Este
fic maneja elYaoi( o_O Sí, un Yaoi... pero no es muy fuerte... ),
por lo que puede resultar ofensivo para algunas personas....
***
“Un sentimiento íntimo que en algunas
ocasiones se apodera de nuestro ser y
nos grita en todas direcciones y en todos los tonos posibles que se cierne
sobre nosotros una gran desgracia”
A. Dumas: Los tres mosqueteros
El
sol de mediodía se filtraba intenso entre las hojas de los árboles. Sus rayos
eran cálidos y llenos de vida, anunciando el principio de una nueva estación.
La
hierba húmeda daba un agradable masaje a sus pies descalzos mientras que el
arroyuelo, en invierno congelado, ahora cantaba y silbaba alegremente para
ellos... Todo a su alrededor estaba tranquilo; no había viento, ni algún sonido
ajeno a sus propias respiraciones y al cantar de algunos pájaros.
Alejados
así como estaban del pueblo no había nadie que les molestara. Sólo ellos
tres...
_Concéntrate.
Lo
intentaba. Realmente lo intentaba Trataba de concentrarse en la luz del sol, en
la voz de su amo, sin embargo...
_Concéntrate.
Piensa sólo en la luz.
Su
cuerpo comenzó a emitir pequeños destellos de luz blanca. Su cabello color
plata resplandecía y se agitaba a los lados. Temblaba: el esfuerzo superaba sus
fuerzas.
_
No... puedo...
_
Sigue el sonido de mi voz.
_Eso...
intento...
_
Concéntrate. Piensa solo en mi voz; la luz cada vez es más luminosa, piensa,
como te lo he dicho: en una noche negra, todo está oscuro a tu alrededor, pero
hay un pequeño punto de luz y tú tienes que ayudarle a brillar...
Seguir
el sonido de su voz... concentrarse... ¡era imposible! ¿Cómo quería que se
concentrara si él tenía las manos sobre sus hombros? ¿Cómo quería que se concentrara
con su aliento en el rostro? ¿Con él tan cerca? Lo único en lo que podía pensar
era en el movimiento de sus labios a escasos centímetros de los suyos.
_
...La luz... _ murmuró, pero la luz desapareció.
_
Está bien. Puedes dejarlo ya. No te estás concentrando.
Esa
mañana su amo le había levantado un poco más temprano de lo normal para
entrenar sus habilidades. Después de eso habían comenzado un nuevo
"entrenamiento".
_¿Para
qué es esto, Amo?
El
hechicero le sonrió
–
¿Recuerdas que en el concilio Ted mencionó que eras tan hermoso como un Elfo?
Yue
trató de recordar.
_ Creo
que insinuó algo parecido.
_Los
Elfos para estar en este mundo adoptan una forma, pues su verdadero aspecto es
deslumbrante, hecho de luz pura. Bueno, creí que sería interesante ver desprender
de tu cuerpo la misma luz.
El
ángel le miró sin comprenderlo del todo. Había veces en las que las ideas
extravagantes (porque eso eran) de su amo lo desconcertaban. Sin embargo su
trabajo era obedecer y no cuestionar las órdenes.
Mientras
tanto el mago cruzó el arroyo, mojándose los pliegues del pantalón y los pies
desnudos, para dirigirse a la orilla opuesta de donde estaba, pues ahí
descansaba Keroberos. El león bostezó perezosamente mientras él se acostaba
apoyando la cabeza en su barriga.
Yue
desplegó las alas y voló hacia ellos, para después sentarse junto al hechicero.
Read
Clow pensaba, mientras tanto, en sus cartas. No podía utilizarlas muy seguido
sin arriesgarse a que éstas dejasen escapar más de su energía positiva,
atrayendo así la negativa. Tenía que encontrar la manera de darles un
equilibrio.
Tosió
levemente, tratando de aclarar su garganta, la cual estaba seca.
¿Cómo?
No lo sabía. Pero tenía que existir una forma.
Sin
darse cuanta volvió a toser. En ese momento sintió tres gotas caer y deslizarse
sobre su rostro. Al abrir los ojos se encontró con el rostro serio del Guardián
de la Luna, que sostenía en sus manos juntas un poco de agua del arroyo. Se la
ofreció.
El
mago la aceptó, agradeciendo con una sonrisa y se inclinó a beber.
No
lo comprendía. Últimamente el guardián había estado demasiado servicial. Se
anticipaba a sus deseos (a veces antes de decir o insinuar algo). Y cuando daba
alguna orden el ángel la cumplía al pie de la letra, o por lo menos eso
intentaba. Lo que más le desconcertaba era que todo lo hacía en silencio
total...
_ ¡Ah!
Siento que podría dormir toda la tarde_ dijo el león estirándose de pronto.
_Sí,
es una tarde bastante agradable_ contestó el mago, limpiando el resto de agua
de sus labios.
_Lo
que pasa es que es un holgazán_ agregó fríamente el ángel. No le gustaba
participar mucho en las pláticas pero Keroberos no perdía oportunidad alguna
para hacer algún comentario y fastidiarlo; así que esta vez se le adelantó.
_¿Qué
dijiste?_ el león se incorporó rápidamente y miró frunciendo el ceño al
Guardián Lunar.
Yue
se inclinó sobre él. "Holgazán"
le dijo, y se volteo hacia su amo.
_..A
mí... murmuró el león pecho sobre tierra y moviéndose sigilosamente entre la
hierba_ ...Nadie..._ y con su agilidad felina saltó sobre la espalda del ángel
jalando su cabello_ ¡Me llama holgazán!
_¡Suéltame!_
chilló Yue.
_
¡Retira lo dicho!
_¡NO!
_¡Retíralo
ya!
_
¡NUNCA!
Y
el ángel jaló de la cola al león.
_¡Si
no me sueltas te arranco el rabo!
_¡Si
lo haces te quedas calvo!
Clow
sólo miraba divertido aquella escena. Esos dos se comportaban como un par de
chiquillos.
_¡Me
has dejado el cabello lleno de tus asquerosas babas!_ le reprochó el Guardián
de la luna una vez que se hubo liberado de las mandíbulas de Keroberos. Ahora
estaba parado cerca de la orilla del riachuelo.
_Pues
entonces_ dijo el león_ ¡Date un baño, delicado!
Y
empujó al joven al agua.
El
hechicero soltó la carcajada; adoraba las "discusiones" infantiles de sus Guardianes.
Yue
hizo un pequeño puchero, ¡No le gustaba hacer el ridículo! ¡Y mucho menos
enfrente de su amo!
Al
ver la expresión del Guardián Clow se acercó hasta él, pero justo cuando le iba
a decir algo cayó de boca al riachuelo: Keroberos le había utilizado de piedra
para pasar al otro lado.
El
león se sonrió triunfal. Claro que el gusto no le duró mucho: a los pocos
minutos se encontraba dentro del riachuelo, empapado y jugando con su amo.
El
día declinaba ya. El sol se ocultaba y la luna salía. Siguiendo aquel ciclo
interminable ya se encontraban a finales de marzo, el invierno era suplido por
una prospera primavera... o eso parecía.
***
Recorrió
la habitación con la escasa luz del atardecer. Se detuve frente al escritorio,
sobre el cual había una cajita. Esa cajita siempre lo había intrigado. No era
de oro, ni tenía joyas de adorno, era una simple y vieja caja de madera con las
iniciales R.W., pero por alguna razón su amo la guardaba como a un tesoro. No
se la dejaba ver ni a él, y eso que casi siempre le permitía todo. Era por eso
que tenía un poco de curiosidad sobre qué habría en el interior o quien se la
había dado.
_¡Hey!
¡Con cuidado, duele!
_No
te muevas tanto, Keroberos.
Sentados
en la cama estaban Clow y el león, al cual le estaban cepillando el pelo. Una
vez terminado el Guardián del Sol saltó al suelo y se sacudió.
_No
me gusta que me peinen.
_Tú
te lo buscaste. Además así luce más tu pelaje.
_Yo
luzco bien como sea. ¡Y odio el agua!
_En
eso debiste haber pensado antes de tirarme a mí al arroyo_ agregó el ángel
apartando la vista de la cajita de madera.
_Fue
tú culpa
_Ya,
ya, no se peleen más _ el mago acarició la cabeza del león y miró al ángel –
Ahora te toca a ti Yue. Ven.
El
joven dudó un poco, pero se sentó en la cama cerca de él. Se estremeció al
sentir las manos del mago acariciar su cabello y posteriormente su cuello.
_
Voy a trenzarlo.
_Sí.
Clow
se sorprendió del cabello del chico, era sedoso al tacto y delicioso el aroma
(el cual ya había experimentado en el carruaje): como la vainilla. Habló sin
pensar...
_
Yue-chan...
El
chico se petrificó y el león alzó la cabeza.
_Tienes…un
cabello hermoso.
_
G-gracias_ el guardián se ruborizó por el cumplido y por la manera en que le
habían llamado. Su amo jamás le había dicho "Yue-chan".
Keroberos
los miró un momento pensativo. Había prometido al otro guardián que le ayudaría
a que su amor fuera correspondido, pero no había hecho nada útil... todavía.
_
Bien, ya es tarde. Vete a tu habitación Yue.
El
león vio que el ángel se retiraba, obediente, pero sus ojos se apagaban. Esta
era una oportunidad.
_ ¿Por
qué no te quedas? Nunca has pasado una noche aquí..._preguntó, vacilando un
poco, pero al cabo de unos momentos agregó con cinismo_ Además, tengo
curiosidad por saber cómo duermes... ¡Apostaría a que roncas!
El
ángel le lanzó una mirada fulminante. Después buscó tímidamente la mirada de su
amo, buscando aprobación. El mago le miró y sonrió.
_¿Quieres
dormir aquí?_ preguntó.
¿Que
si quería? ¿Que si quería? ¡Por supuesto que sí! Hubiera dado sus alas por
estar ahí con él TODA la noche... Pero sólo hizo un indiferente movimiento de
hombros, " Como sea " murmuró.
***
Estaba
sentado sobre la hierba, el viento revolvía sus cabellos mientras sus ojos
marrones estaban fijos en un solo punto luminoso, aunque en realidad no veían
nada. ¿Cómo había llegado hasta ese punto? Había sido su padre con sus
represalias... ¿o simplemente su naturaleza cruel? No estaba seguro y ya no
importaba.
Hacía
tres días que había encontrado a Torchia y aquel extraño hombre había
modificado su forma de pensar... En ese momento se encontraban en Norwych y
juntos habían ejecutado a más de treinta mujeres en un sólo día...
Sorprendentemente él y Torchia tenían más en común de lo que había pensado. Sin
embargo algo tenía el impresor que le daba miedo... era misterios e insensible,
incluso más cruel que él... Cuando lo encontró, bueno, realmente fue Torchia
quien lo encontró a él, lo estaba esperando en las embarcaciones, cuando
regresó de Italia... Pero bien, cuando se conocieron, le pareció ver que su
sombra no era humana, no podía describirlo, pero era anormal... desde ese
momento supo que no era una persona normal.
Inesperadamente
aquel punto luminoso se había extendido y pudo ver y oír claramente a dos niños
discutir. Y distinguió al impresor cerca de ellos.
_
No... no le creas_ susurraba Aristide al oído de uno de los niños_ Te está
mintiendo.
_¡Mientes!_
le gritó el chico al otro chiquillo.
_
¿Cómo puedes permitir que el te diga eso? ¿Acaso no eres hombre?_ La voz del
impresor resonó fuerte y clara dentro de la cabeza del otro niño.
_
Yo te dije la verdad y nadie puede contradecirme, ¡menos tú!.
_Míralo...
orgulloso y altanero_ volvió a susurrar._ ¿No crees que deberías cerrarle la
boca? ¡Con un golpe todo se arregla!
El
niño se acercó lentamente al otro, deteniéndose justo delante suyo.
_¡Golpéalo
antes de que él lo haga!_ nuevamente la voz se escuchó dentro de la cabeza del
niño_ ¡Se nota que es un traicionero!
Los
niños se enfrascaron en una pelea. Torchia sonrió triunfal y se dirigió hacia
Matthew.
_¿Molestando
a los niños?_ preguntó el cazador.
_
Sólo hago mi trabajo... por cierto, hablando de trabajos, ¿no crees que ya
deberías empezar el tuyo?
_¿Empezar
qué?
