La malvada vampiresa
conocida como Lilith había mostrado su verdadero rostro, y estaba dispuesta a
exterminar a cualquier humano que se encontrara en su camino. Ante ella se
encontraban Shaoran y su maestro Eriol, ambos dispuestos a enfrentar a aquel
horrible monstruo.
En otro lado de la
habitación estaba Sakura, aun débil debido al ataque de Lilith. Con ella se
encontraba su amiga Tomoyo, quien la defendió poniéndose en contra de su ama.
Esta última ayudó a la flor de cerezo a ponerse en pie.
_ ¡Tenemos que
irnos!_ dijo la amatista a su amiga.
_Pero…no puedo dejar
solo a Shaoran.
_Mi ama tomó su
verdadera forma_ le explicó Tomoyo a Sakura_ A comparación de ella somos
insignificantes. Créeme, es mejor no intervenir.
_ ¡Pero Shaoran
morirá!
_No lo creo, ya no
se cumplirá tu sueño porque le entregaste la espada_ dijo Tomoyo mientras
miraba fijamente al maestro de su amiga_ Si hay alguien capaz de enfrentarla,
ése es tu maestro.
Shaoran estaba por
fin frente a frente con la asesina de su esposa; era el momento que tanto había
esperado. A su lado estaba su maestro, Eriol, quien también lo daría todo para
derrotar a tan feroz enemigo. De pronto aquel monstruo se abalanzó sobre ellos.
En un instante los dos samuráis se
vieron en el aire, uno lejos del otro. Lilith los había atacado y no habían
sido capaces de ver sus movimientos.
_Pero… ¿Qué diablos
pasó?_ preguntó Shaoran, sorprendido por aquel ataque.
_Creo que la subestimamos,
amigo_ dijo Eriol mientras le ponía de pie rápidamente.
El monstruo continúo
atacando ahora al maestro de Li, quien trabajosamente lograba contener las
feroces garras de aquella bestia. Aun así Shaoran no conseguía ver con claridad
los movimientos de su enemiga y decidió que, aunque detestaba eso, tendría que
tomar su forma de vampiro.
Los colmillos del
joven crecieron y sus ojos ya eran de rojo intenso. También sus garras se
afilaron pero aún así no soltaba la espada que le había traído Sakura, que para
él era el único lazo que lo mantenía humano. Cuando volvió a fijar la vista en
su maestro pudo ver los movimientos de Lilith perfectamente. Ahora era el
momento de atacar.
Mientras tanto las
dos amigas se dirigían hacia la salida del salón. Lo hacían de manera
dificultosa, ya que aun no lograban reponerse del daño sufrido. Por desgracia
la malvada vampiresa se había dado cuenta de lo que hacían.
_ ¡¿A dónde creen
que van?!_ gritó el monstruo ferozmente.
Lilith las atacó con
furia pero en ese mismo instante Shaoran también se lanzó sobre ellas, con el
objetivo de protegerlas. El impacto del ataque fue enorme, ya que la malvada
quedó incrustada en la pared, la cual comenzaba a desmoronarse. Pero aun así se
intentaba zafar de las manos de Li, que luchaba por contenerla.
_¡Salgan! ¡Ahora!_
gritó Shaoran a las chicas.
_¡Vamos!_ dijo
Tomoyo mientras tomaba la mano de su amiga, sacándola del lugar.
Trozos de
mampostería caían por todos lados. Uno de ellos golpeó una de las tantas velas
que estaban allí encendidas, que cayó sobre una cortina que empezó a
incendiarse con tal rapidez que en un instante todo el salón estaba envuelto en
llamas.
Todos los sirvientes
de Lilith vieron con horror lo que estaba ocurriendo en la mansión. Muchos decidieron
huir de allí, ya que el amanecer estaba próximo, y no querían verse rodeados
por un fuego que amenazaba con convertirlo todo en cenizas. Pero el resto de
ellos decidió permanecer al lado de su ama. Corrieron hasta donde estaba la
vampiro pero se encontraron con la protegida de ella con Sakura dirigiéndose a
la salida.
_ ¡Señorita Tomoyo,
todo se quema! ¿Qué está ocurriendo?_ preguntó uno de los vampiros, muy
confundido.
_ ¡Nuestra ama
ordenó que nos vayamos!_ contestó la amatista, intentando disuadirlos.
_ ¡Mentira! ¡Nuestra
ama jamás nos ordenaría tal locura!_ exclamó otro engendro.
_ ¡Eres una
traidora!_ gritó otro vampiro furiosamente.
Los últimos
monstruos aliados de Lilith atacaron a la joven amatista, quien rápidamente
apartó a Sakura del camino y se dispuso a defenderse de sus agresores.
Dentro del salón envuelto
en llamas los dos valientes guerreros continuaban con el combate contra Lilith,
soportando a duras penas la increíble fuerza de la malvada vampiresa. Un fuerte
golpe de ella lanzó lejos al maestro de Shaoran, hacia las llamas, pero Li
alcanzó a atraparlo antes de que su cuerpo fuera tocado por el fuego.
_ ¡Vamos mal, amigo
mío!_ decía Eriol, mientras intentaba mantener el equilibrio.
_ ¡Sólo resiste un
poco más!_ dijo el joven mientras colocaba algo en sus manos_ Bébelo, rápido.
Entonces, mientras
Li volvía a atacar a su fuerte enemiga, Eriol vio aquello que su pupilo le
entregó: era la poción que le permitía caminar bajo el sol. Hiragizawa entendió
perfectamente el plan de Shaoran. Sólo esperaban resistir el tiempo suficiente.
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