Esa tarde ambos se
quedaron en aquella casa, tratando de entender todo lo que había pasado.
Shaoran se sentó enfrente de aquel altar donde, años antes, pasó su
entrenamiento en manos de Eriol. Aún no lograba comprender el por qué, siendo
un gran maestro de la espada, él se había dejado atrapar con tanta facilidad.
Sakura lo miraba de
lejos, con tristeza en sus ojos. Quería ir a consolar a su profesor pero temía
que lo tomara de una forma incorrecta. Además, si estaba cerca de él, no sabía
si podría controlar sus fuertes sentimientos hacia Shaoran.
_Kinomoto…_dijo el
joven con voz suave.
_ ¿Sí, Shaoran?_
respondió la chica tímidamente a su maestro.
_ ¿No te molesta si
pasamos la noche aquí? Tengo…mucho en lo que pensar.
_Este…sí, mañana no
hay clases, así que no hay prisa_ contestó Sakura mientras miraba a su profesor
tiernamente.
_Gracias…Sakura.
Shaoran le sonrió
tan gentilmente que la muchacha de ojos de jade no pudo evitar sonrojarse. Aquel
lado tierno del joven lobo no lo había visto hasta ese momento y, para peor, le
resultó increíblemente irresistible. Nunca creyó que su profesor podría ser tan
tierno. Se acercó a su lado y lo acompañó por horas.
El valiente
justiciero nocturno dedicó esas horas de la tarde para meditar sobre los
acontecimientos vividos y, por supuesto, los pasos a seguir de ahora en
adelante. Le resultaba muy difícil ya que, a pesar de que su objetivo siempre
fue la venganza (cosa a la que Eriol se oponía rotundamente), ahora debía
seguir por si solo sin su maestro como guía.
Pero sus
pensamientos fueron espantados por una cabeza castaña que se apoyaba en su
hombro; Sakura se había quedado dormida y había apoyado su cabeza en el hombro
de su maestro buscando inconscientemente comodidad.
Delicadamente Shaoran
la levantó en sus brazos y la llevó a otra habitación, la misma que alguna vez
ocupó cuando solamente era un aprendiz de samurái. Delicadamente la recostó
sobre su cama y la cubrió con la cobija. Por alguna razón el joven vampiro no
resistió la tentación de juguetear con el cabello de su alumna; hacerlo le
traía paz. “¿Paz?” de pronto Li se
preguntó eso: mientras estaba junto a Sakura él se sentía tranquilo, en calma. En
ese momento le vinieron a la mente unas palabras que alguna vez oyó de su
maestro: “Aquello que te traerá paz”
~Hace 170 años
atrás~
Shaoran tomó sus
pocas pertenencias, que se encontraban dentro de un bolso, y vio por última vez
su habitación. Habían pasado diez años desde aquella blanca noche y creyó que
ya era hora de seguir adelante. Diez años desde que decidió aprender el arte de
la espada y seguir el camino del Bushido,
todo gracias a su maestro Eriol. Pero aquel fuerte sentimiento de venganza no
había cedido, es más, estaba creciendo a pesar de los esfuerzos de Hiragizawa
de llevarle a la paz que parecía necesitar y que tercamente Li se negaba a
buscar.
Pasó por delante del
dojo, donde se encontraba su amigo
meditando profundamente. No quería irse sin despedirse; para él, era algo más
que un gran espadachín: su mejor amigo.
_Ya me voy, Eriol…
_ ¿Volverás a esa
inútil búsqueda, amigo mío?_ preguntó Hiragizawa tristemente.
_Sabes perfectamente
que no descansaré hasta vengar la muerte de Ying Fa.
_Lo sé…
_Debo agradecerte
por todo lo que me has enseñado_ le dijo el joven amablemente.
_Te enseño todo lo
que sé, incluso te regalé mi secreto para caminar entre los humanos.
_La poción…
_Así es, la poción_
dijo el vampiro mayor_ Pero aún te falta algo para ser un verdadero maestro.
_ ¿Qué es lo que me
falta?_ preguntó Shaoran, intrigado.
_Tu ilusión perdida…_respondió
Eriol sin perder su seriedad.
_ ¿Mi ilusión perdida?
_Aquello que te traerá
paz, sin ello contigo no podrás ser un maestro completo.
Entonces el vampiro samurái le entregó a Li, su discípulo
hasta ese momento, una katana. Aquel gesto
tomó por sorpresa a Shaoran, pues desde que era alumno de Eriol jamás le había permitido
portar una espada.
_ ¿Recuerdas esta katana?
_Sí. ¿Acaso no es la
que forjamos juntos?
_En realidad la
forjamos para ti_ afirmó Hiragizawa, sonriéndole.
_ ¿Para mí?_ Shaoran
se sentía aún más confundido.
_Te había dicho
anteriormente que la espada es el alma del samurái_
explicó Eriol mientras desenvainaba la espada para contemplarla_ Es la extensión
de tu cuerpo, la espada y el guerrero son un solo ser.
Shaoran tomó en sus
manos la espada y sin salir de su asombro la contempló por unos momentos que
parecieron eternos. Recibir ese regalo de parte de su maestro significó mucho
para el torturado vampiro.
_Hagas lo que hagas
en tu futuro sólo recuerda que debes seguir las enseñanzas del Bushido_ agregó Eriol mostrándole aquel
orgullo que sólo puede expresar un profesor a su alumno.
Y después de
mostrarle su respeto, Shaoran tomó sus cosas y se marchó hacia el horizonte con
la esperanza de encontrar al vampiro que inició sus pasos en la inmortalidad.
~Fin del flashback
de Shaoran~
El joven lobo se quedó
pensativo mientras observaba a la apacible Sakura, quien seguía inocentemente
dormida: ¿podría ser posible que aquella chica de ojos color esmeralda fuera
aquello que le traería paz? ¿Acaso ella era su ilusión perdida?
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