_La
cacería... tú sabes.
***
El
chico descansaba a su lado. Su rostro serio incluso cuando dormía... parecía
una bella estatua de mármol blanco, de hecho la hubiera confundido por una a no
ser por los labios, una delgada línea rosada. Pasó sus dedos por aquellos
labios, dibujándolos con cuidado; estaban deliciosamente calientes. Subió por
sus mejillas apartando algunos mechones de cabello, ahí la piel era suave y
fresca... ¿Qué se sentiría...? Retiró la mano con un rápido movimiento: La
carta Escudo no estaba haciendo bien su trabajo.
¿Desde
cuándo utilizaba la carta Escudo? Desde hace 3 años. Por algún motivo que antes
no había comprendido, sentía una increíble atracción hacia Yue. ¿Por qué
utilizar aquella carta? Bien, había descubierto un pequeño contratiempo en el
cual no reparó a la hora de hacer el hechizo durante la creación del Guardián:
El poder de la Luna. ¡Se había equivocado vergonzosamente en las palabras! La
Tierra es la que atrae a la Luna, no la Luna atrae a la Tierra. Durante el
nacimiento del ángel él había estado demasiado distraído (la muerte de Rebecca
le había perturbado) por lo que no se dio cuenta que dijo el conjuro invertido.
Ahora todo ser que tuviera poderes mágicos y se acercara a Yue sentiría de
inmediato el Poder de la Luna. Entre mayor sea el poder mayor sería la
atracción; ¿Y quién tenía más poder que Read Li? Pues [siendo honestos]
nadie... así como nadie era tan idiota como para tejerse semejante telaraña
alrededor.
***
_¡Ah!
Pero aquí ya terminamos... me parece que tendremos que movilizarnos.
_¡Exacto
chico! Tú sí sabes_ Torchia palmeó la espalda del cazador_ ¿Y cuál es nuestro
siguiente punto?
_
Anglia del Este_ contestó Hopkins, dejando relucir su colmillo.
_
Tú eres de los míos.
_¿De
los tuyos?
_¿Eh?
Es un decir por supuesto_ lo miró durante unos momentos_ ¿Sucede algo?
_
¿Quién eres tú realmente?
_
Aristide Torchia.
_Ya
veo...
_
No. No ves nada. Eres igual de ciego que todos los mortales_ sus ojos
relampaguearon con un fuego verde.
_Eres
alguna especie de demonio, ¿verdad?
_Tú
no crees en eso, mi querido Hopkins. Por eso te elegí.
_¿Donde
está el verdadero Aristide?
El
impresor señaló su cabeza
_Aquí_
dijo_ En lo más profundo de mi subconsciente.
_Ah,
bueno_ Matthew hizo un movimiento indiferente antes de recostarse sobre la
hierba.
_No
parece importarte mucho.
_
Me da igual quien seas... sólo llamaste mi atención con tu manera de actuar.
_Pero
te lo estás preguntando, ¿verdad? Te estás preguntando cómo es posible.
Permanecieron
un momento en silencio. Por fin Torchia volvió a hablar.
_¿Conoces
el gnosticismo?
Hopkins
negó con la cabeza.
_
El gnosticismo es un movimiento según el cual la existencia del mal en el mundo
es la mejor prueba de que los hechos no ocurrieron del modo que establecen las
escrituras judeocristianas.
_
¿Qué?
_En
pocas palabras, que el mundo que conocemos es un mundo degradado, mundo de
dolor, angustia, enfermedad y muerte. Es obvio entonces que Dios no creó este
mundo, ¿pero entonces quién? Para los gnósticos es evidente que El Diablo es el
creador de semejante universo tan "a
su imagen y semejanza". Definitivamente Satanás sí es "el dios de este mundo". ¿Tú qué
dices?
_¿Sabes
que puedo llevarte a la hoguera por decir eso?
_Pero
no lo harás.
_¿Qué
te hace pensar eso? ¿Qué te hace pensar que me conoces?.
_Solamente
eso, que yo te conozco. ¿Sabes? Adoro esta época.
_
¿Por qué? ¿Qué tiene?
_
Los siglos XVI y XVII son la época del esplendor de la teología, la época en
que auxiliada por la fe, la razón intenta dar cuenta de todos los enigmas que
implica la historia de Satanás. Es también la época de esos maravillosos
ejercicios de imaginación que están llamando "las herejías".
_
Sin embargo_ objetó Matthew_ es en este tiempo también en el cual la visón, a
la que popularmente se llama "racionalista
moderna", tiene más y más seguidores, y ellos no conceden ningún lugar
a lo sobrenatural.
_
Eso es lo hermoso. Para este hombre "moderno"
todo cuanto existe es naturaleza, naturaleza y más naturaleza, Dios sólo es una
fantasía producto de la ignorancia de los siglos anteriores y -por supuesto-
Satanás sólo es una creación folclórica de esa misma "época oscura". No importa a qué clase pertenezcan o a qué se
dediquen, casi todos piensan así.
_Pero
ahora que hablamos del diablo_ dijo el cazador sentándose otra vez_ En esta época se está jugando mucho con su
imagen. ¿Sabes por qué? Porque para la gran mayoría la figura de Satanás ha
dejado de ser la de una persona sobrehumana totalmente dedicada al mal, y El
diablo pasa a ser tan sólo un significante que se puede llenar con cualquier
significado. ¿Recuerdas a San Agustín?
_Cierra
la boca, soy alérgico a ese nombre.
_San
Agustín dejó claro que la existencia del Demonio no le quitaba responsabilidad
al hombre en el pecado. Para Agustín era claro que si el Demonio le había
puesto al hombre la cáscara de plátano del pecado donde el hombre había
resbalado, era responsabilidad del hombre y no del Diablo, el continuar caído
en el pecado o intentar ponerse otra vez de pie. En cuanto a Satanás mismo,
Agustín afirmó que ya era un caso cerrado, que su condenación era inexorable y
su castigo irreversible por cuanto en su época anterior a la caída, Satán había
poseído una inteligencia superior a la humana y él no contaba así con el
atenuante humano de la ignorancia. Dado que su responsabilidad era mayor a la
humana, su castigo era mayor al humano. Agregó Agustín también, que debido a su
auto-degradación, El Demonio no sólo se había vuelto irrefrenablemente malvado
sino también irrefrenablemente idiota.
_ ¡Calla
de una vez, que me da urticaria!_ se quejó Aristide, sus ojos se inflamaron
nuevamente con el fuego verde.
_En
alguno de sus textos, Agustín asevera que afortunadamente Satanás está muy
maniatado por Dios, ya que si se le dejara suelto sólo por un segundo, con un
único soplo borraría el mundo.
_En
eso si estoy de acuerdo. ¡Jamás me han dejado divertirme! ¡Pero llegará el día
en que me vengue! Tengo planes muy buenos... un campo de concentración,
bombitas (¡oh Hiroshima espérame!), enfermedades... etc.-
Hopkins
abrió grandemente los ojos y lo miró sorprendido.
_¿Qué
te pasa? ¿Por qué me miras así? No querías saber quién era?
_Sí,
pero me has dejado totalmente impactado. Si realmente existes, ¿por qué no estás
destruyendo pueblos, azotándolos con tempestades o plagas, males o guerras?-
_Eso
fue hace mucho tiempo, y lo único que conseguí fue que el hombre quisiera
conocer más acerca de Dios. Por lo tanto ahora he cambiado mi estrategia.
_
¿Tu estrategia?
_Sí.
¿Quién crees que inició el rumor de que Satán no existe y que lo sobrenatural
no es sino un atavismo de tiempos más ignorantes?
_
¿Tu? ¿Por qué harías eso?
_Para
cumplir mejor con mis propósitos. Al acabarse la idea tanto de Dios como del
Diablo, se acaban los parámetros desde los cuales definir tanto el bien como el
mal y se concluye que el bien y el mal son relativos, puras invenciones
humanas. Si el bien y el mal sólo son palabras sin contenido efectivo, los hombres
no tienen ninguna ética por seguir y por ende son libres para hacer lo que les
dé la gana._ sonrió maliciosamente._ ¿No te has dado cuenta que últimamente en
todas las escuelas y universidades del mundo se repite lo mismo "Haz de tu vida lo que desees";
últimamente todos los grupos de amigos aconsejan lo mismo "Haz de tu vida lo que desees";
últimamente en todos los padres de familia repiten lo mismo a sus hijos "Haz de tu vida lo que desees" ;
últimamente todos los medios de comunicación venden la misma idea: "Haz de tu vida lo que desees"? Lo
curioso - y lo aterrador- de este masivo acuerdo de opiniones en el mundo desde
hace poco, es que desde el comienzo de los siglos, El Diablo fue definido como
aquel que hace de su vida lo que él desea, no lo que es bueno. ¿Qué te parece?
¿Verdad que mi plan está funcionando?
El
cazador se quedó con la boca abierta.
_Mi
querido Hopkins, nadie me ve aunque me tenga frente a sus narices, nadie cree
en lo sobrenatural, y se ridiculiza como "ignorantes" a quienes no piensan como piensa la mayoría.
Inclusive tu no habías logrado verme, hasta que me hice un poco más obvio_ se
detuvo un momento para pensar y luego continuo_ El hombre "moderno" está dedicado a sacarle
hasta la última gota de placer a la vida, a amasar todo el dinero que pueda, a
conseguir todo el poder que le quepa en las manos. Salvo excepciones, todos en
el mundo está dedicados al placer, al dinero, al poder y al ego ¿Así qué pueden
esperar sino lo que ya se ve el mundo? La mayoría de las personas ve como bueno
lo que es malo y como malo lo que es bueno, y parece que la confusión aumentará
incluso más en años futuros.
_Pero...
Para obtener eso tuviste que renunciar a tu poder sobre los hombres... ¿eso no
es estúpido?
_"Con tal de que los hombres olviden a Dios,
el Diablo está dispuesto a aceptar que los hombres lo olviden a él. Con tal de
borrar a su enemigo, Satán está dispuesto a borrarse a sí mismo".
***
A
la mañana siguiente el primero en despertar fue Keroberos, quien bajó con
cuidado de la cama y salió de la habitación. No quería permanecer ahí, cuando
los veía no podía evitar sentir celos. Celos de que Yue adorara tanto a su amo;
celos de que prefiriera su compañía a la suya; celos porque tal vez, si no se
equivocaba, podían llegar a corresponderle. Aunque eran sólo suposiciones
suyas, creía que al mago podría interesarle el ángel, claro, sólo había que
dirigir correctamente su atención a él...
Keroberos
había hecho una promesa, le había prometido a su compañero que lo ayudaría, y
se mantendría fiel a esa promesa.
Mientras
bajaba las escaleras pensó en la relación que llevaba con el otro guardián:
siempre peleando. A veces, por más que intentara llevarse bien con él, no
podía, no estaba a gusto si no lo oía reclamar, aunque no dijera el ángel
muchas cosas... y, ahora que lo pensaba bien, esa era una de las razones por
las cuales discutía tanto con Yue, el chico casi no hablaba y esa era la única
manera de hacer que su atención se centrara sobre el león.
Cuando
llegó al final de la escalera creyó escuchar una voz. Sí, una hermosa voz
estaba cantando. Rápidamente se encaminó a la cocina. Llegó hasta él un extraño
olor, pero no del todo desagradable, de hecho abrió su apetito. Al traspasar la
puerta pudo ver a una figura de espaldas.
_¿
Anne?_ preguntó.
La
chica se dio la vuelta.
_
¡Buen día lindo Keroberos!_ ella lo miró con una sonrisa de perlas blancas_ Me
alegra que hayas despertado tan temprano.
_
¿Qué haces aquí?
_Estoy
preparando el desayuno. Le pedí de favor a Danna que me dejara.
_Oh
bueno. ¿Qué comeremos? ¡Me muero de hambre!
_
He preparado chuletas de cordero sazonadas con un poco de vino, pimienta y
especies varias. Además una ensalada verde y de postre una tarta de fresas.
_¡Se
oye bien! ¿Pero no es un poco pesado para el desayudo?
_
No lo creo... ¡Ah! ¡Ya termine!
_Por
cierto, ¿tú estabas cantando hace unos momentos?
_Sí.
Tomé lecciones de canto, me gusta mucho. Por cierto, voy a ir a despertar al
Sr. Read, ya es tarde y no queremos que se enfríe la comida..._ dijo esto
mientras se quitaba el delantal de tela y daba pequeños saltitos tarareando una
canción, realmente se veía muy feliz.
