"No
puedo evitar seguir fingiendo lo que siento, me duele el corazón y me quemo en
fuego lento, pero me falta valor para contar lo que encierra mi pecho. Quiero
gritar lo que siento por ti, ya me está consumiendo...
Te Quiero..."
***
_¿Cuál
dijo que era su nombre?
_
No lo he dicho.
Desesperante.
Esa era la única palabra con la que se podía definir lo que estaba pasando.
Aquella noche, de una terrible tormenta, de 1645, tras la derrota de Carlos I,
momentos después de que Yue ... en fin, el caso es que esa noche tocó a la
puerta un extraño hombre, bajo de estatura, de cabellos negros y piel bronceada
y con unos inquietantes ojos verdes.
_Entonces,
¿me lo dirá?
_¿Qué
cosa?
_
Su nombre.
_¿Le
interesa?
_
Sí.
_Aristide
Torchia.
Le
sorprendió verlo en la entrada y él pidió posada. Clow no se negó ( ¿Cómo
decirle "no" a un viajero
en una noche tan fría como esa?) y abrió la puerta. Ahora estaba sentado frente
a él, en una silla sencilla de madera, con una frazada sobre sus hombros.
_De
acuerdo Sr. Torchia, ¿Qué es lo que le trae por aquí?
_
Estoy haciendo... una investigación. Eso es todo.
_
¿Es estudiante?
_Algo
así.
El
hombre no prestaba atención a nada en particular; su vista recorría la habitación,
pero su mirada mostraba impasibilidad. De un modo un tanto anormal, sus ojos
verdes estaban apagados, sin emociones. Se detuvo frente a la ventana que aun
tenía la cortina recorrida...
_
Quería saber si usted me podría ayudar.
_
Seguro. Pero tendrá que decirme cuál es el tema.
Hubo
un momento de silencio, en el cual Torchia miraba a través de la ventana la
lluvia caer. Después regresó su mirada al mago.
_
¿Cree en el diablo, Read?
Clow
se sorprendió ante la pregunta, aunque no dijo nada ni hizo ningún gesto que lo
demostrase...
_
Yo sólo creo en lo que he visto y lo que logro comprender_ dijo con un leve
encogimiento de hombros.
La
puerta se abrió en ese momento, dejando pasar a Yue (quien había escondido sus
alas) con una bandeja, la cual traía una tetera humeante y unos vasos. La
depositó en una mesita junto a Torchia. El mago lo miró de reojo en el momento
que Yue miraba su espalda. Un leve rubor apareció sobre las mejillas del Guardián.
Torchia siguió aquello, hasta que el ángel salió de la habitación.
_Es
un lacayo un poco extraño.
_Se
equivoca, no es mi lacayo.
_¿Quién
es entonces?
_
Nadie importante.
Detrás
de la puerta Keroberos observaba. De hecho ya tenía tiempo observando. Sus
dudas por fin se despejaban, acababa de encontrar (o eso pensaba) la razón del
cambio de actitud de su compañero.
Desde
hace días había notado que el Guardián de la Luna se mostraba más inquieto y
misteriosos, más de una vez le sorprendió espiando al amo y cuando le
preguntaba el por qué él simplemente hacía un movimiento indiferente murmurando
un "qué te importa", lo
cual le exasperaba... ¿Por qué Yue se mostraba tan frío e incluso grosero con
él? En cambio cuando lo veía con Clow, su actitud era pasiva, casi dejando a un
lado su frialdad totalmente. En un principio se imaginó respeto, pero después
de lo que vio esa noche era obvio que no era eso...
_¿Por
qué se niega a responder mis preguntas?
_
Al contrario Read, es usted quien no responde las mías.
_ Lo
he hecho lo mejor que puedo.
_
Eso no es cierto.
_
¿Quién es usted realmente?
_Yo,
soy yo... Y he sido yo por muchos siglos.
Yue
se sentó en la cama, desplegando sus alas y dando un largo suspiro. No podía
pensar en otra cosa: su primer beso, con sólo recordarlo, hacía que su corazón
se acelerada... Había sido maravilloso, ¡el paraíso! Se preguntó si significaba
lo misma para él, tal vez, aunque fuera una remota posibilidad sí. Recostóse
sobre la colcha y humedeció sus labios comprobando que el sabor a vino aún
seguía ahí.
_Le
he hecho dos preguntas muy sencillas: ¿cree en el Diablo? Y ¿Quién es el chico?
_Y
yo ya he contestado ambas.
_
"Yo sólo creo en lo que he visto y
lo que logro comprender" y "Nadie
importante" no son respuestas.
_
Tiene buena memoria. Y si realmente le interesa la respuesta: no creo en el
diablo, ni en los demonios, ni en...
_Dios.
Por
primera vez en toda la conversación, Torchia se inclinó hacia delante,
interesado.
_
Adelante puede hablar libremente conmigo... No le quemarán por decírmelo a
mí...
_No
creo que un ser tan poderoso como él, creara el mundo y a todo ser viviente en
la faz de la tierra sin dejar algún indicio de su existencia.
_Pero
entonces, ¿Cómo explicaría la presencia de todos los seres vivos?
_
Eso es muy fácil...
Y
el mago sonrió recordando un evento hace unos cuatro años.
_No
cree en Dios, pero intenta ser como él.
Levantó
una ceja sorprendido ante esta afirmación.
Siguió
con la vista a Torchia hasta que este se detuvo frente a la ventana.
_
Buenas noches, Sr. Read.
***
Matthew
Hopkins continuaba con su viaje, explorando Inglaterra, encontrando nuevos
acusados y ahorcándolos o más recientemente ahogándoles... Y cada vez que
terminaba un juicio y él ganaba se sentía soñado, su ego comenzó a levantarse y
a cambiar: ya no se mostraba débil, no utilizaba más [sólo en caso de verdadera
necesidad) su imagen de conejo desvalido, aunque sus sutiles modales y sus
palabras (que hipnotizaban a cualquier víbora) seguían con él. Le encantaba el
temor que producía en las aldeanas con su sola presencia. Decía que tenía un
don, el de ser "invencible ante las
brujas" y que de ahí venía el miedo.
Él
tenía un don, de eso no cabía duda, pero no era precisamente el que el cazador
pensaba, ¡tenía el maldito don de ser axiomático! La gente le escuchaba y le
creía, lo seguían y apoyaban aunque jamás lo hubieran visto. Eso fue
precisamente lo que le pasó esa noche, en la frontera con Escocia.
Sólo
se escuchaban las ramas crujir bajo sus pies y algunos murmullos, pero más que
nada las respiraciones agitadas y hasta cierto modo excitadas de todos; pasaron
apartando las ramas de los árboles, espantando animalillos salvajes. Parecía
que nada les detenía en su carrera.
Con
antorcha en mano y una multitud detrás de él avanzaban entre la maleza,
buscando. La noche anterior se le había informado de un "hechicero" ermitaño que vivía a las
afueras de aquel pueblo; como era de esperarse en ese mismo momento reunió a la
gente y juntos fueron a cazarlo.
Frunció
el ceño. Ese río no debería estar ahí, seguramente equivocaron el rumbo.
Intentaron persuadirlo sus compañeros para regresar, pero él no aceptó: tenía
la obstinada idea que si cruzaban el río a nado llegarían más rápido. Los
convenció para seguirlo, pero no llegaron muy lejos, el cansancio los venció.
Al final sólo quedó Hopkins, quien logró llegar al otro lado y continuó
avanzando. Ese lado del bosque estaba mucho más callado y misterioso, se podían
sentir presencias extrañas, casi mágicas; inclusive el cazador se percató de
eso, aunque no poseía poderes. Le vigilaban en cada paso dado y comenzó a
inquietarse, tanto que corrió; pero por no poner atención el suelo se le
terminó y cayó, resbalando por un pequeño claro inclinado. Con la misma fuerza
con la que cae una bola de acero desde una gran altura, fue con la que se
estrelló el pobre cazador contra un árbol, partiéndolo en dos. Crujió su cuerpo
en varios puntos, y él exclamó un quejido ronco para después quedar
inconsciente.
No
supo cuanto tiempo permaneció en aquel estado, no pensaba en nada. Escuchó un
ruido delante suyo y abrió los ojos, encontrándose con un par de zapatos
viejos, llenos de barro, al estilo francés. Alzó la vista y con la escasa luz
pudo ver el rostro de un anciano, arrugado, con gruesas cejas grises y una
abundante barba sin bigote. De pronto todo se puso negro siendo acompañado con
un fuerte golpe y un ruido.
***
Se
vio acostado en el suelo, con una manta sobre sí, en una cabaña ajena y
extraña; papeles, libros cuadros y dibujos acomodados, parecía que todo tenía
un orden, inclusive la chimenea apagada que estaba a su lado. ¿Cuánto tiempo había
dormido? ¿Quién le recogió?
_¿Ya
despertaste?
_
¿Quién?_ exclamó, sorprendido, dándose la vuelta.
Frente
a él descubrió nuevamente al anciano de la noche pasada.
_¿Es
usted Rosetti?_ preguntó mirando fijamente al viejo, con voz débil.
_
Sí.
_Entonces
estás detenido y no intentes ningún movimiento que mis compañeros no tardarán
en llegar.
_
¿Bajo qué cargo?
_El
de hechicero.
A
diferencia de lo que Matthew hubiera imaginado, el viejo no se inmutó, al
contrario, sonrió.
_
Será mejor que no se mueva mucho, esas heridas pueden ser muy peligrosas.
Aunque lo mejor en este caso es que le cambie el vendaje.
Hopkins
lo miró con desconfianza, pero se acercó. El viejo quitó las vendas y juntó sus
manos creando pequeños destellos de magia.
_¿Qué
diablos crees que haces?
_¡Oh,
vamos! Sólo aplicó un poco de magia.
_Yo
soy cazador de brujas ¿Y TÚ tienes el descaro de mostrarme tus poderes? ¿Acaso
me estas embrujando?
_Por
favor, odio a la gente que piensa así... Tú cazador, tienes fama y pensé que
serías un poco diferente.
_ ¿Diferente
cómo?
_Tal
vez con más criterio. Dime: ¿no te ha nacido la curiosidad de saber cómo lo
hacemos?
_
¿Cómo hacen qué?
_Nuestros
conjuros. ¿Por qué jamás atrapas a un hechicero o bruja verdaderos?
_...No
tengo ningún interés en atraparlos, por lo menos no por el momento.
_¿Estás
seguro?
_En
lo absoluto.
_Tengo
entendido que vienes de Anglia del Este.
_¿Y
eso qué?
_¿
No hay nadie ahí con quien quieras acabar?
_Hay
varias personas, de las que yo me encargare a su tiempo.
_
¿Entonces por qué no te deshaces de ellas ahora?
_No
necesito darte explicaciones.
_Tal
vez pueda darte una ayuda, pruebas para que atrapes por lo menos a uno.
Hopkins
sonrió; su colmillo blanco relució.
_Creo
saber de quién habla. Y no necesito pruebas.
_¡Ah!
Piensas crearlas tu mismo, pues déjame decirte que él es realmente un hechicero
y bastante astuto.
_
Eso ya lo sé.
_¿Qué?
_Estuve
investigando. Una vez le descubrí una extraña carta y averigüé el origen de
esta.
_¿Una
carta?
_Sí.
Son cartas mágicas y, según creo, creadas a partir de la magia.
_¿Qué
estás diciendo?_ el viejo se levantó exasperado_ ¿Que ese maldito del Clan Li
logró crear cartas mágicas?
_Vaya,
pensé que estabas enterado de todo.
_Ese
desgraciado se nos adelantó, ¡seguramente las presentará en el Concilio! _dijo
esto último entre dientes, sin que Hopkins lograra entenderlo.
_Me
parece... _agregó Matthew con un toque venenoso; pretendía sacar partido de
eso._ ... que tú, Rosetti, tienes más interés que yo en acabarlo...
_Nada
más que rivalidad profesional.
_Tú
fuiste quien me llamó, ¿verdad? ¿Qué quieres exactamente?
_Hacernos
un favor a ambos. Pero parece que no puedo darle lo que necesitas para hacerle
caer.
_Lo
que sí puedes darme es ese libro.
Y
señaló uno a sus espaldas. Rosetti alzó una ceja sorprendido.
_Me
ha sorprendido Hopkins. ¿Qué sabe usted de demonología?
