Un fuerte
estremecimiento cruzó por todo el cuerpo de la chica de ojos verdes que, por un
instante, eran de un rojo intenso. Sakura había captado la presencia de un
vampiro y al parecer cerca de su hogar, pero esta vez era diferente de aquel
engendro que la atacó noches atrás. Lo sentía más amigable, más dulce,
diferente al difunto Kyosuke, y eso la confundió.
Debía salir a
averiguar quién era el dueño de esa presencia, pero su familia estaba en casa:
su hermano estaba estudiando en su dormitorio, su madre tejiendo en la sala y
su padre trabajando en el estudio. Así que con mucho cuidado se escapó de su
cuarto, saliendo por la ventana de éste y deslizándose por el techo. Con su
agilidad natural, que ahora poseía y que Shaoran le estaba enseñando a usar,
bajó por el árbol cercano a su habitación, cruzó rápidamente el patio y saltó
sobre el cerco en silencio. Su maestro la había instruido bien.
Mientras, por su
lado Tomoyo también estaba intentando localizar a ese engendro que se rehusaba
a ser encontrado; ya que cada vez que creía estar cerca, parecía que esa
presencia desaparecía otra vez. Fue hasta que la amatista llegó a un barrio a
las afueras de la ciudad donde perdió el rastro; desconcertada se detuvo en una
esquina intentando ubicar al vampiro nuevamente. Fue en ese momento cuando
divisó a alguien que no esperaba ver, a esa persona que no podía sacar de su
cabeza: Sakura.
La flor de cerezo
también vio a la amatista, que estaba debajo de la luz de un farol. Había algo
que no entendía: si sabía perfectamente que Tomoyo era una vampiresa ¿por qué
no sentía temor? Es más, le caía bien.
_Hola, Sakura. ¡Qué
bueno es verte!_ saludó la chica de ojos oscuros, sonriéndole dulcemente.
_Hola Tomoyo. ¿Qué
haces aquí?_ preguntó la flor de cerezo, aún sorprendida.
_Yo…paseaba por la
ciudad_ respondió la muchacha amatista algo nerviosa_ ¿Y tú?
_Yo…venía de casa de
una amiga.
_ ¿Estás ocupada
hoy? Me encantaría saber si podemos ir a divertirnos un rato_ propuso Tomoyo
alegremente.
_Perdona, pero tengo
que terminar las tareas pendientes del instituto.
_Te entiendo_
suspiró la muchacha de ojos azules, desilusionada.
Sakura se percató de
la extraña tristeza de la joven Daidouji, que se parecía más a un anhelo de
recuperar algo perdido hacía mucho tiempo.
_Perdóname si te
molesté…_dijo Tomoyo mientras se alejaba poco a poco_ Mejor me voy.
_Tomoyo… ¿acaso tú
no tienes amigos?_ se atrevió a preguntar la chica de ojos de jade.
_Este… ¡Sí! ¡Tengo
millones de amigos!_ le respondió la jovencita, visiblemente nerviosa_ No te
preocupes.
_Creo que me mientes…
La amatista suspiró
al verse descubierta por Sakura; no pudo ser lo suficientemente convincente con
esa chica con la cual se sentía completamente al descubierto.
_La verdad…es que no
tengo amigos_dijo Tomoyo mientras apoyaba su espalda contra una pared cercana.
_ ¿Quieres contarme?
_Es…complicado.
_Bueno…si no quieres
contarme, está bien_ murmuró la flor de cerezo_ Pero si quieres hablar puedes
buscarme.
_Gracias.
En ese instante
ambas chicas se estremecieron al sentir la fuerte presencia de un vampiro;
supieron perfectamente de quién se trataba. A lo lejos se podía divisar la
figura de Shaoran montando en su poderosa motocicleta, se acercaba a gran
velocidad. El corazón de Sakura se llenó de emoción al sentir su presencia, en
cambio el nerviosismo de Tomoyo iba en aumento: no estaba en condiciones de
enfrentar un combate contra Li, y además no quería revelar su verdadera
naturaleza a la chica Kinomoto, al menos no pot ahora.
_Sakura, debo irme
ya_ dijo la amatista, muy nerviosa_ Te veo después.
_ ¿Estás bien
Tomoyo?_ preguntó la flor de cerezo, algo preocupada.
_Sí, no te
preocupes. ¡Adiós!_ se despidió la muchacha de cabellos oscuros antes de
desaparecer en los profundo del cielo nocturno.
La chica de ojos
color jade la vio desvanecerse dejándole muchas preguntas sin respuesta: ¿por
qué sentía que el alma de Tomoyo estaba tan llena de tristeza? ¿Acaso la amatista
había descubierto que ella era un vampiro?¿Sería por eso que buscaba tan
desesperadamente su amistad? A pesar de todo el misterio que rodeaba a la
doncella de ojos azules, Sakura creía en lo más profundo de su corazón que
Tomoyo no era mala.
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