_
Ajá._ Keroberos se acercó a ver que tan bien lucía la comida, cuando analizó
las palabras. – ¡Eh! ¡Espera un momento!_ se movió con agilidad, interponiéndose
entre la puerta y ella._ Este, mejor yo lo levanto.
_¿Eh?
¿Por qué? ¿Hay algo que no quieres que vea?_ la chica volvió a sonreír_ ¿El Sr. de la casa duerme sin ropa?
_No
precisamente_ dijo Keroberos pero pensó "digamos que tiene cierta compañía a la cual no le agradaría mucho
verte... ni a ti verla. Además cuando lo levantan se pone de un carácter que
sólo él se aguanta".
_¡Voy
a subir!
_¡No!
Este... cuando yo bajé él estaba despertando... ¿qué tal si mejor cantas una
canción? Seguramente al oírte bajara.
-
Mmm... Tú ocultas algo. Pero te haré caso.
Cerró
los ojos unos momentos y comenzó a cantar con suave acento inglés (con aquella
voz angelical) una canción, la cual trataba de un marinero que se hizo a la mar
dejando en su espera a una joven que lo amaba sobre todas las cosas, sin
embargo el mar estaba enamorado de la muchacha y por sentir celos del marinero
lo encerró en sus aguas. La joven lo espero siempre, durante muchos años, hasta
que terminó por convertirse en una estatua de sal.
La
canción todavía la recuerda Keroberos, iba más o menos así:
No ha salido el sol
y Ana y Miguel
ya prenden llama.
Ella sobre él,
hombre y mujer
deshacen la cama.
y Ana y Miguel
ya prenden llama.
Ella sobre él,
hombre y mujer
deshacen la cama.
Y el mar que está loco por Ana
prefiere no mirar.
Los celos no perdonan
al agua, ni a las algas, ni a la sal.
prefiere no mirar.
Los celos no perdonan
al agua, ni a las algas, ni a la sal.
Al amanecer
ya está Miguel
sobre su barca.
Dáme un beso amor,
y espera quieta
junto a la playa.
ya está Miguel
sobre su barca.
Dáme un beso amor,
y espera quieta
junto a la playa.
Y el mar murmura en su lenguaje:
-¡Maldito pescador!
Despídete de ella,
no quiero compartir su corazón-.
-¡Maldito pescador!
Despídete de ella,
no quiero compartir su corazón-.
Y llorar y llorar, y llorar por él.
Y esperar, y esperar, y esperar de pie
en la orilla a que vuelva Miguel.
Y esperar, y esperar, y esperar de pie
en la orilla a que vuelva Miguel.
Dicen en la aldea
que esa roca blanca es Ana.
Cubierta de sal y de coral
espera en la playa.
que esa roca blanca es Ana.
Cubierta de sal y de coral
espera en la playa.
No esperes más niña de piedra.
Miguel no va a volver.
El mar le tiene preso
por no querer cederle a una mujer.
Miguel no va a volver.
El mar le tiene preso
por no querer cederle a una mujer.
Y llorar y llorar, y llorar por él.
Y esperar, y esperar, y esperar de pie
en la orilla a que vuelva Miguel.
Y esperar, y esperar, y esperar de pie
en la orilla a que vuelva Miguel.
Incluso hay gente que asegura
que cuando hay tempestad,
las olas las provoca
Miguel luchando a muerte con el mar.
que cuando hay tempestad,
las olas las provoca
Miguel luchando a muerte con el mar.
Y llorar y llorar, y llorar por él.
Y esperar, y esperar, y esperar de pie
en la orilla a que vuelva Miguel.
Y esperar, y esperar, y esperar de pie
en la orilla a que vuelva Miguel.
Y llorar y llorar, y llorar por él.
Y llorar, y llorar y llorar sobre el mar
Y llorar, y llorar y llorar sobre el mar
Desde
su habitación, Clow escuchaba. Siempre le había gustado la voz de Anne, era por
eso que había creado a la carta "Canto" para que imitara la voz de la
chica... que por cierto, no le sorprendía en lo más mínimo que estuviera a esas
horas en la casa.
Miró
de reojo al joven que yacía a su lado, todavía sumido en un profundo sueño.
"¿Qué soñará?" se preguntó
el mago y al cabo de un momento se puso en pie y se cambió. Cuando se disponía
a salir vio la cajita de madera que estaba sobre su escritorio.
_Rebecca..._
ya casi se cumplían cuatro años desde la muerte de la mujer. Agitó lo cabeza
tratando de alejar un pequeño sentimiento de culpabilidad.
Abrió
la puerta y bajó por las escaleras.
Yue
lo vio retirarse; cuando la puerta se hubo cerrado se sentó en la cama y miró
la caja de madera. " ¿Rebecca?" Murmuró frunciendo el ceño. Ese era
un nombre de mujer y coincidía con las iniciales de la caja "R. W."
¿Quién sería Rebecca W.? ¿W? ¿Walcott? ¿Weizman? ¿Wilson? ¿Wurtz? ¿West?... ¿Cómo
Anne West? Qué raro, no sabía que Anne
(aquella chica odiosa) tuviera una hermana, ella nunca lo había mencionado... y
su amo jamás hablaba de alguien con ese nombre... sin embargo, cuando la
menciono su voz bajó un poco de tono, tal vez con algo de tristeza...
"¿Quién es Rebecca West? ¿O quién fue Rebecca
West?"
_Hermoso
como siempre tu canto, querida Anne.
El
hechicero entró a la cocina y sentó al lado del león, en una pequeña mesa, que
tenía ya muchos años, pues la madera está llena de distintas marcas,
cicatrices.
_¡Ah!
Buenos días Sr. Read... Clow.
_Muy
buenos días._Y dirigiéndose al león_ Hola Keroberos, te levantaste temprano
hoy.
_
Pues sí, ya ve, a veces es bueno levantarse temprano. ¡Hoy comeré tarta de
fresas!
_¿Eh?
¿Danna ha dejado tarta?
_No_
se adelantó a decir Anne_ Yo la he hecho. También preparé el desayuno.
_Que bien, muchas gracias.
Momentos
después les sirvió de comer. Ella se sentó frente al hechicero, viéndolo con
una sonrisa. Clow le regresó la mirada; realmente parecía una muñeca de
porcelana: los rizos rubios caían graciosamente sobre su pecho y espalda, la
piel blanca, las mejillas sonrosadas, los labios rojos carmesí y un par de ojos
azules y brillantes, como un par de diamantes pulidos.
_¿Tú
no vas a comer?_ preguntó al fin.
_¡Oh!
No. Ya desayuné.
_Oye
Anne_ interrumpió Keroberos_ ¿Por qué no nos cantas otra canción?.-
_Si
usted lo permite... _ comenzó Anne mirando al mago.
:Adelante.
La
chica aclaró su garganta y comenzó su canción, de la cual sólo daré unas
estrofas.
Amor, amor de hombre
puñal que corta mi puñal, amor mortal
te quiero
no preguntes por qué ni por qué no
no estoy hablando yo
te quiero
porque quiere quererte el corazón
no encuentro otra razón
canto de gorrión
que pasea por mi mente
anda ríndete
si le estás queriendo tanto
puñal que corta mi puñal, amor mortal
te quiero
no preguntes por qué ni por qué no
no estoy hablando yo
te quiero
porque quiere quererte el corazón
no encuentro otra razón
canto de gorrión
que pasea por mi mente
anda ríndete
si le estás queriendo tanto
La
joven se ruborizó al darse cuenta de lo que cantaba. ¿Por qué había elegido
aquella canción?
Ay, amor de hombre
que estás haciéndome reír una vez más
nube de gas, que me empuja a subir más y más
que me aleja del suelo
me clava en el cielo
con una palabra
que estás haciéndome reír una vez más
nube de gas, que me empuja a subir más y más
que me aleja del suelo
me clava en el cielo
con una palabra
Cuando
terminó advirtió que el mago la miraba con aquella sonrisa entre seria y
burlona, como si él la conociera mejor que ella misma, como si hubiera
adivinado sus pensamientos; Clow la hacía sentir como una chiquilla de ocho
años.
Keroberos
se dio cuenta del rubor de la chica y de la mirada de su amo. "¡Oh, oh, oh!" pensó "Esto complica las cosas". El león
supo que si aquello continuaba así el ángel perdería su oportunidad con el
mago. Había que actuar cuanto antes.
***
El
viaje fue rápido, cabalgaron durante toda la noche y en unas cuantas horas más
ya se encontrarían en tierras de Anglia del Este. Ahora marchaban a paso lento,
para no cansar demasiado a los caballos. Mientras continuaban avanzando Hopkins
volteo a mirar al impresor y dijo:
_¿Puedo
hacerte una pregunta?
_Como
quieras.
_
¿Por qué la posesión? ¿Por qué Torchia?
_
Necesitaba unas vacaciones, estoy harto del infierno.
_¿Vacaciones?
_
¿Recuerdas a Laurentin?
_ ¡Ah!
Ya. "El Diablo posee a ciertas
personas como una suerte de "alivio" a su desdicha eterna. Cuando El
Demonio posee a una persona, generalmente lo hace para tomarse unas
"vacaciones" de ese "lugar" de angustia eterna que es El
Infierno. Permaneciendo en una persona y no en su hórrida morada. El Demonio no
sólo se da el gusto de contagiar algo de su dolor a algún individuo, sino que
consigue por un tiempito que su dolor se apacigüe un tanto" ¿o me
equivoco?
_
No, estas en lo cierto.
_¿Y
es verdad?
-Pues..._
el impresor desvió la mirada, que volvió a centellear.
_¿Por
qué Torchia?
_El
tipo este ya había intentado comunicarse conmigo, y me llamó la atención el
libro que estaba escribiendo. Necesitaba un poco de ayuda así que también me
dedico a afinar bien el librito. Sobre todo las imágenes.
_...
mm...
_¿Ahora
qué sucede?
_Me
estaba preguntando si es cierto que lo que buscas es la perdición del ser
humano. Sobre todo de las almas que continúan en el "camino del bien".
_Cierto
y falso. Sí busco la perdición del hombre y también las almas. Pero no siempre
las que están por "el camino del
bien"; me gustan cualquier tipo de almas, sobre todo las fuertes. Y me
alimentan mejor cuando "me las
venden"... de hecho, te estoy utilizando para conseguir más, y ando
detrás de una en especial.
_Imaginé
que hacías eso...
El
día pasó sin ninguna otra novedad. Cuando llegó la noche Keroberos decidió
hablar un rato con su amo. Anne ya se había ido y Yue andaba por algún lado
(realmente el león no sabía dónde estaba)
_Oiga
amo, ¿podríamos hablar un rato?_ preguntó desde la puerta de la habitación del
hechicero, viendo como su amo se cambiaba de ropa, poniéndose su traje de
hechicero.
_Por
supuesto_ contestó Clow, volviéndose para ver al león_ ¿De qué quieres hablar?
_¿Qué
va a hacer? ¿Por qué se cambia de ropa?
_Pienso
crear otra carta... pero una muy especial, desde la mañana estaba pensando en
esto... pero ¿de qué quieres hablar?
_De
Yue... y de usted
_¿Qué
sucede con nosotros?
_Verá…_
el Guardián del Sol se sentó en la cama junto a su amo_ He notado algunas
cosas, primeramente nada más en Yue, pero después de un tiempo... bueno, en
usted también.
_¿Qué
cosas?
_No
tiene que mentirme_ el león vaciló un poco y después continuó_ Yo sé que usted
sabe que le gusta a Yue.
El
mago no contestó.
_Y
me preguntaba, ¿Qué opina al respecto?
_
Eso es un tema delicado Keroberos...
_¡Y
yo lo sé!, pero tal vez pueda (pero no deba) ignorarlo o no darle importancia,
pero sigue ahí... el cariño de Yue es verdadero, yo lo sé.
_
Sé que es verdadero. El primer amor siempre es verdadero.
_¡¿Y
entonces?!
_Yo
lo quiero mucho, pero no de la manera que él desea.
_No
creo eso. A veces, yo los he observado, y puedo apostar que a usted también le
gusta.
_Eso
es muy imprudente e inapropiado de tu parte.
_
¿Y? Yo nunca he sido educado.
