa de jardín desde diferentes direcciones. Lados
opuestos.
En
otras circunstancias, Clow habría reído ante lo intrínseco que la actitud
diametral se había vuelto para esos dos. Pero con el perfume acre de un ominoso
estupor llenando su nariz, el mago sintió que no habría muchas ocasiones para
reír en los próximos meses...
***
Al
menos Tata y Kerberus estaban divirtiéndose. Especialmente considerando que la
mujer estaba menos interesada en arreglar el pelaje del león que en hacerlo tan
entretenido como fuera posible.
_No
había notado lo mucho que me recuerdas a mi abuelo –rió ella, peinando el pelo
blanco alrededor de su boca para que cubriera su hocico.
_Qué
gran figura debe haber... *aaa-CHÚU*...
tenido –Kerberus se frotó la nariz con una garra_ Eso hace cosquillas.
Ella
acomodó el pelaje blanco donde se suponía que debía estar... pero empezó a
dibujar extraños diseños en la piel dorada alrededor de sus ojos.
_Y
así luces igual que nuestra querida Lady Wilcox...
El
león frunció el ceño.
_Mi
barbilla nunca será así de grande...
_¡No
te muevas! ¡No te muevas! –Tata lo examinó detenidamente_ ¡Mira, Ojos Azules!
Frunciendo el ceño así, ¿no podría pasar por el hermano menor de Lieh-Pai?
El
león ladeó la cabeza furiosamente.
_¡No
me insultes!
La
hechicera lo agarró por el cuello antes de que pudiera huir.
_Ven
aquí, no he terminado contigo aún. Y a mí me parece que Lieh-Pai es un hombre
muy atractivo.
_¡¿Qué?!
–el Guardián Solar no podía creer lo que escuchaba.
_Es
el único de los primos de Ojos Azules que me he molestado en mirar dos veces.
_¡Es
una mugrosa serpiente!
_No,
es una robusta, viril, apuesta serpiente –le guiñó un ojo a Yue_ ¿No te parece,
dulzura?
_¿Uh?
–el ángel plateado parpadeó-. Yo... yo no sé.
_Sé
honesto, dulzura. No me digas que nunca lo has notado.
Yue
parecía completamente perdido, sentado junto a Clow sin atreverse a levantar
los ojos hacia él, sus largas uñas arañando la superficie de la mesa
nerviosamente.
_El
Canciller tiene... una presencia muy distinguida.
Tata
sonrió ante la diplomática respuesta, pero eligió no continuar el juego. Clow
no estaba prestando atención de todos modos mientras dejaba que su mente se
alejara de sus problemas actuales para enfocarse en la primera de tres cartas.
_¿Malas
noticias, Ojos Azules?
_Lady
Wilcox –contestó él sucintamente.
Ella
puso los ojos en blanco.
_Malas
noticias, entonces.
_¿Nos
envía noticias de Gareth? –preguntó Kerberus.
_No.
Me envía un reporte detallado de las prácticas religiosas en las granjas
Brendt.
Tata
frunció sus finas cejas.
_¿Por
qué?
-Teme
que... los ganaderos brendt están arriesgando sus almas por aceptar viles
costumbres que están condenadas por la Iglesia de Inglaterra –citó.
_Creí
que Lady Wilcox era calvinista –señaló Tata.
_Lo
es –aceptó Clow irónicamente_ Sólo que no se ha dado cuenta todavía.
_¿Eso
hace alguna diferencia? –bostezó Kerberus, ofreciendo su cuello al cepillo de
Tata.
_¿Qué
quiere ella, Ojos Azules?
_Mi
ayuda para... guiar a esas almas incautas y perdidas de vuelta al camino de
Verdad y Rectitud –citó otra vez.
_¡¿Tú?!
–la hechicera soltó una loca, vibrante carcajada_ ¡Yo no confiaría en ti para
guiarme cruzando una calle!
_Tata,
por favor…
_¿Y
desde cuándo te convertiste a la Iglesia de Inglaterra?
_Lady
Wilcox me describe aquí como un mago sabio y de buen corazón –dijo Clow
secamente_ Supongo que siempre pensamos que las personas sabias deben compartir
nuestras creencias, o de lo contrario no serían sabias –suspiró_ El hecho es
que ella nunca me ha preguntado cuál es mi religión.
Kerberus
estaba frunciendo el ceño, asombrado.
_No
lo entiendo, Clow. ¿Qué espera ella que hagas con respecto a esos campesinos?
Hasta donde yo sé, no tienes el poder de cambiar la fe de la gente... ¿o sí?
