Nota de la autora
Los personajes de Card Captor Sakura le pertenecen a las
Reinas del Shojo Manga: CLAMP.
***
Yo no era una persona fácil de tratar; existían
ocasiones, aún cuando era niño, donde los que me rodeaban huían (a veces discreta, a veces no) de mí. Eso
provocó un sentimiento que me impedía socializar con otros con facilidad. De
hecho, sólo tenía un amigo…una chica…de hecho; y eso debido a que se había
aferrado a mí aún cuando yo le lanzaba
esas crudas miradas que habían nacido conmigo.
Ella era una chica que hacía amistad con todos. Sonreía y
de pronto la rodeaban, entonces reía gustosa de conocer más personas. Desde mi
punto de vista, tenía un leve trauma con eso de saber más sobre las reacciones
de los demás, era como un experimento. Y, en ocasiones, más de las que me
gustarían, sentía yo que era el ratón dentro de la jaula (la de sus brazos)
En una de esas tardes donde ella aparecía en mi
departamento, entrando como si del suyo se tratase. Se acomodaba en el sillón
frente a la televisión y me observaba más a mí que a los humanos intentando
personificar una escena de besos en algo llamado “telenovela”. Yo dirigía mi mirada hacia ella sólo una vez y luego
seguía entretenido en mi computadora y mis cuadernos, justo a un lado de donde
ella se encontraba. Pocas veces me hablaba; sabía que en el instante en
que me distrajera demasiado yo soltaría
aire entre mis dientes y caminaría, tomando todo cuanto me fuera posible, rumbo
a mi habitación, de donde seguramente no saldría en algunas cuantas horas.
Y a ella le gustaba observarme.
_La próxima semana es tu cumpleaños_ susurró de pronto,
mirando fijamente mi rostro cuando me di la vuelta. Levanté una ceja
preguntando la razón de aquella afirmación; ella lo captó enseguida_ Y
cumpliremos siete años desde que nos conocemos.
_¿Y qué quieres que haga?_ abrí la boca por primera vez
desde su llegada; había pasado casi una semana entera desde que no había
pronunciado nada en voz alta (“desde que
te encerraste en tu habitación, molesto porque ella te distrajo y ella, por
orgullosa, no regresó hasta hoy”, maldita conciencia”; la escuchaba
extrañada.
_Nada_ dijo mientras levantaba sus piernas para recostar
su cabeza en las rodillas_ Sólo constataba un hecho.
Cada año, por estas fechas, ella me lo recordaba. Creía
que podría olvidarlo. Sonreí mentalmente. “Si
ella supiera”
Asentí una vez, ignorando su expresión dolida para
enfocarme de nuevo en lo que escribía. La conocía lo suficiente como para saber
que se iba a enfurruñar un poco y luego seguiría con su vista fija en mí, intentando provocar
una reacción que a veces dudaba tener…Aquella donde yo me daría la vuelta y le
ofrecería hacer algo para celebrarlo.
En años anteriores ella simplemente me traía algo
envuelto en algún papel de color verde (como sus ojos) y me obligaba a abrirlo
frente a ella. yo solía atender a su petición porque en cierta forma me hacía
sentir bien que alguien me regalara algo, y eso no sucedía seguido.
Llegó la noche y ella se levantó perezosamente, ya que se
encontraba en el sillón con su cabeza casi colgando en la parte más cercana a
mí. Frecuentemente me preguntaba si ella no se aburría de verme enfrascado en
mis cosas. Caminó hasta a mí y
me besó en la mejilla como cada noche, anunciando su despedida.
Como cada vez que hacía eso, esperé a que cerrara la
puerta de entrada para suspirar y subir mi mano hasta la mejilla honrada por
ser acariciada por sus labios. Sentía la piel caliente debajo de mi tacto; siempre me ponía la piel
de gallina cuando la escuchaba levantarse porque sabía lo que venía a
continuación. Lo había hecho cada noche desde que nos conocimos.
Me levanté yo también, ansiando mi cama como casi nunca. Me
recosté bocabajo, apenas quitándome la playera, los zapatos y el pantalón. Dejé
a mi cabeza hundirse en la mullida almohada
mientras cerraba los ojos con fuerza. Era esa hora del día donde mis
defensas bajaban y era aquella persona
que no podía ser frente a los demás, ni siquiera ante ella. Donde admitía que sentía
algo por aquella chica que aún a pesar de mis desaires me soportaba.
Detrás de mis párpados podía recordar cómo nos habíamos
conocido, con apenas once años de vida. Desde aquel momento ella sentía fascinación
por las personas y no dudó demasiado en acercarse a mí. Yo me encontraba
sentado en un columpio a la mitad del parque, solitario como siempre. En ocasiones
me preguntaba qué había visto en mi rostro como para atreverse a hacerlo, el
cómo había ignorado mi mirada que siempre alejaba a la gente. Aunque ella no era como los demás.
Solía decirme, cuando se lo permitía (o llegaba a la hora
en que yo preparaba mis sagrados alimentos) que existía algo en mi aura que le
había indicado que necesitaba a alguien. Yo nunca le había contado nada sobre
mí más que lo necesario: mi nombre. Ella me había seguido a casa, donde vivía
antes, y cuando me mudé aquí, cuatro años después, también decidió hacerlo para
conocer dónde podría entrar ahora. Era más fácil para ella, seguramente; así no
tendría que darles explicaciones a los sirvientes de la mansión de mi madre para observarme.
Suspiré y me volteé para ver el techo. ¿Por qué seguía a
mi lado? Probablemente aún no se había cansado de mí (o tal vez aún no
terminaba de experimentar conmigo) Comencé a caer en un sueño pesado, donde una
parte de mi mente me incitaba a que la próxima vez que entrara a mi casa (el trece
de julio era un hecho), intercambiara mis pensamientos: que dejara mi timidez y
terquedad encerrados en el cuarto, sacara los sentimientos que sentía por ella
desde hacía algún tiempo…y se los dijera. La otra parte me decía que estaba
loco y que si siempre había vivido solo, así debía seguir.
Y es que éramos como una flor de cerezo y un pequeño
lobo. Ella floreciendo día tras día,
ofreciendo felicidad a todos los que la vieran, y yo como un pequeño lobo,
asustado y escondido dentro de una cueva, aunque feroz y salvaje con los que se
acercaban.
Aunque en esta ocasión, ese lobo se había quedado
prendado de la flor.
Tal vez mañana, tal vez.
Nota de la autora
¡Reviví! Bueno, no nunca estuve muerta. No del todo, sólo
mi corazón decidió detenerse por la enorme tristeza que lo embargó. Sin embargo
aquí estoy, viva de nuevo y con muchas ganas de escribir; después de todo es mi
medicina contra todo lo que pasa.
Esta historia fue la primera que escribí después de mi
bloqueo emocional y todo eso, raramente me gustó así que espero que a ustedes
también. Va dedicada a Fann, quien me obligó a entrar al concurso Festival de
los Cerezos, y a Blacki y Nobu, quienes
me vetearon la historia. Y a todos los
fans de SyS, claro
(Revisado por última vez el 21/06/2018)
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