viernes, 23 de febrero de 2018

Capítulo 26: Lo único que importa

Shaoran se encontraba meditando en su apartamento; se preparaba para el encuentro que tantos años había esperado, pero se sentía preocupado por su pequeña discípula. Después de su conversación en el laboratorio del instituto no la había vuelto a ver. Sabía que Sakura había quedado conmocionada con la noticia de que ya no sería más su alumna, pero jamás se imaginó que la chica de ojos verdes se hubiese enamorado de él. Por más que quisiera. No había lugar para el amor.
Pero, si no tenía tiempo para el amor, ¿por qué aceptó ser su maestro? Y algo más importante, ¿por qué convirtió a Sakura en vampiro si era lo que más odiaba? No lograba entenderlo.
Tampoco entendía por qué cada vez que veía a su alumna a los ojos la imagen de su fallecida esposa aparecía delante de él. No podía negar el increíble parecido entre Ying Fa y Sakura, pero siempre lo negaba diciéndose a sí mismo que todo era una coincidencia, olvidándose de que Eriol, su maestro, siempre le decía que “no existen las coincidencias, sólo lo inevitable
El joven suspiró  para volver a su meditación; debía estar lo más preparado posible si deseaba acabar con la asesina de su esposa.
Mientras, en otro lado de la ciudad, la pequeña Sakura lloraba dentro de su cuarto. Llegó temprano, saliendo del instituto casi corriendo y con el corazón roto. Lloraba por Shaoran, por su rechazo, porque  a partir de ese día jamás volvería a verlo.
_Hija…_dijo su mamá tocando fuerte a la puerta_ ¿Te encuentras bien?
_ ¡Déjame sola!_ gritó Sakura, aún llorando_ ¡Vete mamá!
_Hija, por favor, me preocupa que estés así. Déjame ayudarte…
_ ¡No, mamá! ¡Déjame sola!
La madre de la muchacha se alejó lentamente de la puerta de la habitación de su hija. Lo hacía muy preocupada, ya que era la primera vez que Sakura se mostraba tan triste y desconsolada. Mientras la joven Kinomoto continuaba llorando por su profesor y abrazaba una almohada se quedó dormida.
La noche se acercaba rápidamente y Shaoran se encontraba sobre la azotea de aquel edificio donde se ubicaba su departamento. Observaba  el atardecer por primera vez en su vida, y realmente lo disfrutaba. Quizás porque nunca le dio importancia hasta ese día, el cual, quizás, sería el último de su vida inmortal.
En sus manos sostenía dos pequeños envases que contenían aquella poción roja que le permitía sobrevivir a la luz del sol. Había trabajado en ellas para que pudieran ser bebidas y sólo existían tres dosis: una sería para él, la cual bebió mientras el sol desaparecía, dejando su lugar a la luna; otra estaba destinada a su maestro, ya que seguramente Eriol no habría tomado su dosis por haber estado tanto tiempo encerrado. Pero existía una tercera dosis, la que se encontraba en el dojo de su apartamento. Esa dosis estaba destinada para su, ahora, ex-alumna: Sakura. Al lado del frasco había dejado una nota, detallando sus razones para dejarla libre y disculpándose por haberle dado falsas esperanza.
La noche ya había llegado a la ciudad de Tomoeda y el Ángel Nocturno sentía que la hora de la verdad había llegado. Cubierto con su capa negra y la espada en sus manos, dio un salto que parecía llegar hasta el cielo e inició su camino hacia su objetivo: la malvada Lilith.
El sonido de dos espadas chocando en el aire como el rugido de un trueno en una fuerte tormenta. Dos figuras batiéndose en duelo ante la mirada siniestra de una mujer de largos cabellos oscuros, la cual disfrutaba tan feroz encuentro. De pronto un gran estruendo: una espada, partida en dos, voló por los aires. Una joven de cabellos castaños yacía en el suelo. Su rival, sonriendo triunfante, separó la cabeza del guerrero caído con un rápido movimiento de la espada, convirtiéndose en cenizas antes de que tocara el suelo.
Sakura despertó violentamente de sus sueños.  Aquella pesadilla la sintió demasiado real: estaba segura de que aquel joven caído en batalla no era otro más que Shaoran. Era una visión, y no hacía algo esa terrible pesadilla podría hacerse realidad.
Rápidamente la angustiada chica bajó de un salto las escaleras y se dirigió hacia la puerta principal pero una fuerte voz masculina la detuvo en seco.
_ ¡Sakura! ¿A dónde crees que vas a esta hora?_ gritó su hermano Touya fuertemente.
La muchacha de ojos verdes le dio la espalda, su mano sostenía el picaporte de la puerta. Su hermano se acercó a ella con una expresión seria en su rostro.
_ ¡Sakura, respóndeme!_ exclamó el joven_ ¿A dónde vas a estas horas?
_Tengo…algo urgente que hacer_ respondió la chica sin mirarlo.
_De aquí no te vas hasta que me des una buena explicación_ reclamó Touya.
_No puedo decírtelo, no lo entenderías._ dijo Sakura, en un tono triste.
_¡No, Sakura!_ exclamó el muchacho, sujetándole el hombro_ ¡De aquí no te vas hasta que me des una explicación!
_Suéltame…
_ ¡Sakura, responde!
_¡Suéltame!_ gritó la chica, volteando su rostro para mirarlo fijamente con sus ojos rojos.
Touya rápidamente soltó el hombro de su hermana debido a la impresión de ver esos ojos que no eran los de ella, ojos que permanecieron ahí sólo por un segundo. Entonces comprendió que Sakura estaba decidida y que nada le haría cambiar su decisión.  Dejó que abriera la puerta y, a dos pasos de su hogar, su hermana le dijo unas palabras salidas del corazón:
_Touya, la persona que más quiero está en dificultades y debo estar a su lado_ explicó la chica_ No te preocupes, no me voy a fugar de casa, pero tampoco soy ya tu pequeña hermanita. Puedo cuidarme sola.
_Sakura…
_Te quiero, hermano_ dijo la muchacha antes de correr por la calle.
Touya intentó seguirla pero su hermana ya había desaparecido en las sombras de la noche. Entonces, un solitario pensamiento se cruzó en la mente del joven: “Cuídate, Sakura

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