sábado, 31 de marzo de 2018

Primera parte

Nota de la autora
Esta historia es un fic Sakura-Yue. Ahora que hay varios fics de esta pareja ya no me siento tan solita y me animé a ponerlo.
Va a constar sólo de 2 capítulos, ya que va a estar algo largo si la pongo sólo en una. La carta la escribe Sakura (de 25 años de edad) La historia no se apega a la serie, tienen diferentes edades y diferentes vivas y pues esto es lo que me salió.
El texto en manuscrito son los recuerdos. Y estos ----- son los cambios de escena, pero después sigue la carta.
Y pues, disfruten la lectura!!!
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Al ángel que amo:
Nunca fui adepta a escribir cartas. Siempre fui una persona a la que le gustaba expresar todo con palabras, usualmente me decía que no había por qué gastar tinta ni esfuerzo. Pero esto que voy a contarte, quiero que quede plasmado en el papel, como una bonita historia de amor. Me he dado cuenta de que si me siento a tu lado y me pongo a contártela, tú no olvidarás mis palabras, pero el tiempo sí. Y yo quiero que algún día, cuando tú y yo hayamos consumado nuestro amor en otro mundo, alguien más la encuentre.
Por eso hoy, cuando fui a visitar su tumba para limpiar la maleza y cambiar las flores ya marchitas, me decidí a contarte todo desde el inicio. Desde el día en que me di cuenta de que estaba sola, y lo confirmé al ver la inscripción en la lápida:
“DESCANSE EN PAZ YUKITO TSUKISHIRO, FIEL ESPOSO Y SINCERO AMIGO”
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El día de su entierro… fue como si mi vida hubiera acabado. Aquel día llovió. Las gruesas gotas de agua, empapando mi cabello y las negras ropas de luto; incluso mi cuerpo estaba entumecido y la piel en extremo fría.
Pero yo seguía ahí parada, sin poder resignarme al hecho de que ahora su cuerpo sin vida ahora estuviera ahí, encerrado en una caja.
Las lágrimas seguían cayendo, la lluvia también. Sin ser consciente del mal clima ni del tiempo transcurrido me dejé llevar por mis emociones, negándome a abandonar ese lugar. En espera tal vez…de que él apareciera de nuevo.
Fue un instante que se quedará grabado en mi memoria para siempre, recordándome el sabor amargo de la pérdida.
Doy gracias a que Tomoyo Daidouji, mi mejor amiga de la infancia, aunque yo no lo noté, estuvo a mi lado todo el tiempo. Respetando mi llanto y mi sufrimiento, sólo cuando me tranquilicé y volví en mí, corrió a socorrerme. Me abrazó y esperó  a que yo dejara de llorar hasta que me quedé dormida en sus brazos.
Desperté una noche, sin saber cuánto tiempo había pasado. Me encontré en mi habitación, cosa que me extrañó un poco, pero después recordé a Tomoyo. Ella fue la que me había llevado de vuelta a casa.
El reloj que colgaba de la pared marcaba la 1 de la mañana y el calendario mostraba la misma fecha. Apenas habían pasado algunas horas. Miré por el largo ventanal sin cortinas de la habitación, afuera seguía lloviendo.
Lluvia…
Aquel día el teléfono sonó ya entrada la noche, supuse que era Yukito, hacía un par de días había salido de viaje y llegaría ese día en la noche, o tal vez en la madrugada, pero al contestar la voz temblorosa de mi hermano me recibió:
_Sakura…
_Touya ¿Qué pasa? Te oyes mal…
_No te preocupes por mí… hablo para avisarte, Yukito…él está en el hospital…
_ ¡¿Qué…?!
La sala de espera del hospital, los doctores, el anuncio del inminente empeoramiento de su estado, la declaración de su muerte…
Fue todo tan rápido que fue como si hubiera vivido un sueño. De haber estado compartiendo mi vida con el hombre que amaba y sentirme completamente llena, de repente me encontraba tan vacía, tan carente de emociones…
Los días posteriores a ese trágico evento me vi favorablemente apoyada por Tomoyo. No dejó de cuidarme hasta que, después de tres meses, pude volver a la vida. Aunque, de ser por mí, me hubiese quedado en casa llorando en cama todo el tiempo, pero no quería que ella se preocupara. Además, Tomoyo tenía su vida. Estaba a punto de casarse y no quería arruinar su felicidad por culpa de mi sufrimiento. Así que cuando ella arregló su maleta y se despidió de mí en la entrada de mi casa, fingí una sonrisa para ella. Quería que se fuera en paz.
Ya adentro, en la oscuridad de mi habitación, volví a sumirme en mis recuerdos. Últimamente era todo lo que hacía para abstraerme de la realidad: llorar y recordar… Llorar para desahogarme y recordar para fingir que aún estaba conmigo.
Fui retrocediendo desde el día que se despidió de mí con una gran sonrisa, una maleta en la mano, y la promesa de que iba a regresar pronto, hasta el día en que lo conocí: un cálido día de primavera cuando iba a cuarto grado de primaria.
