sábado, 14 de septiembre de 2019

Capítulo 1


Apagó el televisor mientras una sonrisa amarga se formaba en su cara.
_Mierda. Vendrá pronto._ murmuró.
Dejó el control en la mesita de la oficina, luego de comenzar a dar vueltas sobre sí misma aun sentada en la silla, con las piernas cruzadas y alisándose las arrugas de la falda plomo que llevaba puesta.
Su compañero la veía girar con la boca cerrada y las manos entrelazadas encima del bulto de papeles del escritorio; conteniendo alguna queja. Cuando se dio cuenta de que había parado, dejó salir un suspiro y se rascó la cabeza con las uñas.
_No nos va a ir bien, Sakura.
_Lo sé, lo sé_ contestó, moviendo la mano, con falso gesto indiferente_ No hagas ni digas nada, yo lo manejaré. Sé engatusarlo, lo conozco, desde hace año-
Sakura calló de repente, y la pequeña oficina se sumió en silencio por unos leves instantes. Pasos. ¡Alguien se acercaba!
_¿Has dicho algo, pequeña Sakura?_ habló alguien desde el marco de la puerta, que repentinamente se abrió con brusquedad.
_¡Se-eñor Eriol!_ chilló Yukito Tsukishiro, levantándose como si le hubiese caído un rayo de un escritorio. Su cabello grisáceo se movió rebeldemente, y se posicionó encima de sus lentes redondos_ ¡Sakura!_ agregó segundos después, al ver la silla caer de picada al piso junto con ella. Se sonrojó al ver las pantaletas rojo pasión que ella llevaba y dejaba a la vista con aquella corta y bonita falda_ S-Sakura, levántate, se te ve la ropa interior.
Eriol Hiraguizawa carraspeó luego de enviarles una mirada seria y acusadora después de subir sus lentes de sol ray-ban por la curva de su nariz delicadamente con su dedo índice y lanzó un chiflido.
Sus ojos azul zafiro brillaban de diversión y burla mientras que en sus labios se notaba claramente que intentaba disimular una gran carcajada. Sakura se levantó del suelo sobándose la espalda.
_¿No me esperabas?_ preguntó Eriol_ Yo digo que no. Parece que te asusté, cielo.
Sakura soltó un gruñido imitando a su perro antes de volver a su asiento, enviándole miradas de odio profundo. Cruzó de nuevo sus piernas con aspereza.
_Te esperaba, pero no tan pronto. Y estás en lo cierto. Me asustaste_ admitió con un suspiro derrotado_ Así que ya se han enterado. Las noticias vuelan_ dijo al ver una cabeza asomarse por la puerta entreabierta_ Sal ya, Tomoyo. Quiero oírlo de ti.
Tomoyo salió de detrás de la espalda de Eriol, cargando con una pequeña libreta apretada al pecho. Del bolsillo de su saco negro sacó un pequeño par de lentes y se los colocó con cuidado en la curva de su nariz, mientras hacia su pelo hacia atrás.
_Aclaro que yo no hice nada. ACLARO ¿oíste?
_Oye_ replicó Eriol, mirándola a través de su lentes de sol_ Tomoyo, empieza, por favor.
_Es claro que esto es un foto montaje_ apuntó. Sakura asintió y la miró con una mirada cansada, antes de recibir un pequeño fólder. Eriol fue a sentarse a su lado, sobándose las sienes y comenzó a mirar por encima su hombro_ no sólo porque tú nunca te tomarías fotografías desnuda.
_Eso lo he…
_Eso lo has dicho miles de veces en los medios_ la interrumpió Tomoyo, asintiendo_ Esto pasará rápido, y no más aparezca el imbécil que hizo esto, el cual será demandado por publicar sin permiso alguna foto tuya en la revista, además de hacerlo de manera degradante; nadie lo recordará y tu imagen se verá tan bien como siempre.
_¿Y?
_En unos días saldrás por televisión, en el programa Tokio TV, a aclarar todo formalmente_ dijo Eriol después.
_Y eso es todo_ terminó Tomoyo.
_Esto es peor que cuando me tomaron fotos limpiando mi auto e hicieron comentarios eeeks sobre mi ropa_ exclamó Sakura, mortificada_ Debí haberme quedado de gerente en Mcdonalds a los dieciséis.  Pero no, decidí buscar más oportunidades y elegí ser modelo. Vaya mierda, ahora que me doy cuenta, Touya tenía razón. La farándula es un asco_ dijo antes de tirar las fotos dentro del fólder y aventar el mismo contra el escritorio.
Eriol la miró confundido, al igual que Yukito.
_No pareces feliz con la explicación de Tomoyo.
_¿Desde cuándo maldices tanto?
_Y no lo estoy; y no es que tenga algo de malo, de hecho está perfecta_ replicó ante la mirada preocupada de Tomoyo_ Si no porque estoy indignada y maldigo porque estoy enojada. Enojadísima, Yuki. Pusieron mi cabeza en ese cuerpo de estrella porno con enormes senos. Al menos se hubieran molestado en ponerme un cuerpo decente, hombre. ¡Esa es una morena artificial! ¡Y ni siquiera tenía afeitado el vello púbico! ¡Ese estúpido o estúpida merece pena mortal o cien años de cárcel! ¡Es tan humillante! Y a ver, explícame por qué estás tan calmado. ¿Cómo estarías tú, eh?
_¿Con o sin ropa? ¿Senos o no senos?_ inquirió Eriol con una mirada lasciva_ No, espera. ¿Tan grandes como los de Tomoyo o tan pequeños como los tuyos?
_Maldita sea, ponte en mis zapatos por una vez Eriol.  Eres el dueño de la agencia y yo tu mayor descubrimiento según todo el mundo y el dinero que has ganado este año y el pasado. Enfócate, imbécil_ gimió cubriéndose el rostro con las dos manos_ No es tiempo de bromear.
_Sakura está en lo cierto_ la apoyó Yukito.
_Bien_ suspiró Eriol un poco más serio_  Por ahora, ve a casa y no salgas. Renta películas, pasa tiempo de caridad con tu gato.  Haz algo, no sé. Pero no salgas. Desmuéstrale a Japón que estás afectada por lo que está pasando.
_Te faltó lo de indignada.
_Sí, sí, eso también_ le contestó él con los ojos en blanco_ Yukito, llévala a la puerta.  No vayas a caer Sakura, que esa ropa interior lo único que hará será traer más escándalo. Y créeme, no necesito más.
***
Cuando subió al auto encendió la radio. Comenzó a tararear lo primero que escuchó y se dirigió lo más rápido que pudo a la salida del estacionamiento rumbo a su casa. Por su rostro y el número que marcaba el velocímetro, se podía notar que estaba furiosa. O eso pensó la mujer de la entrada rápida del café después de darle su capuchino descafeinado y casi quedarse ciega cuando Sakura le aventó las monedas y salió disparada.
_Qué mal servicio_ dijo al encontrarse el vaso sin tapadera.
Ella era una modelo de ropa. Aparecía en comerciales de Channel, viajaba a Estados Unidos en un jet privado, usaba prendas de diseñadores ejemplares y actuaba en dramas una que otra vez al año. En traje de baño, ropa interior; pero siempre con ropa y jamás desnuda. Ella era una modelo, tenía pechos pequeños, y aunque no estaba esquelética como la mayoría de sus compañeras, su figura era perfecta y completamente saludable. Ella no podía ser la modelo perfecta pero tampoco podía ser una modelo con tendencias de estrella porno. No sólo por tener el pelo castaño y no rubio, si no porque odiaba ese tipo de cosas.
Le retorcía los sesos esa maldita imagen. Estaba segura que, si encontraba al autor de semejante estupidez, lo ahorcaría nada más lo reconociera. No le importaba el riesgo de ir a la cárcel, simplemente quería vengarse para salvar su orgullo. Tampoco la pedicura. Le importaba nada más el qué dirían sus padres al verle en semejante escándalo. Estaba segura de que se morirían, aún más su padre, que había sido un ángel del cielo y más inocente que un niño.
Piso el freno con fuerza cuando se encontró enfrente de un semáforo que ponía rojo y dio un trago a su vaso caliente. Sus padres ya habían muerto hace unos años, pero sin embargo, aún le importaban e incluso puede que más que antes. Era literalmente una huérfana. Un modelo huérfana, antes con un hermano tutor y con el sueño de ser hermosa y talentosa como su madre.
Conforme su carrera como modelo crecía, ella sentía que su vida se acababa. No había privacidad, mucho menos tiempo. Los fans, las revistas, las pasarelas y lo demás lo abarcaban todo. Para ella las vacaciones eran los fines de semana, y sólo si acaso porque estaba enferma o Eriol se compadecía al ver su cara de perrito degollado.  Y ella no lo culpaba, era su trabajo y aunque eran amigos de la infancia, el deber estaba siempre antes que la amistad. Por lo menos la mayoría de las veces.