_Ni
siquiera deseo averiguarlo.
_Pero...
_Coerción,
gatito –explicó Tata_ Intimidación. Amenazándolos con magia impresionante,
asustándolos con el poder de los relámpagos, inundaciones, sequía, huracanes...
y prometiéndoles el perdón de dios y buena fortuna si “eligen” cambiar sus
hábitos. Caramba, he visto demasiado de eso en todas partes.
_La
madre de Gareth no haría...
_Sólo
porque no tiene suficiente poder para hacerlo, afortunadamente. Es el dilema
más grande para los portadores de la magia. Al principio están tan fascinados
por las cosas que pueden hacer que nunca se detienen a pensar si esas cosas son
lo que deberían hacer.
Sólo muchas, muchas décadas de práctica pueden darte el conocimiento y la
disciplina suficiente para que puedas decidir sabiamente cuándo interferir y
cuándo dejar que las cosas sigan como están. Y si piensas al respecto, gatito,
comprenderás que los hechiceros más poderosos de todos los tiempos fueron
precisamente los que menos intervinieron en la historia.
_No
estoy seguro de concordar contigo, Tata –murmuró Clow.
La
anciana lo miró con dureza.
_No
me digas que estás considerando aceptar...
_Por
supuesto que no. Sólo estoy diciendo que no estudiamos magia durante tanto
tiempo sólo para tener nuestras casas limpias, nuestros jardines florecientes y
nuestros estómagos llenos. Sería horriblemente egoísta desperdiciar todas
nuestras habilidades y conocimientos en nosotros mismos. Si hemos sido
bendecidos con la facultad de ayudar a otros a encontrar buena fortuna,
tranquilidad, salud, justicia, nuestra omisión es inaceptable.
Tata
estaba sacudiendo la cabeza, claramente decepcionada.
_Y
yo aquí tan feliz de seguir a tu padre...
_Mi
padre nunca negó su ayuda a un necesitado.
_No,
pero sabía que la magia no era la solución para todas las necesidades del
mundo.
_¡No
estoy diciendo eso! –protestó Clow.
_¿Estás
seguro?
Los
dos hechiceros se miraron mutuamente con enojo por un breve instante, hasta que
su irritación quedó disuelta en el cálido confort de la familiaridad.
_¿Sabes,
Tata? No creo que consiga jamás que tú me digas que estoy en lo correcto acerca
de ninguna cosa –rió Clow.
Ella
se encogió de hombros y continuó cepillando el pelaje de Kerberus con una media
sonrisa.
_Nunca
lo estás, esa es la razón.
Sin
embargo, el león no podía quedarse quieto, mientras sus risas de deleite
estallaban en el aire. La actitud extraña, reticente de Clow lo molestaba
grandemente, y el desalentado silencio de Yue indudablemente no mejoraba las cosas para nada,
así que era un alivio tener a la vieja bruja lunar por ahí en un momento como
ese para animar a aquellos dos. Especialmente cuando sus métodos eran tan
divertidos.
_No
te burles de mí, Kerberus –Clow le dio un codazo, y abrió el segundo sobre_ O
no te diré que la otra carta es de Gareth.
Al
siguiente segundo, el Guardián Solar estaba sobre sus patas traseras detrás de
Clow, inclinándose sobre la silla del mago para leer por encima de su hombro.
_
¿Qué dice? ¿Está de vuelta en Cambridge?
Era
difícil para Clow decirlo, con una gran cabeza de león entre él y el papel.
Yue
abrió la boca para censurar a Kerberus por fisgonear la correspondencia de su Amo,
pero la cerró fuertemente antes de emitir un solo sonido. No iba a arriesgarse
a escuchar otro reproche de parte de Clow.
_¡Hey,
todavía está aquí! –exclamó Kerberus, leyendo el encabezado_ Jeh, me pregunto
si su madre no está lista para dejarlo volver todavía... ¿No tendrá problemas
en la escuela por estar lejos tanto tiempo?
_Trataré
de averiguarlo tan pronto como me dejes leer la carta –sonrió Clow.
_¿Huh?
¡Oh! –el león desmontó de la silla del mago y regresó a los cuidados de Tata_
¡Pero léela en voz alta!
Clow
no lo hizo. Como siempre, el estilo de Gareth era largo, verboso, demasiado
anecdótico y muy reluctante a llegar con precisión a algún objetivo, algo para
lo que no estaba de humor en ese momento. Dejó correr su mirada rápidamente por
las ocho páginas de pequeña y florida caligrafía, buscando el verdadero
contenido, prometiéndole a Kerberus que le dejaría leerla más tarde.
En
la última página, en el ultimísimo párrafo, estaba la verdadera razón detrás de
la misiva de Gareth.
_Es
el colmo, ella se lo está tomando demasiado seriamente –gruñó Clow.
_¿Qué?
¿Quién?
_Lady
Wilcox. Gareth dice que ya empezó su estrategia de intimidación.
_¿Qué
está haciendo? –inquirió Tata.
_Gareth
describe un nuevo ser creado por ella... un pequeño insecto con forma de
orquídea. Aparentemente algo exquisito, a juzgar por lo que dice él, pero con
un voraz apetito por los granos de trigo...
La
anciana no pudo ocultar su sorpresa.
_¡¿Entonces
ella tiene suficiente
poder?!
_Algunos
granjeros han perdido la quinta parte de sus cosechas –les dijo Clow_ Pero ella
todavía piensa que sus Orchaide, como
los llama Gareth, son demasiado lentos para sus propósitos, y crear otro
tomaría demasiado tiempo...
_…
y es por eso que ella pidió tu ayuda –concluyó Tata amargamente-. Porque su
versión del castigo divino no es bastante convincente.
Kerberus
estaba en shock.
_¡¿Qué
le pasa a ella?! Es completamente extraña y estridente, y algunos de sus
caprichos repentinos pueden hacer que incluso Clow parezca un hombre soportable...
¡¿pero esto?!
Clow
tenía una sospecha o dos acerca de eso. Lady Wilcox siempre había sido una
mujer ruidosa y dogmática desde que podía recordarla. Sin embargo, algo había
ido cambiando gradualmente a lo largo de los años, algo profundo y sutil, desde
que perdiera a su esposo por una ridícula pendencia con un sirviente enfurecido
que devolvió con una afilada espada un insulto innecesario a su honor. Ya no
hubo nadie más con quien pudiera contar y sólo un hijo para ofrecerle su
corazón. Un hijo que irremediablemente había crecido lo suficiente como para ir
a una universidad a muchas millas de distancia, lo suficientemente mayor como
para querer y necesitar independencia, pero todavía demasiado joven como para
comprender que realmente no necesitaba romper todos los lazos con...
Hizo
un alto en esa línea de pensamiento, estremeciéndose. Tópico peligroso. Uno que
Tata podía volver fácilmente en su contra si lo decía en voz alta.
Lady
Wilcox había cambiado, punto y aparte. Y su creciente soledad probablemente
tenía mucho que ver con la expansión de sus rarezas y estridencia.
_Bueno,
esa es exactamente la clase de molesto hechicero de la que estaba hablando
–escupió Tata_ Cree que la Verdad y el Poder están de su parte, ¿así que por
qué no usar el segundo para garantizar la primera?
_La
parte triste es que debe estar genuinamente preocupada por las almas de los
granjeros –suspiró Clow_ Si cree genuinamente que lo que haces es ofensivo para
el Dios al cual reza ella.
Tata
gruñó, pero no dijo nada.
_Al
menos Gareth también está mostrando genuina preocupación por la situación en
Brendt –señaló el hechicero_ Y eso es exactamente a lo que yo me refiero al hablar sobre
ayudar a otros a encontrar justicia. Él no es un mago, pero si lo fuera estoy
seguro de que usaría sus talentos para hacer lo correcto. Estoy seguro de que está usando todos los talentos que
tiene para hacer lo correcto.
_¿Cómo
llamarte para que lo ayudes? –preguntó Tata, cáusticamente.
_Si
conozco a Gareth, está haciendo mucho más que eso –contestó Kerberus
confiadamente.
Clow
asintió.
_Después
de todo, aún si no está genuinamente preocupado por las cosechas o quién es el
dueño de la Verdad, está verdaderamente enamorado de una linda morena cuyo
padre es una especie de clérigo o druida en Brendt –continuó el Guardián Solar_
Incluso ha estado hablando de matrimonio, ¿saben?
Los
dos hechiceros se congelaron. Yue estaba atragantándose con eso.
Sintiendo
el abrupto silencio, Keberus miró a las personas a su alrededor con
exasperación.
_¿Qué?
_¡Caramba!
–boqueó Clow.
Tata
se recostó en su silla y fingió una mirada pensativa.
_Dime,
Ojos Azules... ¿tú crees que el joven Gareth pensando en casarse fuera de la
religión de su madre puede tener un poquito que ver con todo esto? –el sarcasmo
prácticamente goteaba de su lengua.
_¡No
puedo creerlo! ¡No puedo creerlo! –estalló Clow_ ¡¿En qué están pensando?!
