sábado, 23 de diciembre de 2017

Capítulo 4: El secreto del profesor es...

Había transcurrido una semana desde la llegada del sexy profesor de Química, y ya gozaba de un club de fans propio muy a su pesar. Efectivamente, el apuesto maestro arrancaba los corazones de todo el cuerpo femenino sin importar si eran profesoras o alumnas, pero extrañamente a él no le importaba. A todas menos a una chica, Sakura.
Ella sabía que detrás de ese apuesto rostro y esa actitud seria se escondía algo más siniestro, más oscuro. Dedicó su tiempo a seguirlo, pero a pesar de sus esfuerzos no había conseguido nada, ya que siempre que lo seguía, el joven desaparecía misteriosamente como si se lo llevara el viento.
Al menos, hasta ese día…
La joven Kinomoto entraba apresuradamente al instituto ya que, gracias a su obsesión por el profesor Li y su natural torpeza, se olvidó de un libro que debía leer. Pero mientras se dirigía a su salón vio que en el laboratorio de química algo ocurría. Lentamente, y procurando no hacer ruido, se acercó a la puerta que estaba entreabierta y vio algo que la sorprendió: el maestro Shaoran estaba trabajando mezclando sustancias que jamás había visto.
El joven se encontraba muy concentrado trabajando a en su proyecto, tanto que parecía no notar que estaba siendo observado. Después de unos momentos pareció que aquella sustancia que trabajaba Shaoran, con la apariencia de un líquido rojo, ya estaba lista. Entonces, Li se quitó la camisa negra que traía dejando a su espectadora con la boca abierta.
Sakura vio el dorso atlético de su maestro, con el rosto completamente sonrojado. Sus hormonas la traicionaban, haciéndole olvidar el por qué lo observaba. Eso fue hasta que el joven se inyectó un poco de esa sustancia en su brazo con una aguja hipodérmica. El rostro serio de Shaoran por un momento reflejó dolor, quizás acusado por ese líquido rojo. Fue tanto su sufrimiento que cuando abrió los ojos ya no eran los de antes: eran de color rojo, rojo como la misma sangre.
El impacto de ver aquellos ojos provocó que la muchacha hiciera ruido, por haber golpeado un cesto de basura al dar unos pasos atrás, ruido que escuchó Shaoran, quien se quedó mirando fijamente a la espía. Sakura, aterrorizada por ello, sólo  pensó en huir muy lejos de allí. Pero antes de que llega a la puerta del edificio, su maestro apareció de la nada frente a ella.
_¿Qué viste?_ preguntó Shaoran, visiblemente molesto.
_ Pero…yo…
_ ¡Respóndeme!
Ante los ojos de la muchacha apareció la afilada hoja de una espada; era larga y parecida la que usaban los antiguos samuráis. Sakura la reconoció en medio de su temor: era la misma espada que usó su héroe cuando la salvó del monstruo que la atacó, que ahora la amenazaba, ya que estaba a milímetros de su cuello.
_ Por última vez… ¡Respóndeme!_ gritó por última vez el enfurecido profesor.
_No…no me mates_ la muchacha cerró sus ojos para llorar desconsoladamente.
Entonces algo le pasó al corazón de Shaoran al ver a la niña totalmente aterrada, por primera vez sentía que se había convertido en el monstruo que más odiaba. Así que en ese momento el joven bajó su arma para después regresarla a su vaina. Sakura abrió los ojos, al ver que el tiempo pasaba, y se encontró sola. Shaoran estaba alejándose lentamente, no sin antes decirle:
_ Perdón por asustarte pero es mejor para ti que te alejes de mí…
La flor de cerezo no podía entender ese cambio de actitud del vampiro diurno, ni tampoco ese líquido rojo que preparó. Se quedó allí, sentada enfrente de la puerta del instituto mirando hacia donde el joven había caminado, pensando. Recordaba cuando la salvó del vampiro que quería matarla, ahora no entendía lo que pasó, sólo estaba segura de que él no era malo.

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