_Pero
lo que tú no sabes es que a la hora del nacimiento de Yue yo cometí un error.
_¿Un
error?
_
Invertí una parte del hechizo. El Poder de La Luna.
_¿El
Poder de la Luna?_ el león alzó las cejas y fijó en él sus ojos felinos.
_Sí,
todo aquel ser que se acerque a Yue se siente atraído por él, pero quienes más
lo resienten son los seres con poder mágico.
_¿Todo
ser? Pues no creo que Anne tenga mucho interés en el.
_Ella
tiene sus motivos y si eres tan suspicaz como dices ya sabrás cuáles.
_Je.
Sí. Pero aún así, no creo que tenga algo que ver el Poder de La Luna, en lo que
usted siente por Yue.
_
¿Qué te hace pensar eso?
_Usted
ya comienza a mirarlo como él lo hace siempre que puede.
Clow
permaneció un momento en silencio. Era cierto. Su manera de tratar a Yue poco a
poco había cambiado. Además ¿De qué otra forma explicaba el por qué la carta
Escudo no estuviera haciendo su trabajo?
_No,
no lo creo.
_
De acuerdo, puede seguir negándolo todo lo que quiera, pero le suplico que le
dé una respuesta a Yue. Está sufriendo ¿sabe?
Keroberos
sonrió ante la mirada indecisa de su amo. Aquello lo confirmaba todo: Clow
quería al ángel, pero no lo aceptaba.
_¿Lo
hará?
Él
miró unos momentos y después sonrió.
– Esta
bien, pero déjame pensarlo.
_Pero
no lo piense mucho.
Clow
abrió la puerta y se topó con Yue quien venía llegando. El mago se sorprendió
al verlo, pero después volteo el rostro y pasó a su lado. El Guardián de la
Luna se quedó aturdido y vio al león echado sobre la cama.
_¿Qué
le dijiste?_ preguntó, de pronto asustado.
_Nada_
murmuró el león.
_¿Se
lo dijiste?
No
hubo respuesta.
_¡Se
lo dijiste desgraciado! ¡Pero tú lo prometiste!
_¡No!
¡El YA lo sabía!_ gritó el león poniéndose de pie.
_¿Cómo
pudiste?_ el ángel lo miró con sus ojos dolidos, traicionados.
Keroberos
sintió cómo se le oprimía el corazón. En ese momento el ángel se lanzó contra él,
produciendo un sonido sordo al caer al suelo.
_¡Te
odio por que por tu culpa ÉL me odia!_ le gritó.
_¡Te
equivocas! ¡Él ya lo sabía! ¡Y no te odia, al contrario, te quiere!
_¿QUÉ?
_¡Si
dejas de atacarme puedo explicártelo!
El
Guardián de la Luna cedió. "Habla".
***
Se
acercó a la ventana, pensativo. Afuera el fresco viento primaveral mecía con
delicadeza las hojas de los árboles, ya floreciendo. Eran alumbradas con una
tenue luz plateada, ya que la Luna estaba por desaparecer.
_Rebecca...
_ murmuró en un suspiro.
Dentro
de dos días se cumplían cuatro años desde la muerte de la mujer. Mientras
observaba la Luna ocultarse entra algunas nubes, el amargo sabor de la
culpabilidad le invadió. Habías sido su error. Si tan sólo hubiera estado ahí
con ella, si no la hubiera dejado sola, si se hubiera preocupado más por
ella... si hubiera...
_Vamos
Clow_ se dijo_ El hubiera no existe.
Sin
embargo la culpa no era de nadie más que suya. Se había dado cuenta demasiado
tarde de lo importante que era su presencia para Rebecca. O tal vez sí se dio
cuenta pero decidió ignorarlo, como solía... bueno, como solía hacerlo con Anne
y con Yue... Yue...
Se
encogió de hombros.
Era
totalmente consciente de lo que sentían Anne y Yue por él. Y por supuesto él
los amaba a ambos, al igual que a las cartas, que a Keroberos, que a Danna...
Pero tenía miedo de profundizar en alguna relación. "¡Eres un cobarde Clow!" le gritó su conciencia.
_Ya.
Con la autocompasión no solucionaras nada_ miró nuevamente al cielo_ Necesito
un trago.
Dio
la vuelta y se dirigió a la cocina; ahí abrió una puerta. Prendió una vela y
alumbró con su ligera luz una vieja escalera, más allá, en la oscuridad, unos
estantes. La madera de las escaleras chillaba bajo sus pies. "Habrá que cambiarte" dijo en voz
alta. Al final había una habitación.
Fue
directamente al final del sótano y observó unos anaqueles que estaban repletos
de botellas de distintos estilos. El mago sonrió. En aquel lugar tenía de todo:
Vino (blanco o tinto), Ron, Coñac, Ginebra, Brandy, Whisky. Como buen inglés le
gustaba la bebida. Recorrió con la punta del dedo las botellas y detuvo en una.
La sacó. Alzó las cejas un tanto sorprendido: Ginebra pura.
_Bueno,
ha de ser algo fuerte, pero no importa.
Se
recostó sobre su sillón y estiró los brazos, subiéndolos sobre su cabeza.
Descansando sobre una mesita a su costado estaban una botella de ginebra y una
copa. Volteo a sus lados; la casa estaba misteriosamente silenciosa desde hacía
un rato, no se volvió a repetir ningún ruido: ¿Dónde andarían Keroberos y Yue?
Bueno, no importaba, ya regresarían. Con un rápido movimiento destapó la
botella y llenó la copa. Miró el líquido rojizo y lo hizo girar unos segundos,
para después beberlo todo de un trago. La ginebra bajó en precipitada carrera
por su garganta hasta el estómago, ahí rebotó directo al cerebro. Se sintió
aturdido unos momentos: la bebida era fuerte.
De
pronto recordó lo que el Guardián del Sol le había dicho. ¿Y si tenía razón? ¿Y
si realmente le interesaba Yue y nada tenía que ver el Poder de la Luna?... No,
no, no, eso no podía ser, no DEBÍA ser. Suficiente desafío a la naturaleza con
el sólo hecho de crear seres vivos, como si él fuera Dios... aquel había sido
un juego peligroso, violar directamente las leyes naturales. Desde ese momento
había estado preparado para cualquier cosa, cualquier "venganza divina" que pudiera
ocurrir.
"Sí, te preparaste para cualquier cosa, menos
para lo que te sucedió" le dijo su mente.
¿Enamorarse?
Ese si era un juego sucio... esa era una de las armas de doble filo que ni él
podía (ni se atrevía a) utilizar... Enamorarse de Yue era... Enamorarse de SU
creación era... Enamorarse de "algo"
nacido de su propia energía era... ¡Antinatural! Era muy, pero muy peligroso...
Además, el guardián había elegido la forma de un HOMBRE; desde que él era niño
le habían explicado (su abuela del lado paterno era una mujer cristiana) que
las relaciones hombre-hombre estaban prohibidas, que fue por eso por lo que
Sodoma y Gorroma fueron aniquiladas por Jehová... Sin embargo... no podía
evitarlo... no podía controlar la cantidad de emociones que el joven comenzaba
a despertar dentro de él… ¿Por qué?
Ocultó
el rostro entre las manos. Junto a él la botella de ginebra cayó al suelo, ya
totalmente vacía. Permaneció así durante algún tiempo, hasta que una mano tocó
ligeramente su hombro.
_¿Amo?
No
respondió.
_¿Amo,
se encuentra bien?
Pudo
sentir como el joven se arrodillaba frente a él. Y contuvo el impulsivo deseo
de abrazarlo. Ya no permitiría ningún acercamiento. Por el bien de ambos.
Yue
apartó lentamente las manos de su amo, encontrándose frente a frente con
aquellos ojos grises, como la claridad de la noche. Repitió su pregunta. El
mago se enderezó en el sillón, la cabeza le palpitaba; la ginebra estaba
surtiendo efecto.
_Sí,
estoy bien_ dijo mientras colocaba sus dedos índice y medio en su sien,
apretando un poco para disminuir el dolor, le cual lentamente fue cediendo. No
se dio cuenta de que el guardián se incorporaba hacia él_ Escucha Yue, tenemos
que…
La
frase se quedó en el aire, el ángel apoyaba una mano contra el pecho del
hechicero y con la otra le retiraba con cuidado los anteojos; comenzó a
delinear, con la yema de los dedos, los rasgos del rostro. Clow le detuvo,
tomando ambas manos entre las suyas.
_Tenemos
que hablar Yue.
_¿De…
nosotros?_ preguntó el ángel; era paciente. Sí, muy paciente. Si había esperado
durante cuatro largos años, podía esperar unos momentos más. Keroberos le había
dicho que su amo hablaría con él y le diría lo que quería escuchar...
_"Nosotros" es una palabra
apresurada..._ sin saber por qué comenzó a acariciar las manos el chico.
Yue
se acercó un poco más y besó la frente del mago, después, con la misma
delicadeza, besó el puente de la nariz y deslizó sus labios hasta cubrir los
amados.
Aquel
hecho lo tomó por sorpresa y por más que lo pensó no pudo detener al ángel, al
contrario dejó libres sus manos y se dejó llevar, contestando al beso. ¿Por qué
lo hacía? No tenía idea. ¿Por qué últimamente no coincidía lo que hacía con lo
que pensaba o decía? ¡Maldita sea! En ocasiones pensaba de una manera, sentía
de otra y actuaba de manera contraria a lo que sabía y debía de hacer.
El
Guardián de la Luna se sobresaltó. Aquello era diferente a la primera vez que
él lo había besado; ahora había algo más. Sin embargo algo no cambió, al sabor
agridulce. No pudo evitar desear más, sus labios que tantos años habían estado
en una sedienta espera, por fin podían saciarse... Lentamente sus manos
comenzaron a acariciar por sobre la tela. ¿Cuánto había esperado por aquello? ¿Cuánto
tiempo había suprimido la creciente necesidad de sentirlo? Cuatro años...
Cuatro años de consumirse lentamente...
Mordió
suavemente la parte inferior de los labios del Guardián, y en seguida pasó su
lengua por los mismos para después introducirla dentro de su boca y reanudar el
beso. Yue gimió.
Aquel
gemido, nota aguda de un pajarillo, fue excitante y placentero. Disfrutó cada
sonido que lograba arrancar de la garganta del joven.
Las
manos de Yue, torpes e inocentes (por no decir impacientes), se deslizaban de
arriba a abajo por el pecho de su amo, desabrochando botones a su paso. Descendió
después por los brazos, trazándolos, hasta sus manos, entrelazándolas con las
suyas. Con un rápido y ágil movimiento se sentó sobre las piernas del mago,
quien se detuvo sorprendido. El ángel gimió en protesta contra sus labios.
"Oh, ¿Qué más da?" pensó el
hechicero soltando las manos de la joven criatura "Si de todas maneras ya estoy condenado al infierno..."
continuó con su exploración por la boca el ángel y rodeó con los brazos su
cintura, atrayéndolo hacia sí.
Yue
no comprendió del todo lo que estaba sucediendo; la adrenalina recorrió su
cuerpo y la sangre subió a su cabeza, impidiéndole pensar con claridad: lo
único que quería hacer era sentir... sentir las caricias en su espalda, sentir
aquel cuerpo estrujado contra el suyo, sentir, deleitarse con los besos,
respirar el mismo aire...
Su
amo depositaba pequeños besos en su cuello, besos calientes y expertos, por sus
años de experiencia sabía exactamente qué sensación producirían, mientras
deslizaba su lengua por el mismo. El ángel acariciaba el cabello del mago,
enredando sus dedos en él, gimiendo débilmente ante la deliciosa sensación.
De
pronto la poca luz que había desapareció y fue sustituida por una
resplandeciente lluvia de plumas. Clow abrió los ojos y se encontró envuelto en
un capullo de plumas; el ángel lo había cubierto con sus alas. El interior de
aquel capullo era hermoso: una dimensión creada por el dueño de las alas sólo
para ellos dos... ante la confusión del mago, sonrió.
_¿Le
gusta?_ preguntó quedamente mientras tomaba su rostro entre las manos y pasaba
los dedos, largos y suaves, por sus cabellos negros.