***
El
olor a tierra húmeda regía el ambiente, el cual no era tenso, al contrario, era
sumamente agradable. Ya había dejado de llover y el cielo comenzaba a
despejarse, dejando ver entre la negrura de sus nubes pequeños rayos de luz
lunar... A lo lejos, en el camino que llevaba al pueblo se veían diminutos
puntos, pequeños destellos de luz amarilla-verdosa, que seguramente eran
luciérnagas. Un poco más lejos venía el pueblo, silencioso, dormido. Era la
única forma en que podía verlo, aunque recordaba algunas veces en las que las
calles se llevaban de vida, luces y colores, los aldeanos salían a convivir y
divertirse, era un ambiente cálido lleno de humanismo... Aquellos días eran las
fiestas. Le gustaba ver las fiestas, pero nunca participar en ellas; Keroberos
y su amo le invitaron un par de veces, pero él nunca aceptó. Sabía de antemano
que por su carácter no podría relacionarse con las personas ni disfrutar de esa
diversión. Apartó todo eso de su mente y observó. Más allá del pueblo no había
nada, nada más que niebla y vegetación. Únicamente en contadas ocasiones se
divisaban tenues luces de antorchas... el fulgor rojo provenía de los palos
encendidos de los aldeanos "cazadores
de brujas". Recordaba los gritos de esas noches, los ruidos, la
desesperación... Quería ayudar a la gente inocente que estaría a punto de
morir, pero en esos momentos, en los que estaba a punto de salir por la
ventana, alguien le detenía. Era su amo, quien le decía que no podía interferir
y él no lo cuestionaba.
El
viento sopló trayendo con él casi imperceptibles gotas de agua. Dio un largo
suspiro acompañando de esta manera al sonido producido por el movimiento de las
ramas. Pasaron dos horas más en las que ni tan siquiera se movió, no tenía
ganas de hacer nada, pero el sueño y frío comenzaron a invadirlo rápidamente.
Expulsó por la boca un poco de aire, el cual se transformó en vapor,
comprobando así que la temperatura descendía... Entonces se dio cuenta que
tiritaba, y decidió que ya era hora de regresar al interior de la casa.
Extendió sus alas, pero estaban imposibilitadas para volar: se encontraban
entumecidas por el frío. Restó importancia al asunto, después de todo se
encontraba sobre el techo de su vivienda: ¡No hay pierde! Saltó, pues, del
tejado a la terraza del segundo piso. Pensaba bajar al primer piso y entrar por
la ventana de la cocina, pero no lo hizo; la puerta de la terraza se encontraba
abierta y entre las cortinas de color azul pudo divisar una cama y dos figuras.
Entró sigilosamente a la habitación y se acercó lentamente al lecho, frunciendo
el ceño al ver al gran león dorado acurrucado a los pies de su amo: nunca lo
había comprendido ¿Por qué Keroberos podía dormir en la misma cama con Clow y
él no? ¡No tenía nada de malo querer compartir la misma cama!, Bueno, eso
creía... Dudó un poco pero al cabo de unos momentos se deslizó entre las
sábanas. Sabía que el mago no se despertaría, esa noche les manifestó que
estaba muy cansado y que utilizaría una de las cartas para dormir mejor hasta
la mañana siguiente. Supuso que aquello se debía a su plática con ese extraño
hombre...
Se
acurrucó junto a Clow y lo rodeó con los brazos, sin querer pateó un poco al
león, pero al ver que este no hizo ningún movimiento, no hizo nada... Dejó que
el calor del mago aminorara su frío y poco a poco el sueño le fue invadiendo
hasta quedar dormido.
Keroberos
simplemente disimuló soñar, pero era consciente de lo que pasaba... Y por
alguna razón que no logró entender, aquello le molestó.
***
Desde
muy temprano Yue ya estaba despierto. Había dormido por lo menos 3 horas y se
encontraba muy nervioso; su cabeza descansaba sobre el pecho de Clow mientras
abrazaba su cintura, el resto de su cuerpo estaba tan pegado a su amo como
pudo...
Estaba
achispado con el olor del hechicero, no podía describirlo pero le gustaba... de
la misma manera como le gustaba estar tan cerca, escuchar su respiración,
sentir en su mejilla a través de la delgada tela, su piel... Dirigió sus ojos a
su rostro. Parecía tan tranquilo. Su corazón se aceleró y un rubor asomó a sus
mejillas, aquel sentimiento cálido le volvió a inundar, era algo que le gustaba
tanto.
Su
amor hacia él era puro, su amor era inocente: ¿Dónde encontraría el mago un
amor como el suyo? ¿Un amor que se conformaba con una palabra, una sonrisa, una
caricia perdida, un suspiro olvidado? ¡Un amor cuyo único anhelo era un beso!
¡Un amor que vivía para servirle!
Jugueteó
con sus cabellos negros de su amo, enredándolos en sus dedos formando pequeños
rizos...
_¡SR.
READ!
Aquella
voz. Clow se levantó casi de un brinco.
_¿Sucede
algo, amo?
_No...
Creí escuchar algo... a alguien...
Alzó
una ceja con rostro extrañado al percatarse de con quien hablaba.
_
¿Yue, qué haces en mi cama?
Antes
de que el guardián respondiera, el grito se repitió. Así que Clow se asomó a la
ventana y lo que descubrió en el umbral de la puerta le sorprendió.
_¿Anne?
La
mujer sonrió. Era difícil decir si era ella o no, el tiempo había pasado
rápido. Frente a sus ojos ya no estaba la muchachita de 17 años... sino una
joven mujer en pleno florecimiento.
Rápidamente
se vistió y bajó hacia ella, ante las miradas interrogantes de sus dos
guardianes.
_¿La
conoces Keroberos?_ preguntó Yue viendo a través de la ventana, con cuidado
para no ser descubierto.
_Creo
que ya la he visto... pero sólo una vez.
El
Guardián de la Luna frunció el ceño. ¿Pero qué diablos estaba sucediendo ahí? ¿Por
qué esa chica abrazaba a SU amo y le besaba la mejilla? Eso no le gustó. ¡No le
gustó en lo más mínimo! Sus ojos relampaguearon con un sentimiento que no había
conocido hasta ese momento: los celos.
_¡Anne!
¡Me alegra tanto que hayas regresado!
_
No tanto como a mí, Sr. Read.
_
Te he dicho miles de veces que no me hables de usted.
_Lo
siento, Clow...
_
Pero bueno, ¿no gustas pasar?
En
el momento que se disponían a entrar un muchacho llegó; parecía ser el cartero,
porque le entregó un pequeño sobre con un sello de forma extraña, pero que el
hechicero conocía muy bien. Guardó la carta y junto con Anne entró a la casa.
_
¿Dónde has estado en estos últimos años?
_Bueno,
en África...
_
¿Qué? ¿Tú en África?
_ ¿Por
qué te sorprendes tanto? ¡Amo a los animales!
_Pero
no te imaginó en África, viviendo como se vive allá.
_¡Hey!
Si no soy todavía esa niña de papi.
_
Eso se ve.
Y
ambos sonrieron.
_
¿Qué animal de todos los que viste en esas tierras te gustó más? He de suponer
que vistes muchos.
_Sí,
aprendí todo lo que se puede sobre veterinaria... Y me encantan los leones.
_
¿Los leones?.
Tanto
Keroberos como Yue observaban desde la puerta la plática. Danna pasó a su lado
llevando una gran bandeja y al ver al par de fisgones les jaló de la oreja
agregando:
_Es
de mala educación escuchar conversaciones ajenas. Además, el desayuno está
preparado ya.
La
anciana mujer ya se había acostumbrado a la presencia de ambos, aunque al
principio se sobresaltó mucho: un ángel y un león alado no son poca cosa. Pero
su lealtad iba más allá del miedo. No dijo nada, ni hizo preguntas, se limitó a
seguir ordenes y a sus acostumbradas obligaciones. Con el tiempo comenzó a
tratarlos más y les perdió el temor, e inclusive le cayeron bien; sobretodo el
león. ¡Tenía muy buen humor! Aunque un tanto vanidoso.
Abrió
la puesta de la biblioteca y anunció:
_Disculpe,
el desayuno está listo. Supongo que la señorita nos acompañará.
Clow
miró a Anne. Ella asintió levemente.
_Así
es.
_ ¿Y
puedo preguntar por el otro invitado?
_
¿Torchia? Ah, supongo que sí.
Danna
salió de la habitación y se dirigió a la cocina.
_
¿Se puede saber quién es Torchia?
_Es
un estudiante. Está aquí de paso y me pidió asilo.
La
mañana transcurrió como todas las demás. Aristide salió desde muy temprano sin
decir a nadie a donde se dirigió; supusieron que para continuar con su
investigación, sin ningún tipo de interrupción. Clow y Anne pasaron juntos toda
la mañana (y el resto del día), siendo siempre vistos desde lejos por los Guardianes.
Lo más curioso de todo esto fue que Yue estaba muerto de celos y Keroberos
celoso de esos celos (?) ... Aunque no lo pareciese y no quisiese aceptarlo, el
Guardián del Sol comenzaba a sentir algo extraño con referente a su compañero.
Una
vez que la chica se hubo ido a su casa (no sin antes auto- invitarse otra vez
el día siguiente, lo dicho, a Anne no le importaba la decencia) el hechicero
sacó la carta de su bolsillo.
_
Veamos.
La
abrió y leyó en silencio. Al cabo de unos momentos sonrió: aquella carta le
invitaba a participar en el concilio que se llevaría a cabo dentro de dos
semanas.
Dos semanas después.
El
relincho de los caballos cesó y por ello él supo que ya habían llegado. Miró a
sus dos Guardianes: Keroberos parecía muy entusiasmado, Yue no mostró ninguna
emoción pero veía a través de la ventana, como si realmente estuviera
interesado... Les había quitado a ambos sus alas, en primer lugar para que no
llamaran tanto la atención y en segundo, para que entraran dentro del
carruaje...
Ahora
ya estaban ahí, en Londres, la capital de su hermoso país natal. Hizo un
movimiento con la cabeza indicándoles a sus creaciones que lo siguieran; estas
avanzaron en silencio.
Keroberos
veía con interés las calles, vacías en esos momentos, mientras daba pequeños
brincos felizmente. Al doblar la esquina sus ojos dorados pudieron ver una gran
cantidad de gente, vestida de la misma forma "peculiar " que su amo y el otro Guardián. Las personas
entraban a un gran edificio de arquitectura antigua. Sin titubear entraron
junto con la demás gente.
_¿Te
sucede algo Yue?_ preguntó en voz baja Keroberos al ver a su compañero un poco
contraído.
_Me
siento un poco incómodo eso es todo... _murmuró el ángel, quien no estaba
acostumbrado a andar sin sus alas y a estar rodeado de gente.
El
interior dejó maravillados a ambos Guardianes: los muebles, las paredes, las
lámparas, las escaleras, todo resplandecía con un matiz dorado, como si el
mismo sol estuviese allí adentro, aunque afuera sólo hubiera oscuridad. Parecía
que todo estaba envuelto con una fuerza mágica. Al seguir avanzando de encontraron
con todo tipo de criaturas, desde humanos hasta orcos, con uno que otro ser
deforme, inclusive con trolls (cosa extremadamente extraña, pues estas
criaturas suelen ser violentas y antisociales).
Keroberos
se sintió en su ambiente: había mucha vida en ese lugar, mucha luminosidad,
colores, comida; ¡Aquello era justo lo que él necesitaba! Sin embargo, y a
diferencia del Guardián del Sol, Yue comenzaba a retraerse cada vez más, los
sonidos, las personas, la luz, la alegría ¡Era cómo una fiesta y no lo
soportaba!
Por
su parte Read parecía conocer a todos, pues una gran multitud se acercó a él,
la mayor parte preguntando la razón por la que había faltado a la reunión pasada,
en Italia hacía cuatro años; aun así los saludos se sucedieron con una broma
aquí, una réplica allí, y una sonrisa.
La multitud
apartó a los Guardianes del mago, y estos al verse solos decidieron curiosear
un poco, pues habían visto algo muy interesante... de acuerdo, Keroberos
arrastró a Yue a una mesa donde había gran cantidad de alimentos, sobretodo
dulces.
_¡Oh
Dios mío! ¡Qué felicidad!_ exclamó y comenzó a engullir de todo (muy mal hecho,
pues ni tan siquiera sabía que estaba comiendo), mientras tanto el Guardián de
la Luna se alejaba a paso discreto.
