Uno de los vampiros
entró en aquella mansión, buscando a su ama con desesperación, ya que su rostro
reflejaba terror. En sus manos traía noticias desde la ciudad, la misma que
recibían desde hacía días: engendros caídos a manos del llamado ángel nocturno.
Pero antes de que llegara donde su ama fue interceptado por la joven protegida
de aquella sensual vampiresa.
_ ¿A dónde crees que
vas?_ gritó la joven al verlo pasar.
_ ¡Es usted,
señorita Tomoyo!_ dijo aquel monstruo sorprendido_ Tengo noticias de la ciudad…sobre
el ángel nocturno.
_Sabes que a nuestra
ama no le agrada ser molestada cuando está alimentándose.
Entre las extrañas y
perversas costumbres de Lilith era alimentarse de bellas y jóvenes mujeres. Utilizando
su increíble belleza y sensualidad, las seducía hasta que su misma víctima
deseaba sentir en su piel el sensual placer de la muerte. También lo hacía con
jóvenes muchachos, aunque en ese caso era más selectiva ya que antes de saciar
su sed de sangre saciaba el deseo de su cuerpo.
_Si tienes que
decirle algo a nuestra ama dímelo a mí, yo se lo informaré cuando termine de
alimentarse_ dijo Tomoyo seriamente.
_Uno de los nuestros
vio cómo eliminó a otro vampiro en el centro de la ciudad Tomoeda. Logró tomar
su fotografía_ le decía mientras le entregaba dicha imagen.
La imagen era
borrosa pero podía diferenciarse a un joven de cabellos castaños que la niña
amatista reconoció. Entonces muchos recuerdos que vinieron a su mente y la
molestaron terriblemente, malestar que logró disimular ante el subordinado de
su ama.
_Bien, le informaré
a nuestra ama_ dijo mientras guardaba la fotografía entre sus ropas_ Ella sabrá
recompensarte por tu acción.
El engendro, con una
visible alegría en su deforme rostro, se marchó de la mansión mientras la
muchacha lo observaba. Entonces y estando a solas, miró la imagen del joven
nuevamente. Ella jamás desobedecería a su ama, pero antes de informarle de
cualquier cosa, se aseguraría de que ese vampiro era a quien buscaba.
Ya era de mañana y
en el instituto Seijo comenzaban las clases con normalidad. Los alumnos corrían
a sus respectivos salones, todos menos una joven que caminaba con calma hacia
su clase, con su mente entre las nubes. Dos días ya pasaron y aún la muchacha
no podía acostumbrarse a sus nuevos sentidos, pero de cierta manera le
fascinaban ya que podía percibir cosas que antes no disfrutaba. Sobre todo se
deleitaba con la luz del sol.
_ ¡Sakura!
¡Apúrate!_ gritó Naoko al verla.
_Hoe…Hola Naoko
¿cómo estás?_ respondió la chica con dulzura.
_Hoy estás distraída
Sakura, más que de costumbre.
_¿Te parece? Quizás
todavía estoy convaleciente_ dijo Sakura sonriéndole.
_Sí, te llamé y me
dijeron que estabas enferma. ¿Qué te pasó?_ preguntó su amiga.
_Es que yo…
En ese instante un
extraño estremecimiento la invadió; su corazón comenzó a latir rápidamente. “¡Un momento! ¿Mi corazón late? ¿Acaso los
vampiros tienen corazón?” Fue lo que ella pensó en ese instante. Parecía
que cada mito sobre los muertos en vida era más que falso.
_Ya chicas, entre
ya_ exclamó el profesor Li.
Allí lo entendió
Sakura: ese sentimiento era causado por la presencia de su maestro. Ahora la
pregunta era ¿acaso ese sentimiento era por la presencia de un vampiro, o
simplemente por la figura de Shaoran?
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