_
Sí... _respondió, maravillado ante la hermosa y cristalina sonrisa de Yue...
era la sonrisa de los niños, pura, llena de amor y sin miedos ni malicia... ¿Cómo
pudo él crear un ser tan perfecto? No... no lo merecía... Tomó una de las manos
entre las suyas y besó la palma, sonriendo ante el estremecimiento del ángel.
_Yue…_dijo
lentamente manifestando sus pensamientos_ Mereces algo mejor que yo...
La
magia del momento se rompió.
_¡No!_
negó energéticamente con la cabeza_ ¡Yo lo quiero a usted, amo, y a nadie más!
_No,
no, no._ contestó el mago empujándolo suavemente, liberándose así del capullo_Yue, yo te di vida para que fueras mi Guardián, no
mi criado, mucho menos mi esclavo.
El
ángel se abrazó contra su pecho.
_¡No!
Yo seré todo lo que usted quiera. Si no le gusta como actúo, dígame como quiere
que lo haga y yo lo haré; dígame como pensar y yo pensaré de acuerdo a eso;
dígame que salte y yo saltaré. Por favor, déjeme ser su criado, su esclavo, su
guardián, su todo.-
Sin
decir más Clow se levantó y entró en la habitación que se encontraba detrás del
librero, donde mantenía sus libros de magia.
Yue
permaneció sentado en el sillón, probando con tristeza el sabor a hiel de la
realidad: sus sentimientos nunca serían correspondidos. ¡Estúpido Keroberos que
le había dado esperanzas!
***
El
barullo en la aldea aumentó de sobremanera. En medio de la gente estaba Matthew
Hopkins hablando, convenciéndoles con unos argumentos impresionantes. Tanto era
su poder de convencimiento, que hasta los más escépticos comenzaron a creerle.
Ya habían soportado demasiado tiempo a las brujas, era la hora de liberarse de
todas de una buena vez. No podían esperar ni un día más...
_
¡Que comience la cacería de Brujas!_ gritó el cazador.
Los
aldeanos aceptaron. Tomaron innumerables palos, los rodearon de aceite y con un
poco de paja, después les prendieron fuego. También se armaron de varas, palos,
piedras, cuchillos, herramientas para trabajas la tierra, entre otros... todos
comenzaron a avanzar.
A
espaldas de Hopkins estaba Torchia y sonreía; como un padre orgulloso de su
hijo. Sacó de una bolsa de cuero, que traía en la espalda, un manuscrito y
apuntó en el encabezado en una hoja blanca: "VIC. I.T VIR".
Cerrándolo con cuidado volvió a meterlo a la bolsa y siguió a la muchedumbre.
La
cosa resultó a pedir de boca; tal cual como se había planeado. Aunque para
todos los demás (en especial hombres y mujeres) fue una pesadilla: la gente
irrumpía en los hogares y sin importar si había o no familia presente,
agarraban a garrotazos a la mujer de la casa. Los niños se ocultaban bajo las
mesas, sollozando asustados, mientras escuchaban el siniestro silbido de las
armas al romper el viento y estrellarse contra la blanda carne. Muchos
escucharon el aterrador sonido que se produce al romperse un lápiz o una
vara... el sonido de un hueso al quebrarse...
Varias
casas ardieron lanzando al cielo bocanadas de cenizas y humo, que se
expandieron por toda la región, oscureciendo las estrellas.
Dentro
de ese caos total un hombre rompió una botella de vino y pensaba estrellarla
contra la base del cráneo de su mujer, pero Hopkins lo detuvo.
_
Esto es JUSTICIA_ dijo_ Más no asesinato o venganza... ¡Nadie deberá morir
de día de hoy!
El
asalto a las viviendas continuó. Matthew era quien la dirigía: mandaba a las
"brujas" (o "brujos", ya tenían a dos hombres;
uno había intentado defender a su esposa y el otro era un sacerdote) a las
celdas de una vieja iglesia en el centro de Anglia del Este. Torchia sólo lo
observaba, complacido.
El
cazador volteó a su costado y vio como unos de los aldeanos forcejeaba con una
joven mujer... los cabellos dorados, los labios rojos carmesí, las mejillas
rosadas y los ojos azules, tan claros y luminosos como el día... él la
reconoció en seguida.
_¡Anne
West!
_¡Hopkins!
¡Por Dios, detén esta locura!_ dijo la joven zafándose del hombre y acercándose
al cazador _ ¡Tú bien sabes que ni yo, ni ninguna de esas mujeres, somos
brujas!
No
contestó y regresó su mirada a Torchia. Después de unos momentos, sonrió.
_Lo
siento querida_ dijo dejándo a relucir su colmillo de lobo_ pero así son las
cosas. Enciérrenla.
***
"¿Por qué me haces esto, Dios? ¿Por qué me das un
manjar si sabes que NO debo tocarlo?... ¿Moriré de sed estando rodeado de agua?
¡No es justo!"
No,
realmente no era justo. ¿Por qué tenía que sucederle esto? Bien es cierto lo
que dicen: "Afortunado en el juego,
desafortunado en el amor" o algo así. Él tenía un poder enorme y era
reconocido por la gran mayoría de los magos (sobre todo por los jóvenes) como
"El hechicero más poderoso de la
historia", un título bastante ambicioso. Aunque casi no asistía a
ningún concilio (excepto a la de los Wicca, pues era uno de los siete del estrado),
todos conocían su trabajo. Tenía gloria, fama, vida, poder... si se lo proponía
podía destruir el planeta o esclavizar a la humanidad, pero jamás lo haría, no
tenía intenciones de convertirse en dictador o destructor; además eso iba en
contra del voto que hizo "Haz lo que
quieras , no dañes a nadie".
Sin
embargo ese era sólo un lado de la moneda. Del otro lado era tristeza. Aunque
no lo parecía, su vida emocional era un desastre. Para empezar jamás se llevó
bien con su madre; como todas las mujeres del Clan Li, era demasiado
autoritaria; desde pequeño le había exigido más de lo que sus fuerzas podían
dar, porque sería "el futuro jefe
del Clan". Como resultado de aquella relación de caracteres opuestos,
él había huido de casa a los quince años, eludiendo su dichosa responsabilidad.
Vagó un tiempo por las tierras de China hasta que tomó una decisión: iría a
Inglaterra a la casa de su padre (el cual había muerto en la hoguera hacía cosa
de tres años). Pero el viaje era arduo y largo, sobretodo sin dinero. Fue en
este tiempo cuando conoció a Tedrescher, quien era un vagabundo que practicaba
la magia folklórica y prácticamente lo "adoptó" (aunque nunca lo consideró como un padre). Juntos
llegaron a Francia, pasando por mil y un aprietos, cosa que los hizo buenos
amigos. Para poder conseguir dinero y pagar el boleto del barco, ambos se
pusieron a trabajar la tierra en distintas fincas. Un año y meses pasaron en
Francia; con los diversos trabajos físicos que había realizado bajo el sol, su
espalda creció fuerte y ancha, sus brazos eran delgados pero poderosos, había
perdido la delicadeza de las manos pero también ganó un peculiar bronceado.
En
los dos años que habían pasado desde que huyera de China, él había cambiado
mucho. La vida lo había tratado con la punta del pie y eso le sirvió de
experiencia; aprendió sobre la naturaleza humana (no se puede confiar en
cualquiera...) y sobre la vida salvaje... pero el golpe más duro vino en
Inglaterra. Él fue a ese país buscando refugio ¿Y qué encontró? Desdén. Su
familia lo había rechazado. Inclusive su abuela, a la que idolatraba, lo había
negado. Aquello lo destrozó. Fue en ese momento de su vida en el que se dio cuenta
que se encontraba totalmente solo (Se separó de Ted al llegar a la Gran
Bretaña) y si quería su felicidad tendría que luchar por ella. Tenía 17 años
cuando comenzó a estudiar (bueno, terminar sus estudios) por cuenta propia y a
trabajar, sentía que se había dado cuenta de la realidad demasiado tarde. Sin
embargo, era joven y tenía toda una vida por delante, puesto que hay gente que
se da cuenta cuando ya es demasiado tarde, o que jamás se da cuanta o bien, que
prefieren ignorarlo. También fue en esta etapa cuando conoció a Gandalf y con
él adquirió sabiduría y aprendió a madurar emocionalmente. Después de eso vino
un tiempo de relativa tranquilidad, en el cual se volvió a encontrar con Ted.
Gandalf le enseñó la sabiduría y a pensar; Tedrescher a divertirse y a
actuar... Sin embargo, llegó 1601... y sucedió lo del "Pez Dorado". Ahora él y Ted lo
tomaban como broma, pero lo que pasó no fue cosa de risa... él había MATADO
intencionalmente... bien podía decir el ilusionista, que había sido un
accidente, que fue en defensa propia o que aquellos sujetos lo merecían; pero
eso no era más que ocultar el hecho... el hecho de que él había dado ese golpe,
ese ataque mágico, con odio. Él había deseado matarlos...
Pasó
nerviosamente las manos por su cabello y humedeció sus labios resecos. Vio que
temblaba ligeramente.
_¡Oh!
Vamos Clow!_ se dijo_ Olvida ya eso. Pasó hace mucho tiempo.
Lo
que siguió después de eso fue una serie de eventos encadenados entre sí, que
desembocaban en un mismo lugar: la muerte de Rebecca. Durante toda su vida él
había conocido a una infinidad de mujeres, pero nunca se había preocupado ni interesado
tanto por una como en ella... Se había enamorado de ella sin siquiera darse
cuenta. No sabía cómo ni cuándo había pasado, pero un día descubrió lo que ella
significaba para él (y viceversa); que extrañaba hablar con ella, su silenciosa
compañía, su aire ausente, su increíble fragilidad... perderla había sido una
puñalada, la peor de todas... y así llegaba a ese momento, finales de marzo de
1645... así llegaba a Yue... de que el guardián lo amaba no tenía duda alguna;
siempre con cada uno de sus actos se lo había gritado. ¿Y qué había hecho él?
Ignorarlo. Había elegido taparse los oídos y cerrar los ojos ante todo el
cariño que el ángel siempre había estado dispuesto a darle; lo mismo había
hecho con Anne. ¿De qué tenía miedo? ¿De amar? ¿De arriesgarlo todo con
alguien? ¿De volver a ser traicionado? ¿De qué le negaran la ayuda en los momentos
que más lo necesitara?
Permaneció
sentado sobre la silla mirando el techo. Después se puso en pie, alisando las
arrugas de la bata. Llevaría a cabo lo que se había propuesto desde la mañana,
antes de que todo aquello ocurriera.
Yue
continuaba en la biblioteca, sobre el sillón. Ya no pensaba en nada. No tenía
ganas de pensar en nada. Había gastado todas sus fuerzas pensando qué fue lo
que hizo para que su amo lo odiara; porque estaba seguro de que lo odiaba. ¿De
qué otra forma podía explicar que no quisiera estar cerca suyo ¡No era justo!
¡Él no había hecho nada, nada para ganarse su desprecio! Lo único que había
hecho fue amarlo, ¿Eso era pecado? ¿Estaba mal haber intentado darle todo?
Supuso que sí.
Se
encogió en el sillón, como un niño asustado, y lloró en silencio. No sollozó,
ni se estremeció, ni hizo algún sonido... solamente las lágrimas nacieron en
sus ojos y fueron a morir a sus labios. En la oscuridad de la habitación,
sentado sin hacer ningún movimiento ni emitir ningún ruido, parecía realmente
una estatua de mármol.
Afuera
no soplaba el viento y una oscuridad se había tragado las estrellas; inclusive
los pocos rayos de luz lunar que quedaban estaban siendo opacados ya. Era una
de esas noches en las que todo se te pinta con tristeza y melancolía; en las
que te planteas preguntas y tienes posibilidad de responderlas como un
verdadero poeta; pero también era una de esas noches en las que la esperanza se
perdía.
La
única luz de la habitación provenía de una vela. Él estaba echado sobre la
cama, atento a la noche que se extendía a través de la ventana. Todo parecía
presentársele en negro y una vocecita dentro de él le decía que las cosas entre
su amo y Yue no habían resultado bien. Eso no le gustaba, porque era lo último
que él podía hacer por su compañero... lo demás corría por cuenta del mago y de
la manera en la que Yue aprovechara la situación... Sabía que al hacer eso
perdería para siempre su oportunidad con el ángel, si es que alguna ves tuvo
una, pero aun así se sentía feliz. Aunque tenía que admitir que en esos
momentos sentía el doloroso aguijón de los celos traspasarlo.