De
pronto la mesa tembló y como si hubiera salido de la nada apareció un ENORME
dragón frente del león. El dragón abrió su hocico soltando grandes bocanadas de
humo y enseñando sus afilados dientes, Keroberos no pudo hacer otra cosa más
que emitir un grito y salir disparado a esconderse entre las pierna de su amo,
provocando que este casi cayera al suelo. Varios curiosos voltearon a ver,
algunos se asustaron, otros se sorprendieron y algunos más no le dieron
importancia al asunto.
_¿Eh?_
Clow volteó extrañado encontrándose de frente con la "lagartija". Yue
se aproximó velozmente adoptando una posición de combate.
_
No se preocupen _añadió el mago después de unos segundos_ No es más que una
ilusión.
Y
dio un golpe suave con la punta de su dedo sobre la nariz del dragón. Con ese
simple golpe el animal estalló en luces de colores. Los presentes aplaudieron,
la ilusión había sido muy real y merecía la pena el ser vista.
_Eres
un cobarde_le dijo Yue a Keroberos cuando se hubo acercado a él.
_
... Tú hubieras hecho lo mismo de encontrarte en mi situación.
_
No._ respondió secamente.
_
Grrrr... Miserable_ murmuró el león.
_Como
siempre arruinando la diversión_ se dejó escuchar una voz en la sala_ ¿Verdad,
miembro del Clan Li?
_...
creada por el más grande ilusionista de este siglo_ completó la frase empezada
momentos atrás.
Y
entre el humo púrpura producido por una pequeña explosión apareció un hombre,
envuelto en una capa morada de la cual pendían muchos cascabeles. Varios
presente volvieron a aplaudir.
_
Me sorprendes Tedreschers, sueles ser más ingenioso a la hora de las entradas
triunfales.
_Pues
esto hubiese quedado mucho mejor si "alguien"
no hubiera destruido a la atracción principal.
El
recién llegado se acercó a Clow y le sonrió divertido, enseñando sus dientes,
como un chiquillo travieso.
_No
cambias nada. ¿Cómo has estado Clow?
_Mejor
que nunca.
_Tienes
que decirme que has hecho en estos últimos ocho años...
Tedreschers,
Ted para los amigos, era un joven vivaracho y hablador, en general de buenos
sentimientos, pero un poco cobarde y de vez en cuando con "ligeros" ataques de histeria.
Mientras
hablaban comenzaron a caminar. Llegaron a una pequeña mesa donde se sentaron;
los Guardianes se mantuvieron apartados durante esto, decidiendo que sería lo
mejor.
Después
de llenar unos vasos con ginebra y de bromear un rato, Clow se puso serio y
dijo:
_
He creado cartas mágicas.
_¿Sí?_
Ted lo miró sorprendido_ ¡Es fabuloso! Supongo que las vas a presentar ante el
concilio-…
Clow
movió ligeramente la cabeza, confirmando lo que dijese Ted.
_
Pero dime una cosa, que me tiene intrigado... ¿Quiénes son esos dos?
Y
señaló a las espaldas del mago, a un pequeño rincón, donde se encontraban los Guardianes.
_
Ellos son Keroberos y Yue.
_
Tú sabes a qué me refiero. ¿Quiénes son en realidad? Puedo sentir una gran
cantidad de magia desprenderse de su cuerpo... es curioso, se parece un poco a
tu presencia.
El
mago sonrió.
_¿Qué
te pasa? ¿Por qué sonríes?_ Tomó un sorbo del vaso.
_Yo
los creé.
Ted
escupió toda la ginebra que había tomado, abriendo enormemente los ojos.
_
¡¿QUÉ TU HICISTE QUÉ? ¿A PARTIR DE TU MAGIA?_ gritó, en una explosión repentina
de histeria.
Varias
cabezas se giraron sorprendidas por el grito, pero al ver de quien provenía
suspiraron aliviadas y continuaron con sus pláticas. Todos conocían los ataques
neuróticos de Ted.
_
Ajam _Read asintió, todavía sonriendo.
_¡¿ESTAS
IDIOTA O QUÉ TE PASA?.!
_Cálmate.
_¡TÚ
LO SABES MEJOR QUE NADIE! ¡NO PODEMOS LIBERAR GRANDES CANTIDADES DE NUESTRA
ENERGÍA SIN EFECTOS LATERALES NEGATIVOS! ¡ESTAS ATREYENDO EL MAL HACIA TI!
_No
te preocupes, yo sé cómo reponer mi energía.
_¡ASÍ
QUE FUISTE TU! Hace 4 años la tierra retumbó al igual que el plano astral...
Dios mío, rompiste una de nuestras reglas ¡y estás tan tranquilo!
_
No hay de qué preocuparse. Además no infringí ninguna norma.
_¡POR
SUPUESTO QUE SÍ! _ golpeo la mesa con su mano_ Y la más importante de todas:
"No perjudicar a nadie". ¡Pusiste
en peligro Tú propia vida!
_Sigues
siendo tan histérico como siempre.
_Escucha
Clow, esto te lo digo yo, que soy tu amigo: recuerda que aunque trabajes
independientemente, aunque seas un "mago
Folklórico", perteneces a los "Wicca" y hoy cuando presentes
a tus criaturas ante el concilio, ¡te van a comer vivo! En especial ese
Rossetti que nomás espera el más mínimo error para sacarte del juego.-
_
... ¿Rossetti sigue aquí?
_
¡Claro! No tenemos tanta suerte, ese ingrato es más viejo que tu y yo juntos (y
déjame decirte que eso es mucho); el pobre de Gandalf ya no sabe cómo
quitárselo de encima, con eso del que el sabio ya se quiere retirar…
_Así
que por fin va a retirarse... ¿Cuándo lo decidió?
_La
reunió pasada (a la que por cierto tú faltaste), dijo que en la próxima
reunión, está, él elegiría a su sucesor. ¿Acaso no has notado que hay de todo
en esta ocasión?
_
Lo dices por los hobitts ¿verdad?
_Ya
lo creo… Pero nos desviamos del tema: ¿cómo creaste a esas criaturas? Supongo que
debiste quedar casi muerto.
_Pues
no tanto, porque ocupé más que nada energía positiva.
_ Y
yo digo que ése fue tu error. Recuerda que el bien atrae el mal.
_Lo
sé... Necesito buscar un equilibrio.
Y
se percató de la maleta que Ted llevaba en su espalda, bajo la capa.
_
¿Y eso?_ dijo señalándola.
_ ¡Ah!
Aquí traigo un libro que recientemente compré, es edición de lujo_ esculcó su
mochila, como si buscase algo_ Me costó trabajo conseguirlo, pero aquí esta: ¡Disquisitionum
Liber Magicarum! de Martín Del Río, de 1599-1600: un verdadero clásico
sobre magia demoníaca.
_
Demonología.
_
Sí, lo sé. ¡Ah! Es verdad a ti no te gusta esto: "la rama oscura de la magia"
_¿Dices
que es edición de lujo? Pues realmente parece nueva.
_Es
edición de lujo por el tipo de encuadernado. Y tienes razón, es prácticamente
nueva: 1640, Impreso en Italia por Torchia.
El
hechicero levantó una ceja.
_
¿Por quién?
_Aristide
Torchia, es muy famoso en el campo de la demonología... y un verdadero demente.
_ ¡Ah! ¿Por qué dices demente?
_¿Por
qué? ¿Qué por qué digo demente? Pues porque el tipo está obsesionado con el Diablo
y ha intentado varias veces llamarlo, además de que cuenta con la biblioteca
más grande de libros oscuros y de magia negra. Por eso. Ah sí, últimamente ha
estado escribiendo un libro, “Las Nueve Puertas”, o algo así, una guía muy
selecta para la invocación del demonio y dicen las malas lenguas que el mismo
Lucifer le ha estado ayudando.
_Ya
veo.
_Mm...
Tú ocultas algo...
_
¿Qué te hace pensar eso?
_Te
conozco. A ti no se te puede dejar solo ni un momento ¿Qué sucede?
_Nada.
Solamente que Torchia no se me figura a
ningún demente. Extraño sí, pero demente...
_¿Conociste
a Torchia? _preguntó incrédulo Ted.
_Sí.
De hecho está de paso en mi casa.
_No
puedo creerlo... Tú vives en Anglia del Este, ¿verdad?
_Así
es.
_Eso
significa que... conoces a cierto cazador de "prestigiado" nombre.
_Desgraciadamente.
_¡Ja!
Eso sí que es una casualidad: tienes cerca de ti al mayor cazador de brujas de
la historia y al demente más grande de este siglo.
El
rostro de Read se volvió misterioso y dijo en tono bajo: "En este mundo no existen las coincidencias,
sólo lo inevitable.", dejando confundido al ilusionista.
En
eso se escucharon 12 campanadas, ya era la hora de comenzar con la reunión.
Todos
se dirigieron a una gran sala en forma circular, en la cual había un estrado de
mármol con distintos grabados. En medio se dejaba ver una especie de arena de
combate... Los presentes se acomodaron en las distintas butacas de alrededor de
la arena. La sala era alumbrada por veladoras en las paredes, en donde colgaban
grandes cortinas.
Ted
y Clow se acercaron al estrado de mármol acomodándose en dos de las siete sillas
que se encontraban ahí. Los Guardianes se colocaron detrás de su amo.
Poco
a poco el cuarto se fue llenando y el ruido de los murmullos cesó en cuanto
vieron llegar a tres hombres ataviados con túnicas blancas. Los recién llegados
se colocaron en las tres sillas que faltaban en el estrado. Después de un
momento el más joven se levantó y comenzó a decir:
_Bienvenidos
todos y todas, este es la centésima novena reunión que llevábamos a cabo nosotros,
los Wicca. Hoy es 2 de Febrero y como la tradición lo dice festejaremos el Imbolc (los primeros atisbos de la
primavera luego del invierno). Esta es la época cuando la Diosa se ha
recuperado (simbólicamente) del parto del Dios... Esta ocasión será especial,
pues nuestro líder, desde que comenzaron los Wicca, Gandalf, ha decidido
retirarse y nombrar a su sucesor. Le dejo, pues, a él que dirija su última
reunión de este concilio.
Entonces
el más viejo se levantó y después de un pequeño saludo dijo con voz cansada:
“Seguir las leyes Wicca
debemos,
En Perfecto Amor y Perfecta Confianza
Vivir y dejar vivir
Justamente dar, y recibir.
En Perfecto Amor y Perfecta Confianza
Vivir y dejar vivir
Justamente dar, y recibir.
Tres veces el círculo haz de trazar
Para los espíritus malignos así echar
Siempre, al hechizo finalizar
Debe al decir el hechizo rimar
De toque gentil y suave mirada
mucho escucha, habla nada.
Ve en Dócil al crecer la Luna
Cantando de las Brujas la Runa
Widdershing al menguar la Luna
Cantando de desaparición la Runa.
Si la luna es nueva, de la Señora
Dos veces la mano besaras ahora
Cuando en su cumbre está la luna
Lo que desea tu corazón busca.
La ráfaga del Norte debes escuchar
Echar la llave, las velas bajar
Cuando del Sur el viento viene
El amor te besará en la boca
Cuando el viento sopla del Oeste
Las almas descarnadas no descansarán
Cuando el viento sopla del Este
Espera lo nuevo, arma la fiesta.
Nueve maderas en el caldero van
Rápido y lento quemarlas deberás
El Saúco es el árbol de la Dama
No lo quemes, o maldito estarás
Cuando la Rueda comienza a girar
Arder los fuegos de Beltane debes dejar
Cuando a Yule ha girado la Rueda
Enciende el tronco y el Astado reina
Cuida tu Arbusto, Árbol y Flor
Bendecidos por la Señora son.
Donde las ondas del agua van
Tira una piedra, sabrás la verdad
Cuando una verdadera necesidad tengas
A la codicia ajena no servirás.
No pases tiempo con el tonto
Si no quieres ser considerado su amigo
Feliz encuentro, feliz partida
Abrigan el corazón, encienden mejillas
La ley de las tres veces debes recordar
Malo tres veces, bueno tres veces
Cuando la mala suerte te persiga
Una estrella azul en tu frente lleva
Siempre fiel en tu amor debes ser
o tu amor infiel te será.
Siete palabras La Rede Wicca es:
Haz lo que quieras, a nadie dañes”
Uno
de los tres que habían llegado portando túnicas blancas se puso en pie y
tomando una daga comenzó a trazar un círculo en el sentido de las agujas del
reloj, justo en el centro de la arena.