Desde el primer instante sentí que mi corazón  daba un violento vuelco al verlo, cosa que se me haría una costumbre con el tiempo, ya que al ser un gran amigo de Touya venía a visitarnos muy seguido.
Así pasó el tiempo. Fui creciendo, de ser la dulce hermana pequeña me convertí en la novia y no muchos años después, en la esposa.
El día de mi boda fue el día más feliz de mi vida. Sé que fue hace 7 años, pero aquella imagen de la iglesia y Yukito y yo frente al altar, es algo que me gusta recordar vívidamente, como si lo hubiera vivido ayer. La música, las felicitaciones, la cara sonriente de mi familia y amigos, y sobre todo la dulce imagen que representaba él: enfundado en un elegante traje blanco, el cabello gris revuelto y una hermosa sonrisa plasmada en sus labios. Sus ojos brillantes es algo que nunca olvidaré. Ilusionado, anhelante. Era como un sueño. Aquel fue el día en que unimos nuestras vidas hasta que la muerte nos separó. Pero lo hizo de una manera cruel y anticipada…
Teníamos tantos planes, tantas cosas ya realizadas. Él quería comprar una casa en el campo, quería que fuéramos a visitar algún día la tumba de sus padres, ambos queríamos tener un hijo.
Y sin embargo, 7 años de unión matrimonial y 15 años de amor de repente se vinieron abajo.
Mi situación era deprimente ¿verdad? Y dos meses después, cuando creí que ya no podría soportar el fingir ni el creer más, llegaste tú…
Fue una noche de luna llena, presagio de tu nombre. Aunque en aquel entonces ya te estaba esperando. Tenía fe.
Cuando te vi sentado en el barandal de mi balcón, con los brazos y las piernas cruzadas, lo único que pude pensar es que eras mi salvador, y lo fuiste. Aunque no de la manera que yo imaginaba.
Eras tan hermoso…me mirabas con unos fríos y preciosos ojos grises de pupilas gatunas, tu cabello plateado era ondeado por el viento y unas majestuosas alas blancas salían de tu espalda.
¡Un ángel!
No sabes cuánto me alegré ante esta noción. Corrí como una niña pequeña y me aventé a tus brazos. Tú me recibiste sin queja ni sorpresa alguna. Dejando que yo hundiera mi cara en tu cuello…tu piel era tal suave y tú abrazo tan cálido…
_Has venido por mí ¿verdad?_ te dije con una gran ilusión en mi tono de voz­_ ¡Me llevarás adónde Yukito!
Te apreté con más fuerza. Estaba tan contenta…
Ahora me sorprendo del por qué cuando te vi no pensé que eras un sueño. Nunca había creído en criaturas celestes. Pero era tanto mi deseo por volverte a ver que me aferre a lo que viniera, por más extraño que pareciese. Así fuera un muñeco amarillo cabezón el que me hablara, yo me apegaría a sus sabias palabras que me darían paz y consuelo. Supongo que comencé a creer en Dios.
Y me alegré de haber puesto todas mis esperanzas en él, porque te mandó a ti…como en las películas románticas. Aunque toda la ilusión fue rota cuando negaste con la cabeza y una profunda voz emergió de tu garganta:
_ Aún no puedes ir con él, no es tu tiempo…
La sonrisa se borró de mis labios de golpe y mis ojos centellearon peligrosos. Me alejé de ti, quería ver tu rostro para ver que mentías. Él te había enviado, y tú tenías que acatar sus órdenes. Pero al contrario de lo que pensé, no había dudas en tu rostro de facciones delicadas.
_ ¿Entonces por qué estás aquí?_ mis ojos se humedecieron. Y pudiste leer en ellos la confusión, porque te estaba confundiendo con algo que no eras.
_No soy un ángel, sólo soy tu guardián.
Y si antes estaba confundida, en aquel momento me sentí peor. Me alejé de ti y miré con sorpresa algo que no había notado antes. Tu rostro, si lo veía con atención, era igual al rostro de Yukito. Las mismas facciones, el mismo tono de piel. Si hubieras tenido el cabello gris, hubieras sido su imagen en persona.
Al ver la forma en que te miraba sacaste de dentro de tus extrañas vestimentas un hermoso colgante en forma de conejo. Aquel hermoso dije de plata había sido mi regalo de bodas para Yukito y, según recordaba, su cuerpo había sido enterrado con ese presente.
Intenté retroceder asustada pero me quedé clavada en mi lugar, estática. Te acercaste hacia mí y me extendiste tus brazos pero, al ver que no reaccionaba, me abrazaste. Entonces estallé en llanto, no entendía nada, no quería entender nada. Todo lo que parecía ser lo que yo creía no era cierto. Entonces, ¿por qué…?
Me separé de ti bruscamente y empujándote con fuerza logré zafarme de tu abrazo. Eché a correr hacia mi habitación….pero antes de llegar lo último que vi fue oscuridad.
Mi cuerpo y mis emociones ya no podían más…
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Nota de la autora
Bueno, hasta aquí dejo la primera parte de la carta. Alguna duda o pregunta, consúltenla sin pena. Gracias por leer!!!
 (Revisado por última vez el 31/03/2018)

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