Esta noticia llegó a
oídos de un grupo de vampiros, escondidos en una mansión a las afueras de
Tomoeda, y estaban molestos por la cantidad de engendros que el joven vengador
había logrado exterminar.
_ ¡Otro vampiro
muerto en la ciudad!_ gritó uno de ellos.
_ Fue el ángel
nocturno…se encontró una rosa roja al lado de las cenizas.
_ ¡Es imposible!
¡Ningún vampiro se atrevería a eliminar a otro de nuestra raza!
_ ¡Pero fue él! ¡Fue
él!
_ ¡Ya tranquilícense
todos!_ se escuchó una voz femenina muy sensual pero a la vez muy fuerte.
Todos los monstruos
quedaron en silencio ante la presencia de aquella vampiresa, una mujer de
largos cabellos oscuros y mirada seductora.
Vestida con un provocativo traje negro, con cierto estilo oriental que
aparentaba estar pintado a su esbelto cuerpo, bajaba por las escaleras seguida
de su protegida, una joven niña de cabellos oscuros y ojos azules; una bella
amatista.
A pesar de ello, esa
mujer era respetada y temida por los demás engendros. Indiscutiblemente era la
jefa de los vampiros.
_Tranquilícense,
primero debemos averiguar bien si es el ángel nocturno el responsable de ello_
dijo aquella vampiresa_ Revisen toda la ciudad y encuéntrenlo.
_ Y luego lo
matamos, ¿verdad, mi señora?_ agregó uno de sus sirvientes.
_No…lo quiero vivo…_
respondió la sensual mujer.
_Pero…señora…
_¿Alguna duda con mi
orden?_ dijo la seductora dama mirándolo fijamente con sus aterradores ojos
rojos.
_No…mi señora_
contestó el vampiro, aterrorizado.
El poder que tenía
esa mujer era asombroso, ya que debajo de ese seductor rostro se escondía el
más sanguinario monstruo capaz de las más terribles cosas. Sin embargo había
dos cosas en su oscura vida que amaba: su protegida, la niña amatista que
adoraba y desataba su más intensa pasión, y aquel joven que hacía siglos atrás
se le escapó de sus manos. El único vampiro que no pudo poseer.
Pero a pesar de la
advertencia, Sakura no pensaba alejarse de su profesor. Quería conocer más de
aquel vampiro que lograba caminar entre los humanos a la luz del día. También quería
saber su actitud de aquel día cuando él, que la había salvado, en aquella
ocasión la amenazó.
La muchacha
continuaba en sus seguimientos dentro y fuera del instituto, pero ya no se
molestaba en ser precavida ya que sabía perfectamente que Shaoran sabía de su
presencia. El joven profesor tampoco le quitaba la vista de encima mientras
ellos dos estuvieran en el instituto, ya que le parecía intrigante que una niña
como ella fuese tan insistente, a pesar de sus advertencias.
_Kinomoto… ¿Qué
quieres de mí?_ le preguntó Shaoran un día cuando su paciencia parecía acabar.
_ Bueno…yo…_ la
chica dudaba en responder_ Yo quiero saber si fue usted el que me salvó esa
noche en el parque.
_ Y si fuera él…
¿Qué harías?
_ Te daría las
gracias_ dijo Sakura haciendo una reverencia_ Si hubiera algo que pueda hacer
por usted…
_ Sólo aléjate de
mí.
_No_ respondió la
chica firmemente.
_ ¿No? ¿Acaso no
sabes en lo que te estás metiendo?_ preguntó el joven con una mezcla de ira y confusión.
_No, por eso quiero
saber toda la verdad_ contestó Sakura con firmeza.
Shaoran la vio
fijamente a los ojos y por un momento un recuerdo de su pasado llegó a su
mente. Una mujer que fue muy importante para la vida del vampiro, y que él
creía que había olvidado, y así, con resignación, se acercó a la niña y tomándole
el hombro le dijo:
_Está bien… pero no
quiero que estés en peligro, así que me harás caso en todo.
_Claro_ le respondió
Sakura con una dulce sonrisa, que hizo sonrojar levemente a su profesor.
_Vamos, se hace
tarde_ le dijo el joven_ Te llevaré a tu casa.
Mientras comenzaban
el camino hacia el hogar de Sakura el muchacho parecía tener un presentimiento
respecto a su alumna: que su destino ya estaba ligado al de ella. Pero al mismo
tiempo tenía temor por su seguridad, ya que todo ser que estuviera a su lado
sufría el mismo destino…
Morir…
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