Ted
se puso en pie mientras el joven seguía con el trazo, pero esta vez de una
estrella de cinco puntos dentro del círculo y dijo:
"Consagro éste
círculo de poder a los Antiguos Dioses
Que aquí se manifiesten y bendigan a su hijo."
Que aquí se manifiesten y bendigan a su hijo."
Terminadas
las palabras y el pentáculo, Clow Read se levantó diciendo:
"Este es un tiempo
que no es tiempo,
en un sitio que no es un sitio,
en un día que no es un día.
Estoy en el umbral entre los mundos,
ante el velo de los Misterios.
Que el Anciano de los Días me ayude
y me proteja en mi travesía mágica."
en un sitio que no es un sitio,
en un día que no es un día.
Estoy en el umbral entre los mundos,
ante el velo de los Misterios.
Que el Anciano de los Días me ayude
y me proteja en mi travesía mágica."
El
joven que trazase el círculo se acercó a Gandalf dándole la daga y un cáliz de
agua. El gran mago sostuvo la daga sobre el cáliz diciendo:
"Gran Madre,
bendice a esta criatura de Agua a tu servicio
Haz que siempre recuerde las aguas
del Renacimiento de la Caldera
Gran Madre, bendice a esta criatura de Tierra a tu servicio.
Haz que siempre recuerde la Tierra bendita,
sus muchas formas y estados".
Haz que siempre recuerde las aguas
del Renacimiento de la Caldera
Gran Madre, bendice a esta criatura de Tierra a tu servicio.
Haz que siempre recuerde la Tierra bendita,
sus muchas formas y estados".
Pasó
el cáliz a uno de los siete que estaban en la mesa este colocó una pequeña
porción de sal en el agua y levantó el cáliz diciendo:
"¡Gran Madre, te
rindo honor!"
Dio
el cáliz al joven que trazó el pentáculo, el cual roció la mezcla de agua y sal
en los bordes del círculo. Al terminar regresó el cáliz a Gandalf, quien
sostenía la daga sobre un incensario encendido:
"Gran Padre,
bendice a esta criatura de Fuego a tu servicio
Haz que siempre recuerde el Fuego sagrado
que baila dentro de la forma de cada creación
Gran Padre, bendice a esta criatura de Aire a tu servicio
haz que siempre escuche los vientos del espíritu
que me traen voces del Anciano de los Días
Haz que siempre recuerde el Fuego sagrado
que baila dentro de la forma de cada creación
Gran Padre, bendice a esta criatura de Aire a tu servicio
haz que siempre escuche los vientos del espíritu
que me traen voces del Anciano de los Días
“¡Gran Padre, te rindo
honor!"
Después
invocaron a cada uno de los elementos correspondientes a los cuatro puntos
cardinales: Norte: Tierra; Sur: Fuego; Este: Aire; Oeste: Agua.
"El círculo está
confinado
Con el poder a su alrededor
Entre los mundos estoy
Con protección a mano".
Con el poder a su alrededor
Entre los mundos estoy
Con protección a mano".
Después
de un momento de silencio, Gandalf se puso en pie, dispuesto a empezar el
ritual del Imbolc:
"Es el tiempo de la
fiesta de antorchas,
cuando cada lámpara se inflama y brilla
para dar la bienvenida al renacimiento del Dios.
Celebro a la Diosa,
Celebro al Dios.
Toda la Tierra celebra."
cuando cada lámpara se inflama y brilla
para dar la bienvenida al renacimiento del Dios.
Celebro a la Diosa,
Celebro al Dios.
Toda la Tierra celebra."
Otro
de los siete del estrado (que no era otro más que Rosetti) prendió una vela
roja y se la dio al joven que estaba en la arena. Éste la tomó y caminó
alrededor del círculo en sentido de las agujas del reloj, con la vela delante
suyo, diciendo:
"Toda la tierra
está envuelta en invierno
El aire está helado y escarcha cubre la Tierra
Pero El Señor del Sol, el Astado de los animales y lugares salvajes
Ha renacido, sin ser visto, de la graciosa Diosa Madre
Señora de toda fertilidad.
El aire está helado y escarcha cubre la Tierra
Pero El Señor del Sol, el Astado de los animales y lugares salvajes
Ha renacido, sin ser visto, de la graciosa Diosa Madre
Señora de toda fertilidad.
¡Salve Gran Dios!
¡Salve y bienvenido!
¡Salve y bienvenido!
El
joven se puso delante del altar y levantó la vela. Cada uno de los miembros
presentes cerró los ojos, visualizando su vida, acrecentándola con creatividad,
con renovada fuerza y energía.
Después
de cierto extraño ritual con nieve, el joven acercó a sí la vela y apagándola
dijo:
"Partid
en paz, Poderes del Aire,
Mi agradecimiento y bendiciones."
Mi agradecimiento y bendiciones."
De
esta misma forma despidió a cada uno de los elementos. Al terminar otro de los
siete presentes en el estrado dijo:
"A todos los seres y
poderes de lo visible
e invisible, partid en paz
Que reine siempre la armonía entre nosotros
Mi agradecimiento y bendiciones"
e invisible, partid en paz
Que reine siempre la armonía entre nosotros
Mi agradecimiento y bendiciones"
Mientras
decían esto el joven se acercó al círculo y con un movimiento hacia atrás con
la daga lo cortó. Gandalf dijo para finalizar:
"El círculo está
abierto,
aunque siempre será un círculo
Alrededor mío y a través de mí
fluye siempre su poder mágico."
aunque siempre será un círculo
Alrededor mío y a través de mí
fluye siempre su poder mágico."
El
ritual estaba completo.
Lo
que siguió después fue un intenso debate de todo lo que había sucedido los
últimos años en el resto del mundo, pues había representante de todos los
rincones de la tierra. Discusiones o aclaraciones de lo que últimamente pasaba
con las personas "normales"
y las llamadas "cacerías de brujas".
Varias presentaciones de magos aficionados y profesionales, así como nuevos
descubrimientos en los distintos campos de magia.
_
¿Qué tiene de nuevo usted, Read Li?_ preguntó uno de los presentes al ver que
el mago había permanecido callado la mayor parte del tiempo.
_
Lo sabrán a su debido tiempo_ fue la única respuesta.
***
Las
calles de Italia en aquel tiempo parecían más sombrías que de costumbre. Los
edificios desiertos, casi fantasmas dejaban ver el paso de los años en ellos...
marcas, sombras y fantasmas era lo único que había dejado la familia Borgia
durante su gobierno sobre la buena Italia. A pesar de los años transcurridos la
gente todavía solía hablar y lamentarse de aquellos días oscuros en los que el
Papa Alejandro VI reinaba sobre la región.
Sin
embargo en Italia seguía una pequeña ciudad en la que parecía que esto no
importaba, una ciudad en la que nada del mundo cotidiano de los hombres
importaba, un lugar donde lo sobrenatural reinaba: Praga.
Praga
era mejor conocida como "La capital
de la magia y el saber oculto europeos".
El
cazador vio el cielo oscuro. Las nubes negras impedían ver las estrellas. Ni
tan siquiera la luna se asomaba y el aire era pesado, sofocante. Regresó la
vista y continuó caminando. Rodeó poco después la plaza Jungmannovo pasando
junto a una extraña estatua de un hombre; se detuvo unos momentos a
contemplarla. Al pie de ésta había un letrero: Juan Huss. Matthew trató de
recordar aquel nombre. Lo había escuchado antes, en su adolescencia.
_
"De mis cenizas nacerá un cisne que
no podréis quemar..."_ se sonrió al recordar las palabras. Juan Huss,
aquel hereje, había sido leña de su propia hoguera.
Continuó
su camino hasta Santa María de las Nieves, el conocido barrio de la magia.
Pensaba. Su plática de hacía dos semanas con Rosetti le había dejado una
información muy valiosa. En primer lugar, aquel libro, "El Delomelanicon", contenía una
información realmente alucinante. Su tema principal era la goecia (el arte de comunicarse con el Diablo ([nota de la autora: A
eso puede llamársele arte?]) . Nunca en todos sus años de cazador de brujas se
había sentido tan atraído por un arte a la que él condenaba a muerte. Y deseó
saber más. Y sacó todo lo que sabía sobre el tema al brujo, y entre hechizos,
maldiciones, advertencias y demás, apareció un nombre que inquietó al cazador: Aristide
Torchia.
Dobló
hacia la izquierda revisando las calles y finalmente se detuvo frente a la
puerta de una pequeña casa. Extrajo de sus bolsillos un papelito, el cual leyó.
Una vez asegurado que estaba en el lugar correcto tocó a la puerta.
Por
sus propios medios había logrado conseguir aquella dirección. Durante una
semana estuvo buscando información sobre Torchia; no fue difícil obtenerla, ya
que el hombre se dedicaba a la impresión de libros, de muy variados géneros.
Descubrió, pues, que Aristide venía de una familia veneciana; aprendió el
oficio de importador de papel y tinta de los Elzevir, quienes eran
corresponsales de su padre cuando estuvo en Holanda... y que últimamente, según
se decía, había estado viviendo en Praga, trabajando en un libro.
La
puerta se abrió y apareció ante él una mujer. Con una voz pacífica y una
sonrisa a medias le preguntó:
_Buenas
noches. ¿Qué es lo que se le ofrece?
_Buenas
noches, disculpe la interrupción, busco a Aristide Torchia. Señor de la casa,
me perece.
La
mujer dudó un poco.
_Él
se marchó hace cuatro semanas_ dijo al fin.
_¿Cómo
dice? ¿No sabe a dónde?
_¿Quién
es usted y por qué le busca?
_
Me llamo Hopkins, Ma-_ se calló repentinamente, comprendiendo que había
cometido una imprudencia.
_¿Hopkins? ¿Matthew Hopkins? ¡El cazador!_ y trató de cerrar la puerta, pero Hopkins se lo
impidió.
_Escucha,
dime donde está, no quiero hacerle nada.
Sin
embargo la mujer no cedió, alarmada por lo que pudiera pasar si decía algo. Al
poco rato Hopkins estalló, amenazándola con quemarla a ella si no hablaba.
"Sólo sé que dijo que iría a la judería, junto a la sinagoga, no muy lejos
de aquí. Si no lo encuentra no sé entonces su paradero".
_"Hace millones de años, la naturaleza era una
fuerza misteriosa. Puntos de luz pasaban lejos por el cielo. Fuerzas invisibles
causaban tormentas de polvo. El agua caía del cielo. Fuerzas poderosas,
incomprensibles para los humanos, emitían destellos de luz desde los cielos,
convirtiendo los árboles en hogueras rabiosas. Las mujeres milagrosamente
parían hijos. El agua, la Tierra, las plantas, los animales, el viento y todo
lo que existía fue infundido con poder."
Tres
horas después, en el concilio, cuando tocó la hora de hacer los adelantos en
magia, Clow Read se levantó y comenzó una pequeña introducción para presentar
tanto a sus cartas como a sus Guardianes.
_Hay
un poder en el universo. Este poder es la fuerza inexplicable detrás de las
maravillas que encontraron nuestros antepasados. La Tierra, el sistema solar,
las estrellas –todo lo que se manifiesta_ es producto de este poder. Este poder
también se encuentra dentro de las cosas. Está en los humanos, en las plantas,
las piedras, los colores, las formas y los sonidos. Este poder puede ser
despertado y concentrado. El poder es "despertado"
y entra en acción a través de la manipulación de objetos variados; a través de
la concentración o visualización mágica. El poder puede ser "programado" con vibraciones o
energías específicas para afectar un resultado deseado...
Se
sonrió, ante las interrogantes miradas de todos.
_
Yo he logrado ese resultado. He utilizado aquel poder más mi propia energía
/magia para crear... cartas con vida propia.
Se
dejó escuchar un una exclamación de admiración por parte de los presentes.
Rosetti frunció el ceño, el cazador había tenido razón.
_
Para crearlas me he basado en elementos principales._ Sacó de su bolsillo una
baraja de 20 cartas y comenzó a colocarlas sobre el estrado, en el lugar donde
le correspondía_ Tierra, Fuego, Viento, Agua... Luz, Oscuridad... Bosque,
Llovizna, Hielo, Nieve, Sombra, Silencio... Salto, Vuelo, Espada... Voz, Canto,
Movimiento, Dormir, Dulce...
Ted
no pudo contener una pequeña risita: definitivamente Clow nunca cambiaría.
_¿Qué
tan efectivas son sus cartas? _ se escuchó preguntar a un Elfo.
_Yo
diría que son muy precisas.
_¿Por
qué no las probamos?
