viernes, 9 de febrero de 2018

Capítulo 22: Lobo solitario

El sol emergía desde las montañas, anunciando un nuevo día. La dulce Sakura despertaba de su sueño apaciblemente, sin darse cuenta de que había pasado la noche en un cuarto que no era el suyo. Sólo pocos segundos después reaccionó y rápidamente fue a buscar a su maestro, quien estaba entrenando en el jardín.
Éste, ajeno a la tierna mirada de su alumna, continuó con sus movimientos que, a la luz de la mañana, parecían más una delicada danza. Sólo cuando dio por terminado su entrenamiento se percató de la presencia de Sakura.
_Buenos días, Kinomoto, por fin has despertado_ dijo el vampiro mientras guardaba su espada en su funda.
_Buenos días Shaoran. Dime, ¿cuándo me quedé dormida?
_Mientras meditábamos.
_ ¡Qué…pena!_ murmuro la chica, avergonzada.
Lentamente Shaoran se acercó a su pupila y le pidió que se preparara ya que volverían a Tomoeda. Pero la preocupación de la chica de ojos verdes era evidente: su maestro se sentía mal por lo ocurrido por su mentor y desgraciadamente no podía hacer nada al respecto.
El día transcurrió dando paso a la noche, y en aquella mansión a las afueras de la ciudad, donde la malvada Lilith se adentraba en lo más profundo de su hogar. Siempre acompañada por su protegida Tomoyo, la diabólica vampiro se dirigió hacia donde su invitado especial se alojaba. Detrás de lo que se asemejaba a un calabozo estaba Eriol, quien era vigilado día y noche por uno de los secuaces de la vampiresa.
_Saludos, maestro Hiragizawa_ decía la siniestra mujer al momento de entrar en la celda_ Espero que esté cómodo.
La ironía en las palabras de Lilith era más que evidente: su “invitado” se encontraba encadenado.
_Siempre es un placer visitarte, Lilith, pero déjame decirte que hay mucha humedad aquí, ¡me puedo enfermar!_ Eriol le respondió con la misma ironía.
_Me alegra que aún conserves el buen humor.
_Ya sabe lo que dicen: “Al mal tiempo, buena cara
_Usted sabe perfectamente la razón de que aún esté vivo_ afirmó la vampiresa con seriedad.
_ ¿Después de todos estos años todavía conservas esa obsesión por Shaoran?
_ ¿Aún no lo entiendes? Shaoran y yo estamos unidos por el destino.
La respuesta de la malvada Lilith afectó de gran manera a su protegida pero Tomoyo sabía perfectamente que el  joven Li era la asignatura pendiente de su ama, el único ser que escapó de sus manos. Por eso lo odiaba.
_Mi pequeño lobo debe ser domesticado_ afirmó la siniestra mujer arrogantemente.
_Estás en un error. En verdad Shaoran es como un lobo: un lobo solitario que jamás podrá ser domesticado.
_Un lobo es sólo un perro al cual se le puede domesticar y enseñar trucos nuevos.
_Un lobo no puede ser jamás un perro, ya que su alma es salvaje e indomable.
_ ¡Ya basta! Me estás aburriendo con tu filosofía barata_ dijo la vampiresa furiosa_ Cuando mi pequeño lobo esté a mi lado te tragarás tus palabras. ¡Vámonos, Tomoyo!
Y así, visiblemente molesta, Lilith se retiraba de aquel oscuro lugar seguida de su protegida, quien empezaba a sentir celos de Shaoran. Celos y soledad: sentimientos que llevaron a la dulce amatista a salir a la ciudad en busca de la única alma que podía hacerle olvidar toda esa tristeza.
Mientras, en el interior de su habitación Sakura estaba recostada sobre su cama. No lograba conciliar el sueño y, sinceramente, no quería tampoco hacerlo. Sus pensamientos rondaban a una sola persona: Shaoran.
Desde que ambos regresaron de las montañas aquel frío muro de hielo que cubría el corazón de su maestro parecía hacerse cada vez más duro. Temía más que nunca perderlo. Que, sin que él se lo dijera, Shaoran, quien era su guía y su luz, se enfrentase a quien se llevó a Eriol, aunque con ello perdiera la vida.
De eso estaba segura: lo estaba perdiendo.
¿Vivir sin él? Simplemente no podía. ¿Cómo seguir sin aquella persona que se convirtió en el centro de su universo? Pero Sakura no tenía esperanzas en que Shaoran también comenzara a sentir algo por ella, aunque fuera sólo un poquito. Realmente se sentía impotente y muy sola. De pronto volvió a sentir la presencia de un vampiro y no era uno cualquiera: era la presencia de Tomoyo. Sin pensarlo dos veces la chica de ojos de jade rápidamente salió por la ventana de su habitación en busca de la joven amatista.
A su vez, la joven Daidouji recorría las calles del barrio de la muchacha castaña: quería encontrarla antes de que su ama se diera cuenta de que había escapado. Lo tenía decidido: esa noche le regalaría  a Sakura el don de la vida eterna y así tendría su dulce compañía para toda la eternidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario