martes, 17 de julio de 2018

Capítulo único


Cuando nacemos, nuestros padres desean un sinfín de cosas para nosotros. Sueñan con millones de maravillas que viviremos a lo largo de nuestras vidas. Esperan ser lo bastante fuertes como para protegernos de todo el mal que nos rodeará a lo largo de nuestra vida, ya que lamentablemente saben que no siempre lo lograrán.
Al crecer, nos creemos lo suficientemente buenos como para no seguir dependiendo de nuestros padres. Somos demasiado buenos para cometer alguna falta o ser dañados por otras personas.  Siempre sabemos, dentro de nuestra ignorancia, qué es lo que necesitamos o qué es lo que nos conviene como para seguir haciendo casos de sus consejos.
Cuando maduramos y conseguimos una pareja, aquella persona que nos entiende y nos ayuda a recorrer el camino que es la vida, nos sentimos eufóricos, dejamos esa soledad que nos envuelve desde el momento en el que pisamos este mundo.
Sabemos que hagamos lo que hagamos, digamos lo que digamos, siempre podremos contar con alguien que nos apoye y ayude, que nos dé ánimos cuando el resto nos desprecia y nos juzga sin compasión.
Somos felices.
Pero como todo en la vida, nada es para siempre. En los momentos en los que por distintos motivos nos separamos, seguimos deseando que esa persona, la persona que una vez amamos o seguimos amando, sea feliz.  Que encuentre aquello que nosotros no pudimos darle. Cruzando por la calle, verlo a lo lejos y saber con una sola mirada que es feliz, que por fin encontró aquello que le faltaba y lo hace completo.
En esos momentos deja de importarnos nuestro dolor y soledad, vemos más allá de ellos y distinguimos un pedazo de paraíso, prohibido para nosotros, pero paraíso a fin de cuentas. Es entonces cuando nos levantamos del agujero y seguimos adelante, convencidos de que en algún lugar encontraremos nuestro propio paraíso.
¿Pero qué hacer cuando esa persona tan importante para nosotros abandona la vida? ¿Cómo nos recuperamos de algo así? ¿Cómo seguir con nuestras vidas cuando algo tan importante desaparece para siempre?
Es entonces cuando somos nosotros mismos los que ilusamente deseamos seguir teniendo a nuestros padres al lado, que nos sigan protegiendo como cuando éramos pequeños, que nos sigan diciendo las maravillas que esperan para nosotros y sobretodo, que nos sigan manteniendo lejos del dolor, pues en el fondo jamás dejamos de ser unos niños desamparados entre un mar de tiburones.
Miedo, dolor, angustia, traición…son tantas las cosas que nos embargan en esos momentos, que egoístamente desearíamos no tener sentimientos, ya que es por ellos por los que sufrimos.
Esto y más son cosas que se nos pasan a nosotros, los adultos, por la cabeza. Pero es lo que ocurre si siendo niño esa pérdida es la de uno de los pilares de nuestra vida. ¿Cómo lo superan o aceptan ellos este hecho?
¿Cómo entender, que esa persona que tiene que soñar con lo que harás, ilusionarse con los logros que desempeñarás, y protegerte de todo dolor es la que te deja y más sufrimiento te genera?
Sé que ahora mismo lo has de estar pasando mal, me odiarás por el dolor que os estoy causando, pero piensa en lo último que te he dicho. Sé capaz de dejar tu dolor y frustración a un lado y hazte cargo de él.  Tienes que ser capaz de hacerle sentir que aunque yo falte, seguirá teniendo todas las cosas que alguien de su edad tiene.
Puede sonarte arrogante pero sé que eres capaz de hacerlo, de lo contrario jamás hubiera dejado que esto terminara de esta manera. Si no te creyese capaz de hacer lo que te estoy pidiendo hubiera removido cielo y tierra para tener otro final. Jamás se me hubiera ocurrido cruzar vuestros caminos.
Apóyate en él, no le hagas sentirse un usurpador en estos momentos. Si sabes ver las cosas en su totalidad verás que, aparte de ser un gran apoyo para ti, también lo serás tú para él. Al igual que a ti te ama y busca lo mejor, también haz así con él.
Piensa que tu dolor no es sólo tuyo, también lo es de las personas que te rodean; la única diferencia es que al dolor de ellos debes sumarle el tuyo, pues ellos además sufren por no ser capaces de evitar que pases por algo así. Se frustran de ver cómo te vas hundiendo sin que ellos puedan o les dejes ayudarte.
Piensa bien las cosas y no te dejes llevar pero, sobre todo, siéntete libre de todo lo que te estés culpando. Te lo digo por última vez, tú no tuviste nada que ver en esto, fue mi decisión, y cómo tal es mi deber aumir todas y cada una de las consecuencias que ésta haya tenido.
Sé feliz, no sólo por mí o por ti, sé feliz por todos aquellos que te rodean y te ayudarán a serlo.
Me siento estúpido escribiendo algo así, pero realmente necesitaba hacerlo. Espero que puedas, al menos, ser capaz de hacer la mitad de lo que antes he dicho.
Quédate con él, cuídalo y ámalo como yo no supe hacerlo, enséñale todo lo que me enseñaste a mí.


 (Revisado por última vez el 17/07/2018)

No hay comentarios:

Publicar un comentario