El
hechicero volteó a ver a Rosetti, quien había lanzado la pregunta.
_
De acuerdo.
_Perfecto_
Y dirigiéndose al público_ ¿Les parece bien en un combate?
La
respuesta fue afirmativa.
_¿Estás
de acuerdo en esto, Read?_ preguntó Gandalf, quien había estado muy interesado
en esto.
_
Por supuesto_ contestó el hechicero, con una de sus típicas sonrisas.
_Bien_
el Gran Mago se dirigió a los presentes_ ¿Quién será el oponente?
Silencio
total.
_Vaya,
vaya. Clow, te has ganado fama en este concilio.
_
No lo creo.
_Pues
si no hay oponente, no hay combate.
_Espere.
Yo pelearé.
Un
muchacho de mediana edad que estaba cruzado de brazos, los pies sobre la barra
que delimita la arena, aceptó el reto.
_¿Tú
nombre?
_
Es lo que menos importa.
_Tienes
que dármelo.
_Soy...
Llewellyn...
_
Está bien Sr. Llewellyn, pase a la arena. ¿Sabe las reglas, verdad?
_Sí,
ya las sé.
_ A
ti no hace falta mencionártelas, Read_ dijo Gandalf, mirándole de reojo_ ¿Podrás
pelear con esas ropas?
_No
se preocupes
Bajó
del estrado, con las curiosas miradas de sus dos Guardianes vigilándole... a él
y a su adversario.
Después
de las presentaciones, Llewellyn adoptó una posición de combate mientras que el
hechicero no hizo ningún movimiento. Hubo unos momentos en los cuales ambos se
examinaron, buscando algún punto bajo en la defensa.
El
primero en atacar fue el joven formando dos bolas de fuego entre sus manos;
avanzó a una increíble velocidad y lanzó el fuego. El mago utilizó la carta
fuego (el poder del hechizo de Llewellyn era mucho, por lo que la carta agua no
sería de gran utilidad), lo que provocó un remolino en medio de la arena. Esto
impidió la visibilidad de su oponente al mago, pero sintió sobre sí una gran
cantidad de energía; utilizó a "salto" segundos antes de que una bola
de energía se estrellara en el lugar que antes ocupaba. La energía se
transformó en un torrente de agua, pero "hielo" la congeló subiendo
hasta las manos del joven brujo. Clow saltó hasta su contrincante pero antes de
hacer cualquier movimiento Llewellyn quebró el hielo cayendo al suelo; el mago
quedó suspendido en el cielo (no había necesidad de utilizar las alas de
"vuelo") ordenando a "viento" atrapar al joven antes de su
impacto. Llewellyn rompió el escudo de viento con un hechizo de arena, no
perdió tiempo y formó en sus manos en una espada de hielo y girando sobre sí
mismo atacó de frente al hechicero. Clow invocó a "espada",
defendiéndose del golpe. Llewellyn volvió a atacar con mucha más fuerza y
velocidad, pero todos sus intentos fueron fallidos, la defensa del hechicero
era muy buena. Dio una marometa hacia atrás alejándose prudentemente de su
adversario. Lo observó unos segundos para después lanzarle la espada de hielo.
El
hechicero rompió el arma con su espada, sin embargo Llewellyn había utilizado
esos segundos para crear otro hechizo mucho más poderoso. Cuando Clow hizo
desaparecer la carta espada la tierra a sus pies tembló y una especie de
enredadera le atrapó. En ese momento y aunque sólo el mago pudo verlo, los ojos
negros del joven relampaguearon con un extraño color verde.
Intentó
liberarse de las ramas pero lo único que lograba era que el joven apretara más.
Pero por más que quería utilizar alguna de sus cartas algo se lo impedía. Le
estaban jugando sucio.
Tanto
sus manos como sus piernas estaban inmovilizabas con las ramas, las cuales
comenzaron a moverse, rasgando sus ropas y su piel. Trató de concentrarse en
algún punto de magia, aquel que hiciera mover a la planta. Una de las ramas
subió por su cuello enredándose en él y apretando, mientras continuaba su
camino hasta su rostro, donde rasgó los labios, provocando que la sangre
escurriera hacia su mentón. Se dio cuenta que la magia provenía de toda la
planta. Cerró los ojos acumulando su energía para después liberarla de un sólo
golpe.
El
estallido de luz amarillenta casi dorada cegó temporalmente a los presentes. Cuando
se recuperó la visibilidad divisaron al hechicero casi intacto.
El
hechicero limpió el sudor y la sangre de su mentón con el dorso de su mano,
luego le miró fijamente y sonrió. Ante este hecho Llewellyn se puso en guardia,
sin perderlo ni un momento de vista. El hechicero levantó una mano, con la
palma extendida y ligeramente inclinada hacia atrás; sus labios comenzaron a
moverse susurrado palabras mientras en el suelo, a sus pies, aparecía un gran
círculo mágico que resplandecía con un tono dorado. El silencio se hizo cada
vez más grande dentro de la habitación, todos los presentes miraban atentos la
mano del hechicero, en la cual se formaban chispas y era rodeada e unos
pequeños canales magnéticos.
_
¡Bah!_ exclamó Rosetti mirando para otro lado_ Utilizara el raiden o "El Dios el Trueno",
como suelen llamarlo dentro de la dinasta Li.
_Te
equivocas amigo mío._ dijo Gandalf sin perder de vista a los contrincantes_ Si
te fijas bien ese no es el Raiden.
_¿Eh?
La
mano libre de Clow hizo tres pequeños, pero extraños movimientos de un lado a
otro, y con cada desplazamiento unos hilos invisibles caían sobre el joven
brujo, sin que este se diera cuenta, enredándose en cada parte de su cuerpo. El
último movimiento de la mano del hechicero fue hacía atrás tensando los
músculos de la misma; Llewellyn se paralizó. Y por más esfuerzos que hizo el
joven brujo por liberarse de las ataduras invisibles, no logró más que enredarse.
_Los
hilos mágicos, uno de los conjuros preferidos de Read_ dijo el Gran Mago con una
tenue sonrisa en sus labios_ ¡Tenía tiempo que no veía ese truco!
_Tu
lo has dicho, no es más que un truco.
_
No empieces, Rosetti.
Las
ondas magnéticas de sus manos fueron en aumento. En un brusco movimiento hacia
atrás de su mano tensada Llewellyn fue jalado hacia el mago y cuando su rostro
se encontró a escasos centímetros de é,l bajó su mano "magnética"
murmurando un "Volt" y el joven brujo sufrió varias descargas
eléctricas que le hicieron salir disparado. Clow tensó nuevamente la mano done
tenía los hilos invisibles y el joven brujo se detuvo en el aire justo antes de
estrellarse contra el muro. La acción fue tan rápida que solamente los Elfos y
los que poseían grandes poderes lo lograron ver.
La
batalla se dio por terminada.
***
Se
rió tan fuerte como pudo ante lo que momentos atrás le habían dicho: Aristide
Torchia estaba en Inglaterra. Se enteró pues, que Torchia después de estar en
Santa María de las Nieves se quedó unos días en la judería, para después pasar
al barrio de la Mala Strana: le dijeron que estaba informándose con los más
grandes brujos del lugar. También se enteró que parecía estar en una especie de
viaje de estudios, pues había estado preguntado por los más grandes
representantes de la magia, tanto la carmina (el arte de las palabras mágicas),
como la necromancia (el arte de comunicarse con los muertos), la geocia y la
magia blanca y espiritual... Entonces llegó a él la noticia de que Torchia estaba
en Anglia del Este, buscando a un famoso hechicero de magia espiritual...
Ahora
él estaba ahí, frente a una casa de la judería, junto a la sinagoga, riendo
como estúpido: había recorrido Escocia, Francia e Italia en busca de su rastro ¿y
adónde le conducía este? ¡A su propio país! ¡Y a Anglia del Este! ¡Y tal vez
junto a Read Li!
_¿Se
encuentra bien?
Preguntaron
los guardianes cuando él se acercó. A toda respuesta les sonrió.
***
_Ahora_
dijo el mago mirando hacia los presentes_ La parte más interesante.
Respiro
profundamente, aquello no era fácil.
_
Nosotros sabemos que el Dios y la Diosa crearon todo lo que nuestros ojos
alcanzan a ver, infundiéndole, como dije anteriormente, poder. Sin embargo
durante miles de años hay quienes han intentado dar vida, y no me refiero a las
ilusiones, ni a los seres temporales de magia, ni, incluso, a mis cartas; me
refiero a seres vivos, que respiren, que piensen por su propia cabeza y que
sientan emociones. Este es un campo bastante difícil de abordar y sencillamente
extremadamente peligroso. Aún así, quisiera decirles que he intentado un
antiguo hechizo para la creación de este tipo de seres... y he obtenido éxito.
Conmoción.
Esto era lo más serio que él había dicho.
_ ¿Estás
hablando en serio?_ preguntó Gandalf_ ¿No es otra de tus bromas?
_No.
La prueba fiel de esto es que los seres a los cuales les di vida, están aquí...
Los
presentes comenzaron a voltear a ver a sus lados, buscando a alguno que fuera
diferente, tanto en su presencia como en su aspecto.
_... A mi lado.
Señaló
a su lado a ambos guardianes, quienes se contrajeron un poco, pues todas las
miradas se centraron en ellos. Se dejaron escuchar diversas preguntas como: “¿Qué
tan parecidos son a los seres normales? ¿Hablan? ¿Sienten? ¿Comen o de que se alimentan?
¿Cuánta magia utilizó?”, etc.
_Bien_
Clow le hizo una señal a Keroberos para que se subiera al estrado; el león
obedeció._ Él es Keroberos, su símbolo es el sol; para crearlo me basé en un
león, pero cambiando un poco su estructura física. "Teóricamente" no necesita alimento alguno ni una base de
energía externa; al igual que el sol él produce su propia magia y energía.
El
león se sintió lo máximo ante las miradas admiradas de todos.
_¡
Hola, Hola!_ dijo y al momento desplegó
sus alas (las que mantenía todavía guardadas al igual que el otro Guardián)
bajando al centro de la arena.
_¡Es
increíble!
La manera de hablar del león, sus alas doradas
y su porte pretencioso daban a entender al público que realmente contaba con
una identidad propia. Eso jamás se había logrado. Keroberos bromeó un poco con
los jóvenes que estaban cerca de la arena y presumió sus habilidades y poderes:
¡Adoraba lucirse! Después de rato de aclaración de preguntas con respecto al
león, la atención se centró en el joven de cabello plateado.
_Él_
dijo el hechicero colocando su mano en el hombro del joven_ es Yue. Su símbolo,
como podrán adivinar, es el de la Luna; a él le he dado la mente y el corazón
de un humano y la figura de un ángel.
El
Guardián extendió sus alas color de plata. Su miraba seguía inmutable y su
rostro serio.
_A
diferencia de Keroberos, Yue no cuenta con una base de energía propia, al igual
que la misma Luna no puede brillar sin el reflejo del sol. Depende de mí, tanto
emocional como físicamente; mi magia es quien le sustenta para no desaparecer.
La
sala permaneció en silencio. Ted con el ceño fruncido le miró y preguntó
dudando un poco:
_ ¿Qué
eso...? ¿No es peligroso para ti? ¿No va
acabando con tu energía? ¿Con tu vida?
El
Guardián de La Luna y el del Sol le miraron sorprendidos: no sabían de eso. ¿Ese
era el motivo por el cual últimamente lucía tan cansado?
_Vaya_
Rosetti, quien había estado sentado de brazos cruzados, esperando cualquier
desliz de Read, afirmó_ ¿Dónde quedó "La
Ética de la Responsabilidad por Uno Mismo"?
_Soy
totalmente responsable tanto de mis Cartas, como de mis Guardianes. Y no he
hecho nada malo.
_
Aún así, estás arriesgando tu vida.
_Sí,
lo sé. Pero el motivo merece la pena_ volteó a ver a sus criaturas y les sonrió
con una dulzura que nunca imaginaron.
El
Guardián de la Luna por unos momentos perdió su frialdad e indiferencia; sus
ojos se llenaron de amor, lo miró no como a un maestro o amo, ni como a un
amigo, sino como a un amante. Al cabo de unos momentos cerró los ojos, tratando
de apagar la llama interna, que día a día era mayor. Nadie se dio cuenta de
esto.
_ Y
digamos: ¿poseen alma?
_...
Yo realmente lo único que hice fue darles una forma física y crearlos… el alma
quiso dársela un poder supremo que no podemos comprender.