Había estudiado diseño de modas. Ella siempre había soñado con estar detrás de la pasarela, no en la pasarela. Sin embargo, años después de entrar a la universidad de París junto con su prima Tomoyo Daidouji, ahora secretaria y asistente personal de Eriol, además de diseñadora de la agencia; se encontró usando vestidos y modelándose en comerciales para ganar un poco de dinero como también  en los trabajos escolares. Luego llegó lo que nunca esperó: una oferta de trabajo en una pequeña agencia de modelos. Después de aparecer en la primera portada de la revista Doodle, no supo cómo, pero ella ya era literalmente una modelo japonesa altamente reconocida.
Recordaba las palabras del fotógrafo: ojos verdes y morena. ¡De japonesa no tienes nada, querida! ¡Eres una belleza exótica y sin ofender, pero desperdicias tu vida tapándote el rostro con esos patosos lentes!
Nunca había sido muy inteligente y era mala cosiendo, cortando patrones y metiendo el hilo en le pequeño agujero de la aguja y aunque le gustaba la moda, siempre había sabido que no llegaría a mucho. En ese momento supo, cuando le mostraron aquel papel para firmar, que esa oportunidad era única en la vida, que tenía que hacerlo. Y lo hizo. Firmó. No han pasado más de cinco años desde eso.
Y si bien había vivido como cualquiera quería vivir, ella no era feliz.
Podría ser guapa, tener un buen trabajo y a casi todos los hombres del mundo en el suelo pidiéndole un simple beso; pero ella, Sakura Kinomoto, no era feliz.
Hacía mucho tiempo que había dejado de serlo.
Y aquel fotomontaje no era una de las tres razones. Esa razón estaba entre las doscientas setenta y algo.
***
_¿Qué tiene de importante el hecho de que cocoa y coco tengan las mismas cuatro letras y no se parezcan en nada? No, estúpido, deja de bromear. Ya te lo dije. No me importa. Sí, sí, el coco es blanco por dentro. ¿La cocoa? ¡¿Qué mierda me importa la cocoa?! Argh. Mejor cállate si no quieres que salga de mi casa en este mismo instante a cortarte el pescuezo con mis propias manos. Como te decía, estábamos hablando de-
_¡Pero la cocoa!
_¡Cheng, deja la cocoa y el coco en paz, por dios! ¡Estamos planeando una reunión de abogados, pedazo de mierda que respira! ¡CONCÉNTRATE! ¡Sé serio por una vez en tu vida, maldición!
Suspiró con exasperación, luego de apretar los dientes y rechinar y colgar el teléfono. Oyó la voz de su secretario, Fu Cheng, cortarse en un jadeo ahogado. Hacía ya más de media hora que estaba pegado al aparato y la conversación no había pasado del tema que, según su opinión, era el más absurdo y estúpido del mundo: las diferencias y parecidos entre las cocoa y el coco.
Y excéntrico, también.
_Si no llama más tarde, lo despido_ dijo después de quitarse su corbata roja_ Inútil, mira que hacerme trabajar más…_ suspiró mientras se echaba encima del sillón y encendía el televisor.
Tenía veintisiete años. Era abogado, y en sus tiempos libres cuidaba su jardín. Tan normal como una mosca merodeando por el basura, se parecía a cualquier hombre de su edad.
O quizás no.
Shaoran frunció el ceño.
_Estúpidos programas educativos. ¡Violencia, joder, quiero v-i-o-l-e-n-c-i-a! Quiero imaginarme a Cheng y su estúpida sonrisa repletos de sangre y tan muertos como lo estará Bush luego de que el maldito zapato le dé donde debe.
Igual que los demás, sólo que con tres mil tanques de estrés más.
Un empresario importante.
 (que siempre estaba furioso, que nunca podría caerle bien a nadie y que tenía todo excepto esposa, novia, o algo parecido)
El heredero del clan más importante de China: Shaoran Li.
(y la obsesión de su vecina, aunque él no lo supiera y ni siquiera recordara su cara)
El hombre con el que menos convenía estar. Porque por más guapo y rico que fuera, no dejaba de ser inestable.

                       (Revisado por última vez el 14/09/2019) 

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