viernes, 23 de marzo de 2018

Capítulo 33: Eternidad

Sakura recorría el departamento de su maestro. Hacía una semana que no sabía nada de él pero aun así la chica de ojos verdes iba a esperarlo, con la esperanza de que regresara, pero ese lugar se sentía cada día más y más frío.
La muchacha se sentó en el amplio sofá de la sala, y recordó cuando Tomoyo y ella estaban escondidas en una cueva cercana porque,  aunque Sakura podía tolerar la luz del sol la amatista no, así que decidieron esperar hasta que oscureciera. Pero no paso mucho tiempo cuando de entre los arbustos apareció la figura de Eriol. Al verlo, la flor de cerezo intuyó lo que había ocurrido.
Buscaron entre los restos humeantes de la mansión pero no encontraron señales de Shaoran, solamente su espada calcinada. La pobre chica se abrazó a lo que parecía ser lo único que quedaba de su maestro.
Después de ese día Sakura volvió a su hogar para intentar retomar su vida normal; era sólo eso, un intento. Ella no se tenía que preocupar por la poción, ya que Shaoran había logrado enseñarle a prepararla de una manera fácil. Él sabía que quizás no volvería de su enfrentamiento con Lilith, así que preparó todo para que su alumna pudiera seguir sin él.
A pesar de todo Sakura no encontraba una razón para seguir con vida sin su maestro.
_ Sakura, ¿cómo estás?_ preguntó su hermano, Touya, al verla tan melancólica.
La muchacha se encontraba en el salón de su casa, mirando el cielo a través de su ventana.
_Viviré, si es que preguntas.
_ ¿En qué te metiste, Sakura?_ volvió a preguntar, preocupado_ ¿Alguien te ha lastimado? Si es así, yo…
_No lo entenderías, es complicado_ respondió la chica mientras se retiraba a su cuarto. Pero antes de irse la flor de cerezo murmuró “Pero gracias por preocuparte por mí
Al otro día la muchacha se encontraba en la casa de Eriol, aquella en la aldea escondida entre las montañas. Sakura había ido a visitar a su amiga Tomoyo, y de paso a hablar con el maestro de su maestro.
_ ¡Me alegra tenerte de visita, pequeña!_ dijo Eriol alegremente.
_ ¡Ya quería saber de ti, Sakura!_ exclamó la joven amatista, mientras le servía una taza de té a su amiga.
_Yo también_ contestó la chica_ ¿Cómo te ha ido?
_Bien…bueno, apenas estoy empezando a disfrutar de esta nueva vida, sin amo y sin nadie que escoja por mí.
_Me alegra saberlo.
_Sakura, te he notado algo distante. ¿Quieres contármelo?_ preguntó el joven de gafas.
_Yo…_murmuró después de unos minutos de silencio_ Yo no sé qué hacer_ entonces Sakura comenzó a derramar lágrimas de tristeza_ Shaoran no está pero hay algo en mí que se niega a dejarlo  ir. Aún lo siento vivo, y lo extraño.
_Pequeña, sé que es duro pero encontrarás la fuerza para seguir adelante.
_Pero duele…duele su ausencia.
_Lo sé, a mí también, pequeña.
Tomoyo abrazó a su amiga, en un intento de consolar a la pobre Sakura de su dolor, aunque eso era imposible, ya que la persona que más amaba ya no estaba. Eriol la invitó a pasar la noche en su hogar, invitación que la chica aceptó gustosa.
Sin embargo esa noche, mientras intentaba ordenar sus pensamientos, una fuerte presencia alertó a Sakura. Le resultó familiar, pero era imposible, quizá ella se confundía. Con gran rapidez salió de su cuarto a través de la ventana y subió al tejado para tratar de ubicar de dónde provenía esa presencia que la inquietaba tanto.
Entonces lo supo: provenía en dirección del departamento de Shaoran. ¡Alguien intentaba entrar al hogar de su maestro! Velozmente se cubrió con una capa negra y, mientras caía la tarde, se puso en camino para detener a aquel intruso.