Keroberos
se desperezó de un salto y se acercó a la ventana. Sus ojos dorados pudieron
ver que algo se incendiaba en el pueblo y también que pequeños puntos de luz
roja, sin duda el fulgor de antorchas, se iban, no, venían por el camino. No le
dio importancia y volvió a echarse en la cama, para continuar pensando.
Una
columna de energía rodeaba su cuerpo y lentamente se acumulaba en el báculo en
forma de sol. Su concentración era total y exclusivamente de lo que hacía;
trasformaba su energía positiva en negativa y la pasaba en grandes proporciones
a un solo punto. Trazó en su mente el rostro de una criatura; una niña de
largos cabellos grises y ojos azules.
Abrió
de pronto los ojos y con un movimiento brusco golpeo el aire frente a sí con el
báculo, mientras gritaba un hechizo. Una explosión de luz se sucedió y él salió
disparado hacia atrás chocando con la pared de piedra.
Tanto
Yue como Keroberos sintieron el choque de la energía y se apresuraron a la
habitación, donde habían sido concebidos.
Cuando
la luz se disipó pudo ver una carta, igual a las demás: naranja-rojiza con los
bordes dorados, al frente y centrado tenía una imagen, la criatura engendrada;
a sus lados dos pequeñas estrellas doradas; sobre ella una runa sobre un sol y
bajo la imagen una luna y un letrero "Vacío". Al reverso traía el
símbolo que representaba a Clow (el mismo que aparecía cuando usaba un hechizo
o el que traía al reverso de su capa ^ ^): un sol encerrado en un círculo con
una luna al costado y diversas runas, vueltas a encerrar en otro círculo mayor.
La
carta voló a sus manos. Y él se sintió cansado, terriblemente cansado. Por más
que lo intentó no pudo ponerse en pie. Su respiración se volvió agitada.
La
puerta que comunicaba la habitación de piedra con la que contenía los libros se
abrió de golpe. El león dorado y el ángel entraron apresuradamente.
_¿Qué
fue eso?_ le preguntó el Guardián del Sol, mientras ayudaba a Yue a sostenerlo.
_Lo
que sucede es que tenía que... crear una carta que contrarrestara, el poder
positivo de las demás, para crear un equilibrio... Esta nueva carta tenía que
estar cargada de energía negativa..._ hablaba con de dificultad, deteniéndose
continuamente para tomar un poco de aire_ Y tuve que transformar mi energía
positiva en negativa, eso requirió demasiado poder, por lo que ahora estoy
exhausto.
_No
debería hacerlo... _habló tímidamente Yue, herido todavía por lo pasado en la
biblioteca_ Eso podría acabar con su vida...
_No
tienes nada que temer, no me pasará nada, con un poco de reposo bastará.
Intentó
sonreírle. No tenía caso que le tratara con desprecio, pues de todas maneras,
no era culpa de él.
_Aún
así... _insistió el Guardián Lunar.
_Ya.
Un
dedo se posó sobre sus labios, callándolo.
_Solamente
necesito un descanso.
En
ese momento sintió que algo, algún peligro, se acercaba.
_Escúchenme_
dijo avanzando hacia la puerta_ Por favor quédense aquí unos momentos...
_¿Por
qué?_ el león lo miró extrañado.
_Solamente-
Un
ruido llegó hasta ellos. El sonido producido por las voces y pisadas de varios
hombres. El mago frunció el ceño.
_¿Qué
sucede, amo?_preguntó Yue.
_
No... puede ser..._murmuró el hechicero, comprendiendo de pronto que aquellas
voces eran de los aldeanos del pueblo._ Sólo quédense aquí y no salgan... sin importar
lo que oigan.
_¿Qué?_
Keroberos se sobresaltó_ ¿Por qué?
Clow
tardó unos momentos en responder. "¿Confían
en mí?" preguntó al fin.
_Sí._
la respuesta clara, inmediata y sin titubeos del Guardián de la Luna lo dejo
asombrado. El chico tomó una de sus manos entre las suyas y la estrujó contra
el pecho. Keroberos asintió con la cabeza.
_
Entonces... obedezcan...
_Pero_
interrumpió Keroberos_ ¿Qué sucede?
El
ruido se hizo más intenso y escucharon unos golpes en la puerta, los cuales
resonaron, con un tétrico eco en toda la casa.
_ ¿Recuerdan a los cazadores del brujas?
_
Ajá.
_Ellos
son los que tocan la puerta... saldré a ver qué quieren...
_¡De
ninguna manera!_ el león se interpuso entre la puerta y el mago_ ¡Y menos en
ese estado! Usted sabe lo que ellos quieren, lo mejor será que no vayamos.
_No.
_Amo,
Keroberos tiene razón._ el ángel apretó con más fuerza la mano.
_Lo
sé.
_Vámonos.
Ante
las constantes insistencias de ambos el mago hizo un movimiento y murmuró unas
palabras: los Guardianes cayeron inconscientes al suelo. Se liberó de la mano
del ángel (que aun sostenía la suya) y dejó junto a ellos a las cartas,
mientras salía de la habitación. De pronto todo se oscureció.
***
Al
llegar a la casa Hopkins les hizo detenerse, no deseaba entrar, irrumpir con
brusquedad... todavía. Además momentos antes habían visto un desprendimiento de
luz, quizás algún hechizo, eso sirvió para disipar las dudas que tenían algunos
aldeanos sobre si era o no un "brujo".
Tocó a la puerta y no hubo respuesta. Volvió a tocar y todo continúo en
silencio. Con un movimiento ordenó que la derrumbaran. Dentro todo estaba
tranquilo, no había señales de vida. En eso creyó escuchar un ruido y corrió,
seguido de los demás a la biblioteca de la casa; ahí vio de espaldas en un
librero a una figura. Asentó un golpe a la cabeza de la figura.
_Quemen
la casa._ ordenó levantando en brazos al mago, ante las miradas sorprendidas de
los campesinos al ver las extrañas ropas.
***
Lentamente
lo fue despertando una sensación de calor en el cuerpo. Pero no pudo tomar
conciencia de su alrededor, tenía un terrible dolor de cabeza y por algún
motivo no podía mover las manos, ¿Las tendría amarradas? Entreabrió los ojos y
lo que vio lo dejó pasmado. A lo lejos vio una hoguera, enorme. El fuego se
levantaba al cielo en grandes lengüetas, las llamas, mecidas por un viento
ligero, estaban en tétrica danza mientras lamía a las copas de los árboles
cercanos. La chimenea y varias partes más vomitaban bocanadas de humo. Su casa
ardía. El techo cayó y rápidamente el fuego lo fundió.
_Yue..._
murmuró antes de volver a perder la conciencia.
***
Un
dolor en la pierna lo hizo levantarse de golpe. Con asombro vio que la tela
estaba ardiendo. Con las manos apagó el fuego y se dio cuenta que estaban
rodeados de llamas.
_¡Keroberos!
¡Despierta!_ gritó y zarandeó al león.
El
Guardián del Sol se puso en pie. Yue tomó las cartas, no podían utilizarlas, no
sabían cómo.
_Salgamos
si no queremos quedar rostizados._ apuntó el león moviéndose con cuidado hacia
la puerta.
_¿No
puedes parar esto?_ preguntó el ángel y su semblante se entristeció un poco:
los libros de magia de su amo estaban alimentando al fuego, de algunos ya no
quedaba nada.
_¿Qué
te hace pensar que podría hacerlo?_ de un golpe con sus patas traseras derribó
el estante de libros que obstruía el camino.
_
Tu elemento es el fuego, pensé que tal vez...
_Entiendo,
pero el fuego sólo aumentará el fuego...
Las
llamas estaban a todo su alrededor: el sillón, los libros, la alfombra, las
cortinas, todo ardía. Salieron como pudieron de la habitación, sin embargo
cuando llegaron a la estrada se encontraron con que estaba obstruida por una
enorme viga de madera. No podían pasar.
_¡Demonios!
¡No moriré aquí!_ el ángel extendió sus alas plateadas y se encaminó a las
escaleras, esquivando pedazos de madera que caían del techo. Keroberos lo
siguió.
El
único camino por el cual podían pasar era por el cuarto de su amo. Apenas
alcanzaron a llegar puesto que el techo se derrumbó produciendo un ruido sordo.
Una vez en el cuarto Keroberos se tuvo que lanzar contra el cristal de la ventana
para poder abrirla. Cayó al suelo y comenzó a toser, había aspirado demasiado
humo. Sin embargo tenía que alejarse de ahí antes que el fuego lo alcanzara.
Cuando se disponía a irse se dio cuenta que el ángel no bajaba.
_¡Yue!
¿Qué estás haciendo? ¡Baja ya!
No
hubo respuesta. El guardián se disponía a volver a subir cuando una sombra
plateada cayó junto a él. En sus brazos traía una pequeña cajita de madera.
***
Volvió
a despertar, pero estaba en un lugar sin luz. Cuando sus ojos se acostumbraron
a la oscuridad pudo distinguir que era una especie de habitación, de piedra,
pero vieja. No había ningún mueble ahí. Pero no estaba solo, en diversos puntos
pudo ver a mucha gente, casi en su mayoría mujeres. Fue extraño, lloraban, y él
no pudo asimilar todavía el por qué.
_Hasta
que despertó el bello durmiente. Llevas durmiendo toda la noche desde que te
trajeron y la mayor parte del día._ dijo una anciana mujer sentada a su lado.
_¿D-donde
estoy?_ preguntó sentándose, dándose cuenta que estaba acostado sobre un montón
de paja.
_En
las catacumbas de Sta. Catalina.
_¿La
Iglesia del pueblo? ¿Qué hago aquí?
_¡Vaya!
Creo que te dieron más duro de lo que pensaban... Acabas de ser condenado a
brujo.
_¿Eh?
_Mira,
es mejor que lo sepas ya y no te hagas ilusiones de que fue un error. Todos los
que estamos aquí estamos condenados a la horca, hicieron los juicios mientras
estabas inconsciente.
_Ya
veo...
_No
estás muy preocupado por tu futura muerte, ¿verdad? ¿Cómo te llamas?
_
Read Li Clow, señora.
_Mucho
gusto Sr. Read, yo soy Cristina Adam´s. Es bueno conocer a alguien más antes de
la horca.
El
mago no respondió y dirigió su vista a los alrededores, dándose cuenta de que
estaba dentro de una especia de celda. En eso escuchó un escándalo proveniente
de más al fondo. Se acercó a las rejas a ver de dónde provenía el ruido; unos
hombres sacaban a la fuerza a distintas mujeres de sus celdas.
_Cuando
caiga el sol se llevaran a cabo las primeras 15 ejecuciones._le dijo Cristina_ Mañana
al despertar el alba seguiremos nosotros (quince también), y para terminar en
la noche las últimas 15.
Antes
de que respondiera una de las figuras logró escapar y el pudo ver bien sus
facciones.
_¡Anne!_
exclamó sorprendido.
_¡Clow!
¿Usted también?_ la joven se arrodillo frente a la celda, a la altura de él.
Los
hombres trataron de ir por ella, pero una mano les detuvo, la de Hopkins.
_Yo
tengo razones para estar aquí, ¿pero tú?
_
Ya ve... "así son las cosas"_
dijo Hopkins.
Ella tomó las manos del hechicero entre las
suyas a través de las rejas. Sus ojos se cristalizaron.
_¿Adónde
te llevan?
_¡Yo
lo amo!_ exclamó de pronto la joven mujer y él se quedó estupefacto_ Lo siento.
Pero no quiero morir con eso dentro de mí. Necesitaba decírselo.
Las
lágrimas surcaron sus ya enrojecidas mejillas. El mago las limpió con el dorso
de la mano.
_
No importa, querida Anne.
La
chica se acercó a él y besó sus labios a través de las rejas, y él se lo
permitió. Sintió como ella sonreía débilmente.
Hopkins
tronó los dedos y algunos aldeanos se acercaron a la pareja, agarrando a Anne.
_¡Suélteme!_chilló
ella, tratando de liberarse de los hombres.
_¡No!_
el mago la alcanzó a sujetar por la mano. – ¡Te quiero. Anne!
La
chica sonrió y en ese momento sus manos resbalaron y ella desapareció en la
oscuridad.
Golpeo
con todas sus fuerzas la pared de la celda. La sangre escurrió por sus nudillos
rotos.
