Sintió
las delicadas manos que le acariciaban lentamente el cabello, y cómo a veces
éstas le hacían cariño en las mejillas. Sus manos eran suaves, le gustaba el
tacto, tanto que llegaba a hacerse el dormido en las piernas de Yukito, para
recibir, sin avergonzarse, sus caricias. Sintió que el joven acercaba el rostro
hacia su cabello y aspiraba su fragancia.
_Me
encanta que huelas a chocolate…_ escuchó la voz baja del joven_ Me dan ganas de
comerte._ soltó una risita y le besó la frente.
¡Ah!
Podría fingir dormir toda su vida.
(Revisado por última vez el 30/07/2019)
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