La
anciana se encogió de hombros.
_Me
parece que creen que eres un mago sabio y de buen corazón, quien es todavía lo
suficientemente ingenuo como para ser manipulado por cualquiera que aparezca
hablando inteligentemente de buenas intenciones. Y no estoy segura de que estén
equivocados.
Clow
se puso en pie y caminó alrededor de la mesa mientras su sangre corría
violentamente a su cabeza y miembros, haciéndole imposible el permanecer
sentado.
_¡Absurdo!
Esto va más allá de todas las discusiones sobre ética que podamos tener. ¡Es un
juego sucio, absolutamente irresponsable!
En
silencio, Tata jugó con el esponjoso pelo en la punta de la cola de Kerberus
por unos pocos minutos, dándole a Clow tiempo para enfriarse. Honestamente,
encontraba difícil llenar su corazón con tanta indignación, a pesar de la obvia
cobardía en el uso de magia para atacar las cosechas de granjeros indefensos.
Ciertamente ya había visto demasiado de eso, y Lady Wilcox simplemente no era
peor ni mejor que la gran mayoría de los magos alrededor del mundo. Tata no era
demasiado vieja como para preocuparse, pero se sentía demasiado vieja como para
creer que había una forma de remediarlo. Ese tipo de maldad egoísta parecía
estar esculpida en la esencia misma de la humanidad para ser como era. Muy
pocos trataban de luchar en contra de este rasgo fatídico, y eran menos todavía
los que tenían algún éxito en ello.
Además,
a pesar de que ella y Lady Wilcox difícilmente podían ser consideradas amigas,
tenían demasiado en común como para facilitarle a Tata el señalar a la otra.
Dos mujeres en los últimos años de sus vidas, mujeres solitarias que una vez
habían amado apasionadamente, trabajado intensamente, respirado con deleite,
disfrutado los beneficios de la existencia como si crecieran de un árbol
inmortal que nunca las dejaría hambrientas... Dos brujas que ahora tenían que
aproximarse al final de sus caminos con la agria comprensión de que no dejaban
herederos para su magia (¡pobre Gareth!), nadie para continuar sus trabajos,
ninguna marca para la posteridad, ninguna señal de que su pasión, intensidad y
deleite habían significado más que una brisa efímera sobre la hierba.
Dos
mujeres desesperadas por construir algo bueno, algo de lo cual estar
orgullosas. Tata se había enfocado en el hijo de su querido tutor, y había
tratado de al menos estar segura de que él seguiría un camino para la felicidad
cuando ella dejara su vida. Pero eso implicaba suponer que conocía lo que era
mejor para él, justo como Lady Wilcox suponía saber lo que era mejor para
Gareth y los granjeros Brendt...
Una
buena razón para nunca ofrecerle a Yue una poción de amor. Si Tata se
equivocaba sobre sus presunciones, entonces con suerte el destino lo probaría.
El simple hecho de que supiera cómo dominar la naturaleza no significaba que
supiera cuándo hacerlo.
Yue
contemplaba el frenético caminar de su Amo, muda ansiedad agrandando sus ojos
felinos, mientras Kerberus se preguntaba qué clase de bicho malevolente había
picado a Clow esa mañana. El loco mago no le había gritado a Yue (a ninguno de
ellos, en realidad) en años, no desde la vez que los dos Guardianes habían
tenido una desagradable pelea acerca del sabor de la nieve. Yue había llamado a
Borrar para hacer desaparecer el suelo bajo los pies de Kerberus, y el león le
había pedido ayuda a Creadora para producir una variada cantidad de objetos
pesados para dejarlos caer sobre la cabeza del ángel... reformando, como
consecuencia, la composición de la casa de Clow en Japón... ya saben, solamente
un poquitito...
Y
aún entonces Clow podría haberlo encontrado divertido... si tan solo Borrar no
se hubiera deshecho de su biblioteca completa, y Creadora no hubiera dejado caer
la cabeza de la Esfinge egipcia en su baño...
Como
fuera. Clow le había gritado a Yue entonces. Bueno, a los dos. Y el mago ni
siquiera los había ayudado a arreglar las cosas, ni les dejó usar las Cartas
para eso. Sólo les sonrió otra vez después de que su bañera fue reparada, cinco
semanas después. Las cinco semanas más largas en la vida de Kerberus, y no
quería imaginar el infierno que habían sido para Yue. El fastidioso Guardián
Lunar era demasiado sensible al humor de su Amo.
Así
que fuera lo que fuera lo que estaba molestando a Clow ahora, Kerberus deseaba
que lo dejara pronto en paz. Un Clow de mal humor significaba tristeza y
aburrimiento en toda la casa.
