Casi ya era de mañana, y en la alejada
mansión a las afueras de la ciudad de
Tomoeda, la joven amatista entraba en las habitaciones de su ama Lilith. La
cruel y seductora vampiresa esperaba
pacientemente a su protegida, quien había salido con la misión de
encontrar al ángel nocturno. Tomoyo se notaba preocupada, ya que había fallado
en el encargo.
_Tomoyo, mi dulce
niña_ dijo seductoramente la dama vampiro_ Cuéntame cómo te fue.
_Perdóneme por
favor, mi señora, pero…he fallado_ murmuró la joven de ojos azules.
_Déjame juzgarlo a
mí, pequeña_ respondió Lilith sonriéndole_ Cuéntame por favor.
Tomoyo le relató
todo lo ocurrido esa noche, poniendo énfasis en la batalla entre Shaoran contra
Kyosuke. Todo excepto su encuentro con Sakura y sus amigas, eso se lo guardó
para ella. Mientras continuaba su relato, su ama escuchó con gran atención, y
de cierta manera se sintió muy orgullosa de que su pequeño lobo se hubiera
convertido en un ser tan fuerte.
_Ya veo…_ murmuró la
diosa de la muerte pensativamente.
_Perdóneme por
favor, no pude ayudar a Kyosuke_ dijo la joven amatista avergonzada_ Por mi
culpa él cayó derrotado.
_No te preocupes mi
amor, no tienes la culpa. Kyosuke era un imbécil y su descuido lo llevó a su
fin_ explicó la vampiresa, mientras acariciaba el rostro de su protegida_ Además,
odiaría que algo le pasase a mi pequeña joya amatista.
_ ¿De verdad…mi
señora…?
_Claro. ¡Nunca lo
dudes!_ dijo mientras caminaba sensualmente hacia su amplia cama.
La atractiva demonio
lentamente fue despojándose de las prendas que la cubrían ante la atónita
mirada de Tomoyo, encantada como un embrujo, mientras la invitaba a sentarse a
su lado. La joven Daidouji sabía qué significaba aquella ceremonia: la invitaba
a beber de su sangre, algo que le era irresistible, tanto que la chica no se
atrevía a beber de otro ser para no ensuciar el regalo tan puro que su ama le
ofreció. Lentamente Tomoyo se acercó a su ama, ya con sus ojos color rojo y sus
delicados colmillos emergiendo de su boca. Mordió la piel de Lilith y bebió su
sangre color rubí. A la vampiresa siempre le gustó sentir el placer del dolor,
fuera el suyo propio o el de los demás seres.
Mientras, en el
departamento de Shaoran, Sakura estaba dando vueltas desde hacía horas. Caminaba
de un lado a otro de la sala; no podía calmarse, no lo haría aunque quisiera,
ya que estaba preocupada por su maestro: no sabía noticias de él y no
contestaba su celular; aunque Li no llevaba encima cuando salía a recorrer las
calles, detalle que la chica había olvidado, y cada minuto que pasaba la
angustia aumentaba más y más. Hasta que sintió su corazón latir fuertemente,
signo que indicaba la cercanía del héroe, quien entraba por el ventanal de su balcón.
_ ¡Shaoran!_ gritó
la pequeña flor de cerezo al verlo.
Antes de que él
pudiera decir algo la muchacha de ojos de jade lo abrazó fuertemente, como si
no quisiera dejarlo ir jamás. Ese gesto sorprendió mucho al joven vampiro, ya
que no había recibido una demostración de afecto tan fuerte desde la muerte de
su esposa Ying Fa. Eso le hizo sonrojarse, algo de lo que Sakura
afortunadamente no se percató.
_ ¡Shaoran! ¡Estaba
tan preocupada por ti! ¡Me alegra tanto que estés bien!_ murmuró la chica sin
soltarlo.
_ ¿Te encuentras
bien Kinomoto?_ preguntó Shaoran mientras la abrazaba suavemente.
_Sí…_suspiró ella_
Es que ese vampiro me causó mucho temor…
_ ¿Por qué lo dices?
_No lo sé, sólo me dio
demasiado miedo sólo con verlo…
_No llores…
Una lágrima
solitaria rodó por la mejillas de la muchacha, la cual fue atrapada
delicadamente con la punta de los dedos del joven Li. Sakura lo miró a los ojos
profundamente y en el rostro de su maestro, que siempre conservaba una expresión
seria, vio lo que parecía una sonrisa.
_¿Más tranquila
ahora?_ preguntó Shaoran dulcemente, cuya respuesta llegó de su alumna con un
gesto de cabeza_ Entonces vete a tu casa, ya está amaneciendo.
En ese momento Sakura
regresaba a la realidad, encontrándose abrazada, de manera muy afectiva, a su profesor.
Rápidamente se separó, sin controlar el sonrojo de su rostro. No podía creer lo
que había hecho. “¿Qué pensará Shaoran de
mí ahora? ¡Creerá que soy una atrevida!” pensó la chica mientras se alejaba
sin mirarlo. Su corazón no dejaba de latir fuerte, tan fuerte que parecía que
se saldría de su pecho. Definitivamente, algo sentía por su profesor.
Shaoran pensaba,
mientras veía cómo su alumna salía de su departamento muy torpemente, y
meditaba todo lo ocurrido esa noche. La presencia de Tomoyo le daba la
seguridad de que, después de tanto tiempo, podría encontrar a la vampiresa que
lo comenzó todo. Pero otra cosa lo pertubaba: Sakura.
Su pequeña alumna
empezó a dar señales de tener más sorpresas dentro de ella; quizás aún no había
conseguido dominar sus nuevas habilidades en su totalidad, pero ciertamente
Sakura no era una vampiresa normal. No entendía ese lazo especial que tenían
ambos, aquel que le permitía saber dónde estaría exactamente su pupila. Además,
la chica de ojos de jade pudo saber la fuerza de Kyosuke sólo con verlo, algo
que sólo podía hacer Tomoyo con precisión. Y tampoco sabía si la protegida de
Lilith había descubierto la verdadera identidad de Sakura; debía estar atento a
lo que sucediera de ahora en más.
Necesitaba aclarar
sus ideas y para ello necesitaba la sabia guía de su maestro Eriol Hiraguizawa.
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