La tranquilidad de
un pueblo escondido en las montañas era drásticamente interrumpida por una
motocicleta que, y ha muy alta velocidad, cruzaba sus pequeñas calles de
tierra. Aquel vehículo se detuvo en una hermosa mansión de estilo antiguo, y su
ocupante se dispuso a ingresar en ella. En el interior de esa peculiar casa se
encontraba un joven de cabellos oscuros y ojos negros cubiertos por gafas, que
se encontraba concentrado en cuidar sus bonsáis,
su más preciada posesión.
_Es bueno volverte a
ver, amigo mío_ dijo el joven de gafas sin ver a su visitante.
_También me alegra
verte, Eriol.
_Pero debes de ser
más cuidadoso Shaoran, sentí tu presencia desde hace tiempo. Pero claro, la
cautela no es algo natural en ti_ explicó el enigmático joven_ No creí que
estuvieras de regreso en Japón. ¿Qué te trae ahora a mí después de tanto
tiempo?
_Necesito tu ayuda.
_Si es por tu
venganza, ya sabes lo que pienso al respecto.
_No…no es sobre eso_
aclaró Shaoran seriamente_ Se trata de…mi alumna Sakura.
_ ¿Tienes una
alumna? Me sorprendes, amigo.
_Quiero pensar que
fue el destino el que quiso que fuera el maestro de esa chiquilla, como tú lo
fuiste para mí.
Inevitablemente los
recuerdos de aquellos días llegaron a la memoria del joven justiciero cuando,
hace más de ciento ochenta años atrás,
sus caminos se cruzaron. Aquella noche a las afueras de la ciudad de Kyoto, un
frío invierno de 1828, un joven que regresaba a su hogar se encontró a un
Shaoran malherido, producto de un enfrentamiento con otro engendro que resultó
ser más fuerte que él, casi enterrado en la nieve. Aquel muchacho llevó a esa
persona lastimada a su hogar donde su patrón, una persona llamada Eriol
Hiragizawa, lo recibió y dio ayuda a aquella alma en desgracia.
Cuando Shaoran
despertó de su sueño se encontró con Eriol, quien le contó cómo el joven lobo había
sido encontrado en la nieve.
_No debieron
ayudarme, soy muy peligroso para ustedes_ afirmó Li_ Soy peligroso para todos…
_ ¿Por qué dices que
eres peligroso, si eres igual a mí?_ preguntó Eriol, con cierto tono de
sarcasmo.
En ese momento y
ante la mirada incrédula de Shaoran, el joven Hiragizawa mostró su verdadera apariencia,
dejando claro que también era un vampiro; uno que ya había vivido por más de
seiscientos años hasta ese momento. Li enseguida tomó la postura de pelea, mostrando
sus colmillos ante el monstruo que tenía enfrente de él, pero de inmediato
Eriol volvió a tomar su forma humana, aclarando que no tenía las mínimas
intenciones de combatir en contra de su visita.
_Recuerdo que, hasta
ese día, jamás creí encontrar a otro vampiro que detestara tomar la vida de las
personas_ dijo Shaoran, quien salía de los recuerdos de su pasado.
El joven Li admiraba
la convicción de su maestro pues, y a pesar de ser un hijo de la noche, hacía
mucho tiempo que decidió convivir en paz con el resto de la humanidad, todo eso
gracias a las enseñanzas del Bushido*.
Bajo ese antiguo código, Eriol enseñó el camino del samurái a Shaoran, quien no
sólo se convirtió en su mejor estudiante si no también en uno de sus mejores
amigos.
_Tu vida fue marcada
por la tragedia, amigo mío, por eso decidí ayudarte a encontrar la armonía y el
equilibrio_ respondió Eriol, quien invitaba a su visita a caminar por el jardín_
Ahora dime más sobre tu alumna.
_Bueno…ella está
mostrando habilidades que no había visto antes en un vampiro_ explicó Li al
tiempo que seguía a su maestro por el sendero de flores_ Ella puede sentir la
fuerza de los vampiros que ve.
_Esa es una
habilidad rara, aún en un vampiro_
afirmó el joven de gafas.
_Sólo conocía que
Tomoyo Daidouji tenía esa habilidad, además…
_ ¿Además qué?
_No puedo percibir
su esencia de vampiro.
_ ¿Cómo es eso?_ preguntó
Eriol, sorprendido por esa noticia.
_No sé cómo es que
eso ocurre pero no siento su presencia, aun cuando Sakura toma su apariencia de
vampiro…su presencia es nula.
_O su humanidad es
demasiado fuerte_ añadió el muchacho de gafas.
_Pero… ¿cómo es eso
posible, Eriol?_ preguntó Shaoran, confundido.
_Sakura, ¿fue
convertida por la fuerza?
_No, ella misma
eligió que la convirtiera.
_Ya veo…_murmuró
Eriol pensativamente_ ¿Sabes? Me encantaría conocerla.
_Es…una chica
especial_ murmuró el joven, sonriendo levemente al pensar en ella.
Ya era casi de noche
y las estrellas empezaban a salir en el cielo. Un leve estornudo sacudió la pequeña
nariz de Sakura, haciéndola pensar inmediatamente en que alguien hablaba de
ella. Ahora se encontraba terminando algunas tareas pendientes del instituto;
tontamente creyó que al tener una relación cercana con el apuesto profesor de
química se salvaría de estudiar. ¡Qué equivocada estaba la chiquilla!
_Shaoran… ¿Por qué
no puedo dejar de pensar en él?_ murmuró la jovencita en un suspiro.
Era verdad: cada
momento que pasaba, más pensaba en su maestro. No sabía qué era lo que le ocurría
pero sabía que ya no era sólo admiración, era más…mucho más. Pero últimamente no
había podido estar con Shaoran más tiempo del que ella quería, estaba más
distante y pensativo que antes. Todo aquello desde que aquella noche conoció a
Tomoyo…
Tomoyo, la otra
persona que ocupaba sus pensamientos. Le resultó una chica muy amable y dulce,
pero a la vez demasiado enigmática. Tenía la sensación de que había algo en
ella que le era particular, especial diría. Esperaba que en el futuro tuviera
la oportunidad de conocerla aún más.
Mientras, en las
calles de la ciudad, la enigmática Tomoyo caminaba sin rumbo sumida en sus
pensamientos. No podía sacarse de su mente a aquella chica de ojos color jade;
la había cautivado de una forma que jamás había esperado. Quizás aquella
amabilidad natural de Sakura despertó algo que la amatista creía que tenía
muerto; deseaba verla de nuevo, conversar, y pasar un rato ameno juntas…como
amigas.
En ese instante,
Tomoyo volvió a percatarse de esa presencia del vampiro de la otra noche, esa
que parecía desaparecer en el aire y que ahora era menos perceptiva todavía. Velozmente,
y de un gran salto, la joven de ojos azules se ubicó sobre el edificio más alto
que pudo encontrar, y desde allí trató de percibir mejor a ese demonio
escurridizo.
Bushido*
(en japonés,“conducta del guerrero”),
código de ética respetado por los nobles guerreros o samuráis del Japón feudal (N.A)
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