Casi amanecía cuando Sakura llegó al departamento de su maestro, y  con sumo cuidado lo recorrió, buscando rastros del intruso. La presencia se hacía cada vez más fuerte y provenía del dojo. La chica se acercó a aquel lugar y pudo reconocer aquel sentimiento. ¿Sería posible?
Al entrar al lugar de entrenamiento Sakura pudo ver una figura acostada en el suelo, con la espalda apoyada en la pared. Estaba quemada pero aún así la presencia que emanaba aquella persona era inconfundible.
_ ¡Shaoran!_ gritó ella.
La flor de cerezo lo sostuvo entre sus manos; apenas se movía y estaba notoriamente debilitado. Apenas Sakura logró escuchar su nombre en un susurro en los labios de su maestro pero, ¿cómo ayudarlo? Lo único que se le pasaba por la mente era darle un poco de sangre, lo suficiente para que le ayudase a sanar sus heridas, pero no sabía cómo hacerlo. Él jamás la perdonaría si atacaba a un inocente para darle su sangre.
Entonces se le ocurrió.
Se quitó la capa que la cubría y pocos segundos después la blusa negra que también llevaba, quedando con su dorso al descubierto, igual que en aquella ocasión, cuando su maestro la alimentó por primera vez. Ahora ella ofrecería su sangre para la persona más importante de su vida.
_Shaoran, escúchame_ le dijo mientras se cortaba la piel, cerca del hombro_ Bebe mi sangre.
El vampiro logró sentir el sutil aroma de la sangre de su discípula y casi por instinto se acercó al hombro de Sakura y lo mordió delicadamente. La chica notó el dolor punzante de los colmillos atravesando su piel pero lo soportó. Si quería que su maestro se recuperara tenía que ser fuerte.
El dulce sabor de la sangre de Sakura comenzó a invadir los sentidos del vampiro, que poco a poco iba recuperando sus fuerzas. La muchacha extrañamente comenzó a sentir un fuerte calor que la invadía desde el fondo de su ser, obligándole a abrazarle con todas sus fuerzas.
Las heridas de Shaoran iban desapareciendo pero aun así no se despegaba de su alumna, quien ahora estaba recostada sobre el suelo del dojo. Sus colmillos aun atravesaban la piel de Sakura, quien sólo se dejaba llevar a pesar de que le estaba regalando su sangre; la chica amaba esa sensación, mezcla de dolor y placer.
_Shaoran..._ suspiró la muchacha, entrecortadamente.
Aquello hizo que el vampiro reaccionara y se fijara en lo que estaba haciendo. Se separó de su pupila, quien respiraba agitadamente. No pudo evitar percatarse de lo hermosa que se encontraba Sakura en esa situación, tan dulce y pura como la nieve.
_Shaoran, ¿estás…bien?_ preguntó Sakura, mientras recuperaba el aliento.
_Sólo…sólo pensaba en llegar a ti_ contestó el joven, sin dejar de  mirarla_ Gracias, Sakura.
_Shaoran, yo…_ balbuceó la chica, sin poder creer en las palabras de su maestro.
Y antes de que ella pudiera reaccionar Shaoran unió sus labios con los de su alumna en un dulce y apasionado beso que pareció durar toda una eternidad.
El día pasó, dejando paso a la noche, y en aquel lugar dos almas se unieron para toda la eternidad. Mientras sus cuerpos se unían con un dulce y sensual ritmo, el joven vampiro le preguntó a su alumna en medio de un susurro:
_ ¿Estás segura  de pasar toda la eternidad a mi lado, Sakura?
Y ella, con una sonrisa en sus labios, le respondió tiernamente:
_Sí.
Dos destinos unidos, una eternidad compartida…una vida dedicada a la felicidad de la otra persona. Para siempre.
FIN

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