jueves, 4 de enero de 2018

Capítulo 16: Un viejo amigo

La tranquilidad de un pueblo escondido en las montañas era drásticamente interrumpida por una motocicleta que, y ha muy alta velocidad, cruzaba sus pequeñas calles de tierra. Aquel vehículo se detuvo en una hermosa mansión de estilo antiguo, y su ocupante se dispuso a ingresar en ella. En el interior de esa peculiar casa se encontraba un joven de cabellos oscuros y ojos negros cubiertos por gafas, que se encontraba concentrado en cuidar sus bonsáis, su más preciada posesión.
_Es bueno volverte a ver, amigo mío_ dijo el joven de gafas sin ver a su visitante.
_También me alegra verte, Eriol.
_Pero debes de ser más cuidadoso Shaoran, sentí tu presencia desde hace tiempo. Pero claro, la cautela no es algo natural en ti_ explicó el enigmático joven_ No creí que estuvieras de regreso en Japón. ¿Qué te trae ahora a mí después de tanto tiempo?
_Necesito tu ayuda.
_Si es por tu venganza, ya sabes lo que pienso al respecto.
_No…no es sobre eso_ aclaró Shaoran seriamente_ Se trata de…mi alumna Sakura.
_ ¿Tienes una alumna? Me sorprendes, amigo.
_Quiero pensar que fue el destino el que quiso que fuera el maestro de esa chiquilla, como tú lo fuiste para mí.
Inevitablemente los recuerdos de aquellos días llegaron a la memoria del joven justiciero cuando, hace más de ciento  ochenta años atrás, sus caminos se cruzaron. Aquella noche a las afueras de la ciudad de Kyoto, un frío invierno de 1828, un joven que regresaba a su hogar se encontró a un Shaoran malherido, producto de un enfrentamiento con otro engendro que resultó ser más fuerte que él, casi enterrado en la nieve. Aquel muchacho llevó a esa persona lastimada a su hogar donde su patrón, una persona llamada Eriol Hiragizawa, lo recibió y dio ayuda a aquella alma en desgracia.
Cuando Shaoran despertó de su sueño se encontró con Eriol, quien le contó cómo el joven lobo había sido encontrado en la nieve.
_No debieron ayudarme, soy muy peligroso para ustedes_ afirmó Li_ Soy peligroso para todos…
_ ¿Por qué dices que eres peligroso, si eres igual a mí?_ preguntó Eriol, con cierto tono de sarcasmo.
En ese momento y ante la mirada incrédula de Shaoran, el joven Hiragizawa mostró su verdadera apariencia, dejando claro que también era un vampiro; uno que ya había vivido por más de seiscientos años hasta ese momento. Li enseguida tomó la postura de pelea, mostrando sus colmillos ante el monstruo que tenía enfrente de él, pero de inmediato Eriol volvió a tomar su forma humana, aclarando que no tenía las mínimas intenciones de combatir en contra de su visita.
_Recuerdo que, hasta ese día, jamás creí encontrar a otro vampiro que detestara tomar la vida de las personas_ dijo Shaoran, quien salía de los recuerdos de su pasado.
El joven Li admiraba la convicción de su maestro pues, y a pesar de ser un hijo de la noche, hacía mucho tiempo que decidió convivir en paz con el resto de la humanidad, todo eso gracias a las enseñanzas del Bushido*. Bajo ese antiguo código, Eriol enseñó el camino del samurái a Shaoran, quien no sólo se convirtió en su mejor estudiante si no también en uno de sus mejores amigos.
_Tu vida fue marcada por la tragedia, amigo mío, por eso decidí ayudarte a encontrar la armonía y el equilibrio_ respondió Eriol, quien invitaba a su visita a caminar por el jardín_ Ahora dime más sobre tu alumna.
_Bueno…ella está mostrando habilidades que no había visto antes en un vampiro_ explicó Li al tiempo que seguía a su maestro por el sendero de flores_ Ella puede sentir la fuerza de los vampiros que ve.
_Esa es una habilidad  rara, aún en un vampiro_ afirmó el joven de gafas.
_Sólo conocía que Tomoyo Daidouji tenía esa habilidad, además…
_ ¿Además qué?
_No puedo percibir su esencia de vampiro.
_ ¿Cómo es eso?_ preguntó Eriol, sorprendido por esa noticia.
_No sé cómo es que eso ocurre pero no siento su presencia, aun cuando Sakura toma su apariencia de vampiro…su presencia es nula.
_O su humanidad es demasiado fuerte_ añadió el muchacho de gafas.
_Pero… ¿cómo es eso posible, Eriol?_ preguntó Shaoran, confundido.
_Sakura, ¿fue convertida por la fuerza?
_No, ella misma eligió que la convirtiera.
_Ya veo…_murmuró Eriol pensativamente_ ¿Sabes? Me encantaría conocerla.
_Es…una chica especial_ murmuró el joven, sonriendo levemente al pensar en ella.
Ya era casi de noche y las estrellas empezaban a salir en el cielo. Un leve estornudo sacudió la pequeña nariz de Sakura, haciéndola pensar inmediatamente en que alguien hablaba de ella. Ahora se encontraba terminando algunas tareas pendientes del instituto; tontamente creyó que al tener una relación cercana con el apuesto profesor de química se salvaría de estudiar. ¡Qué equivocada estaba la chiquilla!
_Shaoran… ¿Por qué no puedo dejar de pensar en él?_ murmuró la jovencita en un suspiro.
Era verdad: cada momento que pasaba, más pensaba en su maestro. No sabía qué era lo que le ocurría pero sabía que ya no era sólo admiración, era más…mucho más. Pero últimamente no había podido estar con Shaoran más tiempo del que ella quería, estaba más distante y pensativo que antes. Todo aquello desde que aquella noche conoció a Tomoyo…
Tomoyo, la otra persona que ocupaba sus pensamientos. Le resultó una chica muy amable y dulce, pero a la vez demasiado enigmática. Tenía la sensación de que había algo en ella que le era particular, especial diría. Esperaba que en el futuro tuviera la oportunidad de conocerla aún más.
Mientras, en las calles de la ciudad, la enigmática Tomoyo caminaba sin rumbo sumida en sus pensamientos. No podía sacarse de su mente a aquella chica de ojos color jade; la había cautivado de una forma que jamás había esperado. Quizás aquella amabilidad natural de Sakura despertó algo que la amatista creía que tenía muerto; deseaba verla de nuevo, conversar, y pasar un rato ameno juntas…como amigas.
En ese instante, Tomoyo volvió a percatarse de esa presencia del vampiro de la otra noche, esa que parecía desaparecer en el aire y que ahora era menos perceptiva todavía. Velozmente, y de un gran salto, la joven de ojos azules se ubicó sobre el edificio más alto que pudo encontrar, y desde allí trató de percibir mejor a ese demonio escurridizo.
Bushido* (en japonés,“conducta del guerrero”), código de ética respetado por los nobles guerreros o samuráis del Japón feudal (N.A)

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