El
debate siguió unas horas más.
Gandalf
permaneció en silencio, observando y escuchando y analizando. Sus años eran ya
demasiados, tenía que terminar todo ya, el asunto del Anillo (hace ya muchos
siglos) le había debilitado moral y físicamente. Estaba tan cansado ya... tenía
en mente a dos posibles sustitutos: uno, de la Familia Potter y el otro del
Clan Li. Sin embargo tras los últimos acontecimientos, totalmente inesperados,
le hacían inclinarse hacia el Clan Li, aunque los Potter tenían ya gran fama.
Se
levantó de su asiento y dirigiéndose a Read dijo:
-
Deseo hablar contigo, ven, sígueme.
El
hechicero se levantó y siguió al Gandalf hasta una habitación apartada de la
sala. En el camino Clow se sintió un poco mareado, su vista se nubló y su poder
dió un decremento impresionante. Solo fue unos segundos pero bastaron para que
el Gran Mago se girara un tanto preocupado.
_¿Te
encuentras bien?
_¿Eh?
Sí. No ha sido nada.
Y
entraron en la habitación. Gandalf respiró profundamente y miró al mago, como
si le calificara.
_Ya
has de ser consciente de que me retiraré dentro de poco_ dijo con voz lenta y
pausada.
_
Sí. Tedrescher me lo dijo. Supongo que ya ha elegido a su sucesor.
_Supones
bien.
_...
Si no es una molestia, ¿podría decirme qué piensa hacer una vez que se retire?
Gandalf
pasó su vista por la habitación durante un momento y luego la regresó al
hechicero.
_Siempre
me han gustado las montañas, creo que regresaré y conviviré un poco con los Hobbits,
después me retiraré como lo hizo el viejo Tom Bombadil y esperaré
tranquilamente mi muerte.
_
Ese día tendremos una gran pérdida.
_Sólo
el tiempo lo dirá. Además, ¿quién podría extrañar a un viejo como yo? Pueden
llorarme unos días, incluso años lamentarse, pero dentro de algunos siglos,
puedo apostarse, ya nadie me recordará. Me convertiré en uno más de esos tantos
olvidados.
_
No diga eso.
_Mi
tiempo es este mundo se termina. Uno puede sentir eso. Tú mismo algún día lo
sentirás.
_¿Estás
acaso adivinando mi futuro?_ le sonrió y el Gran Mago lo miró melancólicamente.
_
Tú bien sabes que el futuro no puede predecirse.
_Lo
sé. Solamente podemos suponerlo, pues cualquier acción por mínima que sea puede
cambiarlo totalmente.
_
Oh, sí. Pero te encanta jugar con el futuro.
_
Sólo un poco. No siempre todo sale como lo planeo.
_Pero
mueves a la gente, aunque no directamente.
_Únicamente
creó una situación que afectaría de algún modo (a mí conveniencia) el futuro,
basándome en la manera en que los afectados reaccionarán; pero las personas (y
sobretodo el ser humano) son impredecibles.
Gandalf
quedó en silencio otra vez.
_Tienes
un poder increíble, incluso mayor que el mío y me gusta tu manera de pensar. He
elegido bien.
_ ¿Elegido
bien? ¿Acaso usted...?
_
Esta noche, cuando regresemos al estrado, anunciaré que tú serás mi sucesor.
Clow
se sorprendió un poco con esto, pero al cabo de un momento sonrió.
_Es
un gran honor para mí el que usted me haya elegido.
Gandalf
le regresó la sonrisa.
_No
aceptarás ¿verdad?
_Lo
siento. Pero realmente no es mi vida ir siempre detrás de todos, vigilándoles;
supervisando y aprobando; recompensando y castigando; tomar decisiones que
afectarán permanentemente la vida de millones. Ni tampoco estar entre toda
clase de gente yendo y viniendo con la responsabilidad tan grande que implica
ser jefe de los Wicca.
_Sí,
comprendo_ el Gran Mago no parecía ni decepcionado, ni disgustado, ni asustado,
al contrario parecía complacido_ Regresemos.
_Esperaba
esa respuesta, ¿no es cierto?.- preguntó Clow mientras salían de la habitación.
_Sí.
Te conozco desde que naciste, me imaginaba que esto no era lo tuyo.
_Entonces
ya ha de tener a otro candidato.
_
Exacto.
_
Potter.
_El
mismo.
_
Excelente elección, tiene dotes de líder.
Al
irse acercando a la sala de donde salieran anteriormente, llegaron a ellos un
extraño sonido que pronto se convirtieron en palabras... bueno, solamente era
una palabra que se repetía varias veces seguida por muchas voces: ¡Capoeida! ¡Capoeida!.
Al entrar a la sala vieron un gran alboroto.
_ ¡Ted!_
exclamó el hechicero al ver a su amigo arriba del estrado animando a los
presentes. Se había quitado la camisa al igual que muchos otros que estaban ya
en la arena. Cuando el ilusionista vio al mago se bajó de un salto del estrado
y corrió hacia él.
_¡Qué
bueno que llegaron!_ dijo bastante excitado_ Anda Clow, ayúdame con esto. ¡Capoeida!
_¿Qué
sucede aquí? ¿Quieren que los ase a fuego lento? ¡Pues a callar!_ preguntó en
tono severo Gandalf y las voces se apagaron; todos conocían que desde siempre
el Gran Mago había sido muy irritable.
_Calma
Gandalf._ dijo el ilusionista, un tanto asustado_ Solamente estábamos teniendo
un pequeño "debate" de cómo cerraríamos esta reunión. Y me pareció
muy apropiado la capoeida. ¿Usted qué dice?
Todos
retuvieron la respiración esperando la respuesta del Gran Mago.
_De
acuerdo.
Un
grito de felicidad por parte de los presentes, en especial de los hombres,
Gente Grande o Muggles, como solían llamarlos los Elfos, Enanos, Hobbits y
demás criaturas, pues ellos (o la mayoría) no sabían a qué se referían con eso
de "Capoeida". Inclusive la Gente Hermosa (los Elfos) no tenían
conocimiento sobre esto, pues era una "costumbre" (por así decirlo)
reciente de los humanos.
_
Pero antes _interrumpió Gandalf._ Daré el anuncio que prometí la reunión
pasada.
Un
nuevo silencio sepulcral. Todos parecían atentos, pero era la Gente Pequeña y
la Gente Hermosa quienes estaban más interesados; después de todo solamente por
eso habían asistido a esa reunión.
_Durante
muchos años yo he sido el guía de muchos. He visto a la gran mayoría crecer y
desarrollarse como hechiceros, en su magia y en su personalidad. Sin embargo ya
mi tiempo, soy demasiado viejo y ya he visto y disfrutado todo lo que la vida
me tenía que mostrar y ofrecer. Estoy cansado, muy cansado, y ya es hora de
descansar. Además, los tiempos cambian y ustedes ya necesitan a alguien que
piense y vaya de acuerdo a esos tiempos. Es por eso que, después de pensarlo
detenidamente y durante largo tiempo, he elegido ya a mi sucesor... Potter.
Un
grito de sorpresa y felicidad. Varias cabezas se voltearon hacia el hombre que
se levantaba orgulloso pero a la vez muy humilde. Dio un pequeño discurso de
agradecimiento y después se sentó. Aquel sería el bisabuelo de un niño que
cambiaría para siempre el curso de la historia y este personaje llevaría su
mismo nombre: Harry Potter.
_
...Cierto es_ continuo Gandalf_ que hemos tenido momentos felices y momentos
tristes, momentos de guerra y momentos de paz, pero creo que es por ustedes, mis
amigos, que he logrado superarlos con éxito... Mis amigos: los hermosos Elfos,
los siempre interesantes Hobbits, los gracioso Enanos y mis hermanos los
Hombres, ha llegado la hora de la despedida. Tal vez nunca nos volvamos a ver,
pero siempre os recordaré a todos. Gracias.
La
nostalgia inundo cada uno de los corazones. Perderían a un gran amigo y el
mundo perdería a un gran mago, una gran persona. En la sala reinó el silencio,
hasta que alguien entre los hombres gritó "Capoeida" y las voces le
siguieron junto con unos cantos, animando incluso a los Hobbits.
Ted
se puso de pie de un brinco y tomó por la muñeca a Clow.
_¡Anda!
¡A bailar la Capoeida!
_No,
no , no, no. Yo paso.
_Claro
que no, necesito un compañero de combate. Conozco tus movimientos y tú los míos
podemos hacerlo juntos.
Los
guardianes se miraron entre sí. ¿Bailar? ¿Compañero de combate? ¿Qué rayos era
la capoeida?
_No_
le dijo el hechicero sonriendo_ Y sabes que nada de lo que digas me hará
cambiar de opinión.
_ ¿Ah,
no? 17 de Octubre de 1601, España. "El Pez dorado" 11:30 de la noche.
El bur-_ el ilusionista se interrumpió cuando Clow se levantó como un resorte
tapándole la boca.
_
Un día te haré pagar por esa fecha_dijo al momento de dirigiéndole una mirada
significativa sin perder la sonrisa.
_ Déjame
disfrutar mientras tanto.
_Ya.
El
mago se quitó su capa dándosela a Yue. A la capa le siguieron el chaleco, la
cinta negra de la cintura, la bata blanca y los zapatos.
_¡Apúrate
Read!
_¡Ya
voy!
Keroberos
los vio retirarse y cuando se alejaron un poco del lugar corrió hacia la silla
de su amo en el estrado, se subió y luego se inclinó (aunque en ese momento
sintió un pequeño dolor en el estómago, pero no le dio importancia) para ver la
arena.
El
Guardián de la Luna mientras tanto no podía quitar la vista de su amo; era la
primera vez que veía su torso desnudo, sintió los fuertes martilleos de su
corazón desbocado...
El
ilusionista y el mago desaparecieron por una puerta.
A
los pocos minutos comenzaron a sonar unos tambores; a estos se les unieron
otros instrumentos, las palmadas y los cantos de los presentes.
El
león dorado vio todo aquello totalmente fascinado, deseando que no terminara
nunca, sobre todo los cantos, los cuales le parecían muy alegres, aunque no
conocía aquella lengua y estaba casi seguro no era humana. Por su parte Yue se
había escondido en la oscuridad de un rincón.
Una
puerta redonda que estaba en una de las esquinas se la arena se abrió, dejando
pasar a varios hombres, que iban en parejas. La música cambio de ritmo mientras
que estos adoptaban una posición parecida a la de combate. El ángel se acercó un
poco, interesado. Comenzaron los hombres, en una especie de pelea pero con
movimientos muy artísticos; a los lados y dando unas cuantas piruetas
aparecieron varias mujeres.
Un
hobbit que llevaba una gran bandeja se acercó a los guardianes y les dio dos
vasos llenándolos con un líquido. Repitió la operación con cada uno de los que
estaban sentados en el estrado.
_
Dorada sangre de Dios. Un excelente regalo de los Elfos_ dijo Gandalf
aparentemente para nadie.
El
ángel y el león vieron el líquido que les habían servido: efectivamente era
dorado, casi transparente, con un olor dulce, como la miel.
_¡Eh!
¡Chicos, mirad ahí está vuestro dueño!_ les dijo un joven que estaba a un lado
de Gandalf; el león lo reconoció como aquel que había trazado el círculo.
Al
voltear Keroberos se encontró con el rostro ruborizado de Yue. Lo miró
extrañado; era la primera vez que veía a su compañero sonrojado (inclusive sus
orejas estaban un poco rojas, supuso que era por el color tan pálido de la
piel) ¡y se veía realmente lindo!. Su rostro seguía impasible pero sus ojos
brillaban fijos en un sólo punto. El león giró y descubrió el motivo: Clow y
Ted ya habían salido a la arena.
Su
vista se perdió en el cuerpo del mago; podía ver con cada movimiento como sus
músculos se marcaban, su espalda ancha, su torso de piel blanca, su cintura
ajustada, sus largas piernas... para él era más que perfecto. Jamás se esperó
poder verlo, era más de lo que necesitaba; sus anhelos y deseos se limitaban a
tenerlo siempre cerca, oír su voz, disfrutar de su compañía y sus atenciones...
y tal vez, sólo un tal vez, un tierno beso (no es su mejilla o en su frente, como
a veces el mago se los daba) o, ¿por qué no? Una caricia a su cabeza o sus
manos.
