Sakura recorría el departamento
de su maestro. Hacía una semana que no sabía nada de él pero aun así la chica
de ojos verdes iba a esperarlo, con la esperanza de que regresara, pero ese
lugar se sentía cada día más y más frío.
La muchacha se sentó
en el amplio sofá de la sala, y recordó cuando Tomoyo y ella estaban escondidas
en una cueva cercana porque, aunque
Sakura podía tolerar la luz del sol la amatista no, así que decidieron esperar
hasta que oscureciera. Pero no paso mucho tiempo cuando de entre los arbustos
apareció la figura de Eriol. Al verlo, la flor de cerezo intuyó lo que había
ocurrido.
Buscaron entre los
restos humeantes de la mansión pero no encontraron señales de Shaoran,
solamente su espada calcinada. La pobre chica se abrazó a lo que parecía ser lo
único que quedaba de su maestro.
Después de ese día
Sakura volvió a su hogar para intentar retomar su vida normal; era sólo eso, un
intento. Ella no se tenía que preocupar por la poción, ya que Shaoran había logrado
enseñarle a prepararla de una manera fácil. Él sabía que quizás no volvería de
su enfrentamiento con Lilith, así que preparó todo para que su alumna pudiera
seguir sin él.
A pesar de todo
Sakura no encontraba una razón para seguir con vida sin su maestro.
_ Sakura, ¿cómo
estás?_ preguntó su hermano, Touya, al verla tan melancólica.
La muchacha se
encontraba en el salón de su casa, mirando el cielo a través de su ventana.
_Viviré, si es que
preguntas.
_ ¿En qué te
metiste, Sakura?_ volvió a preguntar, preocupado_ ¿Alguien te ha lastimado? Si
es así, yo…
_No lo entenderías,
es complicado_ respondió la chica mientras se retiraba a su cuarto. Pero antes
de irse la flor de cerezo murmuró “Pero
gracias por preocuparte por mí”
Al otro día la
muchacha se encontraba en la casa de Eriol, aquella en la aldea escondida entre
las montañas. Sakura había ido a visitar a su amiga Tomoyo, y de paso a hablar
con el maestro de su maestro.
_ ¡Me alegra tenerte
de visita, pequeña!_ dijo Eriol alegremente.
_ ¡Ya quería saber
de ti, Sakura!_ exclamó la joven amatista, mientras le servía una taza de té a
su amiga.
_Yo también_
contestó la chica_ ¿Cómo te ha ido?
_Bien…bueno, apenas
estoy empezando a disfrutar de esta nueva vida, sin amo y sin nadie que escoja
por mí.
_Me alegra saberlo.
_Sakura, te he
notado algo distante. ¿Quieres contármelo?_ preguntó el joven de gafas.
_Yo…_murmuró después
de unos minutos de silencio_ Yo no sé qué hacer_ entonces Sakura comenzó a
derramar lágrimas de tristeza_ Shaoran no está pero hay algo en mí que se niega
a dejarlo ir. Aún lo siento vivo, y lo
extraño.
_Pequeña, sé que es
duro pero encontrarás la fuerza para seguir adelante.
_Pero duele…duele su
ausencia.
_Lo sé, a mí
también, pequeña.
Tomoyo abrazó a su
amiga, en un intento de consolar a la pobre Sakura de su dolor, aunque eso era
imposible, ya que la persona que más amaba ya no estaba. Eriol la invitó a
pasar la noche en su hogar, invitación que la chica aceptó gustosa.
Sin embargo esa
noche, mientras intentaba ordenar sus pensamientos, una fuerte presencia alertó
a Sakura. Le resultó familiar, pero era imposible, quizá ella se confundía. Con
gran rapidez salió de su cuarto a través de la ventana y subió al tejado para
tratar de ubicar de dónde provenía esa presencia que la inquietaba tanto.
Entonces lo supo:
provenía en dirección del departamento de Shaoran. ¡Alguien intentaba entrar al
hogar de su maestro! Velozmente se cubrió con una capa negra y, mientras caía
la tarde, se puso en camino para detener a aquel intruso.
