sábado, 10 de febrero de 2018

Capítulo 23: Soledad

Dicen que la soledad es algo muy difícil de soportar, sobre todo cuando la inmortalidad está de tu lado. Eso era algo que sabía perfectamente Tomoyo ya que, a pesar de haber dedicado toda su vida a cumplir hasta el menor capricho de su ama Lilith, no había conocido el verdadero cariño hasta esa noche en la que conoció a Sakura.
Ahora ya no quería pasar un minuto más de su vida eterna sin su compañía. Y la buscaba para poder convertirla en vampiro y así espantar su dolorosa soledad para siempre. Pero lo que la dulce vampiresa ignoraba era que Sakura ya era una hija de la noche: había tomado la vida eterna gracias a su profesor, Shaoran Li. Pero ¿por qué Tomoyo, que podía detectar a un inmortal a kilómetros de distancia, no pudo saber la verdadera identidad de la joven Kinomoto? La razón era que Sakura aún conservaba intacta su humanidad y era increíblemente fuerte. Ahora la buscaba en aquellas calles donde la había visto pocos días atrás.
Mientras tanto la chica de ojos de jade también recorría las mismas calles, y tenía la misma razón: encontrarse con su amiga. A diferencia de la amatista, Sakura sabía que su amiga era un vampiro pero algo dentro de su corazón le decía que Tomoyo no era malvada como le había dicho su maestro. Tenía que probarlo, debía averiguarlo.
Y así ambas chicas se encontraron bajo la luz de la luna llena. Se miraron fijamente, como la primera vez en la discoteca, y sin poder resistir las ganas la joven Daidouji fue a abrazar a su amiga fuertemente, demostrando la  inmensa alegría que sentía al verla.
Después de caminar por un buen rato, casi en completo silencio, se detuvieron en el parque pingüino, exactamente  a la mitad del puente sobre el lago. Mientras la joven Kinomoto miraba la luna reflejada en el agua, apoyada sobre el barandal del puente, la chica amatista se colocaba a espaldas del lago, observando el cielo estrellado, como si buscara el valor que necesitaba observando el firmamento.
_Es una hermosa noche ¿verdad Sakura?_ murmuró la joven de cabellos oscuros.
_Sí.
_Sakura, quiero decirte que…te quiero mucho.
_Tomoyo_ dijo la chica de ojos verdes, muy sorprendida.
_Tenías razón: yo no tengo amigas y tú me diste mucho cariño, algo que hacía mucho que no sentía. ¡Eres mi mejor amiga!
Mientras le dedicaba esas hermosas palabras a una cada vez más sorprendida Sakura, la dulce Tomoyo se acercó lentamente, sin perder su sonrisa. La joven Kinomoto presentía lo que su amiga tenía en mente.
_ ¿Qué quieres decirme?
_ Quiero decir que me di cuenta de que ya no puedo vivir sin ti, Sakura. ¡Quiero que estemos juntas para siempre!
_Pero si ya somos amigas…
_Pero, ¿no te gustaría que el tiempo se detuviese y que fueras joven para siempre?_ susurró Tomoyo dulcemente en su oído.
Mientras la chica amatista susurraba dulces palabras al oído de su amiga, Sakura sólo se quedaba inmóvil ante el avance de la muchacha de ojos azules. Una lágrima solitaria corrió por la mejilla de la joven Kinomoto, ya que por fin entendió las verdaderas intenciones de Tomoyo: quería convertirla en vampiro.
_Sakura, ¿quieres estar conmigo para siempre?
_ ¿De verdad deseas eso?
_Sí…
Entonces, Tomoyo mordió el cuello de su amiga. Por primera vez bebía la sangre de otro ser que no era su ama, pero algo estaba mal: apenas tomó el primer sorbo de la sangre de Sakura notó algo extraño, un sabor desconocido y repugnante. Lentamente la chica de cabellos oscuros se separó de su amiga, con una terrible confusión en su cabeza. Esta última volteó a verla con sus ojos esmeraldas, que ahora reflejaban una enorme tristeza.
_ ¿Qué sucede Tomoyo? ¿Acaso no querías beber de mi sangre y convertirme en vampiro?
_Pero… ¿por qué sabes eso...?_murmuró la chica de ojos azules, aún sin salir de su asombro.
En ese momento Sakura, lentamente, reveló su identidad: tomó su forma de vampiresa ante la mirada atónita de la muchacha amatista. La flor de cerezo había mostrado sus afilados colmillos, los cuales eran más pequeños que los de un vampiro común, sus garras también pequeñas y sus ojos color sangre ante una persona que no era su maestro.
_ ¡No…! ¡No puede ser que tú seas un vampiro!_ gritó la chica Daidouji, aún sin salir de su asombro.
_ ¿Tan sola te sientes, Tomoyo?
Pero a pesar de tenerla enfrente, Tomoyo no podía percibir su presencia. Entonces lo comprendió todo: aquel vampiro al que había sentido y que  parecía desaparecer cada vez que creía que se le acercaba no era más que Sakura.
_Ahora lo entiendo, aquel vampiro que sentí aquella noche que te conocí… ¡eras tú!_ exclamaba la amatista defraudada_ Por eso cada vez que desaparecía la presencia tú aparecías y también… ¡él aparecía!
Sakura permanecía en silencio.
_ ¡Tú trabajas para Shaoran Li!_ dijo Tomoyo, muy molesta.
_Shaoran es mi maestro, pero no trabajo para él_ respondió la chica de ojos de jade con su tono triste.
_ ¡Pagaras por haberme engañado!_ gritó la amatista furiosamente.
La ira de la chica de ojos azules fue tal que no dudó en tomar su forma de vampiro, que extrañamente era muy parecida a la de Sakura (con garras y colmillos más pequeños de lo normal), para después lanzarse en un ataque feroz y violento en contra de la muchacha castaña. Pero la dolida vampiresa detuvo sus movimientos a centímetros de su víctima, quien no se movió en ningún momento a pesar de todo: Sakura había vuelto a su forma humana.
_Tomoyo…yo no quiero perder tu amistad_ suplicó la muchacha castaña_ Si quieres atacarme, hazlo. No me defenderé.
Tomoyo notó que de los ojos -ahora verdes- de Sakura estaban cayendo lágrimas de tristeza. Entonces entendió que no podía lastimarla, ya que aún la sentía su amiga. Lentamente la amatista se apartó del lado de su amiga mientras volvía a su forma humana, dándole la espalda.
_Tomoyo, espera…
_Mi ama tiene en su poder al maestro de tu maestro_ dijo la chica de ojos azules sin mirarla.
_Tomoyo…
Sakura se quedó viendo cómo su amiga se alejaba de ella, perdiéndose en la oscuridad de la noche. Sus lágrimas reflejaban la enorme tristeza que su corazón sentía: había perdido a su amiga y no sabía si podría recuperarla.

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