domingo, 4 de febrero de 2018

Capítulo 21: La ilusión que perdí

Esa tarde ambos se quedaron en aquella casa, tratando de entender todo lo que había pasado. Shaoran se sentó enfrente de aquel altar donde, años antes, pasó su entrenamiento en manos de Eriol. Aún no lograba comprender el por qué, siendo un gran maestro de la espada, él se había dejado atrapar con tanta facilidad.
Sakura lo miraba de lejos, con tristeza en sus ojos. Quería ir a consolar a su profesor pero temía que lo tomara de una forma incorrecta. Además, si estaba cerca de él, no sabía si podría controlar sus fuertes sentimientos hacia Shaoran.
_Kinomoto…_dijo el joven con voz suave.
_ ¿Sí, Shaoran?_ respondió la chica tímidamente a su maestro.
_ ¿No te molesta si pasamos la noche aquí? Tengo…mucho en lo que pensar.
_Este…sí, mañana no hay clases, así que no hay prisa_ contestó Sakura mientras miraba a su profesor tiernamente.
_Gracias…Sakura.
Shaoran le sonrió tan gentilmente que la muchacha de ojos de jade no pudo evitar sonrojarse. Aquel lado tierno del joven lobo no lo había visto hasta ese momento y, para peor, le resultó increíblemente irresistible. Nunca creyó que su profesor podría ser tan tierno. Se acercó a su lado y lo acompañó por horas.
El valiente justiciero nocturno dedicó esas horas de la tarde para meditar sobre los acontecimientos vividos y, por supuesto, los pasos a seguir de ahora en adelante. Le resultaba muy difícil ya que, a pesar de que su objetivo siempre fue la venganza (cosa a la que Eriol se oponía rotundamente), ahora debía seguir por si solo sin su maestro como guía.
Pero sus pensamientos fueron espantados por una cabeza castaña que se apoyaba en su hombro; Sakura se había quedado dormida y había apoyado su cabeza en el hombro de su maestro buscando inconscientemente comodidad.
Delicadamente Shaoran la levantó en sus brazos y la llevó a otra habitación, la misma que alguna vez ocupó cuando solamente era un aprendiz de samurái. Delicadamente la recostó sobre su cama y la cubrió con la cobija. Por alguna razón el joven vampiro no resistió la tentación de juguetear con el cabello de su alumna; hacerlo le traía paz. “¿Paz?” de pronto Li se preguntó eso: mientras estaba junto a Sakura él se sentía tranquilo, en calma. En ese momento le vinieron a la mente unas palabras que alguna vez oyó de su maestro: “Aquello que te traerá paz
~Hace 170 años atrás~
Shaoran tomó sus pocas pertenencias, que se encontraban dentro de un bolso, y vio por última vez su habitación. Habían pasado diez años desde aquella blanca noche y creyó que ya era hora de seguir adelante. Diez años desde que decidió aprender el arte de la espada y seguir el camino del Bushido, todo gracias a su maestro Eriol. Pero aquel fuerte sentimiento de venganza no había cedido, es más, estaba creciendo a pesar de los esfuerzos de Hiragizawa de llevarle a la paz que parecía necesitar y que tercamente Li se negaba a buscar.
Pasó por delante del dojo, donde se encontraba su amigo meditando profundamente. No quería irse sin despedirse; para él, era algo más que un gran espadachín: su mejor amigo.
_Ya me voy, Eriol…
_ ¿Volverás a esa inútil búsqueda, amigo mío?_ preguntó Hiragizawa tristemente.
_Sabes perfectamente que no descansaré hasta vengar la muerte de Ying Fa.
_Lo sé…
_Debo agradecerte por todo lo que me has enseñado_ le dijo el joven amablemente.
_Te enseño todo lo que sé, incluso te regalé mi secreto para caminar entre los humanos.
_La poción…
_Así es, la poción_ dijo el vampiro mayor_ Pero aún te falta algo para ser un verdadero maestro.
_ ¿Qué es lo que me falta?_ preguntó Shaoran, intrigado.
_Tu ilusión perdida…_respondió Eriol sin perder su seriedad.
_ ¿Mi ilusión perdida?
_Aquello que te traerá paz, sin ello contigo no podrás ser un maestro completo.
Entonces el vampiro samurái le entregó a Li, su discípulo hasta ese momento, una katana. Aquel gesto tomó por sorpresa a Shaoran, pues desde que era alumno de Eriol jamás le había permitido portar una espada.
_ ¿Recuerdas esta katana?
_Sí. ¿Acaso no es la que forjamos juntos?
_En realidad la forjamos para ti_ afirmó Hiragizawa, sonriéndole.
_ ¿Para mí?_ Shaoran se sentía aún más confundido.
_Te había dicho anteriormente que la espada es el alma del samurái_ explicó Eriol mientras desenvainaba la espada para contemplarla_ Es la extensión de tu cuerpo, la espada y el guerrero son un solo ser.
Shaoran tomó en sus manos la espada y sin salir de su asombro la contempló por unos momentos que parecieron eternos. Recibir ese regalo de parte de su maestro significó mucho para el torturado vampiro.
_Hagas lo que hagas en tu futuro sólo recuerda que debes seguir las enseñanzas del Bushido_ agregó Eriol mostrándole aquel orgullo que sólo puede expresar un profesor a su alumno.
Y después de mostrarle su respeto, Shaoran tomó sus cosas y se marchó hacia el horizonte con la esperanza de encontrar al vampiro que inició sus pasos en la inmortalidad.
~Fin del flashback de Shaoran~
El joven lobo se quedó pensativo mientras observaba a la apacible Sakura, quien seguía inocentemente dormida: ¿podría ser posible que aquella chica de ojos color esmeralda fuera aquello que le traería paz? ¿Acaso ella era su ilusión perdida?

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