_¿Se
encuentra bien?_ preguntó Cristina acercándose a él.
_¡No!...
Lo he perdido todo...
Y
era la verdad. ¿Dónde estaban sus guardianes? ¿Dónde estaban las cartas? En las
ruinas de su casa... habían sido reducidos a cenizas. Toda su compañía, las
cosas que más quería, las había perdido... ¿Qué caso tenía entonces continuar
alargando su existencia? Sonrió con dolor al darse cuenta que moriría el mismo
día en el que Rebecca...
Durante
toda la noche él pensó. Pensó en lo que había pasado últimamente... pensó en
Anne. "Te quiero" había dicho, pero realmente él no la amaba de esa
forma, no sabía por qué lo había dicho, tal vez, para no romper más las
ilusiones de aquella hermosa muñeca de porcelana... Y durante toda la noche
estuvo a punto de llorar, pero no lo hizo, las lágrimas se rehusaban a salir.
No podía llorar...
El
día comenzaba ya. Prometía ser un hermoso día, prospero, lleno de ilusiones.
Los pajarillos cantaban en los árboles y revoloteaban por un cielo gris, que
despertaba. Sin embargo era todo lo contrario. Los acusados de brujas eran
conducidos a un claro, rodeado de piceas, hermosos árboles parecidos al abeto,
de tronco rojizo, agujas verdes y piñas colgantes.
En
medio del claro había una plataforma, construida hace poco, pues casi no tenía
marcas. En la plataforma había palos, grades, unos dieciséis en total y de los
palos colgaban gruesas cuerdas, meciéndose oscilantes de un lado a otro.
Subieron
a los acusados, atándoles las manos a la espalda y pasándoles la soga por el
cuello.
Clow
permaneció en silencio durante todo el camino. En ese momento sólo traía puesta
su bata blanca, le habían quitado las demás ropas. Y por primera vez en muchos
años, su mirada volvió a ser inexpresiva. Anne ya había muerto.
Hopkins
se acercó a él, tomándole por el mentón para obligarlo a verlo de frente.
_¿Qué
se siente saber que morirás en mis manos?_ preguntó con su sonrisa de lobo.
_Nada_
contestó el mago clavando sus ojos grises en los de él.
El
cazador arqueó una ceja confundido. Esperaba un insulto, algún alardeo o una
sonrisa... Lo que no esperaba era esa respuesta suave, casi inexpresiva, que le
pareció tan impropia de él.
Bajó
de la plataforma y se colocó a un costado de uno de los árboles de picea.
Observando, dispuesto a jalar una palanquita, con la que todo terminaría.
Mientras
todos estaban ahí, vociferando, lamentándose, llorando, él permanecía en
silencio. Un tétrico silencio que inundaba su cabeza, donde no escuchaba ni
siquiera el sonido irregular de su respiración, ni el eco de los latidos
alarmados de su corazón. Estaba lejos, ido. Muy lejos de aquel lugar,
esperando. Sí, esperaba que todo terminara de una buena vez; no porque lo
hubiera aceptado como su fin, sino porque se había resignado. No podía hacer
nada para salir de aquella situación, pues sus poderes mágicos estaban
demasiado debilitados y volverlos a utilizar sería un suicidio... Además, sus
guardianes y las cartas (todo su amor, dedicación, esfuerzo, angustia, alegría)
habían ardido junto con la casa.
De
repente el cielo se oscureció y comenzó a tronar. Grandes líneas se dibujaban
durante unos segundos en las nubes de tono grisáceo. Parecía un mar embravecido.
No llovía, ni tampoco soplaba el viento.
Él
levantó la cabeza; el lugar estaba impregnado con un poder mágico, el cual le
parecía conocido pero al mismo tiempo distante. El aire se volvió pesado,
viejo: como si se hubiera estado estancado ahí durante miles de años. Era casi
irrespirable.
"Los relámpagos" pensó el mago
viendo el cielo. Eran muchos, todos nítidos y certeros, como si hubieran sido
pintados por el cincel de Dios... o del Diablo.
Sonrió
irónicamente ante pensamientos tan estúpidos. ¿Acaso moriría con aquella idea
en la cabeza? Por supuesto que no. La sonrisa se le borró del rostro y trató de
invocar recuerdos mucho más gratos.
En
ese momento y de improviso, un relámpago se estrelló contra uno de los árboles
de picea, el cual se derrumbó envuelto en llamas frente a la plataforma. Los
aldeanos retrocedieron gritando, sorprendidos y aterrizados... aunque no tanto
como las pobres victimas, pues las llamas subieron rápidamente y se esparcieron
con increíble facilidad, como cuando se derrama un vaso de agua sobre una mesa
lisa.
Hopkins,
quien no se había movido en ningún momento, miraba atentamente las llamas.
Sintió la desesperación de los infelices acusados, vio como se retorcían
tratando de huir del fuego, llegó hasta él el tenue aroma de carne asada; todos
sus sentidos estaban atentos y por una razón que no comprendió, aquello fue el
alimento más nutritivo que recibiese su alma. Miró la antorcha que tenía en su
mano izquierda y al momento la arrojó a la plataforma, inmediatamente se fundió
con las llamas.
A
pesar del calor que desprendía el fuego un escalofrío le recorrió. A sus
espaldas se encontraba Torchia, con el manuscrito de "De Vmbrarum Regni Novem Portis" (Las Nueve Puestas del Reino
de las Sombras) bajo el brazo, el rostro inmutable, la sonrisa maliciosa, la
mirada fija y los ojos sin pupilas. Parecía estar rodeado de un aura verde.
Aunque Torchia no lo miraba, el cazador sintió terror.
Las
llamas se alzaban frente a Clow como muros impenetrables, las lengüetas de
fuego rozaban su cuerpo. No se movía, pues sabía que eso sólo acercaría las
llamas y de paso la cuerda podría cerrarse sobre su cuello. Pero estaba
desesperado: una cosa era morir en la horca, donde la cosa duraría unos
segundos, en lo que la soga le quitaba el aire; y otra muy diferente era morir
en la hoguera, quemado vivo, donde el dolor sería insoportable. Bien podría
decir algunas personas que el fuego no es el que los mata en sí, sino el humo,
que asfixia. Suposiciones. ¿Quién había sobrevivido a la hoguera y afirmado tal
cosa? ¡Nadie! Y los gritos de los condenados no eran suposiciones, los rostros
horrorizados y comprimidos por el dolor no eran suposiciones, ni tampoco eran
suposiciones el nauseabundo olor a carne humana carbonizada. No. Las
suposiciones estaban fuera de lugar en ese momento.
Mordió
sus labios reprimiendo un grito, cuando el fuego hizo contacto con sus
antebrazos. Instintivamente dio un paso al frente pero la soga le impidió irse
y se vio obligado a retroceder: sintiendo como el fuego chamuscaba sus ropas y amenazaba
a sus pies desnudos; le ardían las manos y los antebrazos, así como el rostro y
el cuello. ¡Y tenía un calor insoportable!
Su
nariz comenzó a sangrar: había demasiado humo en sus pulmones y esto provocaba
una hemorragia...
Fue
entonces cuando se dio cuenta de algo curioso; el fuego lo rodeaba pero no se
acercaba. Como si hubiera una barrera invisible a su alrededor. De pronto una
voz sonó fuerte y clara dentro de su cabeza y los ruidos exteriores
desaparecieron. Decídete. Clavó los ojos en la cortina de llamas y distinguió
una figura. Sombría e inhumana. Lo que jamás olvidaría serían sus ojos
animales, con una franja dividiéndolos verticalmente. Eran diferentes a los
felinos de Yue, fríos y distantes (pero debajo de todo aquello colmados de
ternura).O a los de Keroberos, astutos y juguetones. Estos eran como el de las
serpientes, salvajes y listos para saltar sobre su arrinconada presa, llenos de
una maldad injustificada.
El
mago echó la cabeza hacia atrás y enseguida la regresó adelante, como si hubiera
recibido el disparo de un arma de fuego... El pensamiento de aquella criatura
había vuelto a penetrar en su cerebro.
“Decide. Ya no hay tiempo”
_¿Decidir
qué?_ preguntó y al instante la criatura se desvaneció.
Y
como si hubiera sido liberadas de alguna urna de cristal, las llamas se
abalanzaron sobre él, incendiando la bata blanca. Reprimió otro grito mordiendo
sus labios hasta hacerlos sangrar. De pronto, surgió una duda, gritando desde
lo más profundo de su ser: "¿Deseo
morir?". Abrió un ojo, la sangre goteaba y escurría por la herida
arriba de la ceja. "No. Pero es
inevitable" se dijo. "Y...
si yo vendiera mi...".
"¿...Alma?"
Negó
firmemente con la cabeza. El alma era lo más preciado que cualquiera pudiera
poseer, pues el cuerpo era algo transitorio, algo prestado que tendría que
devolver algún día al polvo... en cambio, el alma era inmortal. No importaba en
qué situación estuviera JAMAS vendería su alma. Hacerlo sería como traicionarse
a sí mismo y a un poder superior. Se irguió orgulloso, esperando que las llamas
terminaran de devorarle.
Y
sucedió que comenzó a llover.
Hopkins
observó con asombro la lluvia, pero más asombrado estaba al ver a Torchia
retroceder tres pasos, sus ojos regresando a la normalidad, el ceño fruncido y
la sonrisa borrada. Parecía decepcionado. Aristide le regresó la mirada y se
desvaneció entre las sombras.
Los
gritos de los aldeanos no tardaron en aparecer: una niebla sobrenatural rodeo
el lugar imposibilitándoles para ver. Detrás de ellos distinguieron una figura con
alas, hecha de luz pura... la atención se centró en ella. Mientras nadie estaba
mirando otra figura, felina, se acercó a la plataforma y con un movimiento
rompió la soga que sujetaba el cuello del hechicero, el cual cayó a su espalda.
El león se retiró.
No
duró mucho la niebla, pero cuando se disipó (desapareciendo junto con la figura
de luz), Hopkins (y los campesinos) pudieron advertir que la plataforma estaba
hecha pedazos, la madera chamuscada y los cuerpos calcinados; sin embargo en el
lado izquierdo donde la madera estaba menos quemada, faltaba un cuerpo.
El
cazador crispó las manos y enrojeció se cólera.
_
¡Desgraciado!_ aulló_ ¡Regresa! ¡Te encontraré y luego te mataré! ¡Juro que no
descansaré hasta que te tenga en mis manos, aunque tenga que vender mi alma al
Diablo!
***
Verlo
en aquel estado tan deplorable le comprimía el corazón. Su amo entre sus brazos
parecía agonizante: la piel enrojecida, la respiración irregular, serías
quemaduras, la ropa chamuscada y humeante. Lo depositó con sumo cuidado sobre
la hierba. El hechicero se quejó débilmente.
_¿Cómo
está?_ preguntó Keroberos, acercándose a él.
_
Mal. Sólo míralo_ respondió Yue limpiando con sus ropas la sangre del rostro
del mago.
_Sí...
pero ¿Qué vamos a hacer?
_
No lo sé.
Una
vez que lograron salir de la casa en llamas estuvieron escondidos en el bosque,
pero siempre cerca del pueblo, sobretodo de la iglesia. Se habían enterado que
ahí llevaron a los acusados de brujas. Estuvieron vigilando el lugar. Y cuando
salieron los aldeanos escoltando a varias mujeres ellos los siguieron, hasta el
claro de piceas... Les sorprendió ver a Anne entre aquellas en la horca, pero
no pudieron hacer nada... inclusive Yue se había sentido un poco culpable por
haberla abandonado. Después había llegado la mañana del día siguiente y
encontraron a su amo. ¿Pero cómo rescatarlo? Pensaron en crear una ilusión para
distraer a los aldeanos, pero "algo"
estaba obstaculizando el poder, ellos no podían acercarse. Eso los desesperó, y
más aun cuando comenzó el fuego. Sin embargo cuando todo parecía perdido la
barrera desapareció, fue entonces que improvisaron: Keroberos activó a las
cartas agua y niebla, mientras Yue concentraba su energía para "brillar" tal como se lo había
enseñado su amo tiempo atrás.
El
hechicero se movió en la hierba y comenzó a toser. Escupiendo un poco de sangre
con cada movimiento.
_...Me
duele... _ murmuró mientras apretaba con una de sus manos su pecho.
