Dicen que la soledad
es algo muy difícil de soportar, sobre todo cuando la inmortalidad está de tu
lado. Eso era algo que sabía perfectamente Tomoyo ya que, a pesar de haber
dedicado toda su vida a cumplir hasta el menor capricho de su ama Lilith, no
había conocido el verdadero cariño hasta esa noche en la que conoció a Sakura.
Ahora ya no quería
pasar un minuto más de su vida eterna sin su compañía. Y la buscaba para poder
convertirla en vampiro y así espantar su dolorosa soledad para siempre. Pero lo
que la dulce vampiresa ignoraba era que Sakura ya era una hija de la noche:
había tomado la vida eterna gracias a su profesor, Shaoran Li. Pero ¿por qué
Tomoyo, que podía detectar a un inmortal a kilómetros de distancia, no pudo
saber la verdadera identidad de la joven Kinomoto? La razón era que Sakura aún
conservaba intacta su humanidad y era increíblemente fuerte. Ahora la buscaba
en aquellas calles donde la había visto pocos días atrás.
Mientras tanto la
chica de ojos de jade también recorría las mismas calles, y tenía la misma
razón: encontrarse con su amiga. A diferencia de la amatista, Sakura sabía que
su amiga era un vampiro pero algo dentro de su corazón le decía que Tomoyo no
era malvada como le había dicho su maestro. Tenía que probarlo, debía
averiguarlo.
Y así ambas chicas
se encontraron bajo la luz de la luna llena. Se miraron fijamente, como la
primera vez en la discoteca, y sin poder resistir las ganas la joven Daidouji
fue a abrazar a su amiga fuertemente, demostrando la inmensa alegría que sentía al verla.
Después de caminar
por un buen rato, casi en completo silencio, se detuvieron en el parque
pingüino, exactamente a la mitad del
puente sobre el lago. Mientras la joven Kinomoto miraba la luna reflejada en el
agua, apoyada sobre el barandal del puente, la chica amatista se colocaba a
espaldas del lago, observando el cielo estrellado, como si buscara el valor que
necesitaba observando el firmamento.
_Es una hermosa
noche ¿verdad Sakura?_ murmuró la joven de cabellos oscuros.
_Sí.
_Sakura, quiero
decirte que…te quiero mucho.
_Tomoyo_ dijo la
chica de ojos verdes, muy sorprendida.
_Tenías razón: yo no
tengo amigas y tú me diste mucho cariño, algo que hacía mucho que no sentía.
¡Eres mi mejor amiga!
Mientras le dedicaba
esas hermosas palabras a una cada vez más sorprendida Sakura, la dulce Tomoyo
se acercó lentamente, sin perder su sonrisa. La joven Kinomoto presentía lo que
su amiga tenía en mente.
_ ¿Qué quieres
decirme?
_ Quiero decir que
me di cuenta de que ya no puedo vivir sin ti, Sakura. ¡Quiero que estemos
juntas para siempre!
_Pero si ya somos
amigas…
_Pero, ¿no te
gustaría que el tiempo se detuviese y que fueras joven para siempre?_ susurró
Tomoyo dulcemente en su oído.
Mientras la chica
amatista susurraba dulces palabras al oído de su amiga, Sakura sólo se quedaba
inmóvil ante el avance de la muchacha de ojos azules. Una lágrima solitaria
corrió por la mejilla de la joven Kinomoto, ya que por fin entendió las
verdaderas intenciones de Tomoyo: quería convertirla en vampiro.
_Sakura, ¿quieres
estar conmigo para siempre?
_ ¿De verdad deseas
eso?
_Sí…
Entonces, Tomoyo
mordió el cuello de su amiga. Por primera vez bebía la sangre de otro ser que
no era su ama, pero algo estaba mal: apenas tomó el primer sorbo de la sangre
de Sakura notó algo extraño, un sabor desconocido y repugnante. Lentamente la
chica de cabellos oscuros se separó de su amiga, con una terrible confusión en
su cabeza. Esta última volteó a verla con sus ojos esmeraldas, que ahora
reflejaban una enorme tristeza.
_ ¿Qué sucede
Tomoyo? ¿Acaso no querías beber de mi sangre y convertirme en vampiro?
_Pero… ¿por qué
sabes eso...?_murmuró la chica de ojos azules, aún sin salir de su asombro.
En ese momento
Sakura, lentamente, reveló su identidad: tomó su forma de vampiresa ante la
mirada atónita de la muchacha amatista. La flor de cerezo había mostrado sus afilados
colmillos, los cuales eran más pequeños que los de un vampiro común, sus garras
también pequeñas y sus ojos color sangre ante una persona que no era su
maestro.
_ ¡No…! ¡No puede
ser que tú seas un vampiro!_ gritó la chica Daidouji, aún sin salir de su
asombro.
_ ¿Tan sola te
sientes, Tomoyo?
Pero a pesar de
tenerla enfrente, Tomoyo no podía percibir su presencia. Entonces lo comprendió
todo: aquel vampiro al que había sentido y que parecía desaparecer cada vez que creía que se
le acercaba no era más que Sakura.
_Ahora lo entiendo,
aquel vampiro que sentí aquella noche que te conocí… ¡eras tú!_ exclamaba la
amatista defraudada_ Por eso cada vez que desaparecía la presencia tú aparecías
y también… ¡él aparecía!
Sakura permanecía en
silencio.
_ ¡Tú trabajas para
Shaoran Li!_ dijo Tomoyo, muy molesta.
_Shaoran es mi
maestro, pero no trabajo para él_ respondió la chica de ojos de jade con su
tono triste.
_ ¡Pagaras por
haberme engañado!_ gritó la amatista furiosamente.
La ira de la chica
de ojos azules fue tal que no dudó en tomar su forma de vampiro, que
extrañamente era muy parecida a la de Sakura (con garras y colmillos más
pequeños de lo normal), para después lanzarse en un ataque feroz y violento en
contra de la muchacha castaña. Pero la dolida vampiresa detuvo sus movimientos
a centímetros de su víctima, quien no se movió en ningún momento a pesar de
todo: Sakura había vuelto a su forma humana.
_Tomoyo…yo no quiero
perder tu amistad_ suplicó la muchacha castaña_ Si quieres atacarme, hazlo. No
me defenderé.
Tomoyo notó que de
los ojos -ahora verdes- de Sakura estaban cayendo lágrimas de tristeza. Entonces
entendió que no podía lastimarla, ya que aún la sentía su amiga. Lentamente la
amatista se apartó del lado de su amiga mientras volvía a su forma humana,
dándole la espalda.
_Tomoyo, espera…
_Mi ama tiene en su
poder al maestro de tu maestro_ dijo la chica de ojos azules sin mirarla.
_Tomoyo…
Sakura se quedó
viendo cómo su amiga se alejaba de ella, perdiéndose en la oscuridad de la
noche. Sus lágrimas reflejaban la enorme tristeza que su corazón sentía: había
perdido a su amiga y no sabía si podría recuperarla.
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