_Oh…qué pena…era tan
bella_ dijo el vampiro burlándose.
_ ¿Cómo…cómo te
atreviste…?_ murmuró el joven mientras su ira crecía.
_Lo siento. ¿Era tu
mascota?
Fueron las últimas
palabras del engendro ya que, tan veloz como un rayo, su corazón era atravesado
por las filosas garras de Shaoran, quien aún estaba enfurecido por lo que le
hizo a Sakura. La mirada del vampiro vio con terror los ojos del joven, esos
ojos de un rojo tan intenso como los de su ama, antes de convertirse en
cenizas. El joven maestro dejó caer una rosa roja en aquel sitio; quizás fue
por costumbre, ya que su mente estaba en otro lugar.
Rápidamente fue al
lado del cuerpo de la niña, que parecía carente de vida. Delicadamente la tomó
entre sus brazos, mirándola con tristeza, ya que él había pronosticado aquel
final: que ella moriría si estaba cerca pero la muchacha lo decidió así. ¿Por
qué fue tan insistente?
_Shao…ran_ dijo la
niña casi en un suspiro.
_No hables_ le
respondió, tratando de calmarla.
_Yo…yo…no quie…ro
morir…_decía Sakura llorando atemorizada_ ¿Tú…pue…des…ayud…arme?
_ ¿Acaso tú quieres…?
_Por…favor…
_No puedo…no puedo
condenarte_ contestó el joven cerrando los ojos.
Era el sentir de
Shaoran, no deseaba que alguien tan dulce como Sakura sufriera lo que él: ser
un monstruo por siempre. Pero en ese instante y con la poca fuerza que le
quedaba la flor de cerezo le temó la mejilla y sonriéndole dulcemente, a pesar
de sus heridas y la sangre que se le escapaba por la comisura de los labios,
dijo:
_No tengo miedo…si
tú…estás conmigo…
Y una vez más el
joven vampiro vio en la muchacha a una mujer de su pasado, a quien en un tiempo
hubo amado más que a nadie, y cuando obtuvo la vida eterna la perdió para
siempre. Así que. Delicadamente, con una de sus afiladas garras, Shaoran cortó
su piel para que su sangre brotase. Tibio líquido que cayó en los labios de la
niña de ojos verdes, la sangre de un vampiro.
_Tómala si quieres
vivir.
Y así lo hizo,
Sakura bebió cada gota de sangre que su maestro le ofreció. Cuando fue
suficiente Shaoran la envolvió entre sus brazos hasta que la transformación terminase.
Dolería, él lo sabía, pero si ella lo superaba finalmente Sakura sería un
vampiro, por eso la sostuvo. La chica comenzó a temblar, a sufrir, de su boca un
fuerte grito de dolor salió y recorrió la noche. De pronto largos colmillos
emergieron y sus ojos se volvieron rojos; había nacido de nuevo, ya era una
hija de la noche.
Cuando todo pasó, la
niña vio de nuevo al joven. Y a pesar de que sus ojos dejaron de ser verdes,
conservaban aquella dulzura que era natural en ella. Delicadamente su mano
volvió a tomar el rostro del vampiro y sonriéndole dulcemente le dijo:
_Gracias…
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