Casi amanecía cuando
Sakura llegó al departamento de su maestro, y
con sumo cuidado lo recorrió, buscando rastros del intruso. La presencia
se hacía cada vez más fuerte y provenía del dojo.
La chica se acercó a aquel lugar y pudo reconocer aquel sentimiento. ¿Sería
posible?
Al entrar al lugar
de entrenamiento Sakura pudo ver una figura acostada en el suelo, con la
espalda apoyada en la pared. Estaba quemada pero aún así la presencia que
emanaba aquella persona era inconfundible.
_ ¡Shaoran!_ gritó
ella.
La flor de cerezo lo
sostuvo entre sus manos; apenas se movía y estaba notoriamente debilitado. Apenas
Sakura logró escuchar su nombre en un susurro en los labios de su maestro pero,
¿cómo ayudarlo? Lo único que se le pasaba por la mente era darle un poco de
sangre, lo suficiente para que le ayudase a sanar sus heridas, pero no sabía
cómo hacerlo. Él jamás la perdonaría si atacaba a un inocente para darle su
sangre.
Entonces se le ocurrió.
Se quitó la capa que
la cubría y pocos segundos después la blusa negra que también llevaba, quedando
con su dorso al descubierto, igual que en aquella ocasión, cuando su maestro la
alimentó por primera vez. Ahora ella ofrecería su sangre para la persona más
importante de su vida.
_Shaoran, escúchame_
le dijo mientras se cortaba la piel, cerca del hombro_ Bebe mi sangre.
El vampiro logró
sentir el sutil aroma de la sangre de su discípula y casi por instinto se
acercó al hombro de Sakura y lo mordió delicadamente. La chica notó el dolor punzante
de los colmillos atravesando su piel pero lo soportó. Si quería que su maestro
se recuperara tenía que ser fuerte.
El dulce sabor de la
sangre de Sakura comenzó a invadir los sentidos del vampiro, que poco a poco
iba recuperando sus fuerzas. La muchacha extrañamente comenzó a sentir un
fuerte calor que la invadía desde el fondo de su ser, obligándole a abrazarle
con todas sus fuerzas.
Las heridas de
Shaoran iban desapareciendo pero aun así no se despegaba de su alumna, quien
ahora estaba recostada sobre el suelo del dojo.
Sus colmillos aun atravesaban la piel de Sakura, quien sólo se dejaba llevar a
pesar de que le estaba regalando su sangre; la chica amaba esa sensación,
mezcla de dolor y placer.
_Shaoran..._ suspiró
la muchacha, entrecortadamente.
Aquello hizo que el
vampiro reaccionara y se fijara en lo que estaba haciendo. Se separó de su
pupila, quien respiraba agitadamente. No pudo evitar percatarse de lo hermosa
que se encontraba Sakura en esa situación, tan dulce y pura como la nieve.
_Shaoran, ¿estás…bien?_
preguntó Sakura, mientras recuperaba el aliento.
_Sólo…sólo pensaba
en llegar a ti_ contestó el joven, sin dejar de mirarla_ Gracias, Sakura.
_Shaoran, yo…_
balbuceó la chica, sin poder creer en las palabras de su maestro.
Y antes de que ella
pudiera reaccionar Shaoran unió sus labios con los de su alumna en un dulce y
apasionado beso que pareció durar toda una eternidad.
El día pasó, dejando
paso a la noche, y en aquel lugar dos almas se unieron para toda la eternidad. Mientras
sus cuerpos se unían con un dulce y sensual ritmo, el joven vampiro le preguntó
a su alumna en medio de un susurro:
_ ¿Estás segura de pasar toda la eternidad a mi lado, Sakura?
Y ella, con una
sonrisa en sus labios, le respondió tiernamente:
_Sí.
Dos destinos unidos,
una eternidad compartida…una vida dedicada a la felicidad de la otra persona. Para
siempre.
FIN
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