Eventualmente,
el hechicero dejó de caminar, volviendo a pararse cerca de la mesa.
_¿Yue?
El
ángel plateado casi saltó.
_¿Sí,
Amo? –respondió Yue, tentativamente, todavía sin mirarlo a la cara.
No
era algo que Clow hubiera notado, ya que todavía no podía encarar a su alondra
lunar tampoco.
_¿Escribirías
una respuesta a los Wilcox en mi lugar? Mis manos están temblando.
El
Guardián lucía como alguien completamente distinto después de la petición de
Clow, suavemente pronunciada. No era completamente su yo usual todavía, pero al
menos el más pálido tono de rosado tiñó sus mejillas, sus plumas se agitaron
con satisfacción, y una amenaza de sonrisa brilló en sus labios.
_Por
supuesto, Amo.
Mientras
Yue tomaba la pluma y papeles y se preparaba para el dictado, Clow abrió el
tercer sobre, con su mente completamente concentrada en elaborar educadas pero
fuertes frases para expresar sus sentimientos sobre todo el asunto de las
granjas Brendt. Valoraba la amistad de los Wilcox y no quería perderla, pero
había límites. Tenía que haber límites. Para su paciencia y para la
irresponsabilidad de ellos.
Tata
suspiró tristemente. Esa hermosa mañana le había prometido un alegre, agradable
día, y de alguna manera todo se había ido ahora por el desagüe. Masajeó el
cuello de Kerberus con gran cuidado, preguntándose si podía contar con la
complicidad del Guardián Solar en un plan para restaurar el buen espíritu de la
casa...
Yue
indicó que estaba listo. La hechicera estaba segura de que su caligrafía sería
insoportablemente irreprochable, una obra de arte digna de ser enmarcada y
colgada en el muro ante la cama del Rey, tan ansioso estaba el ángel de
complacer a su Amo.
_Recibí
su carta –dictó Clow en chino_ Partiré inmediatamente. Cuenten con mi arribo en
no más de veinticinco días.
Yue
parpadeó.
_¿Debo
escribir a los Wilcox en chino?
Kerberus
estaba todavía más intrigado.
_¿Estás
planeando arrastrarte todo el camino hasta la propiedad de los Wilcox? No hay
manera de que te tome veinticinco días llegar hasta ahí si partes
inmediatamente.
Tata
miró perpleja a Clow, asombrada por lo rápido que parecía haber recobrado su
absurdo sentido del humor...
...pero
no había humor en él para nada. Una masiva, tenebrosa aura lo envolvía por
completo, causando que la temperatura a su alrededor cayera bruscamente,
haciendo que el más atemorizado estremecimiento llegara hasta los huesos de
ella. Trató de decir su nombre, y descubrió que su voz se había ido.
Clow
cerró los dedos, arrugando el solitario papel que componía la tercera carta, la
que acababa de leer.
_Volvemos a
Hong Kong –siseó.
_¿Otra
vez? –Yue tragó saliva. Clow lucía todavía más furioso que antes. Y estaba
emitiendo a sus Guardianes la sensación de peligro, de necesitar su protección,
¡pero Yue no podía encontrar ninguna amenaza a su alrededor!
_¿Qué
hay de Gareth y las granjas Brendt? –Kerberus frunció el ceño.
Tata
tuvo que reunir un gran coraje para luchar contra esa aterrorizante mudez que
la había dominado.
_Ojos
Azules... si se trata de tu madre convocándote otra vez –señaló la carta
arrugada_, déjame tratar con ella. La vieja bruja siempre está saliendo con los
más oscuros ultimátums, pero puedo...
_Se
ha ido, Tata –replicó Clow, abundantes lágrimas venciéndolo por fin-. Mi madre
ha muerto.
***
Nota de la autora
9 de abril, 2002.
*No puedo encontrar ningún lugar llamado Brendt en
el Atlas, así que espero que sea un lugar enteramente ficticio, ubicado en mi
mente hiperactiva.
*No hay intención de ofender en ninguna forma a los seguidores de religión alguna. Tristemente, encontramos personas como Lady Wilcox en todos los grupos religiosos/políticos/sociales, en todos los países, a lo largo de toda la historia.
*No hay intención de ofender en ninguna forma a los seguidores de religión alguna. Tristemente, encontramos personas como Lady Wilcox en todos los grupos religiosos/políticos/sociales, en todos los países, a lo largo de toda la historia.
(Revisado por última vez el 25/08/2018)
No hay comentarios:
Publicar un comentario