Era una noche sin
luna en la ciudad de Tomoeda, una joven corre a través del parque pingüino. Sus
ojos reflejan un temor enorme; y la razón era que aquella chica corría por su
vida. Una sombra que se movía velozmente tras ella, logrando alcanzarla. La
chica, entonces, logra ver a su atacante envuelta en todo su temor. Era un
hombre cuyo rostro presentaba una horrible expresión, y sus ojos eran de un
color rojo brillante, los que le causaban un miedo infinito.
-No debiste huir,
pequeña…-decía aquel extraño sujeto-No me gusta la comida rápida.
-¡No! ¡Por favor!
¡Déjeme ir!- suplicaba la chica llorando desesperadamente,
La joven de cabellos
castaños y ojos color esmeralda, recordaba entonces cómo había llegado a tan
terrible situación: caminaba rumbo a su hogar cuando un hombre, aparentemente
mayor de edad, se le acercó con intenciones de conquistarla. Como lo hacía de
una manera bastante vulgar, la chica lo ignoró.
Entonces, aquel
hombre insistió con más fuerza, hasta que ella le hizo muestra de su desprecio
de una forma frontal y precisa.
-¡No quiero ir a
ningún lado con usted! ¡Déjeme de molestar o llamaré a la policía!
La joven descubriría
que fue mala idea hacerlo enfadar, ya que vio con sus propios ojos cómo ese
sujeto se convertía en un monstruo. Entonces ella corrió con todas sus fuerzas
hacia el parque, en un desesperado intento por salvar su vida.
Ahora esa criatura
estaba sobre ella, grandes colmillos emergían de su boca amenazando enterrarlos
en el cuerpo de la aterrada joven. Algo era seguro, la chica iba a morir.
En ese instante algo
detuvo al engendro, a centímetros de clavar sus feroces colmillos en el cuello
de la víctima. Aquel temible sujeto tuvo
un fuerte estremecimiento, sólo la sensación que recorre el cuerpo de un vampiro
al sentir la presencia de otro de ellos. Sin soltar a su víctima, ese demonio
de ojos rojos inspeccionó a su alrededor. Se había tomado demasiadas molestias
con su presa como para querer compartirla.
-¡¿QUIÉN ESTÁ ALLÍ?!
La niña de ojos
verdes tenía una mezcla de miedo y confusión.
No entendía la actitud de su atacante, sufría al no saber qué sería de
ella y ahora aquel monstruo parecía gritarle a la misma noche. Entonces lo vio,
una figura que emergía de entre las sombras. No se distinguía con claridad,
parecía una forma humana, un hombre joven envuelto en lo que aparentaba ser una
capa oscura, negra como esa noche sin luna.
-¿Acaso quieres
comer? Pues espera si sobra algo de este caramelo-fanfarroneaba el monstruo con
su presa.
-Ayu..da..-murmuraba
la niña llorando desconsoladamente.
Aunque no podía
distinguir su rostro, la chica pudo observar los ojos de ese joven. Eran rojos
brillante como los de su atacante, esos ojos rojos que la causaban tanto temor.
Pero esos ojos no la
miraban a ella, sino a él, al vampiro que estaba por quitarle la vida a la
joven. Se acercaba a ellos con paso
firme, y en su mano izquierda sostenía algo parecido a un bastón, deteniéndose
a unos diez metros de ambos.
-Deja ir a la
chica-decía firmemente ese enigmático joven.
-¿Qué…qué
dijiste?-preguntaba el monstruo, confundido.
-Deja ir a la chica
si no quieres morir…
-¿Acaso estás
demente?-exclamaba el vampiro lleno de ira-¡SOMOS VAMPIROS! ¡MATAMOS HUMANOS,
NO LOS PROTEGEMOS!
-No lo repetiré otra
vez…déjala ir o morirás-afirmaba el valiente muchacho.
-¡ME COMERÉ TU
MALDITO CORAZÓN!- gritaba el vampiro tan fuerte que parecía que la ciudad
entera pudo escucharlo.
Olvidándose de su
víctima, el monstruo se abalanzaba en un fugaz y feroz ataque, hacia el vampiro
que lo desafió. La niña fue testigo de algo que jamás olvidaría, en un instante
se escuchaba el sonido de un viento cortante. Observaba cómo aquel bastón que
el joven misterioso sostenía en sus manos era en realidad una filosa espada, que
rápidamente volvía a guardarla dentro de su vaina. La chica sólo logró ver cómo
caía el cuerpo del monstruo al suelo, con su cabeza separada de él para luego
volverse cenizas.
Lentamente el
enigmático muchacho se acercaba a la joven de ojos verdes, que aún temblorosa,
no comprendía lo ocurrido. Su miedo desaparecía sólo cuando joven salvador le
tendía la mano para ayudarla.
_ ¿Te encuentras
bien?_ preguntaba el héroe amablemente.
_Este…sí…gracias_ le
respondía la chica confundida.
_Ten más cuidado
para la próxima vez…
La niña notaba que
los ojos del valiente caballero habían cambiado. Ya no eran rojos, sino de un
color parecido al chocolate. Un sentimiento muy extraño envolvía nuevamente a
la muchacha, no sabía qué era exactamente pero de algo estaba segura: no era
temor. Sin embargo, antes de que ella pudiera pronunciar alguna palabra, aquel
noble vampiro se esfumaba envuelto en una ráfaga de niebla. Solamente dejaba
caer una roja roja, como única muestra de su presencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario