Shaoran finalmente
se acercó hasta donde estaba su alumna, quien lo saludó alegremente. El joven
vampiro alcanzó a ver a Tomoyo, que rápidamente desaparecía del lugar. Eso le
hizo molestar ya que creyó que Sakura le había desobedecido.
_ ¡Shaoran! ¡Qué
alegría!_ gritó la flor de cerezo_ ¿Qué haces aquí? Creí que no nos veríamos
hasta mañana.
_ ¿Qué hacía Tomoyo
contigo? ¿Acaso no te advertí que
tuvieras cuidado con ella?_ exclamó el muchacho con fuerza.
_Lo siento…_murmuró
la chica, extrañada por la actitud de su maestro.
Shaoran vio cómo el
miedo se reflejaba en los ojos verdes de Sakura. Entonces lo entendió: su
alumna no había cambiado, a pesar de ser una hija de la noche ahora. Así que
respiró profundamente y dejó escapar un suspiro, ya que nada podía hacerse para
cambiar lo ocurrido. Además, él no quería que la muchacha cambiara, sólo que
tuviese más cuidado.
_Está bien…_suspiró
Li, resignándose a la situación_ ¿Tomoyo sabe si tú eres un vampiro?
_No, creo que no.
_De acuerdo, ahora
regresa a tu casa. Mañana entrenaremos todo el día, así que debes descansar.
_Está bien, nos
vemos mañana_ dijo la chica tímidamente mientras se alejaba lentamente.
_Kinomoto…
_ ¿Sí?
_Me alegra verte
bien_ murmuró Shaoran sonriéndole.
Fue esa sonrisa lo
que borró la tristeza que la muchacha tenía. Pero a pesar del regaño de su
maestro, Sakura aún estaba convencida de que la joven Daidouji no tenía
intenciones de dañarla. Pero debía tener cuidado, ya que no sabía cómo reaccionaría
Tomoyo cuando se enterase de que tenían más en común de lo que ella creía.
Poco tiempo después
la amatista llegaba a la mansión. Se sentía muy confundida por los sentimientos
que estaba comenzando a desarrollar por su nueva amiga. No era la primera vez
que conocía un alma pura, ya que era su trabajo atraer ese tipo de chicas para
su ama, pero la pequeña Kinomoto era diferente. Sakura era muy alegre, dulce y
amable, algo que hacía tiempo no encontraba en una joven. Sentía la impetuosa
necesidad de estar con ella, quizás el término “amiga” volvía a tener significado para la bella vampiresa.
_ ¿Tomoyo, eres tú,
mi amor?_ la seductora voz de Lilith se
escuchó por toda la mansión, sacándola de sus pensamientos.
_Sí, mi señora. ¿Qué
se le ofrece?_ dijo la amatista, respondiendo a la llamada.
_ ¿Dónde estabas,
querida?_ pregunto la atractiva vampiresa.
_Yo estaba…recorriendo
la ciudad para recolectar información del ángel nocturno.
_Ya no hará falta
que salgas otra vez, amor. ¡Él vendrá a mí por su propia voluntad!
_ ¿Él vendrá?
_Así es, le haré una
invitación que no podrá rechazar_ dijo la malvada vampiro, sonriendo
diabólicamente_ Pero primero debo esperar a mis chicos, que fueron por otro
invitado.
_ ¿Otro invitado?
¿Puedo saber de quién se trata?_ pregunto Tomoyo, algo confundida.
_Es una sorpresa,
sólo te diré que es un viejo conocido de ambos.
La seductora
vampiresa rió de una forma tan sutil como al mismo tiempo endemoniada, que la
bella Tomoyo no pudo evitar sentir temos hacia su ama. Una malévola idea estaba
formándose en la mente de Lilith, por la cual Shaoran llegaría a su lado muy
pronto.
El amanecer llegaba después
de una larga noche, marcando la llegada de un nuevo día. El sol se asomaba a
través de la ventana de la pequeña Sakura, sacándola de sus sueños. Era sábado y
sabía perfectamente que sería uno de esos días pesados. Desde que tomó la vida
eterna de las manos de su maestro de química, cada vez que tenía tiempo libre
lo dedicaba a entrenar bajo la estricta mirada de Shaoran.
A pesar de ello, se
sentía a gusto haciendo ese entrenamiento ya que pasaba muchas horas extra al
lado de su profesor, lo cual le llenaba el corazón de alegría. Sakura lentamente
se vestía para bajar luego a desayunar con su familia. Era extraño cumplir con
ese normal rito familiar; desde que se convirtió en vampiro la comida ya no la
satisfacía, le sabía a nada. Lo único que aún podía disfrutar era la carne, ya
que era lo más cercano a beber sangre que podía encontrar sin que su sed de
sangre se despertase. Pero igualmente disfrutada compartir ese momento con sus
seres queridos.
_Buenos días Sakura,
¿descansaste?_ preguntó su padre sonriéndole, mientras terminaba de servir el
desayuno.
_ ¡Buenos días papá!
Sí, gracias._ respondió la muchacha con su habitual alegría al mismo tiempo que
se sentaba a la mesa_ Eso huele delicioso.
Su padre, Fujitaka
Kinomoto, era un prestigioso historiador que trabajaba en la universidad de
Tokio. Era amable, dulce y vivía únicamente para su amada esposa y sus dos
hijos: Sakura y su hermano mayot Touya.
_ Sakura ¿te
encuentras bien?_ preguntó la mamá de la chica con algo de preocupación_ Últimamente
he notado que estás comiendo menos que antes.
Su madre, Nadeshiko,
se había casado con Fujitaka poco tiempo después de salir de la secundaria. Se conocieron
allí, cuando el señor Kinomoto era solamente un profesor novato y ella su joven
alumna y, a pesar de la oposición de ambas familias, decidieron vivir sus vidas
juntos.
_Eh…lo que pasa es
que…estoy a dieta_ respondió la flor de cerezo disimuladamente.
_No sabía que los
monstruos se ponían a dieta_ comentó su hermano burlándose, al entrar en la
cocina.
_ ¡No soy un
monstruo, Touya!_ gritó Sakura, molesta por el comentario.
_Ya basta, chicos_
sonrió Fujitaka, mientras calmaba a sus hijos.
Sakura quedó molesta
un minuto, antes de volver a comer aquellos alimentos que ahora no tenían ningún
sabor para ella. A su hermano siempre le gustó fastidiarla, lo hacía desde que
era pequeña. Pero en el fondo la flor de cerezo sabía perfectamente que Touya
la quería y siempre la protegería. Aunque ahora fuera más fuerte que él.
Mientras tanto, en
la mansión a las afueras de Tomoeda, todos los vampiros descansaban en la
oscuridad del sótano. Todos excepto Lilith, quien dormía en su habitación privada,
protegida de la luz del sol. Tomoyo también tenía su propio cuarto, contiguo al
de su ama, el cual ocupaba cuando su malvada maestra no deseaba ser molestada.
Ese día la joven
amatista no lograba conciliar el sueño, sus pensamientos estaban dirigidos
hacia Salura. No podía hacerse a la idea de que ya no podría verla, necesitaba
su compañía. Pero su ama ya no le otorgaría más permiso para ir a la ciudad,
así que la única solución sería ir en contra de su maestra y por primera vez
bebería sangre que no fuese la de Lilith. Convertiría a la chica de ojos de
jade en una hija de la noche y así compartirían la eternidad juntas.
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