_
¿Qué le duele mi amo?_ preguntó el guardián inclinándose sobre él.
_...El
pecho...
Se
retorció un poco en la hierba, volviendo a toser. Emanaba sangre tanto de su
boca, como de la nariz y los oídos... respirar era cada vez más difícil.
_¿Qué
hago, Keroberos?_ el ángel volteo a ver a su compañero, con preocupación y
miedo en sus ojos.
_¡No
sé!_ contestó el león con igual preocupación.
_¿Ker...
Kero... beros?_ el mago entreabrió los ojos_
¿Y-yue?
_Sí,
mi amo... descanse... _ el ángel colocó su mano sobre los ojos de Clow y los
cerró, sintiendo la piel caliente.
_Está
hirviendo, tenemos que refrescarle.
_¿Cómo?
Sabes que el único riachuelo por aquí está cerca de la casa, en la cual todavía
hay muchos curiosos. Si vamos nos arriesgamos a que nos vean... A menos que...
_¿
A menos que?
_
Podríamos intentar utilizar las cartas
El
ángel asintió y sacó a las cartas. Las cuales los rodearon, formando un circulo
a su alrededor.
_Por
favor_ dijo Keroberos_ Necesitamos de su ayuda... Sobre todo la tuya, llovizna.
Una
de las cartas comenzó a brillar y apareció una nubecita sobre la cual iba una
pequeña niña. La criatura, casi siempre juguetona y alegre ahora tenía un
rostro preocupado; fruncía su pequeño ceño mientras miraba al hechicero. "¿Qué le paso?" preguntó sin
necesidad de abrir los labios, comunicándose a la mente de los guardianes.
_Un
accidente. Pero necesitamos que lo refresques.
La
carta asintió y de la nube cayeron pequeñas gotas de agua fresca. El mago se
quejó, cada gota de agua era como una daga contra su cuerpo caliente. La carta
se detuvo y miró a los guardianes otra vez.
_Continua.
La
carta obedeció.
Llegó
la noche y ellos se preguntaron qué podrían hacer. Entonces, como caída del
cielo les llegó una idea, bueno, más bien fue un nombre: Danna. Ella vivía a
orillas del pueblo ¡y de seguro estaría dispuesta a ayudarles!.
Su
casa, una pequeña y alegre construida de madera, se asomaba a la orilla del
camino. Desde dentro llegaba una luz pálida, pero agradable, la chimenea echaba
pequeñas fumarolas de un humo gris. También les llegaba un tenue olor a
incienso.
_Ve
tú_ dijo el ángel al león.
_
¿Por qué yo?_ replicó.
_Porque
sí.
_Grr..._
el Guardián del Sol se alejó murmurando quién sabe qué cosas.
Cuando
se hubo encontrado en el umbral de la puerta, tocó. En el interior se oyeron
unas voces y momentos después la puerta se abrió dejando ver a un muchacho, de
no más de doce años. El chico miró sorprendido al león, quien le dedicó una
gran sonrisa nerviosa, pero lo único que vio el joven fueron sus dientes
afilados. Le cerró la puerta de golpe y el guardián pudo oír inmediatamente
después un grito, seguido de un "¡Nana!
¡Hay un animal salvaje en la puerta y quería comerme!". La voz que le
dio respuesta Keroberos la reconoció en seguida "¡Davis! ¡Te he dicho mil veces que dejes esos juegos! ¡Ya sabemos que
tienes mucha imaginación pero no nos estropees el cerebro a nosotros!".
"¡No es un juego ni lo imaginé, hay
un león en la entrada y me amenazó!". Después de unos cuantos alegatos
más la puerta volvió a abrirse, pero esta vez se asomó la anciana mujer.
_¡Oh!
Danna_ exclamó Keroberos.
_¡Por
Dios Keroberos!_ la mujer cubrió su boca y se agachó a la altura del león_ ¡Me
alegra tanto verte! Creí que habías muerto cuando incendiaron la casa.
_
No. Nos logramos salvar.
_
¿Logramos? ¿El chico con alas también?
_
Sí.
_Bueno,
no quisiera ser yo quien les diera la noticia, pero... saben lo que pasó con el
Sr. Read ¿verdad?
_
Sí. Pero el amo no murió, pero creemos que está agonizando.
_
¿Qué? Está vivo? ¿Dónde está? ¿Está aquí?
_Está
allá atrás con Yue. ¡Necesitamos tu ayuda urgentemente!
_¡Por
supuesto!_ se volvió al interior de la casa._¡Davis! Ven para acá pequeño
holgazán!
_¡No
estaba holgazaneando! ¡Sólo descansaba los pies!.- dijo el joven acercándose a
ellos.
_Es
lo que menos importa, quiero que prepares tres camas, tendremos visitas.
_¡Visitas!
¡Qué bien!_ exclamó con alegría el chico.
***
Dos
semanas después parecía que todo regresaba a la normalidad. El pueblo se
aquietó puesto que Hopkins y Torchia abandonaron el lugar... Aunque realmente
Torchia se fue Venecia, dejando al cazador con su cacería en Inglaterra. Muchos
de los que habían participado en la ejecución de brujas se lamentaron por el
resto de sus vidas, mientras que otros decidieron simplemente ignorarlo.
Las
heridas de Clow sanaron rápido gracias a los cuidados de Danna y a su magia,
que poco a poco se volvía a incrementar. Además, durante aquel tiempo logró
ganarse a un admirador, el joven Davis quería conocer todo sobre la magia.
Hasta
que por fin decidieron que dejarían Inglaterra e irían a vivir a Japón. El
viaje sería largo y difícil pero una vez en el país nipón las cosas se
mejorarían. Danna y Davis se entristecieron, puesto que eso significaba que ya
no volvería a verlos, pero después de pensarlo comprendieron que eso sería lo
mejor para todos... Después de mil bendiciones y otro tanto de consejos se
dispusieron a partir.
El
agua chocaba contra las rocas del acantilado, produciendo un hermoso sonido,
tan potente como el rugido de los leones. Llegaban hasta él pequeñas gotitas de
agua salada mientras veía hacia el mar... era inmenso, dominante, bello,
salvaje, perfecto...
Estaba
parado sobre aquel declive observando más allá del mar, donde les aguardaba un
largo viaje. Traía puestos unos pantalones color caqui, que Danna confeccionó
para él, una blusa de vestir blanca y sobre ella un saco del mismo color de los
pantalones, en el lado izquierdo tría un broche dorado en forma de luna y del
derecho uno en forma de sol, que se conectaban con una cadena de oro.
_Amo_
la voz del Guardián Lunar le hizo regresar la mirada. Traía en las manos una
cajita de madera. – Tomé esto antes que la casa ardiera... es suyo.
El
mago tomó la cajita y la abrió. "Rebecca
West" murmuró. Entonces tomó los aretes y dejó caer la caja al
acantilado.
_¡Pero
amo!
Clow
sonrió y se acercó al ángel. Colocando en su oreja izquierda uno de los aretes,
el de color azul-violeta, besó sus labios tiernamente.
_Se
te ve bien_ dijo y el ángel se ruborizó.
En
ese momento llegó Keroberos. Y el mago le colocó en una de las orejas el arete de
la piedra roja. Se levantó y arrojó los que sobraron al mar.
_Bien._
dijo volteando a verlos_ Iremos a Japón, como ya les había dicho. Pero para
viajar necesitaré crearles una forma falsa...
_¿Forma
falsa?_ preguntaron los guardianes sin comprender bien.
_Así
es. Por ejemplo estaba pensando para ti Keroberos, una especie de muñeco de
Felpa, para que no llames la atención...
_¿Un
muñeco de felpa? ¡De ninguna manera! ¡Yo soy hermoso así como estoy!_ replicó.
_No
me parece mala idea_ dijo el ángel viéndolo con su expresión seria_ Creo que te quedaría bien como un osito gordo,
hasta cierto punto tierno, así te pondríamos un lazo y podríamos regalarte al
primer niño mimado que encontremos.
_¡Miserable!
_ gritó el león, preparándose para atacar_ Pero hablando de niños, yo creo que
a ti te vendría mejor la forma de un chiquillo en pañales, de esos que se
chupan el dedo... ¡Así podríamos abandonarte en cualquier puerta! Claro ¡sí es que
aceptan a un nene tan feo!
La
respuesta no se hizo esperar. Clow los contempló divertido, definitivamente
adoraba a sus maravillosas creaciones... De pronto llegó a él nuevamente la
imagen de la hermosa niña de los ojos verdes, y supo que aquello no podría
durar para siempre... no estarían juntos para siempre.
FIN
Aclaraciones
*El diálogo que sostienen Matthew y Aristide en Norwych, la información es
sacada de diversos artículo, pero el más reciente (y del cual me basé más) es
el de Campo Ricardo Burgos López, llamado " ¿Y si el Diablo existe?".
*La primera canción que Anne canta (a Keroberos) se llama " Ana y Miguel" y la segunda es un
fragmento de "Amor de Hombre" ambas pertenecen a Mocedades (todos los
derechos reservados).
*Lo que Torchia escribe en su libreta cuando Hopkins grita "Que comience la
cacería de brujas!" es latín abreviado (VIC. I.T VIR) y quiere decir Victa
Iacet Virtus o La virtud yace vencida. Es el título de una lámina de su
librito, en la cual se ve (en algunas) a un santo vestido con armadura
sosteniendo en lo alto una espada a punto de degollar a una mujer arrodillada,
al fondo un castillo y al lado una rueda dando vuelta a una rueda con tres
hombres amarrados...
Aclaraciones
*Cometí
dos errores en cuanto a tiempo.
*Uno:
En el capítulo dos al principio menciono que "después de la derrota de
Carlos I" la cual sucedió el 14 de junio de 1645 (en Naseby) pero más
adelante (en el cap. 3) el tiempo cambia y no están en Junio, sino en Marzo.
Esto sucedió por que me pareció mejor que la cacería de brujas ocurriera en
primavera
*Dos:
El Big Ben (que le debe su nombre a Benjamin Hall )se construyó hasta 1858 (han
de recordar que la historia se desarrolla en 1645). Esto fue un error de documentación.
Nota de la autora
Espero que esto haya terminado bien, pues es mi primer
fic de Card Captor y el primero (y no el último) tipo yaoi.
Ya tenía tiempo
que quería escribir algo así, sobre todo después de ver el cap 68 de la serie. El
problema era que no sabía cómo empezar, pero ocurrió que vi, días después, un
especial en la TV sobre brujas y hablaba de la forma de tortura más comunes y
los más destacados cazadores de brujas: ¡Matthew Hoppkins encabezaba la lista!
(Así es, Hoppkins fue un personaje real, igual que Anne y Rebecca West, pero no
sé si serían hermanas) Y como las CLAMP no especificaron en qué época vivió el
hechiero (ni cuántos años) ¡así que qué mejor tiempo que durante le cacería de
brujas!
Bien, pasando a
la relación Clow/Yue: al principio realmente lo que tenía el mente era que el
mago no le correspondiera al guardián, sin embargo conforme fui escribiendo me
di cuenta que hacían una linda pareja, no pude evitar enamorarme de ambos^^ Es
una verdadera lástima que en Internet sea escaso el material de ellos como
pareja. De hecho me parece que he leído como 4 o 5 fics nada más tanto en
español como en inglés…Bueno, realmente no me gusta la relación Touya/Yue (lo
siento fanáticos, pero Kinomoto me cayó como una patada al hígado desde los
primeros capítulos), pero soy una especie de masoquista.
Pero he de
admitir que mi pareja favorita siempre ha sido y será Sakura+ Shaoran^^ Pensaba
escribir mi segunda historia sobre ellos dos, pero después de ver la infinidad
de fics que existen en internet decidí concentrarme en otro personaje, que
igualmente me gusta mucho.
Después de
haber leído la historia se preguntarán “¿le gusta Clow?” Y la respuesta es:
¡¡¡Sí!!! ¡¡Lo adoro!! ¡¡Lo idolatro!! ¡¡Me encanta!! Y como siento que es un
personaje que casi nadie toma para sus historias, pues yo escribiré, y
escribiré y escribiré (hasta que me harte) sobre él, así que no se sorprendan
por la continuación de este fic.
Ate: Darkness
La Paz B.C.Sur, Agosto del 2.001
(Revisado por última vez el 18/09/2018)
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