Dio
un pequeño suspiro y al voltear a su costado se encontró con la mirada entre
divertida y sorprendida de Keroberos. Apartó el rostro rápidamente, jugueteando
nervioso con el vaso en sus manos, derramando un poco de aquel líquido. El león
seguía mirándolo y él comenzó a sentirse incómodo. ¿Y si Keroberos se daba
cuenta de sus sentimientos hacia su amo? Seguramente lo tomaría como burla para
fastidiarlo, o peor aún, ¡en un descuido de imprudencia podría decírselo a
Clow!.
_¿Qué
tanto me ves?_ preguntó con su voz fría y en su tono más cortante.
_Nada_
respondió, regresando la mirada a la arena_ Qué carácter tan pesado te avientas.
_Hump.
Los
aplausos de los presentes se hicieron más fuertes hasta invadir la sala entera:
el baile había terminado.
Los
que habían participado en la capoeida comenzaron a despedirse y a entrar por la
puerta redonda. Clow en el momento de entrar sintió un mareo y su poder dio
otra ligera baja. Ted se acercó hasta él visiblemente preocupado.
_¿Qué
demonios fue eso?
_¿Eh?
¿Qué cosa? ¿De qué hablas?
_¿Que
de qué hablo? ¡De esa baja en tu poder! ¡Me dio la impresión de que casi caías!
_
No es nada.
_Creí
que me habías dicho que repusiste tu magia.
_Lo
hice.
_Tienes
que reponer más energía. Te está comiendo poco a poco.
_No
te preocupes, sé cuidarme solo.
_
Tan terco y orgulloso como siempre.
_Je.
Subieron
al estrado donde los guardianes esperaban. Keroberos se quitó de la silla
dejando que su amo se sentara. Clow suspiró pesadamente, el sudor perlaba ya su
rostro.
_
Baila bien, amo_ dijo Keroberos acomodándose a sus pies.
_
Gracias.
Apartó
los mechones negros de su cabello que caían rebeldes sobre su cara, y limpió
con su mano el sudor de su frente. En ese momento alguien le ofreció un vaso. Era
Yue, quien todavía mostraba un leve rubor y sus ojos brillaban. Tomó el vaso
agradeciendo con su eterna sonrisa.
Tedrescher
observó fijamente al ángel.
_Oye
Clow..._ estaba a punto de decir algo, pero cambio de idea._... hiciste un buen
trabajo.
_¿Eh?
_Es
casi tan bello como un Elfo._ dijo señalando al Guardián de la Luna
_
... Sí, tienes razón.
Le
sonrió al guardián.
_¡Uuh,
no te vayas a enamorar de él!_ agregó el ilusionista en tono burlón.
Yue
sintió su corazón detenerse.
_No.
¿Cómo crees?
"No". Esa palabra le destrozó y su
rostro se volvió sombrío. Era obvio, ¿cómo podría esperar que su amo se fijara
en él? Después de todo, tenía a Anne... el recuerdo de la chica le hizo sentir
una rabia incontenible. Sus manos se crisparon con fuerza. "¡Nunca!" Se dijo, ¡si era necesario pelear, pelearía!, Pero
su amo con ella ¡Jamás!
Abandonaron
la capital a eso de las cinco de la mañana; lo supo porque el Big Ben había
dado momentos antes cinco campanadas. En aquel momento la niebla era mucho más
espesa que cuando llegaron, era casi imposible ver más allá de la ventanilla
del carruaje. Pero, la verdad, aquello no importó mucho, pues estaba cansado.
El Concilio acababa de terminar.
Keroberos
estaba delante suyo, durmiendo profundamente; el león había disfrutado enormemente
la velada, se lo manifestó momentos atrás antes de quedar en brazos de Morfeo,
e insistió en que lo llevara a la próxima reunión... El león se movió en el
asiento, sin despertarse, pero sintiendo una punzada en su estómago, como si
alguien clavara un alfiler.
Sentado
su lado Yue cabeceaba, luchando contra el sueño.
_
Tuvimos suerte_ se dijo en silencio el hechicero_ Este fue un Concilio alegre y
divertido; pocas son las veces en las que no se pone grave la situación, ni se
hablan de cosas serias y peligrosas... sobre todo en estos tiempos oscuros.
En
eso sintió cómo el ángel recostaba la cabeza en su hombro; cansado, se había
dejado vencer por el dulce sueño. No quiso molestarlo y le dejó dormir y soñar
con remotos paisajes, hermosos como la Tierra Media, con grandes caballeros
luchando contra temibles dragones, con pequeños y alegres seres; dejó que la
fantasía de un mundo olvidado llegara a él. El chico pareció sonreír entre
sueños.
A
las pocas horas de camino a él también comenzó a invadirlo el sueño. Apoyó su
barbilla contra la cabeza del ángel, aspirando el aroma de sus cabellos. Era
suave y dulce, como la vainilla. Cerró los ojos y se dejó llevar hasta quedar
dormido.
Su
sueño no fue tranquilo. En él veía grandes bocanadas de fuego, no había nada
más que fuego por todas partes, arriba y abajo, a la izquierda y la derecha. Pudo
sentir una desesperación como nunca antes la había sentido... Y de repente, las
lengüetas del fuego se abrieron dejando ver un palo. Grande, viejo, usado. Y
del palo caía una soga, oscilante y amenazadora... El fuego, el palo y la
cuerda se desvanecieron, dejando solamente oscuridad. De pronto pudo ver
pequeños puntos de luz que pasaban con gran velocidad a su lado, sintió que viajaba...
Delante suyo había una silueta; era la de una niña. Todo fue demasiado rápido y
no pudo distinguir sus facciones, solamente sabía que tenía dos hermosos ojos
esmeraldas, parecidos a la estrella verde de la esperanza.
Despertó
cuando escuchó el canto de un gallo, un tanto desesperado, como si se le
hubiera hecho tarde; esos eran parecidos a los de Anglia del Este. El carruaje
se detuvo.
El
sol entró por las cortinas entreabiertas de la ventanilla. Eran ya las ocho y
cuarto de la mañana.
_
Llegamos_ anunció en voz baja el mago, moviéndose con cuidado pero despertando
al joven.
_ ¿Eh?
¿A dónde?_ preguntó el ángel un tanto disconforme, pues había tenido un lindo
sueño y se encontraba realmente cómodo.
_A
casa.
Bajaron
del carruaje y el hechicero se acercó al hombre que lo conducía. Después de un
intercambio de palabras el hombre asintió, sacó su pipa y comenzó a fumar, como
si no tuviera intenciones de irse.
Clow
tomó al enorme león dorado en sus brazos e hizo una señal a Yue para que lo
siguiera. Entraron por el portón, cruzando el patio hasta llegar a la puerta de
roble. Reinaba por todo interior de la casa un delicioso aroma a natilla y a
chocolate... Esto hizo que Keroberos levantara la cabeza y saltara al piso.
_¡Repostería!_
y dando saltos llegó a la cocina.
_ ¡Buenos
Días! Hasta que regresaron. Ya andaba temiendo que no regresaran_ Danna salió
de detrás de ellos, con un mandil atado a la cintura_ ¿Cómo le fue? ¿Piensa
desayunar?
_
No, gracias_ dijo el mago.
_Nada
de eso. Últimamente le he visto un poco cansado hacia que comerá algo (aunque sea
ligero [nota de la autora: Tal vez un conejo servirá?]), se quitará esas
extrañas ropas, se lavará y dormirá hasta mañana.
El
hechicero se sonrió.
Aquella
mañana desayunó únicamente un pan con margarina y queso, además (por
insistencias de Danna) de una taza con cacao caliente. La anciana mujer le
informó que el huésped (Torchia) había preguntado en la noche por él y que le
respondió que se encontraba en la capital atendiendo unos negocios junto con el
chico y el león, después de eso había vuelto a salir sin decir a donde
("Es un hombre extraño, yo no me fiaría de él" dijo). Le contó
también pequeños pormenores de la casa, que había salido a hacer las compras
(quejándose un poco en este punto, ¡mira que por su edad querían estafarla! Ya
no había decencia ni respeto entre los jóvenes) y trabajado un poco en el
jardín. El mago le agradeció todas las molestias ("Si no son molestias
señor, ¡es mi trabajo!") y le dijo que se tomara el día libre. Tardó un
poco para convencerla pero al final ella aceptó (dando mil y un
recomendaciones) y el carruaje la llevó hasta su casa.
Terminó
de comer y se dirigió a la biblioteca; ahí encontró a Yue sentado frente a la
chimenea apagada. Se acercó a su sillón y se sentó, descubriendo a un costado
una bandeja con diversa repostería. Tomó una galleta en sus manos.
El
Guardián de la Luna se puso en pie, mirándolo. Había estado pensando. Ya era
hora, tenía que decírselo; decirle que lo amaba, que no podía pensar en otra
cosa más que en él. Sus ojos brillaron con determinación.
_...
¿Qué es eso?
_Una
galleta. ¿Quieres probar?
Hubo
un minuto de silencio, en el cual el Guardián se arrodilló frente al sillón,
colocando las manos en el regazo de su amo.
_Es
cierto_ dijo el mago, sonriendo.- Olvidé que tú no comes.
_Mago
Clow... Usted ... me... yo... ¡Yo lo a-…!
Pero
fue interrumpido cuando el hechicero introdujo la galleta dentro de su boca...
todavía no era el momento. No estaba preparado para escuchar y responder a
aquellas palabras.
_Mastícala
y pásala.
El
chico obedeció.
_¿Qué
te pareció?
_Es...
extraño. Pero no está mal.
_Ahora
comprendes por que nos gustan tanto a Keroberos y a mí.
A
Yue no le importaba en lo más mínimo el sabor de aquella cosa; sólo seguía el
movimiento de los labios de su amo, deseando robarle otro beso. Sus ojos
brillaron de nuevo al momento que se iba incorporando lentamente hacia él.
-
Ya es tarde_ dijo el hechicero, frustrando las intenciones del chico_ Hoy ha
sido un día muy pesado, será mejor que vayas a descansar.
_No
tengo sueño.
_
Anda a dormir.
Se
levantó del sillón, obligando al Guardián a hacer lo mismo.
_
Realmente no tengo sueño.
_
... Abre la boca.
_¿Eh?.
El
hechicero acercó una galleta a la boca el ángel, rasando, en casi una caricia,
sus labios. El chico permaneció en silencio unos segundos. Segundos en los
cuales tomó una galleta de la bandeja y la acercó a su amo de la misma manera
en que él se la ofreció. Clow la aceptó; y al mismo tiempo ambos comieron de la
mano el otro.
La
sensación de su dedo dentro de la boca de su amo fue fascinante. Le produjo un
extraño estremecimiento, aunque sólo fue por unos momentos. Deseó que el mago
también sintiera lo mismo.
_
Buenas noches.
Le
impidió marcharse, tomando su mano.
_
¿Sucede algo?_ preguntó Clow.
Pero
no obtuvo respuesta. El chico acercó la mano a sus labios y abrió lentamente su
boca dejando entrar a uno de los dedos (sobra mencionar lo que hizo con su
lengua). El mago se sorprendió tanto con este hecho que no tuvo ni idea de cómo
reaccionar.
_B-basta_
le susurró con un tenue rubor sobre sus mejillas; en parte por el acto y en
parte por la sensación placentera que le produjo.
El
ángel lo miró con una chispa en sus ojos (era la primera vez que veía a su amo
sonrojado ¡Y él le había provocado el rubor!) mientras que un extraño fuego le
obligaba a acercarse más. Dejó libre la mano de su amo sin perderlo de vista.
El hechicero desvío la mirada.
_ A
dormir_ dijo con un tono un tanto severo.
El
Guardián se contrajo un poco, no estaba acostumbrado a que él le hablara de
aquella forma.
_...
Lo... siento...
El
mago le miró sin comprenderlo.
_
... Si he hecho algo malo... o... que le incomodara... .
Y
se acurrucó contra su pecho. Clow no tuvo valor suficiente para malquerer tanto
amor, así que abrazó al chico y segundos después le cargó. Yue abrió los ojos
como platos.
_Te
llevaré a tu habitación_ le dijo sonriendo.
El
chico asintió tratando de ocultar una pequeña sonrisa.
Mientras
tanto Keroberos estaba ya acostado sobre la cama del hechicero, pero se sentía
un tanto extraño. Comenzaba a ver un poco borroso y pequeñas punzadas en su
estómago le hacían dar vueltas en la cama sin lograr conciliar el sueño. En ese
momento se abrió la puerta, dejando pasar al hechicero. El león dorado dejó de
moverse, no quería molestar a su amo, sabía que estaría cansado por la batalla
en el concilio...
