viernes, 13 de julio de 2018

Capítulo 1: El humano de mis sueños


Nota de la autora
Los personajes de Card Captor Sakura le pertenecen a las Reinas del Shojo Manga: CLAMP. Reto: amarrada a la tierra; retos literarios.
***
_Recibirás un castigo si lo haces…
_Aún así.
_Ni siquiera me permitiste decirte qué era_ susurró frunciendo los labios en señal de molestia.
El aire sopló con más fuerza, elevando las hojas, rodeándoles en un gracioso vaivén. Dos chicas, dos hermosas hadas con sus alas extendidas al viento discutían bajo un enorme árbol.
El cabello largo y castaño de una de ellas se agitó mientras levantaba el rostro con una expresión de profunda tristeza.
_No importa_ respondió en voz baja tomando la mano de su amiga entre las suyas_ Necesito hacerlo.
_¿Aunque él no te ame?_ dijo deseando no hacerlo, sabiendo de antemano el dolor que esa afirmación podía causar.
_Sí, aunque no me ame.
La chica amatista asintió una vez y le abrazó con fuerza, susurrándole palabras tiernas al oído.  Cuando se separó cuidadosamente, sus ojos se encontraban ya derramando lágrimas. La castaña levantó su mano derecha y con un dedo limpió las mejillas de aquella persona que había estado con ella desde que había abierto los ojos, hace ya tantos años; su mejor amiga. La única que se encontraba con ella y que conocía su secreto.
Tomoyo abrió sus alas y las agitó levemente, tomando vuelo y elevándose del suelo. Sus dedos acariciaron el rostro de Sakura por última vez, antes de levantar la mirada al cielo y desaparecer  entre destellos de colores.
El hada bajó la mirada mientras se mordía el labio inferior con fuerza, ahora podía comenzar a llorar de miedo y de dolor, ya podía dejar de actuar.
Si cerraba los ojos podía encontrarse en sus recuerdos, viviéndolos como si fuera cosa del presente. Sonrió  con tristeza al sentir el aire jugando a su alrededor, a las hojas adornando su cabello con cada brisa. Era una tontería saberse en el mismo lugar donde todo había comenzado, debajo de aquel enorme árbol que ahora la ataba a un lugar donde ya no deseaba estar. No desde que él había muerto.
Levantó la mirada observando las nubes que jugaban con diferentes formas; en esa podía ver un corazón partido a la mitad, en aquella podía distinguir dos ojos observándola (y podía jurar que eran castaños…) Decidió dejar de jugar cuando la última tenía una forma similar al cabello eternamente despeinado de él.
Lágrimas bajaron por sus mejillas en silencio; ya se había acostumbrado tanto a sentirlas que casi no le provocaban alguna molestia en su rostro. Y ahí, justo donde caía el césped, una flor lloraba con ella con cada gota salada que caía.
Si tuviera que volver a elegir, si el volviera a la vida una vez más y ella se convertía en hada nuevamente, no dudaría y tomaría de nuevo aquella decisión. Algunos podían considerarla loca y hasta cabeza hueca, porque en realidad no ganaba nada y perdía mucho, demasiado. En ocasiones, cuando la locura amenazaba con robarle la razón, ella creía que era verdad todo lo que el bosque le gritaba día a día. Que sí, que era alguien que estaba rematadamente loca y que debió ignorarlo para seguir viviendo en paz. Pero luego arrancaba con saña todas las flores que crecían a su alrededor por querer entrar en su mente y meter todas aquellas ideas  tan hipócritas y que no eran de ella. Sabía que algo de verdad tenían, pero no,  ella jamás abandonaría la vida tan fácilmente.
A pesar de ser una flor nunca dejaría de vivir con sólo ser cortada de aquello que le daba vida. Un ejemplo de eso era seguir respirando aún cuando llevaba demasiado tiempo atada a aquel bosque.
Se movió intentando acomodarse mejor; aquella prisión era incómoda. Ella no sentía frío pero sí el viento jugando con su desnudo cuerpo; tampoco tenía hambre, pero el aroma de las frutas frescas colgadas a su alrededor le producían una extraña sensación. Un hada jamás necesita descansar, pero aún así raramente existía algo en ese lugar que le provocaba cansancio.
Logró acomodarse sentándose en cuclillas, y tomó entre sus delicadas manos una flor, tomando una vida. Sintió cómo sus ojos se llenaban de lágrimas al ver en esos pétalos detalles de él. La delicadeza con la que la acariciaba con esos dedos algo ásperos por el trabajo o las sonrisas que le dedicaba y ella correspondía, desviviéndose por él, aún sabiendo que jamás podría distinguirla.
Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas cuando recordó cómo lo había conocido, siendo tan sólo un pequeño de once años, vagando por un parque solitario. Había acudido a él por la enorme tristeza que lo embargaba y que ella decidió reparar. Cuando pudo observar aquellos ojos castaños y melancólicos deseó permanecer toda la vida a su lado.
Sabía que era algo imposible, ni siquiera podría desearlo en realidad. Pero no importaba realmente si pudiera o no, sólo lo que ella sentía por aquel humano que había conocido y que seguía a todas partes. Decidió, a pesar de las súplicas de su mejor amiga, convertirse en algo que estuviera siempre a su lado. Tomó la forma de una flor de cerezo, que cayó como pétalos en el camino de aquel chico.
¡No podía describir la felicidad que el causó el verlo darle su primera sonrisa! Todo debido a que una parte de ella había caído justamente en su nariz, rozándolo lentamente. Supo que hizo lo correcto cuando una parte de aquel árbol donde habitaba fue arrancada cuidadosamente y transportada hasta el patio de una enorme mansión.
Recordaba ser alimentada y haber tenido muchos cuidados hasta que había finalmente, al paso de los años, un hermoso árbol lleno de flores de cerezo. Al mismo tiempo, en su memoria alcanzaba a distinguir claramente el paso de los años en aquel muchacho hasta convertirse en un joven atractivo; logró pasar tardes enteras a su lado, mientras él se recargaba en su tronco y leía algún libro.
También, para su pesar, podía recordar aquellos años que él había pasado al lado de su esposa, con sus pequeños hijos alrededor de sus piernas. Jugando y trepando por sus ramas, tratándola con cariño porque el padre se lo pedía.
Hasta que la vida humana había llegado a su fin, arrebatándole todo el poder mágico que tenía por la enorme tristeza que la hundió en aquella prisión.
Ahora se encontraba rodeada por enormes paredes reconstruidas como altas edificios, donde su cuerpo convertido en árbol había permanecido por años, ahora una cadena la ataba al suelo y a sus recuerdos. Nada de lo que ella había amado permanecía alrededor de su existencia. Ése era el castigo porque un hada se enamoró de un humano.
Primero la muerte de él y después una eternidad de esclavitud  a sueños que jamás existirían, recuerdos que no existirían y sonrisas que él, su Shaoran, jamás le daría nuevamente.
Y así el hada lloró, pero se prometió volver a cumplir su castigo si eso le permitía volver a verlo una vez más.
Nota de la autora
¡Hola! Esta historia nació por la imagen del comienzo, es una total y absoluta fumada de mi mente así que me encantaría que me dejaran algún comentario; es la primera vez que intento algo así después de mucho tiempo. Es una historia de dos capítulos, así que no me pidan más. Está terminado ya.
Gracias a todos los que actuaron de beta para la historia: blackrose18, Samantha,  y alguno más que no recuerdo, lo siento :,(
Dedicado a Creamy por su cumpleaños ~

 (Revisado por última vez el 13/07/2018)

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