Ella sabía que
detrás de ese apuesto rostro y esa actitud seria se escondía algo más
siniestro, más oscuro. Dedicó su tiempo a seguirlo, pero a pesar de sus
esfuerzos no había conseguido nada, ya que siempre que lo seguía, el joven
desaparecía misteriosamente como si se lo llevara el viento.
Al menos, hasta ese
día…
La joven Kinomoto
entraba apresuradamente al instituto ya que, gracias a su obsesión por el
profesor Li y su natural torpeza, se olvidó de un libro que debía leer. Pero mientras
se dirigía a su salón vio que en el laboratorio de química algo ocurría. Lentamente,
y procurando no hacer ruido, se acercó a la puerta que estaba entreabierta y
vio algo que la sorprendió: el maestro Shaoran estaba trabajando mezclando
sustancias que jamás había visto.
El joven se
encontraba muy concentrado trabajando a en su proyecto, tanto que parecía no
notar que estaba siendo observado. Después de unos momentos pareció que aquella
sustancia que trabajaba Shaoran, con la apariencia de un líquido rojo, ya
estaba lista. Entonces, Li se quitó la camisa negra que traía dejando a su
espectadora con la boca abierta.
Sakura vio el dorso
atlético de su maestro, con el rosto completamente sonrojado. Sus hormonas la
traicionaban, haciéndole olvidar el por qué lo observaba. Eso fue hasta que el
joven se inyectó un poco de esa sustancia en su brazo con una aguja
hipodérmica. El rostro serio de Shaoran por un momento reflejó dolor, quizás
acusado por ese líquido rojo. Fue tanto su sufrimiento que cuando abrió los
ojos ya no eran los de antes: eran de color rojo, rojo como la misma sangre.
El impacto de ver
aquellos ojos provocó que la muchacha hiciera ruido, por haber golpeado un
cesto de basura al dar unos pasos atrás, ruido que escuchó Shaoran, quien se quedó
mirando fijamente a la espía. Sakura, aterrorizada por ello, sólo pensó en huir muy lejos de allí. Pero antes
de que llega a la puerta del edificio, su maestro apareció de la nada frente a
ella.
_¿Qué viste?_
preguntó Shaoran, visiblemente molesto.
_ Pero…yo…
_ ¡Respóndeme!
Ante los ojos de la
muchacha apareció la afilada hoja de una espada; era larga y parecida la que
usaban los antiguos samuráis. Sakura la reconoció en medio de su temor: era la
misma espada que usó su héroe cuando la salvó del monstruo que la atacó, que
ahora la amenazaba, ya que estaba a milímetros de su cuello.
_ Por última vez…
¡Respóndeme!_ gritó por última vez el enfurecido profesor.
_No…no me mates_ la
muchacha cerró sus ojos para llorar desconsoladamente.
Entonces algo le
pasó al corazón de Shaoran al ver a la niña totalmente aterrada, por primera
vez sentía que se había convertido en el monstruo que más odiaba. Así que en
ese momento el joven bajó su arma para después regresarla a su vaina. Sakura abrió
los ojos, al ver que el tiempo pasaba, y se encontró sola. Shaoran estaba
alejándose lentamente, no sin antes decirle:
_ Perdón por
asustarte pero es mejor para ti que te alejes de mí…
La flor de cerezo no
podía entender ese cambio de actitud del vampiro diurno, ni tampoco ese líquido
rojo que preparó. Se quedó allí, sentada enfrente de la puerta del instituto
mirando hacia donde el joven había caminado, pensando. Recordaba cuando la
salvó del vampiro que quería matarla, ahora no entendía lo que pasó, sólo
estaba segura de que él no era malo.
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