Clow
despertó al mediodía del día siguiente. Tardó unos momentos más en levantarse,
pero una vez espantado el sueño es difícil volver a dormir. Se duchó
rápidamente y ya cambiado decidió que tenía hambre. Vio que Keroberos seguía
echado sobre la cama.
_ ¡Arriba
ya ,haragán!_ dijo dando una amistosa palmada al lomo del león.
El
día pasó sin muchas novedades. Podría decirse que normal. Estuvo la mañana en
la biblioteca revisando sus libros de magia; había escuchado en el concilio que
necesitaba crear un equilibrio entre el poder de sus cartas. De hecho ya lo
sabía y había estado estudiando el asunto desde hacía tiempo...
Se
abrió la puerta dejando pasar al ángel. Clow lo miró un momento... se
sorprendió un poco, el león no venía con él. Ahora que lo pensaba no había
visto a Keroberos en todo el día.
_Yue,
¿no sabes dónde está Keroberos?_ preguntó una vez que el ángel se hubo sentado.
El
chico pensó unos momentos.
_No,
no desde ayer.
Clow
se puso de pie.
_Iré
a buscarlo.
Revisó
por toda la casa (patio, cocina, comedor, etc.) y se sorprendió al encontrarlo
todavía echado sobre la cama de su alcoba. Se acercó hasta él.
_Kero_
llamó_ Keroberos. Es tarde, levántate.
No
hubo respuesta. Colocó una mano sobre su lomo, notando que estaba caliente, su
respiración agitada. Hacía un pequeño ruido al mover el pecho.
_¿Te
sientes bien?_ preguntó, comenzando a preocuparse.
_Me
duele..._ fue la única respuesta.
_¿Qué
te duele?
_
Mi estómago...
El
mago frunció el ceño. Se supone que el león es un ser mágico, no tiene por qué
enfermarse ¿o sí?. ¿A lo mejor había creado a sus guardianes demasiado reales? ¿Capaces
de enfermarse? ¿Capaces de sentir?
Pero
aquel no era el momento para meditar, Keroberos se veía realmente mal y él no
sabía cómo curarlo. La magia blanca se ocupa para sanar heridas, más no es
válida cuando se trata de enfermedades... a menos qué... bueno, era arriesgado.
Existía un método, el cual consistía en atraer hacia sí mismo las vibraciones
negativas que causaban el malestar de Keroberos. Pero intentar eso sería tentar
a la suerte, nunca se había aplicado a un ser hecho de magia pura; el león
podría morir en el proceso.
Sin
embargo no había nada más que pudiera hacer...
_¿Qué
sucede con Keroberos?_ preguntó a sus espaldas el ángel.
_Está
enfermo.
_¿Enfermo?
¿Puede hacer eso?
Entonces
llegó a la mente del hechicero su plática con Anne: "Sí, aprendí todo lo que se puede sobre veterinaria... Y me encantas los
leones".
_
Yue por favor, quédate aquí con él.
_ A
dónde va usted, amo?
_Con
Anne_ dijo saliendo ya de la habitación.
El
chico apretó los puños. ¿Por qué tenía que ir con ella?
_
Vaya... compañía con la que me dejaron... ._ dijo quedamente el león.
Yue
lo miró.
_Ni
aún enfermo dejas de fastidiarme... ¿Cómo te sientes?
_¿Cómo
me veo?
_
Fatal.
_
Así me siento.
***
Cuarenta
minutos después Clow llegó con Anne. Le había dicho que necesitaba de su ayuda,
contándole que tenía un animal enfermo en su casa. Ella se sorprendió pero
inmediatamente salió detrás de él, llevando consigo lo que creía necesario. Al
llegar su sorpresa no pudo ser mayor: ¡un hermoso león dorado sin melena! (Yue
se había escondido, no le agradaba mucho la idea de que la chica lo viera). El
mago le dijo que consiguió a Keroberos en un circo [Kero: -_- U], esperando que
ella se lo creyera... pero a Anne parecía no importarle en lo más mínimo de dónde
fuera el león.
La
chica diagnosticó que aquello no era más que una fuerte indigestión ("Tiene que cuidar lo que le da de comer"
dijo). Le dio unas cuantas medicinas naturales y lo visitó durante los
siguientes días.
Una
semana después Keroberos ya estaba totalmente repuesto, ya había recuperado
todo su vigor. Clow estuvo pensando en ese tiempo que lo mejor sería hablar con
Anne sobre el verdadero origen del león, sobre las cartas, la magia y el otro
guardián.
El
timbre de la puerta sonó. Y el hechicero fue a abrirla, encontrándose con el
rostro sonriente de Anne.
_
Hola Sr. Read, ¡vengo a ver cómo sigue el lindo Keroberos!
Después
de una rápida checada la chica anunció que el león ya estaba totalmente
repuesto. El mago la miró con una sonrisa.
_Querida
Anne, hay algo que quiero mostrarte... y decirte.
La
tomó de la mano (leve sonrojo por parte de la chica) y la llevó al interior de
la biblioteca. El león dorado iba detrás de ellos.
_Escucha...
Te he estado ocultando un gran secreto (y espero que me perdones), pero creo
que ya es tiempo que conozcas la verdad...
_¿Dé
qué me está hablando, Clow?.-
La
chica le miró confundida.
_Adelante_
dijo a "algo" en una de las
esquinas_ Puedes salir.
Yue
salió de las sombras de la habitación.
La
chica abrió los ojos como platos: nunca había visto nada como eso. Siempre lo
había creído nada más que fantasías, pero ahora, delante de ella, ¡había un
ángel ¡Un hermoso ángel plateado!. Sus ilusiones infantiles, ya olvidadas y
enterradas en lo más profundo de su mente, resurgieron, trayéndole miles de
recuerdos... Y por unos segundos creyó que delante de ella se encontraba su
hermana, Rebecca, convertida en un ser divino.
_Anne...
Él es Yue.
Pero
el encanto duró poco, los ojos del ángel la miraban con recelo y hasta cierto
punto rencor. Ella se desconcertó... y más aún cuando la criatura se acercó al
hechicero tomando su brazo.
El
mago le contó sobre la magia, los hechizos, las cartas, la manera en cómo había
creado a los Guardianes (sin entrar mucho en detalles) y el reciente Concilio.
Anne lo escuchaba atenta a cada palabra; muy contrario a lo que se suponía, la
chica no se alarmó, sentía una gran emoción y admiración por aquel hombre, que
poco a poco iba queriendo más... Más de lo que imaginó.
Preguntó
más acerca de su vida como hechicero ("Ha de ser muy difícil ser brujo en
estos tiempos") y cómo había logrado ocultarlo tantos años, y se interesó
todavía más en los conjuros... Sin embargo al cabo de unas horas se sintió
incómoda; no le agradaba la mirada del ángel.
Acarició
el lomo de Keroberos, quien ya se sentía mucho mejor. El hechicero continuó hablando
hasta que la chica le interrumpió, pidiéndole que salieran un momento. Clow
aceptó encantado.
Ambos
salieron al patio "solos".
Keroberos
se acercó a Yue, quien estaba detrás de un árbol viendo a la pareja a lo lejos.
Vio que tenía el ceño fruncido. Decidió fastidiarlo un poco.
_ ¡Vaya,
vaya! ¿Por qué tan enojado, chico?_ dijo en tono de burla.
_
¡Yo no estoy enojado!_ dijo cerrando los puños con fuerza.
_
Sí, claro, se nota_ agregó en tono irónico el león.
_¿Qué
es lo que quieres?_ su cuerpo comenzó a temblar de rabia, al ver cómo la chica
tomaba las manos del hechicero entre las suyas y le arrastraba fuera del patio.
_
Nada en especial... Por lo visto Anne quiere mucho al amo.
El
Guardián de la Luna mordió con ira sus labios, hasta casi hacerlos sangrar.
_
... Y parece que el amo...
_Cállate_
murmuró; un hilo de líquido escarlata escurrió hacia su barbilla.
_...
le corresponde...
_¡Cállate!
_
¿Crees que cuando se casen nos olviden?
_
¡HE DICHO BASTA!
La
bola de energía generada en manos del ángel fue a estrellarse contra el león
dorado, quien a duras penas logró esquivarlo.
_ ¿Pero
qué diablos te sucede, Yue? ¡Era broma!
Entonces
Keroberos lo vio de frente y su rostro le sorprendió.
_¿Tú
estás... _ comenzó a decir_ ... celoso?
_ ¡NO!.
Miles
de lágrimas surcaron sus mejillas, ya totalmente enrojecidas por la cólera y
los celos, los cuales era incapaz de ocultar. Las manos crispadas hacían un
gran esfuerzo por no arremeter contra lo primero que tuviera en frente.
El
Guardián del Sol lo miró impasible y sus ojos dorados centellaron. Le dolía, le
dolía hasta lo más hondo del alma, no comprendía por qué verlo así le hacía
tanto daño... ¡Dios! Él, Keroberos, hubiera dado todo su poder mágico y un año
de vida por cada una de esas lágrimas; que eran derramadas por otro.
_
¿Le amas? _preguntó finalmente, aunque bien conocía la respuesta.
_Sí..._
dijo al cabo de un unos momentos de incómodo silencio.
_Pero...
bueno… mira yo sé que no soy nadie para decirte esto pero... esta mal...
_
¿Y crees que no lo sé? ¿Y crees que no sufro cada noche pensando en lo que no
podrá ser nunca? ¿Qué sabes tú de un amor vedado? ¿Qué sabes tú de amar a
escondidas? ¿Qué sabes tú de amar y saber que nunca serás correspondido? Pero
te diré una cosa: ¡NO ME IMPORTA! NO ME IMPORTA CONDENARME AL INFIERNO POR ESTE
MALDITO AMOR PROHIBIDO!
_Yu-
yue...
_¡Yo
lo amo y es lo único que me interesa!
_No
lo dije con el afán de que te pusieras así... yo... perdóname...
Poco
a poco dejó que el viento le relajase, aunque fuera un poco, aquella explosión
de ira no debió haber sucedido; es decir, trataba de no mostrar ningún
sentimiento humano...
_
No... no tienes de que disculparte... la culpa es mía... no debí... _dijo.
Limpiando sus lágrimas, pero sin tener la suficiente fuerza para mantenerse en
pie cayó de rodillas y se abrazó al león, como un niño chiquito que busca
consuelo.
"Yo te amo Yue..." pensó Keroberos
mientras cubría al ángel con sus alas doradas "... Y aunque no lo creas conozco todo lo que me acabas de decir, lo vivo en
carne propia todos los días: cuando te acercas a él y pareces feliz, cuando él
logra arrancarte una sonrisa de los labios con una sola palabra mientras yo no
puedo aunque te diga miles, cuando te sonrojas sólo con verlo, cuando le buscas
deseoso de amor y él ni siquiera te regala una caricia, cuando murmuras todas
esas cosas, palabras dulces, que él no alcanza a oír, pero que yo anhelo que
sean mías... ¡Maldita sea! ¡Yo no quiero renunciar a ti! Pero no tengo otra
opción; no soporto verte triste, prefiero mil veces que seas feliz lejos de mí
a que sufras siempre a mi lado...
“Prometo ayudarte a que seas correspondido".
Nota de la autora
Bibliografía:
La verdad sobre la brujería, Scott Cunningham
Magia celta de
D.
El Club Dumas, Arturo Pérez-Reverte
Y
ligeras insinuaciones a:
El Señor de los Anillos, JRR Tolkien.
Harry Potter, J
K Rowling
JUGANDO
A SER DIOS, 3ra PARTE: "¡Que comience la cacería de brujas!"
PEQUEÑA RESEÑA:
Mal,
muy mal: Aristide Torchia y Matthew Hopkins se conocen y se revela un pequeño
(y oscuro) secreto de Torchia que, en cierta forma, asusta al cazador... .
Clow
empieza a dudar sobre sus sentimientos sobre Yue tras una larga plática con ...
(es sorpresa): ¿Es cariño paternal o amor de verdad?. Mientras que su poder se
va debilitando un poco más.
El
ángel comienza a descubrir nuevas sensaciones de las cuales no era conciente.
Hopkins
inicia un pequeño jueguito recomendado por Aristide... lo que provoca que la
sombra de una desgracia se cierna rápidamente sobre Anglia del Este.
Advertencia: Será un Yaoi...
(Revisado por última vez el 7/09/2018)
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